

Northwest
Nazarene University
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Contenido
I. |
Creencias
Acerca de la
Fe
Las
creencias son importantes. El objeto de la fe religiosa. Cómo se revela Dios. |
II. |
Creencias Acerca del Dios Triuno El Dios y
Padre de Nuestro Señor Jesucristo, Nuestra Esperanza. El Espíritu Santo de Dios. La
Trinidad. |
III. |
Creencias Acerca de la Redención .... ¿Qué
es el Hombre, para que Tengas de él Memoria? La Maldición del Pecado: La Mordedura
de la Serpiente. El Costo de la Redención. |
IV. |
Creencias Acerca de la Nueva Vida en Cristo .. Una
Experiencia Personal. El Aspecto Humano de la Salvación. El Aspecto Divino de la
Salvación. Victoria Sobre el Pecado. |
V. |
Creencias Sobre la Santificación ¿Qué es
la Santificación? Variedad de la Enseñanza del Nuevo Testamento. El Aspecto Humano de la
Santificación. El Aspecto Divino de la Santificación. Algunos Puntos Prácticos. |
VI. |
Creencias Acerca de la Iglesia del Futuro La Iglesia
y las Iglesias. La Iglesia y la Sanidad Divina. Escatología: el Futuro. |
Prefacio
El propósito de este libro es el de
presentar la fe que ha sido una vez dada a los santos (Judas 3), en forma que
despierte interés y que tenga significado para los cristianos del siglo veinte.
Los que estén acostumbrados a leer libros de
texto notarán la ausencia de citas de otros autores y también de notas al pie de la
página, excepto las que se dan del Manual de la iglesia. No es que el autor no tenga
motivos para incluirlos. Los lectores asiduos notarán que el autor tiene motivos
sobrados para expresar su reconocimiento y gratitud por el material usado. Pero el
propósito de este libro no es probar, sino explicar. Por tanto, los detalles técnicos
de la erudición han sido puestos a un lado, sin perder, por ello, la exactitud y el
cuidado en las declaraciones.
Dos hombres estaban discutiendo acerca de la
doctrina Monroe, y uno acusó al otro de no ser un buen estadounidense. A lo cual su
amigo le replicó enojado: Yo creo en la doctrina Monroe. Estoy dispuesto a pelear
y morir por la doctrina Monroe. Todo lo que dije fue que no sé qué es la doctrina
Monroe.
El propósito de esta investigación sobre
Creencias para la Vida, es explicar una vez más lo que significa la fe cristiana.
W. T. PURKISER
I
Creencias Acerca de la Fe
La religión es uno de los grandes hechos de
la vida humana. Aun los que no quieren saber nada de ella según ellos mismos lo
dicenno pueden negar su importancia universal. La humanidad es incurablemente
religiosa.
Por tanto se puede decir con toda justicia,
que el hombre adorará algo. Es probable que sus dioses sean falsos. Se dice del
hombre que se ha hecho a sí mismo que adora a su creador
él mismoy esta es la idolatría más grande de todas. Pero adora. Dedica su
vida a aquello que él cree ser la cosa de más valor. Debe escoger a quién debe
servir. Martín Lutero lo expresó muy bien: Cualquiera cosa de la cual tu corazón
se aferre y dependa, eso es precisamente tu dios.
Las Creencias son
Importantes
Esto significa que, lo admitamos o no, el
asunto de la fe nos incumbe. Es verdad que vivimos en una edad que se jacta de su
realismo y que pone en tela de duda los credos y el creer. La adoración de la
ciencia y su lealtad absoluta solamente a los hechos, parece haber desplazado a la fe y a
la religión en el marco de la vida, por no decir que la ha sacado completamente de su
marco más adecuado.
Lo que necesitamos hacer es detenernos a
pensar clara y detenidamente sobre las Creencias
para la Vida, y antes que todo, en la fe misma, en relación a la vida como debemos
vivirla. Porque, como veremos más adelante, no sólo el justo vive por la fe, sino
también el injusto. Así como la pregunta fundamental no es: ¿Debemos
adorar?, sino: ¿A quién (o a qué) debemos adorar?, de la misma manera
la pregunta final no es: ¿Debemos creer? sino: ¿En qué (o a quién)
debemos creer?
1.
La Naturaleza de la Fe
En primer lugar, hablemos de lo que significa
creer. Creer, en general, es aceptar como verdadero lo que no se puede probar con absoluta
certeza y sostenerlo con tal confianza, hasta el punto de vivir por ello. De esta manera,
una creencia difiere de una opinión. Las opiniones son cosas sobre las cuales la gente
arguye las creencias son cosas por las cuales vive.
Hay una relación muy estrecha entre la fe y
la vida. Todos los seres humanos viven por fe. Creemos que el sol saldrá mañana, y
nadie se pone a argüir sobre este punto seriamente. Pero ¿quién se atrevería a tratar
de probar en forma absoluta antes de que el acontecimiento suceda, de que el sol saldrá?
Creemos que el comer alimento nos dará fuerzas, pero muchos han comido y han muerto.
Las ideas de las cuales podemos estar absolutamente seguros son pocas y distan mucho las
unas de las otras. Se descubrirá que la mayoría de ellas son certezas en el campo de lo
espiritual.
Poner dinero en el banco y aceptar un cheque
son hechos de fe. Aun el dinero mismo está basado en la fe sobre el gobierno que lo
emite. El amor, el casamiento, la confianza en la integridad, y la honradez de nuestros
amigos, aun la conversacióntodas estas cosas, y centenares de otros detalles de
la vida que tomamos por sentados, son ejemplos de fe. La mayoría de las veces la fe no se
justifica. En algunos casos, desafortunadamente, prueba estar equivocada.
2.
La Fe y el Hecho
Esto nos lleva a otro punto muy importante.
El valor de una creencia no depende de la sinceridad del que cree. En ningún aspecto de
la vida es cierto que no importa lo que usted crea, basta que sea sincero. La
gente más peligrosa en el mundo hoy día es la que cree una mentira y es sincera en su
creencia.
