CAPITULO TRES

Principios en el Este Norteamericano

Precisamente durante los mismos años en que la Igle­sia del Nazareno desarrollaba su organización y procla­maba la doctrina de santidad bíblica en las regiones del oeste norteamericano, en el este ocurría algo muy seme­jante. En verdad, los esfuerzos organizados para promo­ver la santidad se iniciaron en el este antes que en el oeste o en el sur.

En 1887, el Rev. F. A. Hillery, presidente de la Asociación de South Providence para el fomento de la San­tidad, organizó la Iglesia Evangélica del Pueblo. Se anunció que su propósito era rendir culto al Todopoderoso según las doctrinas de la Biblia conforme las enseñaba Juan Wesley, y según se anotaban en la constitución de la nueva organización registrada ante el Estado de Rhode Island. Partiendo de estos principios, la obra de la promo­ción de la santidad avanzó hacia otras regiones del este.

LOS PRINCIPIOS DE LA IGLESIA EVANGELICA DEL PUEBLO

Tanto la Asociación de South Providence para el Fomento de la santidad, como la Iglesia Evangélica del Pueblo, resultaron por la actitud de oposición contra la doctrina y la experiencia de santidad desplegada en la Iglesia Metodista Episcopal San Pablo de South Provi­dence, donde en 1881 se había encendido un avivamiento de santidad. Cuando los pastores de la congregación inci­taron a los opositores, la iglesia se dividió en dos bandos: uno en favor de la santidad, y el otro en contra de ella. En pocos días ciertos maestros de escuela dominical que profesaban la experiencia de la santidad fueron arbi­trariamente suspendidos, y reemplazados por maestros que se oponían a esa doctrina; además, se tomaron otras medidas injustas contra los fieles que buscaban la santi­dad, y se hizo claro que sería inútil que los feligreses inclinados a la doctrina y la experiencia de la santidad permanecieran en aquella congregación. Por lo tanto, 25 miembros se separaron, y 50 más los siguieron poco tiem­po después.

Fue entonces que algunos de los interesados en orga­nizar una iglesia de santidad se reunieron y nombraron un comité que preparara un convenio, un credo y un sistema. Después de prolongado estudio el comité adoptó una declaración doctrinal y una forma de gobierno ecle­siástico.

El 15 de junio se reunieron alrededor de 40 personas para considerar la posible organización permanente de una iglesia separada. Adoptaron el nombre de “La Iglesia Evangélica del Pueblo,” y se dio la oportunidad para que quienes desearan formar parte del grupo firmaran el credo y el acta de fundación.

En reuniones subsecuentes se adoptaron reglas de gobierno y una constitución para la escuela dominical. Cuando se eligieron a los oficiales de la iglesia y los comités necesarios, se escogió al Rev. F. A. Hillery como “presidente” de la iglesia. La organización de la Iglesia Evangélica del Pueblo quedó finiquitada el 21 de julio de 1887 en Providence, Rhode Island. La nueva iglesia recibió por traslado las propiedades y las responsabili­dades de “la Asociación de South Providence para el Fo­mento de la Santidad.”

Los once artículos de fe adoptados incluían la posi­ción ortodoxa de la iglesia evangélica general sobre las doctrinas fundamentales de la Trinidad, la autoridad de las Escrituras, la caída del hombre, la deidad y expiación de Jesucristo, la justificación por la fe, los sacramentos del bautismo y la Santa Comunión, la observancia del Día de Reposo cristiano, la segunda venida de Cristo, la resu­rrección de los muertos, la recompensa de los justos, y el castigo eterno de los perdidos. El postulado distintivo era el de la entera santificación, que leía así:

Creemos que la entera santificación es aquel acto del Espíritu Santo por el cual el alma justificada es librada del pecado innato y purificada de corazón; que se puede recibir ahora por la fe sola, capacitando al creyente para amar a Dios con todo el corazón, la mente, el alma y las fuerzas, lo que implica que ninguna disposición de carácter (esto es, una disposición contraria al amor) queda en el alma; que todos los pensamientos, palabras y hechos son gobernados por el amor puro; que la entera santificación no excluye la ignorancia o los errores, una trasgresión involuntaria de algún precepto divino desco­nocido.

