APENDICE

Nazarenos Latinoamericanos

Por Sergio Franco

Partiendo de principios harto humildes, desde 6 focos inmensamente distantes geográfica y culturalmente entre sí,[1] y sujeta a vicisitudes que en más de una ocasión amenazaron ahogarla, la obra de la Iglesia del Nazareno entre los latinoamericanos ha llegado a ser, por la gracia de Dios y para su gloria, una fuerza viva que ha hecho ya cierto impacto en la realidad latinoamericana, y que tiene ahora la posibilidad de un ministerio de importan­cia, cuando las crisis del Continente parecen ahondarse.

Algo de las dimensiones de esa fuerza, y algunos in­dicios de ese ministerio potencial se echan de ver en la siguiente gráfica que detalla algunos de los renglones significativos de nuestro trabajo en 15 países de América, incluyendo Estados Unidos (cuyos millones de residentes de extracción latinoamericana son un gran campo de trabajo para nuestros 3 distritos organizados en ese país).

 

Distrito

Pastores

Total de obreros

Iglesias y Misiones

Sostén Propio

Miembros y Probandos

Escuela Dominical

Matrícula en las Esc. Dom.

 

1

Argentina

22

32

57

4

1782

51

3639

1

2

Brasil

19

23

36

1

1031

39

1851

2

3

Bolivia

76

105

96

22

3674

76

5241

3

4

Chile

4

38

25

1

547

23

2020

4

5

El Salvador*

5

5

7

3

220

6

562

5

6

Guatemala-Honduras

55

63

93

84

3010

93

8577

6

7

Hispano Este*

25

26

19

4

557

19

1040

7

8

Honduras Brit.

10

38

25

1

547

23

2020

8

9

Latinoam. Central

24

32

24

0

1559

24

3905

9

10

México Centro

47

47

64

6

4056

64

3259

10

11

México Norte*

52

56

58

1

2364

48

4040

11

12

México Sureste*

56

73

127

7

4508

121

6226

12

13

Nicaragua

47

67

58

9

1326

58

2854

13

14

Occident. Latinoam.

72

75

75

16

2724

72

5578

14

15

Panamá

6

6

14

0

329

14

1290

15

16

Perú*

63

89

214

72

4015

154

8897

16

17

Puerto Rico

16

16

18

5

864

18

2676

17

18

Uruguay

8

9

10

1

276

9

680

18

 

Totales

607

800

1020

237

33389

912

64355

 

*Cifras correspondientes a 1970

 

Se notará que para los propósitos de este apéndice hemos incluido a Brasil y a Honduras Británica. Lo hemos hecho basándonos en la homogeneidad cultural, resultado de un pasado común y señal de un destino al que marchamos juntos. Por el mismo razonamiento he­mos pasado por alto nuestra obra en Haití, las Antillas Británicas y Guyana.

Hay que advertir que, por impresionantes o signifi­cativas que estas cifras sean, especialmente al compa­rarlas entre sí, distan mucho de decirnos lo que necesita­mos saber para enterarnos de la condición de la iglesia entre nosotros, ni de lo que quisiéramos saber de su historial rico en capítulos de consagración y en provi­siones providenciales. La tarea minuciosa que narre el principio y crecimiento de la iglesia en América Latina espera una obra con tal objetivo.

Puesto que esto es sólo un apéndice de lo que en efecto es el nacimiento y desarrollo de la iglesia madre, y eso en nota menor,[2] aquí intentamos nada más dar una idea esquemática de nuestra denominación en tierras latinas. Como parte de ese mundo en que nuestra iglesia gravita y en medio de la cual ha de plantar la presencia de Cristo, añadimos algunos aspectos sobresalientes de nuestros recursos, así como algunas áreas nuevas y difí­ciles que pesan con urgencia sobre nuestra conciencia colectiva.

La nota alegre de crecimiento es lo que primero nos sale al paso, y es una nota que evoca una sinfonía de alabanza. El estudiante se vuelve adorador al discernir las huellas de Dios en las páginas de la historia, y noso­tros decimos: ¡gracias a Dios! Por la notable ayuda de Dios, y muchas veces a pesar de nuestros esfuerzos fa­llidos y torpes, la obra que El nos ha encomendado ha crecido.