Pablo, en segunda Tesalonicenses, capítulo
dos, dice que hay quienes creen una mentira y son condenados en esa creencia. Muestra que
ellos tuvieron suficiente oportunidad para aprender y creer la verdad, pero rehusaron
hacerlo. Y dice que nuestra salvación depende en la santificación por el Espíritu
y la fe en la verdad (v. 13).
Medite un poco sobre esta última frase, y el
asunto se hará claro en seguida. Las dos palabras importantes son verdad y fe (creencia). Estos dos términos van juntos,
aunque a veces se separan. La verdad
representa lo que es realmente el caso. La creencia
representa nuestra convicción de lo que es realmente el caso.
Por tanto puede haber verdades que no son
creídas, así como puede haber creencias que no son verdaderas. Por tanto, nunca es
suficiente con ser sincero en creer. Debemos estar correctos en lo que creemos. Por otro
lado, es probable que la verdad se nos presente, pero que nosotros rehusemos creerla.
Recuerde que no estamos diciendo que la
sinceridad no es importante. Lo que decimos es que no es suficiente. Todos los que son
salvos son sinceros. Pero de este hecho no se deduce que todos los que son sinceros sean
salvos (o estén a salvo), pues el que las ovejas tengan cola, no nos permite llegar a la
conclusión de que todos los animales con cola son ovejas. Algunas son cabras.
3.
Fe y Escogimiento
Ahora surge otro punto que también debe
considerarse. Creer es algo que nosotros hacemos, y podemos escoger creer o rehusar creer,
según sea el caso. Por supuesto, hay algunas creencias que nos sentimos compelidos a
aceptar, por lo menos si queremos que el mundo tenga sentido para nosotros. Pero en la
mayor parte de las esferas, el creer es un acto voluntario. Escogemos creer o escogemos
dudar. Eso significa que hay un elemento de consagración en el asunto de creer.
Si esto no fuera asíes decir, que el
creer fuera algo que somos forzados a hacer, y algo sobre lo cual no tenemos un
verdadero escogimientono seríamos libres, sino simples maquinarias obedeciendo a
los impulsos más fuertes que nos vienen desde afuera. La vida perdería su significado, y
tanto el mal como el bien, la verdad y el error, serían etiquetas que no tendrían
sentido común. Cualquiera persona con raciocinio grita a voz en cuello que esto no es
así. La vida que vivimos es el resultado de las creencias que sostenemos. Y las
creencias que sostenemos no se nos dan por la fuerza. Son la respuesta de la mente y el
alma, cuando éstas se enfrentan a la verdad.
4.
La Fe y la Razón
Es una desgracia que la gente haya caído en
el hábito de contrastar la fe con la razón como si fueran dos polos
opuestos y no como dos cosas íntimamente relacionadas entre sí. En realidad, tanto la
fe como la razón son instrumentos por los cuales venimos al conocimiento de la
verdad. Ambas son aijadas, no enemigas. Pero por más que el racionalista
ataque la fe, y el hombre de fe descarte la razón, ambas son la imagen de Dios en el
hombre y ambas son vitales para la existencia humana.
Es cierto que la fe nos ayuda a afirmar
aquello que la razón no puede entender con claridad. Alguien ha comparado a la fe con los
paracaidistas que se dejan caer detrás de la línea de fuego del enemigo y sostienen la
posición hasta que las tropas de choque pueden avanzar y tomar posesión. La naturaleza
de la fe es ir más allá de lo que la razón puede al momento penetrar.
Si tuviéramos que vivir dentro de los
estrechos límites de lo que podemos entender, todos nos moriríamos de hambre o
pereceríamos de sed y frío. ¿Quién puede cabalmente entender el proceso misterioso de
la vida, por el cual un grano de trigo, plantado en la tierra, se multiplica centenares de
veces? Pero, ¿rehusaría usted comer pan sólo porque no puede entender cabalmente la
maravilla de la vida? ¿Hay algún hombre con raciocinio que pueda explicar claramente
lo que la electricidad es en su verdadera naturaleza? Pero la fe puede apretar el botón
y regocijarse en la luz aun cuando la razón esté intrigada sobre los misterios de la
energía eléctrica y magnética.
Creer, por tanto, es algo sencillo y
profundo. Es común a todas las personas y a la vez de un valor incalculable por los
valores que trae a la vida. Su valor no sólo reside en su sinceridad o en su fuerza,
aunque sabemos que no tiene valor si no es sincera y fuerte. Su valor consiste en la
verdad que afirma y en su poder para traer nuestras vidas en armonía con Dios y los
grandes principios inmutables y fundamentales de este universo en el cual El nos ha
colocado.
El Objeto de la Fe
Religiosa
El fundamento de toda religión es creer en
el Ser Supremo, a quien conocemos como Dios. Casi todos creen en alguna clase de Dios.
El verdadero ateísmo es en verdad muy difícil de practicar. El enemigo más peligroso
de la religión no es el ateísmo teorético. Es lo que se llama secularismo o
ateísmo práctico, que no niega la existencia de Dios en teoría, pero que vive como si
El no existiera.
1.
Conocimiento por Experiencia
Para el verdadero cristiano la respuesta a la
pregunta: ¿Por qué cree usted en Dios? generalmente será de acuerdo a lo
que él haya encontrado en su propia experiencia. Un día me encontré con El, y mi
vida fue cambiada. Creo en Dios por lo que El ha hecho en mí y por mí.
Aunque hay otras muchas razones para creer en
Dios, no hay otra mejor que ésta. Yo puedo pensar y argüir acerca de la existencia de
alguien acerca de quien he leído, y acerca de quien he aprendido algunos hechos. Pero
nunca pongo en tela de duda la existencia de una persona a quien he conocido
personalmente. Esto es para explicar que hay dos clases de conocimiento: hay conocimiento por oídas; y hay conocimiento personal. El conocimiento personal siempre lleva consigo
una convicción y una certeza mucho más allá de las que posee el conocimiento de oídas.