Los primeros servicios de la Iglesia Evangélica del Pueblo se celebraron el domingo 24 de julio de 1887. La iglesia contaba con 51 fieles, todos los cuales creían en la doctrina de la santidad, y muchos de quienes la disfru­taban. En febrero de 1888, la iglesia se incorporó confor­me a las leyes del estado de Rhode Island.

En septiembre de 1888, el Rev. F. A. Hillery inició la publicación de una revista religiosa mensual llamada Beulah Items. Allí declaró que la misión de la Iglesia Evangélica del Pueblo era proclamar la santidad bíblica. Insistió en que desde el tiempo cuando Juan Wesley comenzó a enseñar la santidad, había sido la doctrina de la Iglesia Metodista, y que los sermones de Wesley, los himnos de la Iglesia Metodista y las más grandes lumi­narias en los anales del metodismo eran testigos del poder santificador de Cristo.

Hubo muchos que prefirieron ser perseguidos y penosamente expulsados de sus iglesias antes que renun­ciar a la experiencia y la enseñanza de una verdad tan cargada de consuelo y seguridad espirituales. Otros líderes de santidad prominentes en sus propias denomi­naciones, y leales a sus iglesias, se declararon en contra de lo que calificaban de “espíritu separatista.” Preferían ellos la organización de bandas y asociaciones para el fomento de la causa de la santidad.

SE FORMA LA ASOCIACION CENTRAL EVANGELICA DE SANTIDAD

Como consecuencia del crecimiento rápido del movi­miento, con mucha frecuencia comenzaron a organizarse iglesias independientes de santidad en el extremo este del país conocido como “Nueva Inglaterra.” Una evidencia del espíritu de cooperación y compañerismo entre las congregaciones de santidad de aquella región, es la reu­nión que un grupo de iglesias evangélicas tuvo en la Iglesia Evangélica del Pueblo en Providence, Rhode Island, el 15 de mayo de 1889, para la ordenación de F. A. Hillery como ministro del evangelio. Menos de dos sema­nas después, la Iglesia Evangélica del Pueblo envió dele­gados a un Concilio de Unión con la Iglesia Independiente de Lynn, Massachusetts.

Este movimiento de unión de las diversas misiones, iglesias y asociaciones continuó cobrando ímpetu. El 13 de marzo de 1889, se reunieron en Rock, Massachusetts los delegados y representantes de 6 iglesias y asociaciones de santidad. Como resultado de esta reunión se orga­nizó la Asociación Central Evangélica de Santidad con el Rev. W. C. Ryder, presidente, y el Rev. F. A. Hillery, vicepresidente. La base de unión era la doctrina de la entera santificación por la fe, subsecuente a la conversión.

El 25 de marzo de 1891 se llevó a cabo la primera reunión anual de la Asociación Central Evangélica de Santidad en la misión de Lynn, Massachusetts. Además de delegados de los seis grupos originales, hubo repre­sentantes de otras dos iglesias. Los informes mostraron que las iglesias habían sido singularmente bendecidas con la conversión y la santificación de las almas.

LAS REUNIONES ANUALES DE NEGOCIOS

Cuando, el 29 de marzo de 1892 se celebró la Segunda Reunión Anual de la Asociación Central Evangélica de Santidad en Malden, Massachusetts, los informes descri­bieron el año pasado como uno de progreso y que prome­tía consecuencias halagadoras para el futuro. Los cultos de altar después de las predicaciones se distinguieron por el fuego santo, y por las muchas almas gloriosamente salvadas y santificadas.

El objeto de la Asociación era conservar y llevar ade­lante una obra agresiva de santidad por medio de la acción unida. La Asociación se componía de represen­tantes de las asociaciones, iglesias y bandas de santidad, además de los ministros y evangelistas dedicados a la causa de esta doctrina. En el período entre las reuniones anuales, un comité ejecutivo tenía la supervisión general de la obra en una capacidad de asesor.

