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CAPITULO UNO
El Avivamiento de la
Doctrina de la Santificación
No es posible anotar
la historia completa de un movimiento como la Iglesia del Nazareno, escribió el
Superintendente General J. B. Chapman, sin incluir gran parte de la historia total
de lo pasado y lo presente. Tampoco se pueden comprender las razones bíblicas para
la existencia de esta iglesia, ni estimar adecuadamente sus contribuciones a la vida
religiosa de nuestra era, sin estudiar la doctrina de la santidad en el Nuevo
Testamento, y la historia del pueblo que llamamos de santidad. Un buen
número de denominaciones pretenden justificar su razón de ser mediante alguna clase de
sucesión apostólica. Pero aunque los líderes de la Iglesia del Nazareno
nunca han pretendido tal cosa, es muy inspirador y estimulante descubrir que ha existido
desde el tiempo de los apóstoles hasta nuestros días, un pueblo santo que ha creído, ha
disfrutado, y ha divulgado la experiencia de la santidad.
El Dr. P. F. Bresee,
organizador de la Iglesia del Nazareno, declaró de la siguiente manera la posición
doctrinal de este movimiento: La gran verdad dispensacional es que Jesucristo
bautiza a los creyentes con el Espíritu Santo santificándolos y llenándolos de
poder. Para él, este era el tema central del evangelio de Cristo. Juan Wesley
había predicado esta misma doctrina de la entera santificación, declarando
que había sido enseñada por Jesucristo y sus apóstoles. En una ocasión el señor
Wesley escribió en respuesta a algunos que se oponían a esta doctrina: Una y otra
vez ustedes han negado la santificación instantánea, pero yo he sabido y lo he enseñado
por más de veinte años, que somos santificados tanto como justificados por la fe. Es la
doctrina de los santos apóstoles Pablo, Santiago, Pedro y Juan, y lo es tanto del que
esto escribe como es la doctrina de todo aquel que predica el evangelio puro y
completo.
Resulta, por tanto,
incontrovertible, que la doctrina de la santidad, enseñada por la Iglesia del Nazareno,
antecede muchos siglos al Dr. Bresee. Nos encontramos con ella en las enseñanzas de
Cristo y de sus apóstoles, y en innumerables declaraciones doctrinales medioevales y
modernas, incluyendo las del movimiento de santidad de la actual generación.
Iniciemos, entonces, este estudio con un preludio necesario a la historia de la
denominación, consistente en un repaso de la doctrina de la santidad en las Sagradas
Escrituras y un vistazo a sus proclamadores en el pasado.
I.
LA
SANTIDAD EN EL ANTIGUO TESTAMENTO
Ningún lector sincero de la
Biblia niega que la santidad es una doctrina escrituraria. Dios hizo un pacto con Abraham
de que los suyos sin temor le serviríamos en santidad y en justicia delante de él,
todos nuestros días (Lucas 1:74-75). Uno de los mandamientos del Señor es:
Postraos delante de Jehová en la hermosura de la santidad (I Crónicas
16:29). Y el salmista declaró: La santidad conviene a tu casa, oh Jehová, por los
siglos y para siempre (Salmos 93:5). El mensaje de Dios al profeta Isaías fue que
su pueblo debería andar por el camino de santidad (Isaías 35:8).
II. LA
SANTIDAD EN EL NUEVO TESTAMENTO
Después de la Ultima Cena,
el Señor Jesús oró por sus discípulos diciendo: Santifícalos en tu
verdad; tu palabra es verdad (Juan 17:17). Juan el Bautista había prometido que el
Señor Jesús bautizaría en Espíritu Santo y fuego (Mateo 3:11). Momentos
antes de ascender al cielo, el Señor Jesús ordenó a sus discípulos que permanecieran
en Jerusalén hasta que fueran investidos con poder de lo alto, y cuando llegó el
día de Pentecostés... fueron todos llenos del Espíritu Santo (Hechos 2:1, 4).