2.
Una Fe Razonable
Pero tenemos que considerar algunas otras
razones para creer en Dios. La mayoría de ellas dependen en que este universo, tal como
nosotros lo conocemos, debe tener alguna explicación. Está aquí como un hecho tan
cierto que nadie puede negar. El problema consiste en explicar cómo es que está aquí.
a.
Causa y Efecto. El creer en Dios como el Creador, ofrece la única verdadera
respuesta a la existencia del universo. Todas la explicaciones de la evolución sin Dios
requieren mucha más fe que la simple pero profunda declaración de Génesis 1: 1;
En el principio crió Dios. ¿Cómo puede alguien creer que todo este vasto
universo con toda su estructura intrincada y maravillosa apareció sólo por medio del
andar a tientas, ciego y sin sentido de las leyes naturales?
El doctor C. A. McConnell, en su interesante
historieta Daughter of the Hill Country,
cuenta de "Happy, hijita de un médico agnóstico. Sentada sobre las rodillas
de su padre sobre el césped de su casa, mirando las estrellas brillantes una noche de
verano, Happy preguntó:
Papá, ¿quién hizo las estrellas?
Nadie las hizo, Happy, replicó el
doctor. Se hicieron solas. Y a pesar de toda la insistencia de la niña, ésta
fue la única respuesta que salió de sus labios.
Al regresar de visitar a sus pacientes a la
mañana siguiente, el doctor Day encontró todos sus instrumentos de cirugía
desparramados por el suelo de su oficina y los restos de los hermosos peces que la familia
guardaba celosamente en su pecera, los cuales evidentemente habían sufrido una
operación de importancia, aunque con resultados fatales. Sus cabezas estaban separadas de
sus cuerpos, sus colas cortadas, y sus intestinos regados por el piso.
Movido por una sospecha muy cierta, el doctor
llamó a su hijita:
¿Quién hizo todo esto?le
preguntó.
Con sus ojos muy grandes y demostrando su
sincera inocencia, Happy miró a su padre, y le dio la respuesta que él le había dado la
noche anterior:
Nadie lo hizo, papáse hizo solo.
Por supuesto, el razonamiento de Happy no era
mejor que el de su padre. Si las estrellas y el universo se hubieran hecho
solos, entonces la travesura de su hijita también se pudiera haber hecho
sola. Pero este no es un mundo donde las cosas se hacen solas. Alguien,
hablando acerca de las pretensiones del naturalismo de que el universo es el producto de
las leyes ciegas y sin sentido, dijo: Creo en Dios, porque yo no creo en
milagros. Esta persona quería decir que era más fácil para él creer en la obra
creadora de una Persona1idad Creativa Suprema, que creer en el más grande de todos los
milagros, de que un mundo como el nuestro haya aparecido por accidente.
b.
Las
Alternativas. ¿Hay en realidad otras explicaciones a nuestra disposición
aparte de estas dos? El universo, o es la creación de un Dios infinito, o el resultado
de fuerzas que no ven ni piensan, de las cuales el caos es el padre del orden y las cosas
se suceden sin causa adecuada que las explique.
En realidad, ¿no resulta que tener fe en
Dios como el Creador, demanda menos credulidad que la fe en la evolución, o
la ley, o la materia, o cualquiera de los substitutos modernos que
toman el lugar de Dios? Cuando uno se enfrenta a la realidad, la fe más
infantil y conmovedora es la fe del filósofo o el científico que cree
que este universo tuvo su origen en algo sin inteligencia y sin un propósito consciente.
Esto es, en realidad, un camino más corto hacia lo que no tiene sentido.
c. Propósito
y Significado. Además, la clase de
universo en el que vivimos, nos da algunas ideas en cuanto a su origen. Por dondequiera
que miramos, encontramos evidencias de propósito y significado en el mundo. El solo hecho
de que las cosas que no hacen sentido parecen molestarnos tanto nos muestra que la mayor
parte de las cosas encuadran dentro de un marco racional. Simplemente no podernos escapar
de la convicción de que las cosas que van juntas han sido creadas juntas, y que todo lo
que tiene significado y hace sentido es el producto de la inteligencia y de una Mente
Suprema.
Un gran científico, Sir James Jeans, dijo
que él no podría admitir que una docena de monos, apretando las teclas de una docena de
máquinas de escribir, eventualmente escribirían todos los libros que se encuentran en
el Museo Británico, más que lo que puede admitir que este universo nuestro sea el
producto de la pura casualidad y de una fuerza sin inteligencia.
d.
La Personalidad de Dios. Incluidas en la creencia en Dios como el Creador,
hay otras creencias importantes acerca de El. Una de ellas es que debe ser una Persona.
Esto no quiere decir que El tenga cuerpo o forma física, sino que es una Mente infinita
que concibe propósitos racionales y obra para que se cumplan.
Es verdad que no debemos pensar en un Dios
limitado como nosotros, por el espacio y por el tiempo. Sin embargo, es también cierto
que somos hechos de acuerdo a su imagen. Por tanto, la razón, el sentimiento y la
capacidad de escogimiento que nosotros encontramos en una medida limitada dentro de
nosotros mismos, son un reflejo de lo que Dios es, aunque sin las limitaciones humanas.
e.
El Significado de la Fe. Puesto que Dios es una persona infinita, y ha
creado seres humanos a su propia imagen, debe deducirse que sus propósitos para las
personas que El ha hecho son buenos y perfectos. Dios nos ha colocado en un universo
donde podemos crecer en bondad y en amor por medio de la verdad y la justicia. Pero la
misma capacidad que nos permite hacer lo que es bueno y justo también nos capacita para
pecar y hacer el mal. Toda nuestra experiencia nos muestra que Dios y su universo están
del lado de lo bueno y de lo justo, y opuestos al pecado y al mal.