En 1892, la revista mensual publicada por F. A. Hille­ry se unió con la publicación El Cristiano Bíblico, un periódico sin lazos denominacionales, dirigido y publicado para la proclamación de la santidad bíblica, por el Rev. E. N. Pike, de Exeter, New Hampshire. El nombre de la nueva publicación era El Cristiano de Beula. El pri­mer número apareció en mayo de 1892.

Todas las iglesias que habían presentado informe el año anterior enviaron delegados a la Tercera Reunión Anual de la Asociación, y además llegaron delegados de la Misión del Pueblo en Central Falls, Rhode Island, y de la Asociación de Santidad de Chelsea, en Chelsea, Massa­chusetts. La convención se dedicó a cultos devocionales y sesiones de negocios. No se hicieron cambios notables en la organización ni en la doctrina.

Cuando sesionó la Cuarta Reunión Anual el 28 de marzo de 1894, en la Iglesia Evangélica del Pueblo, en Providence, Rhode Island, dos nuevas organizaciones se habían adherido a la Asociación: la Iglesia Evangélica Libre del Pueblo, de West Mansfield, Massachusetts, y la Liga de Santidad de Norwich, de Norwich, Connecticut. Los informes demostraron aumentos en la membresía, en la asistencia a la escuela dominical, y en el valor de las propiedades. La iglesia de la Misión Emanuel, en North Attleboro, Massachusetts, tenía ya siete misioneros en otros países—dos en India, dos en Jamaica, y tres en St. Kitts, Indias Occidentales.

La Misión de Lynn, Massachusetts, bajo la dirección del Rev. C. H. Davis había establecido una misión de rescate llamada “Betesda,” (casa de misericordia). El propósito de esta misión de rescate era “redimir a las mujeres caídas, levantándolas de la degradación y prote­giéndolas con la influencia de un ambiente santo y agra­dable.”

La reunión anual de 1895 desplegó señales evidentes de un espíritu fervoroso de cooperación en el programa misionero de la Asociación. La Misión de Malden, Massa­chusetts, informó que el Rev. Donald J. McDonald había partido para la India para iniciar trabajo misionero.

Con la multiplicación de bandas y asociaciones para el fomento de la causa de la santidad cristiana, el movi­miento de santidad en la Nueva Inglaterra se difundía más y más. Un caso típico era la Asociación de Santidad de Quinebaug, cuya exhortación decía: “Tomemos todos nuestro lugar al pie de la cruz y bajo la sangre; y guiados por la Palabra y el Espíritu, teniendo por lema ‘Santidad al Señor’; avancemos en la obra. No para promover un dogma, sino para salvar a la gente de todo pecado, y llenarla con el Espíritu Santo. Esa es nuestra única y constante meta.”

SE VENTILAN CUESTIONES MORALES Y RELIGIOSAS

La actitud del pueblo de santidad en la última parte del siglo XIX quedó explícitamente declarada en las publicaciones religiosas impresas por ellos. Los directores de El Cristiano de Beula recibían y discutían abierta­mente en sus páginas toda clase de preguntas acerca de cuestiones referentes a las recreaciones y diversiones mundanas, el uso de bebidas alcohólicas y el tabaco, la ordenación de mujeres al ministerio, la guarda del día de reposo y “la tercera bendición.”

Alguien escribió a la revista diciendo: “¿Producen algún beneficio el baile, los juegos de naipes, y otra clase de diversiones semejantes? Yo contesto decididamente que no. ¿Son perjudiciales? Sí; destruyen el carácter y la influencia cristianos. Producen la muerte de la vida espiritual.”