En el sermón que predicó
en ese Día de Pentecostés, Pedro declaró: Porque para vosotros es la promesa, y
para vuestros hijos, y para todos los que están lejos; para cuantos el Señor nuestro
Dios llamare (Hechos 2:39).
Durante los días
apostólicos la iglesia enseñó definitiva y dinámicamente esta gran experiencia como
una segunda obra de la gracia divina. Las primeras iglesias en el Asia Menor y en el
sureste de Europa, recibieron esta santa doctrina de labios de los apóstoles mismos
quienes recorrían las regiones en sus actividades misioneras, y adoctrinaban también
mediante cartas pastorales.
Pablo, el apóstol de Dios a
los gentiles, exhortó a los corintios diciéndoles: Limpiémonos de toda
contaminación de carne y de espíritu, perfeccionando la santidad en el temor de
Dios (II Corintios 7:1). A la iglesia de Tesalónica le escribió: No nos ha
llamado Dios a inmundicia, sino a santificación (I Tesalonicenses 4:7). El escritor
a los hebreos amonestó: Seguid la paz con todos, y la santidad, sin la cual nadie
verá al Señor (Hebreos 12:14). En su primera epístola a los cristianos del Asia
Menor, Pedro insistió en el mandamiento divino: Sed santos, porque yo soy
santo (I Pedro 1:16). Y Judas escribió su carta, a los llamados, santificados
en Dios Padre y guardados en Jesucristo (Judas 1).
Estos son sólo unos cuantos
del gran caudal de pasajes y citas del Antiguo y el Nuevo Testamentos que atestiguan
al hecho de que la gloriosa doctrina y la bendita experiencia de la entera santificación,
son enteramente bíblicas.
III. LA
SANTIDAD Y LOS PADRES DE LA IGLESIA
En el período subsiguiente
al de los apóstoles, los padres de la iglesia enseñaron la doctrina de la santidad; sin
embargo, con el correr del tiempo ésta comenzó a perderse entre las brumas de la falta
de comprensión espiritual y a mezclarse con distintos errores y supersticiones
religiosas. Al igual que muchas otras doctrinas de la iglesia que fueron modificadas por
el impacto de las densas tinieblas espirituales provocadas por la adoración del emperador
y otras creencias supersticiosas, así también la doctrina y la experiencia de la
santidad sufrieron este período de oscurantismo.
El cristianismo tuvo que
librar cruenta batalla contra un judaísmo legalista y contra los ritos y enseñanzas de
las religiones paganas. Mas a pesar de todo, existe una verdadera cadena de oro en la cual
los eslabones son testimonios referentes a los distintos aspectos de la santidad bíblica,
y que une a la era apostólica con la nuestra. Tal y como escribiera el Dr. Asbury Lowrey:
La luz había quedado eclipsada; el oro había perdido su brillantez, y aun el
oro más fino había cambiado, pero en medio de la peor degeneración, la verdad
preciosa resplandecía como un diamante a pesar de las tinieblas que la rodeaban.
Según diversos escritores
cristianos del segundo siglo, era muy usual que en los cultos cristianos se orara pidiendo
que los creyentes fueran bautizados con el Espíritu Santo, tal y como en los tiempos
apostólicos. Tertuliano asentó que los creyentes que habían sido bautizados con agua
acostumbraban ser ungidos con aceite, antes de que se orara por ellos pidiendo que fueran
bautizados con el Espíritu Santo.
Crisóstomo, el famoso
predicador de la lengua de oro, que vivió y predicó en Constantinopla, dijo
en un sermón que predicó en el año 398: Hubo una santificación y hay una
santificación; hubo un bautismo y hay un bautismo... hubo una gracia y hay una gracia
porque no solamente se nos concedió el perdón de los pecados, sino también la
justificación, y la santificación, y la adopción, y el don del Espíritu mucho más
glorioso y abundante.