Esto nos conduce a creer que el Dios-Creador
será también el Dios-Salvador, que no nos dejará ir a tientas por nuestro camino de la
vida sin ponernos señales para guiamos, a fin de no encontrar sólo una gran oscuridad al
fin de nuestra jornada. Que Dios es infinito significa que nunca debiéramos esperar saber
todo lo que se puede llegar a conocer acerca de El. Pero que El es infinito también
significa que puede encontrar la forma de revelarse a nosotros.
No es suficiente con que sepamos que Dios
existe. Necesitamos saber qué clase de Dios es El, y cuáles son sus propósitos y planes
para nosotros. El mundo en el que vivimos no tiene sentido alguno sin la creencia en Dios.
Ni tampoco nuestra vida tiene sentido, sin creer que Dios se ha hecho realmente conocer,
mostrándonos lo que la vida significa y ofreciéndonos su ayuda para vivirla.
Cómo se Revela Dios
El cristianismo tiene una diferencia grande y
fundamental con las otras religiones del mundo. Todas las religiones contienen el
principio de la búsqueda que el hombre hace de Dios, o de lo que se cree que es la Causa
Primera en el universo. Pero la fe cristiana descansa sólidamente sobre la convicción de
que Dios no ha esperado que el hombre le encuentre, sino que El ha venido a la raza
humana mediante una revelación divina, y que tuvo su punto culminante en la llegada de
su Hijo unigénito, cuya obra redentora veremos más adelante.
Esta revelación de Dios es una revelación
personal. Es comunicación en una forma vicaria, de Persona a personas. Es la
revelación que Dios hace de sí mismo en sus propósitos redentores, una revelación
hecha a personas creadas a su propia imagen. El no revela un sistema de verdades como
tales, sino que se revela a sí mismo. Tal como Blaise Pascal dijo hace mucho tiempo, el
Dios de la Biblia no es el Dios de los filósofos, sino el Dios de Abraham, Issac y Jacob,
el Dios que se revela a sí mismo como Salvador y Compañero en el largo camino que el
hombre tiene que recorrer.
Cuando nos preguntamos: ¿Cómo pueden
suceder estas cosas? encontramos que Dios se hizo conocer al hombre en tres formas
principales: mediante sus poderosos actos en la historia; en forma suprema, en su propio
Hijo; y por la inspiración de su Espíritu en las Escrituras. Consideraremos brevemente
cada una de estas tres formas de revelación.
1.
La Revelación de Dios en la Historia
Especialmente en los siglos antes de Cristo
Sus caminos notificó a Moisés, y a los hijos de Israel sus obras (Salmos
103:7). Fue principalmente mediante sus actos poderosos que el Señor Dios hizo conocer su
voluntad. La revelación fue un registro de lo que Dios hizo: llamando a Abraham para que
saliera sin saber dónde iba, mas ciertamente sabiendo con quién iba: liberando a su
pueblo de la esclavitud de Egipto; haciendo un pacto con ellos en el Sinaí y dándoles
su ley; dirigiéndoles en la conquista de la Tierra Prometida; levantando a David, su
siervo, para prefigurar a uno más Grande que habría de venir; castigando la idolatría y
el pecado de su pueblo en los cautiverios asirio y babilónico; trayendo un remanente
que había sido purgado y castigado en el exilio.
Por sus poderosos actos en la historia Dios
enseñó las grandes lecciones incluidas particularmente en el Antiguo Testamento. El es
un Dios que ama y escoge un pueblo para sí. No es un mero espectador, ni un
Presidente Honorario del universo. sino el Señor soberano de la historia
humana. A medida que los grandes profetas presenciaban los grandes eventos de la
historia mediante los ojos de la fe, ellos veían en el levantamiento y caída de las
naciones el cumplimiento del propósito divino. Es bueno recordar que los judíos llamaban
a los libros históricos del Antiguo Testamento los Antiguos Profetas. Dios
habla en la historia.
Pero la historia de la salvación, en el
Antiguo Testamento es una historia incompleta. Señala hacia el futuro, hacia el acto
más poderoso de Dios, la venida de Cristo. La historia se convierte en profecía. Lo
retrospectivo se transforma en perspectiva. El hombre tiene su pequeño día, pero el
día del Señor todavía ha de venir. El reino político perdido de Israel, debe ser
reemplazado por el reino de Dios, que espera la llegada de su Rey. Aquí llegamos al
más grande de todos los medios de revelación.
2.
La Revelación de Dios en Cristo
Dios, habiendo hablado muchas veces y
de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, en estos postreros días
nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo
hizo el universo; el cual, siendo el resplandor de su gloria, y la imagen misma de su
sustancia, y quien sustenta todas las cosas con la palabra de su poder (Hebreos
1:1-3a).
La revelación suprema y final de Dios es
Dios mismo encarnado en Cristo Jesús nuestro Señor, de quien Juan escribe:
En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. Y aquel
Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del
unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad. A Dios nadie le vio jamás; el
unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, él le ha dado a conocer (Juan 1:
1, 14, 18).
Por tanto, la Palabra Viviente de Dios es la
perfecta revelación del Padre. En realidad, es difícil comprender cómo una Persona
divina podría verdaderamente hacerse conocer a los humanos aparte de una encarnación,
es decir, tomar una naturaleza humana. Un Dios personal sólo se puede conocer por medio
de una personalidad. Pablo sintetiza el más grande de todos los actos de Dios al decir
que Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo (II Corintios 5:19).
3.
La Revelación de Dios en Las Escrituras
Es probable que alguien diga, y con mucha
razón: Pero la revelación de Dios en la historia y en su Hijo tomó lugar muchos
siglos atrás. ¿Cómo podemos conocer al Señor en nuestros tiempos? La respuesta
se encuentra en la Palabra escrita, el registro inspirado de los poderosos actos de Dios y
una interpretación inspirada de la vida redentora, muerte y resurrección del Señor
Jesucristo.
a. El
Libro de las Edades. El Libro que nos imparte este conocimiento es la Biblia, las
Santas Escrituras, la Palabra de Dios. Como el presidente Woodrow Wilson dijo en cierta
ocasión, sabemos que la Biblia es la Palabra de Dios, porque encontramos que es el
secreto para nuestra propia felicidad, nuestra propia responsabilidad y el significado
de la vida. El Espíritu de Dios viene a nosotros mediante las Escrituras, y nos
confronta con su evangelio.