En el mismo número otro corresponsal expresaba su opinión sobre las diversiones mundanas. “¿Quién se atre­vería a afirmar que el Espíritu Santo lo estimuló a ir al teatro, o a ocuparse de cualquiera de las diversiones mundanas antes mencionadas?” Afirmaba que el cris­tiano que se ocupa de tales recreaciones destruye su interés en la Palabra de Dios y en los asuntos espiritua­les. El pueblo de santidad tomaba una posición definida. Se oponía a las bebidas alcohólicas en cualquier forma y cantidad, y también condenaba el tabaco como un hábito inútil, inmundo y ofensivo, perjudicial para la salud, y por tanto condenado por las Sagradas Escrituras.

Un asunto que produjo mucha oposición al movi­miento de santidad fue la cuestión de permitir a las mujeres predicar. La Asociación Central Evangélica de Santidad evidentemente estaba de acuerdo con esa cos­tumbre. En un artículo que apareció en julio de 1893 en El Cristiano de Beula, se informaba que en una sesión de la Conferencia Wesleyana de Nueva York, dos pia­dosas damas, la señorita Lucy M. Dews y la señora E. A. Runnion, recibieron las sagradas órdenes para predicar el evangelio, y les fue concedida autoridad para todos los privilegios y responsabilidades del ministerio.

En el asunto de la observancia del día de reposo y el de la reverencia y santidad de la iglesia, todos los miembros de la Asociación compartían la misma convic­ción. En un artículo publicado sobre “El Día de Reposo y el Santuario,” el Rev. F. A. Hillery observó lo siguiente: “Dios requiere para su gloria y para el bien del hombre que cuando menos un día de cada siete se dedique entera­mente a El... ‘Guardaréis mis sábados y mi santuario.’ Así como el día de reposo es separado y distinto de los demás días, la casa de Dios debe ser separada y distinta de los demás edificios.”

El movimiento de santidad se componía de dos grupos. Un grupo creía que la entera santificación (una segunda obra de gracia) es una experiencia mediante la cual el creyente regenerado, cuando se consagra y tiene fe, es purificado de todo pecado (la mente carnal) por la sangre de Jesucristo, y bautizado con el Espíritu Santo. El otro grupo enseñaba que el creyente es purificado de todo pecado en la experiencia de la entera santificación, pero que como una “tercera bendición” recibía el bautis­mo del Espíritu Santo, probándolo con la evidencia de “hablar en lenguas desconocidas.” Los grupos de santidad que más tarde llegaron a formar parte de la Iglesia del Nazareno, nunca creyeron ni practicaron el hablar en lenguas desconocidas.

LA ORGANIZACION DE IGLESIAS DE SANTIDAD EN BROOKLIN

Al mismo tiempo que la Asociación Central Evangé­lica de Santidad se establecía en Massachusetts y Rhode Island, un número de iglesias de santidad estaban orga­nizándose en Nueva York. Tres de ellas, todas en Brook­lyn, se unieron el 12 de diciembre de 1895 para formar la Asociación de Iglesias Pentecostales de Norteamérica. El Rev. William Howard Hoople fue el fundador de este pequeño movimiento destinado a realizar una enorme obra.

Durante 1893, el Rev. W. H. Hoople asistió a ciertas reuniones de santidad celebradas en hogares particulares en Brooklyn, donde los presentes adoraron a Dios “en toda la libertad del Espíritu.” Creyendo que Dios le estaba dirigiendo a proveer un lugar donde el pueblo santificado pudiera cantar y expresarse con toda libertad, rentó una bodega, la arregló adecuadamente, y el primer día de 1894 comenzó a celebrar servicios. Tres días más tarde el Rev. Hoople organizó una misión independiente de santidad y fue elegido superintendente de ella. El Rev. John Norberry aceptó el llamamiento a ayudar en el trabajo y lo hizo hasta que se abrió otra misión en Brooklyn.

La feligresía y asistencia a la misión aumentaron tan rápidamente que fue necesario obtener un lugar más amplio y adecuado. Un día, mientras los hermanos W. H. Hoople, John Norberry y Richard Ryans caminaban por la Avenida Utica, observaron un terreno baldío. Los tres se arrodillaron allí y oraron con la convicción de que este debería ser el sitio para la nueva iglesia. El Sr. Hoople obtuvo el dinero prestado, compró la propiedad, y levantó un sencillo templo.