Los primeros esfuerzos tímidos, las primeras misio­nes mal equipadas, los primeros misioneros, se han vuelto una red de 18 distritos organizados, con más de mil iglesias y puntos de predicación. Al escribir estas líneas se están haciendo los arreglos para la creación de un cuarto distrito en México, la iniciación de la obra en Ecuador, el establecimiento de Costa Rica como un dis­trito por sí solo, y la creación de otro distrito en Gua­temala, todo esto con el propósito principal de hacer nuevas penetraciones evangelísticas en esas cuatro áreas del continente. Esto nos dará 22 distritos.

Ya tenemos en estas regiones más del triple de na­zarenos y de congregaciones de las que estuvieron re­presentadas en la histórica reunión de Pilot Point (véase la pág. 88).

Pero este crecimiento no ha sido ni aforme ni es­pontáneo. Aquí y allá se disciernen movimientos, per­sonalidades y fuerzas específicos. Aunque hay varías contribuciones que todavía no hemos dado, hay sin em­bargo algunos conceptos que están surgiendo de nuestra experiencia colectiva. Nos referimos a ellos en la parte final de este apéndice. Hay también algunos programas que han hecho posible y acelerado nuestro avance y a ellos nos referimos en continuación.

El historiador cauteloso no traza una línea muy radical entre causas y efectos. Sabe que muchas veces lo que aparenta ser causa es a su vez efecto y se fortalece por sus propios resultados. El historiador Mackinnon lo ilustra al decir que “Lutero hizo la Reforma y la Reforma hizo a Lutero.” La misma interacción se observa en los siguientes aspectos.

Programas que se Volvieron Fuerzas

1.  Nuestras escuelas de capacitación bíblica y mi­nisterial han hecho una labor silenciosa, pero frecuente­mente heroica, y siempre de capital importancia.

La honda tradición educativa de nuestra iglesia (de los primeros nazarenos se dijo que en cuanto se orga­nizaban enviaban un misionero, fundaban una escuela y principiaban un periódico, aunque no tuvieran dinero para ninguno de los tres), es hecho evidente en tierras latinas. Nuestros institutos bíblicos han funcionado bajo toda clase de condiciones, desde Los Ángeles, California, hasta Buenos Aires, Argentina. De sus aulas han salido cientos de ministros, en cuyas manos está ahora la iglesia.

La tarea de profesores como Tomás Ainscough y Lucía de Costa en Argentina, José Rodríguez en San Antonio, C. E. Morales y Vicente Santín en México y veintenas más, ha sido fecunda. En los púlpitos de sus cientos de alumnos, han vuelto a predicar y a servir.

Mención aparte merecen el Seminario Nazareno Hispanoamericano de San Antonio, Texas, que ha tra­bajado con creciente éxito desde 1947, y que intenta ahora impartir una educación teológica superior a la que hasta ahora se ha ofrecido, y el Seminario Nazareno Centro­americano, fundado en San José de Costa Rica en 1970, animado también con el mismo propósito. Sus rectores, los profesores C. William Vaughters y Howard Conrad, respectivamente, tienen en sus manos la tremenda res­ponsabilidad de moldear los hombres para la consolida­ción y avance del futuro. Necesitan nuestro apoyo y oraciones.

2.  La contribución del Departamento Hispano, fun­dado en 1945, ha sido una fuerza decisiva en el creci­miento de nuestra obra. Franklin Cook ha descrito bien esta contribución[3] en términos de proyectos específicos, publicaciones y personal. Pero aquí estamos haciendo alusión a la literatura como medio de unificación entre los miembros de una sociedad dispersa, y como un ele­mento catalítico que a su vez ha causado otros procesos de crecimiento. En una forma breve mencionamos éstos:

a. Las revistas y libros que hemos publicado le han dado a la joven iglesia la estabilidad y reciedumbre es­pirituales que ha necesitado para crecer fiel a sus doc­trinas y prácticas. En artículos de 1 página y en obras teológicas de 500, en himnarios y en discos, la posición doctrinal de la iglesia ha estado al alcance de nuestros adherentes, en su propio idioma.