La Biblia es un Libro muy antiguo, que a la
vez habla a nuestra generación tan clara y acertadamente como habló en el siglo sexto
antes de Cristo o en el primer siglo después de Cristo. Es siempre de actualidad porque
su verdad no está sujeta al tiempo. La naturaleza humana que describe con tanta
franqueza y exactitud no ha cambiado a través de las edades, ni tampoco la obra de Dios
en las vidas humanas.
Un examen más detenido nos revela que la
Biblia es en realidad una sagrada Biblioteca de sesenta y seis libros, treinta y nueve de
los cuales fueron escritos antes de Cristo, los cuales forman el Antiguo Testamento; y
veintisiete en el Nuevo Testamento, escritos dentro de los primeros cincuenta o sesenta
años después de la muerte de nuestro Señor. El Libro dice de sí mismo que santos
hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo (II Pedro 1:21).
b.
La Humanidad de la Biblia. Esto nos señala dos hechos maravillosos acerca
de la Biblia. Primero, fueron santos hombres de Dios quienes hablaron y escribieron la
Palabra de Dios. Porque como es natural, si Dios iba a hablar a los hombres, tenía que
hacerlo por medio de hombres, en un idioma
que nosotros pudiéramos entender, usando términos comunes dentro del marco de la
experiencia humana.
Estos santos hombres de Dios vinieron de
todos los niveles de la sociedad. Fueron pastores, sacerdotes, profetas, reyes,
campesinos, pescadores; algunos eran ricos, otros pobres; algunos muy educados, otros sin
educación. Las palabras que ellos usaron, fueron palabras que brotaron de su propia
experiencia, y escribieron en estilos muy diferentes.
Por lo tanto, la humanidad de la Biblia es
una de sus principales fuentes de poder. Nos habla en un lenguaje que no podemos dejar
de entender. En sus páginas encontramos reflejada la clase de personas que somos. El
rápido y el lento, el impulsivo y el cuidadoso, el intelectual, el hombre de acción,
la persona de profundos sentimientoscualquiera que sea la particularidad de nuestro
carácter o personalidad, podemos encontrarnos en las páginas del Libro.
c. La Divinidad de la Biblia. Pero la humanidad de
la Biblia es sólo la mitad de la verdad. La singularidad de las Escrituras no reside en
su forma humana, sino en el Espíritu divino que inspiró a los escritores y que usa la
verdad para traemos a Dios. Si bien es cierto que fueron santos hombres de Dios quienes escribieron, ellos
escribieron y hablaron a medida que eran inspirados por el Espíritu de Dios.
Aquí encontramos una maravillosa semejanza
entre la Palabra escrita de Dios en la Biblia y la Palabra viviente, o sea la Persona
del Señor Jesucristo. Ya hemos visto que al principio del Evangelio de Juan, Cristo se
describe como el Verbo. El fue en el principio con Dios, y El era Dios. Sin embargo se
hizo carne y habitó entre nosotros, y nosotros vimos su gloria, gloria como la del
unigénito del Padre.
La figura central de la fe cristiana es Dios
en forma humana, el Dios-hombre, Cristo Jesús. En el próximo capítulo veremos que El
era un ser humano perfecto y completoperfectamente humano. Pero El fue también la
plenitud de la Divinidadperfectamente divino. Toda su vida terrenal fue una continua
fusión y unión de humanidad y deidad. El hecho de ser hombre no le hacía menos Dios.
El hecho de que era Dios no le impidió entrar en la plenitud de la experiencia humana,
excepto el pecado.
En esta misma forma maravillosa encontramos
en la Biblia la fusión de lo humano y lo divino. El hecho de que sus autores terrenales
fueran hombres como nosotros, no lo hace menos Palabra de Dios. El hecho de que sea
divina en su inspiración, de que su preparación fuera guiada y preservada del error
por el Espíritu de Verdad, no le impide enfrentarse a nosotros en nuestro propio nivel
para juzgar el pecado y la justicia entre nosotros.
d. La
Biblia como la Palabra de Dios. Pero hay otro punto que debemos notar. Así como
Cristo fue el Dios-hombre en todo el sentido de la palabra, la Biblia ES la Palabra de
Dios en su totalidad. Es decir, Cristo no fue parcialmente humano y parcialmente divino.
El fue verdadero Dios y verdadero hombre, en cada partícula de su ser. De la misma
manera la Biblia, en su totalidad, es la Palabra de Dios al hombre por medio de hombres.
Hay a quienes les gusta decir que la Biblia
no es la Palabra de Dios, sino que contiene la Palabra de Dios. Pero esta posición roba
al Libro de su autoridad sobre la vida y el pensamiento humano. Porque, ¿quién puede
decir cuál parte es la Palabra de Dios y cuál no lo es? Es decir, si pensamos sólo en
términos de que la Biblia contiene la revelación de Dios, inmediatamente sacamos a
relucir nuestra propia razón, o instinto, o juicio para decidir qué parte es la Palabra
de Dios y qué es solamente la cáscara humana en la cual se encuentra la semilla.
Y así encontramos algunos que quitan una
parte y otros que le quitan otra. Algunos le quitan la historia de la creación, otros el
relato de la caída. Otros quisieran deshacerse de los milagros de las Escrituras. Para
cuando todos los críticos terminen cortando y podando lo que cada uno de ellos piensa que
es solamente humano, no quedará mucho.
Probablemente parte del problema sea que
tenemos la tendencia a pensar solamente en términos de nuestra propia generación y de
nuestra propia forma de ver las cosas. Olvidamos que la revelación de Dios en la Biblia
fue dada a la raza entera: para todos los hombres en todas partes y en todas las épocas.