A pesar de que carecía de hermosas líneas arquitectó­nicas, aquel santuario contenía un espíritu de adoración mayor que el que podía encontrarse en muchas magnificas iglesias. El entusiasmo espiritual sobresaliente atraía tales multitudes que con frecuencia la gente no cabía y tenía que regresar a sus hogares. La feligresía aumentó rápidamente, e incontables vidas fueron transformadas.

El 16 de mayo de 1894, en el templo de la Avenida Utica se organizó una nueva iglesia conocida como el Tabernáculo Pentecostal de la Avenida Utica (que más tarde se llamó la Iglesia Pentecostal de la Avenida Utica). Los miembros fundadores eran treinta y dos, quienes escogieron al Rev. W. H. Hoople como pastor. Bajo su diná­mica dirección espiritual la congregación se propuso sostener la doctrina de una salvación gratuita y plena, y abogar por ella, con métodos apostólicos y sencillos.

Durante la celebración del decimocuarto aniversario de la Iglesia Pentecostal de la Avenida Utica, alguien ex­presó esta opinión sobre su influencia: “Esta iglesia local ha sido un foco desde el cual la doctrina de la santidad ha refulgido hasta los últimos rincones del mundo. Algunos de los miembros más santos del movimiento de santidad, han estado asociados con esta congregación.”

Menos de un año después de la organización de la iglesia en la Avenida Utica, el Rev. John Norberry se convenció de que urgía abrir obra de santidad en otra parte de Brooklyn. Con la ayuda del Rev. Hoople y del señor Charles BeVier encontraron un templo abandonado que alquilaron por $1,000.00 anuales. La iglesia inició sus actividades el primero de febrero de 1895 con un día entero de cultos. Los servicios evangelísticos continuaron por dos meses. El 24 de febrero la congregación se orga­nizó como el Tabernáculo Pentecostal de la Avenida Bedford. Contaba con veinte miembros fundadores y con el Rev. John Norberry como su pastor. Dios bendijo esta obra a tal punto que para enero de 1897 la feligresía en pleno llegaba a más de 130.

Durante la primavera de 1895, el señor Hoople con­siguió otro templo abandonado en una sección distinta de la ciudad y comenzó a celebrar servicios en él. El primer lunes de septiembre de ese año, la tercera iglesia de san­tidad en Brooklyn, llamada el Tabernáculo Pentecostal Emmanuel, se organizó con una lista de veinte miembros. El pastor era el Rev. Fred W. Sloat.

SE ORGANIZA LA ASOCIACION DE IGLESIAS PENTECOSTALES

Los dirigentes de la obra de santidad en Brooklyn estaban convencidos de que su causa avanzaría más rápi­damente si lograban una cooperación más estrecha. Por esa razón los delegados de las tres iglesias organizadas se reunieron en el Tabernáculo Pentecostal de la Avenida Utica el 12 de diciembre de 1895 y organizaron la Asocia­ción de Iglesias Pentecostales de Norteamérica. El pro­pósito de esta Asociación sería proveer un plan para llevar adelante la causa de la santidad bíblica por todo el mundo. El artículo que lo distinguía era la doctrina de la entera santificación:

Creemos que la entera santificación es aquella obra de la gracia de Dios por la cual somos hechos santos, purificados de todo pecado, amamos a Dios con todo el corazón, y somos bautizados con el Espíritu Santo; que es una obra instantánea, recibida por la fe subsecuente­mente a la conversión, y de la cual el Espíritu Santo nos da testimonio; que no es imputada, sino realizada en el alma del creyente.

La persona que deseaba ser aceptada como miembro de la iglesia prometía que daría prioridad al evangelio sobre todas las organizaciones de origen humano; que procuraría honrar a Dios por la pureza de su corazón, la novedad de su vida, y su buena voluntad hacia todos los hombres, ganando almas para Cristo y sosteniéndose fir­me en la fe hasta que el Señor viniera y lo recibiera a Sí.