Todo esto nos enseña que
durante el período de los padres de la iglesia principió una tendencia de alejarse
gradualmente de la enseñanza y la práctica neotestamentaria de la santidad. Se le
empezó a dar principal énfasis a los símbolos y las ceremonias en las cuales el obispo
tenía que participar antes de que el creyente pudiera recibir el Espíritu Santo. Antes
de que pasara mucho tiempo, apareció el concepto sacramental de la santidad amenazando
con reemplazar la experiencia espiritual de la santidad de corazón efectuada por el
bautismo con el Espíritu Santo.
IV. LA
SANTIDAD EN LA EDAD MEDIA
La Edad Media, que se
inició con la caída del Imperio Romano, resultó en un grave declive de énfasis sobre
todas las doctrinas neotestamentarias, incluyendo la de la santidad. Por ejemplo, Urbano I
declaró: Todos los fieles deben después de haber sido bautizados, recibir el
Espíritu Santo mediante la imposición de las manos del obispo, para que puedan sen
cristianos perfectos.
Tomás de Aquino, el gran
teólogo católico-romano del siglo XIII creía que el sacramento de la confirmación
producía la plenitud del Espíritu Santo. Ya se ha probado que el Espíritu Santo
no se envía ni se da excepto con la gracia santificadora, escribió él. Por
consecuencia, es evidente que la gracia santificadora se concede en este sacramento.
Gradualmente la enseñanza
del Nuevo Testamento sobre el bautismo con el Espíritu Santo y la santificación como una
segunda experiencia obrada mediante la fe, se cambió por el concepto ritualista de que el
bautismo con el Espíritu Santo se recibe en el sacramento de la confirmación. Todavía
se conservó la forma de la santidad, pero sin las evidencias del Espíritu y la
práctica de ella.
V. LA
SANTIDAD EN LA ERA MODERNA
La iglesia pudo sobrevivir
la tremenda lucha que libró durante la Edad Media por su existencia pero sufrió muchas
heridas. Ciertas supersticiones y filosofías paganas se adhirieron firmemente a las
enseñanzas y prácticas de la iglesia. Distintas formas sacramentales y de pompa
religiosa invadieron el orden del culto religioso. La realidad del poder espiritual se
perdió a tal grado en la iglesia, que Dios levantó nuevos profetas para que predicaran
el evangelio de Jesucristo en toda su sencillez y pureza.
A principios del siglo XVI,
Martín Lutero comprendió que las Escrituras enseñan que el justo vivirá por la
fe. Pero la iglesia enseñaba la salvación por las obras, habiéndose corrompido a
un grado alarmante. La reacción de Lutero a esta condición degradada de la iglesia y de
su doctrina, fue proclamar la justificación por la fe como el camino neotestamentario de
salvación. Oponiéndose al concepto ritualista de la santidad, Lutero enseñó que la
santificación es una consecuencia de la apropiación continua de Dios mismo en Cristo,
como la Fuente de la paz, el poder, y la justicia del creyente. Al describir a la iglesia
dijo: Se les llama cristianos, y tienen el Espíritu Santo quien diariamente los
santifica, no solamente perdonándoles los pecados, sino también haciendo a un lado,
expulsando y destruyendo el pecado; por eso se les llama un pueblo santo.
Juan Calvino, uno de los
teólogos de más renombre en la historia, interpretó la santidad en una forma más
legalista. Según sus propias palabras, su propósito era: cultivar una santidad
intensa que consista no solamente, como Lutero lo enseñaba tan superficialmente, en un
servicio gratuito y amante a todos los hombres como resultado de una experiencia gozosa de
perdón divino, sino más bien como reverente obediencia a los mandamientos de Dios y la
observancia del culto legítimo según se prescribe en la ley de Dios.
Estos reformadores dieron
énfasis a una santidad basada en la experiencia religiosa de la justificación por la fe,
y a la santificación como un proceso de crecimiento en la gracia. Esta es la posición
que aun hoy en día muchas iglesias protestantes sostienen; sin embargo, no nos parece que
esté de cabal acuerdo con las enseñanzas de Cristo y sus apóstoles.