A veces impacientemente pensamos que la Palabra de Dios se nos debiera dar en nuestra
propia forma de pensar del siglo veinte. Lo que no recordamos es que, todos los libros de
la Biblia a la vez que fueron escritos para nosotros, fueron escritos también para
personas que vivieron en los siglos pasados; y que Dios los amó y estaba interesado en
ellos tanto como El nos ama y está interesado en nosotros. Mucho de lo que se encuentra
en el Antiguo Testamento tendría nuevo sentido si tan sólo mantuviéramos esto en
mente.
e.
Personas de un Libro. Hay una conclusión muy práctica que sigue a todo
esto. Si la Biblia es la Palabra de Dios, entonces debemos conocerla mejor y amarla más
que cualquier otro libro. Lo mismo que Juan Wesley, debemos hacernos la determinación
de ser personas de un Librono que no hemos de leer o estudiar ningún
otro libro, sino que todo otro libro debe estar vitalmente relacionado a la verdad dada a
nosotros en las Escrituras.
Uno de los antiguos escritores sagrados hace
la pregunta: ¿Con qué limpiará el joven (o, por supuesto, cualquiera persona,
su camino? Luego da la respuesta: Con guardar tu palabra. Con todo mi corazón
te he buscado no me dejes desviarme de tus mandamientos. En mi corazón he guardado tus
dichos, para no pecar contra ti (Salmos 119:9-11).
Creemos en un solo Dios eternalmente
existente e infinito, el Soberano del universo. Que El solo es Dios, creador y
administrador
[1]
Creemos en la inspiración plenaria de las
Sagradas Escrituras por las cuales entendemos los sesenta y seis libros del Antiguo y
Nuevo Testamentos, dados por inspiración divina, revelando infaliblemente la voluntad
de Dios respecto a nosotros en todo lo necesario para nuestra salvación: de manera que
ninguna cosa que no contengan ellos ha de imponerse como Artículo de Fe.[2]
Para Discusión y Estudio
1. ¿En
qué sentido la fe requiere consideración imparcial?
2. ¿Por
qué no es suficiente con sólo ser sincero en lo que uno cree?
3. ¿Cuál
es la mejor base para la verdad acerca de la existencia de Dios?
4. Mencione
algunos de los puntos que hacen que la fe en Dios sea una fe razonable.
5. ¿En
qué formas se puede decir que Dios se revela al hombre? ¿Cuál es el lugar y valor de
cada una de ellas?
6. ¿Qué
se quiere decir por la humanidad de la Biblia y la divinidad de la
Biblia?
7. ¿Cuál
es la principal objeción a la declaración de que la Biblia contiene la Palabra de
Dios?
II
CREENCIAS ACERCA DEL DIOS
TRIUNO
En el capítulo anterior vimos que la fe
religiosa tiene como objeto la Persona suprema que nosotros conocemos como Dios.
También vimos que el Dios de un universo moral, tal como en el que vivimos, sin duda se
revelaría a sus criaturas. Esto, afirma el cristiano, toma lugar mediante los actos de
Dios en la historia, la venida de su Hijo al mundo; y en la Biblia, según el Espíritu de
Verdad que la inspiró la hace vivir en nosotros.
¿Qué debemos creer entonces acerca de Dios?
Alguien dijo que para él Dios era algo incierto. Pero la fe no es el resultado de
nuestra búsqueda de Dios a tientas. En el sentido más verdadero, es nuestra respuesta a
la revelación de Dios, cuando El se enfrenta a nosotros en Cristo mediante su Espíritu.
He aquí, en síntesis, lo que los cristianos quieren decir cuando hablan de la
Trinidad.
El Dios y Padre de
Nuestro Señor Jesucristo
Nada más importante se ha dicho acerca de
que El es el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo (Efesios 1:3). Todos
los rayos de verdad que han brillado a través de las páginas del Antiguo Testamento, se
juntan y se enfocan en una luz muy brillante en el rostro de Cristo Jesús, El nos
muestra lo que Dios es. Porque el Dios de la Biblia es semejante a Cristo.
1.
Un Dios de Amor Santo
Mucho se ha escrito y dicho acerca de Dios
que nos ayuda a entenderle y a comprender su forma de obrar con los hombres. A través de
todas las Escrituras, se declara que Dios es un Espíritu infinito; eterno en su ser, es
decir, sin principio y sin fin; inmutable y perfecto; presente en todas partes, y
todopoderoso; que todo lo sabe, es sabiduría y todo bondad; un Dios de justicia, verdad y
gracia. El es el soberano Señor de la historia que se sienta a juzgar todos los pecados
humanos, nacionales e individuales. Pero por sobre todo esto, El es un Dios de amor
santo. Esto es lo que vemos cuando pensamos acerca de Cristo. El que me ha visto a
mí, ha visto al Padre, dijo nuestro Salvador en su memorable declaración en Juan
14:9-10, las palabras que yo os hablo, no las hablo por mi propia cuenta, sino que
el Padre que mora en mí, él hace las obras.
La síntesis de las enseñanzas tanto del
Antiguo como del Nuevo Testamento, es que el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo,
es un Dios de amor santo. En cierto sentido la santidad de Dios sobresale más en el
Antiguo Testamento y el amor de Dios sobresale más en el Nuevo Testamento. Pero no
debemos poner demasiado énfasis sobre esto. El Antiguo Testamento declara el amor de
Dios: Con amor eterno te he amado (Jeremías 31:3). El Nuevo Testamento nos
dice cuán grande es ese amor: Porque de tal manera amó Dios al mundo que dio a su
Hijo unigénito (Juan 3:16). De la misma manera, el Nuevo Testamento declara la
santidad de Dios: Sino como aquel que os llamó es santo, sed también vosotros
santos en toda vuestra manera de vivir (I Pedro 1: 15).
Dios no puede ser otra cosa que amor. Aun lo
que la Escritura describe como la ira de Dios es una expresión de su amor. Lo contrario
del amor no es ira, sino odio. La ira es el otro lado del amor, la constante oposición
de Dios hacia aquello que destruye a quienes El ama.