Las iglesias locales adoptaron el sistema congrega­cional de gobierno, conservando para sí mismas el derecho y la autoridad para examinar y ordenar pastores. La relación entre las iglesias que integraban la Asociación era de un lazo de cooperación, puesto que cada congre­gación local era independiente. La Asociación sostendría una reunión anual integrada por el pastor y los mensa­jeros electos de las varias iglesias.

En la Primera Reunión Anual de la Asociación de Iglesias Pentecostales de Norteamérica, se nombró un comité de unión, compuesto de los señores W. H. Hoople y O. J. Copeland, para buscar la unión con otros cuerpos de santidad.

LA UNIFICACION DE IGLESIAS DE SANTIDAD EN EL ESTE

En respuesta a la correspondencia recibida sobre el asunto de una posible unión, la Asociación Central Evan­gélica que se reunió en Rock, Massachusetts el 15 y 16 de abril de 1896, nombró a W. C. Ryder, F. A. Hillery y a F. L. Sprague para que escribieran una carta fraternal a la Asociación de Iglesias Pentecostales de Norteamérica, invitándola a cooperar con su Asociación en la consecu­ción de la obra de santidad. En noviembre los comités de ambos grupos se reunieron en Brooklyn con el propósito de estrechar las relaciones y la unión entre las dos orga­nizaciones.

Después de pasar un buen tiempo en oración, F. L. Sprague fue electo moderador, y F. A. Hillery el secre­tario. Se leyeron los artículos de fe y práctica sostenidos por la Asociación de Iglesias Pentecostales y después de alguna discusión, se aceptaron unánimemente.

Por la tarde, se nombró a los señores F. A. Hillery, W. E. Hoople y H. F. Reynolds para arreglar un resumen de doctrinas y estatutos como bases de unión. Se adoptó la publicación El Cristiano de Beula como el periódico oficial de la Asociación y se formularon planes para orga­nizar una compañía de publicaciones.

Al día siguiente, después de haberse llevado a cabo algunas enmiendas, se aceptaron la constitución y doctri­nas de la Asociación de Iglesias Pentecostales de Norte­américa como la base para la unión. Se acordó presen­tarlas a las diferentes iglesias independientes de santidad para su aceptación. Al tercer día, el Comité Combinado de Unión votó que “cualquier ministro o evangelista que ahora forme parte de este comité organizará iglesias pen­tecostales sujetas al Manual sugeridas por el comité res­ponsable de la emisión del mismo Manual; tales iglesias estarán sujetas a cualquier cambio sugerido por la forma permanente de artículos, estatutos y el Manual.” El Co­mité Combinado de Unión también recomendó que el Comité de Manual incorporara algún sistema de mem­bresía a prueba. Después de mucho orar y deliberar, se adoptaron unánimemente la constitución, el resumen de doctrinas y las condiciones para membresía.

El 13 de abril de 1897, la Segunda Reunión Anual de la Asociación de Iglesias Pentecostales de Norteamérica se reunió en la Misión de Lynn, Massachusetts. Fue en esta ocasión cuando se complementó la unión de las dos asociaciones. Se eligió moderador al Rev. O. J. Copeland, y secretario al Rev. F. A. Hillery. Por unanimidad se aceptaron la declaración de introducción, la constitución, el sumario de doctrina, las condiciones para la membresía y el orden de negocios preparado por el comité sobre cons­titución y estatutos.

En poco tiempo se obtuvieron los certificados de aprobación y endoso de la constitución revisada y del reglamento interior de las iglesias de Lynn, Cliftondale y North Attleboro, Massachusetts; de Keene, New Hamp­shire; de Brook Valley, Sag Harbor, Hopewell, Clinton­dale y las cuatro en Brooklyn, Nueva York; y de North Scituate y Bristol, Rhode Island.

EL SOSTEN DE LA OBRA MISIONERA DOMESTICA Y EXTRANJERA

Una característica del movimiento eclesiástico recién organizado fue su visión y celo misioneros. Los miem­bros de la Asociación acordaron que como individuos contribuirían voluntariamente de sus medios materiales, según Dios los prosperara, para el sostén de un ministerio fiel entre ellos, para el alivio de las necesidades entre los pobres y para la expansión del evangelio por toda la tierra.