b. Igualmente importante es la contribución de la literatura como un medio de conocimiento mutuo y de cohesión. Hemos sabido los unos de los otros porque he­mos leído. Noticias, eventos, artículos y libros han ido forjando una cadena que nos liga. Al estar separados por tan vastas distancias geográficas y culturales, esta cohesión es indispensable.

c. La literatura nos ha ayudado también en nuestro impacto evangelístico; muchos han llegado a nuestros templos gracias a una página impresa.

d. Finalmente, nuestra literatura ha sido la más destacada participación de los nazarenos en el mundo evangélico latinoamericano. No somos la segunda deno­minación en América Latina en cuanto a tamaño, pero en lo que toca a literatura ocupamos ese lugar. Esto es motivo de satisfacción para todo nazareno. Por nuestros libros, “se nos conoce.”

El proyecto que el Dr. H. T. Reza fundara, “contra viento y marea,” y que desde entonces dirige, ha sido un brazo fuerte en nuestro avance.

3.   “La Hora Nazarena,” el programa radial de la iglesia, le ha dado un empuje importante y constante, no sólo a ella, sino al extendimiento del evangelio en todos los países de habla hispana. El programa se trans­mitió en junio de 1953 por vez primera, a través de 12 estaciones. Difundirlo por 50 estaciones parecía una meta difícil. Al presente, “La Hora Nazarena” difunde su mensaje de inspiración en alas de la música por casi 700 estaciones del mundo hispano— ¡y la Liga de Radio recibe cartas de oyentes hasta de Brasil!

En la temporada de la Pasión un grupo adicional de 441 estaciones transmite nuestro programa; con un total de mil, y aun con el grupo regular de 700, “La Hora Nazarena” va muy a la delantera de todos los programas religiosos en español.

El programa nos ha abierto puertas antes de nuestra llegada, tanto como individuos como para programas evangelísticos y hasta para establecer trabajo en alguna región o país. Incontados miles han oído el evangelio por vez primera por este medio. Le damos las gracias a Dios por esta penetración de nuestra iglesia en cada rincón de América.

Como otras fuerzas de este tipo, la literatura y el radio son como la marea. Nadie puede medir su fuerza ni impedir su impacto, pero todos pueden sentir sus efectos. Uno de los oyentes escribió:

La Hora de la Hermandad Nazarena:

“... les deseo que el nuevo año les depare el mejor de los éxitos y que sus difusiones alcancen hasta el último rincón de habla española.”

Otro más envió estas líneas:

“En nombre de Jesucristo he escrito esta carta… Quiero que alguno de mis hermanos venga aquí donde yo estoy, pues yo y mi familia iremos a la doctrina del santo Evangelio. Tenemos ham­bre y sed del Pan de vida y del agua de vida eterna... Por piedad vengan por todas estas almas pues si tardan, podemos perdernos. “Con una grande sinceridad para con ustedes.”

4.  Las Conferencias Regionales de Pastores han sido eventos significativos en nuestra historia. En noviembre de 1967 todos los pastores nazarenos de México se reunieron en la primera de esas concentraciones en Cuer­navaca, México—era también la primera vez que los pastores de 4 distritos estaban juntos. En diciembre de 1969 los ministros nazarenos de América Central, Puerto Rico y la obra hispana del este de Estados Unidos se dieron cita en la ciudad de Guatemala. En enero de 1972 se reunieron los pastores y líderes de 6 países de América del Sur, en la gran ciudad de Buenos Aires.

Estos cónclaves regionales, que el Dr. H. T. Reza ha planeado y coordinado con éxito marcado, han logrado importantes objetivos. Nuestros pastores han conocido a algunos de los líderes nazarenos en un nivel de com­pañerismo que no había sido posible antes; han recibido capacitación intelectual y espiritual concentrada; lo que es mejor, han conocido a veintenas de sus colegas en otros países, ministros de quienes habían sabido por muchos años; han externado sus opiniones y se han oído pensar y opinar. Se han sentido parte de un compañerismo mun­dial.

Esto a su vez ha abierto los ojos de nuestros pastores en cuanto a posibles concentraciones de tipo especiali­zado, de su propia cuenta, tales como el cursillo intensivo de capacitación que se celebró en Guatemala en junio de 1971 a completa iniciativa de ese Distrito.