Un padre escuchó en cierta ocasión a sus
dos hijos en una seria conversación. El más grande estaba reprendiendo al más
pequeño: Si eres malo papá no te amará más. El padre llamó a sus dos
niños. Eso no es verdad, dijo él. Cuando ustedes son buenos, papá les
ama con un amor que le hace feliz. Cuando ustedes son malos, papá les ama con un amor que
les hace sentirse triste. El hecho de que el amor de Dios sea justo y santo y castigue
lo malo, no hace que sea menos amor. En realidad un amor que no tuviera estas
características no sería verdadero amor. Dejar que el pecado actuara libremente y que el
mal quedara sin castigo, sería descuido e indiferencia y no un verdadero amor.
El Señor
Jesucristo, Nuestra Esperanza
En la Biblia sobresale la figura del Señor
Jesucristo. Lo que El es y lo que enseñó es el criterio por el cual ha de interpretarse
toda creencia de la fe cristiana.
Pero la creencia acerca de Cristo significa
mucho más que la aprobación general de lo que El hizo y enseñó. ¿Qué pensáis
del Cristo? (Mateo 22:42), es una pregunta que penetra hasta el corazón mismo de
la fe que cualquier persona tenga, y establece separación entre la fe y la incredulidad.
Ser cristiano significa algo más que tener puntos de vista correctos acerca de Cristo,
pero difícilmente puede significar menos
que esto.
En realidad, lo que nosotros sabemos acerca
de Cristo intelectualmente depende del testimonio de las Escrituras. Ese testimonio,
tomado como un todo, es claro e inconfundible, y nos habla de dos grandes hechos acerca
de la persona del Señor Jesucristo. Ya mencionamos que estos dos hechos en el capítulo
anterior representan dos grandes verdades acerca de la Biblia misma, pero debemos
considerarlos de nuevo.
1.
Humanidad Perfecta
El primero de estos grandes hechos en el
testimonio de la Biblia acerca de Cristo es el de su perfecta humanidad. El no fue medio
humano y medio divino. Fue totalmente humano, tanto que podía compadecerse de
nuestras debilidades, y tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin
pecado (Hebreos 4:15).
Nunca debemos perder de vista este hecho. La
única forma en que Dios podía verdaderamente revelarse era tomando la forma de la
naturaleza humana, y en la persona de su Hijo, enseñándonos tanto lo que El es como lo
que El quisiera que nosotros fuéramos. Un ser celestial puede anunciar los requisitos
de la ley, pero la gracia y el amor de Dios podían verse sólo en una personalidad
viviente. Nosotros no podríamos ser reconciliados a Dios, a menos que nuestra
Reconciliación hubiera participado de nuestra naturaleza de modo que pudiera tomar
nuestra mano y la mano del Padre para unirlas.
2.
La Deidad de Cristo
El otro gran hecho del cual la Biblia da
testimonio es el de la Deidad de Cristo. No es suficiente hablar acerca de la
divinidad, porque había muchas divinidades en el tiempo de la
Biblia, y muchos dioses eran adorados por los habitantes del mundo
Mediterráneo. Si los cristianos primitivos se hubieran conformado con la
divinidad de Cristo, no hubieran sufrido persecuciónporque donde hay
muchos dioses hay lugar para uno más. Y aun en nuestros días hay personas que hablan
de la divinidad del hombre o de la chispa de la divinidad en cada
alma humana.
La afirmación del cristiano acerca de Jesús
es que El es verdadero Dios, y es su deidad por la que santos y mártires dieron sus
vidas. Gozosamente tomaron sus lugares en la iglesia del Señor, la cual el ganó
por su propia sangre (Hechos 20:28). Ellos hablaron del misterio de la
piedad: Dios fue manifestado en carne, justificado en el Espíritu, visto de los
ángeles, predicado a los gentiles, creído en el mundo, recibido arriba en gloria
(I Tesalonicenses 3:16). Vivieron con la esperanza de la manifestación gloriosa de
nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo (Tito 2:13); ellos hablaban de El como del
Verbo quien estuvo desde el principio con Dios (Juan 1:1); y le adoraron como Señor
mío y Dios mío (Juan 20:28).
La gran fe se fortaleció porque Cristo no
nació por un proceso natural, sino por medio de una virgen, mediante la intervención del
Espíritu Santo. Los que ponen en tela de duda el nacimiento virginal de Cristo deben
considerar bien la alternativa de esta creencia, porque las Escrituras dicen
claramente que José no fue el padre de nuestro Señor.
3.
Propósito de la Encarnación
¿Por qué, quizá se pregunte,
tomó Dios forma humana y en la persona de su Hijo invadió la historia humana,
dividiendo así el tiempo en antes de Cristo y después de Cristo, en lo que alguien ha
llamado la lógica irrefutable del calendario? No se puede obtener una
respuesta más clara que la clásica respuesta de Pablo, ya citada anteriormente:
Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo (II Corintios 5:19).
En estas nueve palabras tenemos material para
varios volúmenes de teología. La gran tragedia del pecado humano había separado al
hombre de Dios. Los justos requisitos de la ley moral debían llenarse, una ley en la que
el pecado es seguido por la muerte, tan cierta e inevitablemente como la noche sigue a la
puesta del sol. Al hacerse El mismo nuestra Ofrenda por el pecado, al ser levantado otra
vez de entre los muertos para nuestra justificación, el Señor Jesucristo se convierte
en Salvador de todos los que creen en El.
4.
La Fe en Cristo
Estas últimas palabras nos dan un punto que
debemos considerar cuidadosamente. En ninguna parte prometen las Escrituras vida eterna
a los que tienen conceptos acertados acerca de Cristo, no importa cuán importantes
sean esos conceptos. La frase clave es siempre: Cree en, o Cree en el
Señor Jesucristo, y serás salvo (Hechos 16:31).
Porque creer puede significar dos cosas.