El primer Comité Misionero se organizó durante una reunión especial de la Asociación de Iglesias Pentecos­tales de Norteamérica, en diciembre de 1895. Este comité lo formaban tres pastores y tres laicos, y una mujer de cada iglesia nombrada para servir como ayudante del mismo. El 15 de octubre de 1896, el comité obtuvo los servicios del Rev. H. F. Reynolds como secretario misio­nero y evangelista.

Hacía poco que alguien había enviado cien dólares como contribución para el sostenimiento de un misionero en África. En enero de 1897 el comité misionero arregló que el Rev. M. D. Wood, quien ya había servido por cuatro años en la India, prestara en lo futuro sus servicios como misionero bajo las Iglesias Pentecostales de Norte­américa.

Diez iglesias más ingresaron a la Asociación durante su tercera reunión anual. En un sermón misionero predi­cado en esa ocasión, el Dr. E. M. Levy, de Filadelfia, recalcó que la responsabilidad de llevar el evangelio a todo el mundo era tarea obligatoria para la iglesia cristiana.

El Comité Misionero informó que el 28 de junio había llamado a la señorita Carrie E. Taylor como misionera a la India, y había decidido enviar cuatro misioneros a aquel país.

“¡Esta es la mejor reunión anual que hemos tenido!” dijeron muchos de los presentes, de la Cuarta Reunión Anual celebrada en la Iglesia Pentecostal del Pueblo en Providence, Rhode Island, en 1899. Durante ese año algunas iglesias en Pittsburgh, Pennsylvania, y Saratoga Springs, Nueva York, habían ingresado a la Asociación y también se había organizado una Misión Pentecostal en Greenwich Point, Long Island. El Comité Misionero exhortó a todas las iglesias a cultivar el espíritu misio­nero. El Rev. W. H. Hoople declaró la urgente necesidad de que se incrementara la circulación de El Cristiano de Beula. El Rev. H. B. Hosley habló fervorosamente sobre el plan bíblico del diezmo, sobre todo, en su relación al aumento de fondos misioneros.

Y la obra de la Asociación continuaba creciendo. En ocasión de su Quinta Reunión Anual se agregaron iglesias de los Estados de Nueva Inglaterra; una en Allentown, Pennsylvania, y otra bastante lejana en Hazleton, Iowa. También crecía la obra misionera en países extranjeros. El Superintendente M. W. Wood, estacionado en Buldana, Berar, India, informó un aumento creciente de jóvenes y señoritas en la escuela de la misión. El comité misionero envió más misioneros al extranjero, y algunos de ellos bajo el entendimiento de que tendrían que proveerse su propio sostén.

En 1900, el Rev. H. F. Reynolds, secretario misionero, dividió la obra en tres distritos, nombrando un secretario asistente para supervisar cada uno de ellos. Conforme la obra crecía se volvía más necesario dividir la responsa­bilidad en la obra doméstica y extranjera. Fue así que en 1903 se eligió a H. F. Reynolds como secretario de misio­nes extranjeras, y a C. H. Davis como secretario de misiones domésticas. El Comité Misionero abrió obra en Brava, Islas del Cabo Verde, enviando al Rev. Juan José Díaz para que sirviera a aquel pueblo de habla portu­guesa.

En 1904, la Novena Reunión Anual levantó dinero para la continuación del trabajo doméstico y de las misio­nes extranjeras, incluyendo el envío de varios nuevos misioneros a la India. Dos años más tarde el Rev. L. S. Tracy recibió el nombramiento de encargado general de la obra en Buldana, India.

Los informes anuales narran que la primera Socie­dad Auxiliar Misionera Femenil de las Iglesias Pente­costales de Norteamérica se organizó el 16 de abril de 1899. Para 1906 ya existían 18 sociedades auxiliares con 400 miembros. Estas sociedades auxiliares distribuían literatura misionera y levantaban fondos adicionales.