Desafíos que nos Confrontan

América Latina vive días de hondas crisis, cada una de las cuales puede volverse una tremenda oportunidad para el Reino de Dios, o un sonado fracaso. Confronta­mos explosiones en todos los órdenes: social, moral, eco­nómico, de conocimiento y político.

Agravando todo ello está la explosión demográfica, que no es meramente las proyecciones de señores cate­dráticos que afirman que “la tasa de aumento de pobla­ción en Latinoamérica es la más alta del mundo.” No, ese aumento vertiginoso de población significa seres hu­manos, personas de carne y hueso, con necesidades de toda índole, cada uno de ellos.

México ha cuadriplicado su población desde 1938 (14 a casi 55 millones), ¡y se proyecta que tendrá 100 millo­nes en 28 años más! Brasil ya pasó de 100 millones de de habitantes.

Situada pues en un continente en fermento, la Iglesia Cristiana tiene necesidades tremendas y urgentes. Puesto que nuestra iglesia funciona en áreas de tal diversidad, es difícil que cierta necesidad tenga igual prioridad en todas sus ramas. Sin embargo, las siguientes áreas de­mandan una solución adecuada para que nuestra iglesia cumpla su cometido en América Latina:

1.  Intensificación de evangelismo. Somos mayor­domos del evangelio. Debemos comunicarlo a nuestros hermanos. Dado el aumento de población, es obvio que necesitamos nuevo ímpetu y tal vez nuevas estrategias en nuestro evangelismo. El nombramiento del primer promotor de evangelismo para América Latina, en la persona del pastor H. O. Espinoza, es una señal de avance. Misiones domésticas y misiones a países contiguos—am­bas deben aumentar.

2.  Estructuración del proceso educativo. La revi­sión de objetivos y métodos pedagógicos que está en marcha alrededor del mundo, la articulación de nuestros programas con las necesidades de la sociedad a la que hemos de servir, el análisis cuidadoso de lo que necesita­mos, en términos humanos, para los avances de las pró­ximas décadas: estos son algunos de los ingredientes del fortalecimiento de nuestros centros de preparación mi­nisterial.

Ya no somos una iglesia pequeña o provinciana. Cuando se nos han fijado objetivos claros y razonables, hemos encontrado los recursos para alcanzarlos. Nece­sitamos hombres que le marquen rumbos a la iglesia que está en la mañana de su vida. Al mismo tiempo, queremos recordar el porcentaje rural de nuestra feli­gresía y de nuestra América en nuestro diseño educativo total.

3.  La problemática social del continente pide de nosotros una contestación adecuada. Nos costará hablar, pero nos costará más guardar silencio.

4.  Madurez para gobernarnos a nosotros mismos. La única manera de conservar los derechos es usarlos correctamente. El voto es un arma formidable, para bien o para mal. Necesitamos desarrollar individual y colec­tivamente, sabiduría y paciencia, a fin de desarrollar estabilidad en nuestras congregaciones y distritos, espe­cialmente ahora que estamos votando por nuestros lí­deres.

5.  Hay que enfocar y resolver la tensión entre áreas urbanas y áreas rurales. Esto está íntimamente ligado con la necesidad de ministrar a estudiantes universitarios y a la clase media que está en aumento por todo el Continente. Necesitamos reexaminar estrategias y priori­dades. Este es un problema formidable y mundial. La iglesia está perdiendo las ciudades, y en las ciudades están las multitudes, y los centros de influencia. Cristo debe ser proclamado en Buenos Aires, en Caracas y en México en forma significativa para la vida de los millones de seres humanos que viven en ellas. Si nos atrevemos a hacer algo más allá de nuestras fuerzas, Dios premiará nuestra fe.

 


[1]Guatemala (1901), Cuba (1902), México (1903), población hispana en California, E.U.A. (1964), Perú (1917) y Argentina (1919).

 

[2] Para un tratamiento exhaustivo del tema véase La Historia de los Nazarenos, del eminente Timothy Smith, recién salida de nuestras prensas.

 

[3] Una taza de tinta caliente, CNP, 1971.