Puede significar solamente considerar verdaderas, ciertas ideas acerca de
algo. O puede significar, como en realidad debiera serlo, aferrarse a esas
ideas hasta el punto de hacerlas parte de su vida. La fe no es un mero asunto de
intelecto. Es un acto de la voluntad. Significa confiar
en, entregar a, escoger, como un principio dominante de la vida.
Por tanto, la fe en Cristo es fe salvadora
cuando conduce a rendir la vida a su voluntad y a una confianza plena en su poder para
salvar. Pero el resultado de la fe tal como se encuentra en nuestras vidas, no es
solamente lo que nosotros hacemos acerca de ello, sino lo que El hace en nosotros. Y El
obra en nosotros mediante su Santo Espíritu.
El Espíritu Santo
de Dios
Cuando Cristo se enfrentó a la cruz, reveló
a sus discípulos el desaliento y la tristeza que su partida les causaría. Pero
juntamente con estas advertencias les dejó algunas de sus promesas más grandes.
Rogaré al Padre, dijo El, y os dará otro Consolador, para que esté
con vosotros para siempre: el Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir,
porque no le ve, ni le conoce; pero vosotros le conocéis, porque mora en vosotros, y
estará en vosotros (Juan 14:16-17).
Pasamos ahora a considerar nuestras creencias
acerca del Espíritu Santo. Sería difícil pensar en otra creencia que tenga más
importancia en la vida cristiana práctica.
1.
Otro Consolador
Cristo dijo, hablando acerca del Espíritu,
que sería otro Consolador. Este término a veces se traduce también en
Abogado o, como dice en el original: Uno llamado para que venga a
ayudar.
Aun el antiguo término castellano
Consolador tiene una interesante profundidad de significado cuando se aplica
al Espíritu Santo. No significa: Uno que imparte solaz o consuelo en momentos de
tristeza, como el término nos sugiere en nuestros días. Significa más bien
fortalecer o fortificar. El Consolador, por tanto, viene con
poder, para fortalecer a un cristiano.
En la sección siguiente veremos que la
doctrina cristiana de la Trinidad significa el reconocimiento de tres Personas divinas en
una naturaleza o Deidad. La tercera Persona de la Trinidad es el Espíritu Santo.
Aquí tenemos dos puntos claves. El primero
es la personalidad del Espíritu Santo.
2.
La Personalidad del Espíritu
No es correcto referirse al Espíritu Santo
en forma neutra. Tenemos que ser cuidadosos y usar siempre el pronombre El
cuando hablamos del Espíritu Santo. El es tanto una Personalidad divina como lo son
Cristo y Dios el Padre.
El nombre más común que encontramos en la
Biblia para la Tercera Persona de la Trinidad es el de Espíritu Santo, y es el que
preferiblemente debiéramos usar. Sin embargo, se usan en la Biblia buen número de
diferentes nombres y títulos para referirse al Espíritu Santo. En el Antiguo Testamento
se habla de su obra creadora en el segundo versículo de la Biblia cuando se nos dice que
el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas (Génesis 1:2).
En el Nuevo Testamento se le llama el
Espíritu Santo, el Consolador, el Espíritu de Cristo,
el Espíritu de verdad, el Espíritu de gracia, el
Espíritu de adopción, y también el Espíritu de poder, de amor y de
cordura.
3.
La Deidad del Espíritu
El segundo punto clave que debemos considerar
acerca del Espíritu Santo es su deidad. La Biblia nos enseña que una mentira en contra
del Espíritu Santo es una mentira en contra de Dios (Hechos 5:3-4); El es eterno, como lo
son Dios el Padre y Dios el Hijo (Hebreos 9: 14); y la Iglesia usa formas de bautismos y
bendiciones que incluyen los nombres del Padre, el Hijo y el Espíritu Santo en forma
paralela e igual (Mateo 28: 19; II Corintios 13: 14).
4.
El Espíritu y la Vida Cristiana
Pero ahora hemos de considerar el lugar que
esta Persona divina tiene en la vida del cristiano. Puede resumirse este asunto diciendo
que todo contacto con Dios el Padre y Cristo Jesús, el Hijo, por un lado, y el alma
humana por el otro, es por el Espíritu Santo.
Cristo enseñó esto claramente en su última
conversación con sus discípulos que se registra en el Evangelio de Juan, en los
capítulos 14 al 16. El Espíritu Santo ha de tomar el lugar del Maestro en la vida de los
creyentes (14: 18); El ha de enseñar todas las cosas, y recordar todo lo que Cristo
ha enseñado (14:26); El ha de inspirar testimonio acerca de Cristo (15: 26-27); y es
mejor para los cristianos tener el Espíritu que tener la presencia del Señor Jesús con
ellos en la carne (16:7).
a.
Su Obra. Por lo tanto vemos que no hay vida espiritual bajo ningún
concepto sin el Espíritu de Dios. Antes de convertirnos, somos despertados y convencidos
del pecado por el Espíritu Santo (Juan 16: 8). El principio de una verdadera vida
cristiana es el nacimiento del Espíritu, (Juan 3:5-6). Necesitamos nacer no solamente
del Espíritu, sino también ser bautizados con el Espíritu (Mateo 3:11). Y a través de
toda su vida cristiana el creyente continúa siendo guiado por el Espíritu (Romanos 8:
14).
b.
El Ejecutivo Divino. Esta es la razón por la que el doctor Daniel Steele
llamó al Espíritu Santo El Ejecutivo de la Deidad. El ilustró la doctrina
de la Trinidad señalando que en cualquier gobierno hay tres funciones o facultades.
Incluido en el Congreso de nuestro gobierno está la función legislativa o la de hacer
las leyes. Luego está la función judicial, tal como se ve en los juzgados del país. Y
finalmente está la función ejecutiva, representada por el presidente y su gabinete.
De la misma manera, en la Trinidad está Dios
el Padre, el Dador de la ley. Está Cristo Jesús, el Hijo, el Juez divino de toda la
humanidad. Y está el Espíritu del Señor, el Ejecutivo.
Así como todas las relaciones del ciudadano individual con su gobierno, y las acciones del gobierno