Muy pronto dos recias personalidades comenzaron a sobresalir en el programa misionero extranjero de las iglesias pentecostales: la señora S. N. Fitkin, quien llegó a ser presidenta general de la Sociedad Misionera Femenil, y el Dr. H. F. Reynolds, quien llegó a ser Supe­rintendente General de la Iglesia del Nazareno, y a quien se recuerda preeminentemente como el Superintendente Misionero y “el mayor misionero de todos.” Aunque pequeña en números, la Asociación inició y con grandes esfuerzos llevó adelante un programa misionero gigan­tesco.

EL PROGRAMA DE EDUCACION CRISTIANA

Al acendrado deseo de preparar ministros y misio­neros para servir a la humanidad y a la iglesia, se aunó pronto un deseo similar de proveer una educación amplia en un ambiente cristiano. El programa educativo de las Iglesias Pentecostales de Norteamérica se inició por ini­ciativa del Rev. H. F. Reynolds, durante la Cuarta Reu­nión Anual en 1899. Se organizó un Comité de Educación que estudiara la posibilidad de establecer escuelas pente­costales; de preparar cursos de estudio para predicadores, misioneros y evangelistas, y de afrontar otras necesidades e intereses semejantes.

En el curso del siguiente año, este Comité recomendó el establecimiento de escuelas pentecostales y la adopción de un curso de estudios para predicadores. La Reunión Anual de 1900 aprobó la recomendación, y el 25 de sep­tiembre del mismo año se estableció el Colegio Pente­costal y Escuela Bíblica de Preparación en Saratoga Springs, Nueva York. Su director era el Rev. W. H. Arbrecht, ayudado por cinco profesores. La escuela comenzó con cuarenta y un alumnos.

El comité recomendó en abril de 1901 que se constru­yera un edificio para el Colegio Pentecostal a un costo que no pasara de veinte mil dólares, con la condición de que primero se recogieran diez mil dólares. En la Reu­nión Anual de 1902, el Rev. L. C. Pettit, director del plantel, informó que el número de maestros había aumen­tado a catorce, y que la inscripción se había casi doblado. El edificio de la escuela, incluyendo su mobiliario, se había adquirido a un costo de $16,500.00. La adminis­tración propuso que la escuela fuera no sólo un colegio de santidad, sino una escuela santa dedicada a extender la santidad bíblica por todo el mundo.

Durante la Reunión Anual de 1902, el Comité de Educación decidió vender la propiedad, conocida ahora como el Instituto Pentecostal Colegiado, y mudarlo a North Scituate, Rhode Island. El honor de ser la primera persona que se graduara del Instituto Pentecostal Cole­giado, lo tuvo la señorita Estela Adelia Reynolds, hija del Secretario de Misiones Extranjeras, H. F. Reynolds. Esto acaeció en julio de 1903.

Durante los cuatro años siguientes la institución tropezó con innumerables dificultades para conseguir ayuda económica, facultad y estudiantes; pero para 1907 la inscripción ya había alcanzado 84 alumnos venciendo así las dificultades ocasionadas por el cambio de localidad.

UN RESUMEN DE LA OBRA HASTA 1907

El avance de la obra de santidad en el este nortea­mericano se ve claramente por los progresos obtenidos por la Asociación de Iglesias Pentecostales de Norteamérica. Para abril de 1907, esta Asociación contaba con 48 iglesias establecidas las cuales tenían 2,313 miembros y propie­dades con un monto total de $165,000. Tenían 45 escuelas dominicales con una matrícula de 2,632. Sostenían cuatro campos misioneros: tres en India y uno en las Islas del Cabo Verde. Durante el año eclesiástico 1906-1907, enviaron más de cuatro mil dólares para las misiones. La preparación de obreros para los campos domésticos y extranjeros en el Instituto Pentecostal Colegiado estaba aumentando rápidamente la eficacia del liderismo de las Iglesias Pentecostales de Norteamérica.