El despertamiento espiritual
producido por la Reforma resultó en distintos esfuerzos por establecer de nuevo el
concepto de la santidad basada en la experiencia. Encontramos diversas interpretaciones de
esta doctrina en las enseñanzas de los anabaptistas, los Buscadores,* los cuáqueros, los
quietistas y los pietistas. Un somero estudio de los últimos tres grupos demuestra la
contribución tan importante que hicieron para regresar a su lugar debido el concepto de
la santidad como una experiencia que se puede obtener instantáneamente y una vida que
se debe vivir continuamente.
Jorge Fox, el famoso
fundador de los cuáqueros, también llamados la Sociedad de los Amigos, se convirtió
durante el siglo XVII mediante el estudio de la Biblia, el ayuno y la oración. Lo
dominaban el hambre y la sed de una experiencia más profunda y de una victoria
espiritual completa. Se dio cuenta de que la ley de la carne y del espíritu domina a los
hombres, pero que mediante la presencia interna permanente del Espíritu de Dios, el
cristiano puede ser libre y tener victoria completa sobre la carne y sus obras. Fox obtuvo
una experiencia espiritual notable poco después de haber comenzado a predicar. Desde
entonces principió a declarar a los cristianos las profundas verdades que Dios le
había revelado, y dondequiera que él iba, había demostraciones sobresalientes del
poder del Espíritu de Dios entre la gente. Pronto encendió en un avivamiento las
regiones de Inglaterra, Irlanda, Escocia y Gales, y su influencia se hizo sentir en
tierras lejanas tanto como en los Estados Unidos.
A Madame Guyón, la
célebre mística francesa se le ha llamado una de los líderes espirituales más
prominentes desde los tiempos de los apóstoles. Fenelón, Juan Wesley y otros líderes
espirituales, han reconocido la deuda contraída con ella debido a su vida piadosa y sus
escritos inspiradores. Ella fue el centro del movimiento espiritual conocido como
pietista. Su énfasis sobre la obra del Espíritu Santo y la dirección del mismo
Espíritu en la experiencia individual del cristiano, era muy semejante al del
movimiento cuáquero.
Después de que Madame
Guyón obtuvo la experiencia de la santificacióno como ella prefería llamarla,
una experiencia de victoria sobre la vida del yo, o de muerte a la vida
del yo,comenzó a haber una serie de avivamientos religiosos dondequiera que
ella iba. Y en Francia muchos cristianos sinceros comenzaron a buscar seriamente la
experiencia profunda que ella enseñaba.
El pietismo luterano
apareció en Alemania durante el siglo XVII, y se desarrolló como un fuerte movimiento
bajo la dirección de Spener, especialmente en el siglo XVIII. Este movimiento se
caracterizó por su búsqueda de la santidad personal. El pietismo luchaba contra la
mundanalidad y consideraba al mundo como un gigantesco instrumento de pecado que todo
creyente alerta debería evitar so pena de perder su salvación. Un líder religioso
escribió acerca de este movimiento: No obstante, esta actitud dio lugar a una
controversia intensa debido a la demanda pietista de que la moralidad pública se modelara
a sus demandas peculiares del movimiento, insistiendo en que el teatro, los bailes, los
juegos de naipes, el uso del tabaco, etc... se consideraran pecaminosos para todos los
cristianos y abominación delante de Dios. Los pietistas creían que nuestra
posición en la gracia y en la justificación por la fe se demostraban por el amor y la
obediencia y por un intenso interés por vivir la santidad práctica.
La Reforma fue una
resurrección de la iglesia, del sacramentalismo muerto que le había robado su vitalidad
espiritual. La doctrina dinámica de Lutero sobre la justificación por la fe condujo a
muchos a una experiencia vital en Cristo. Cuando el Salvador entra al corazón del
creyente, trae consigo no sólo vida, sino también justicia. El Espíritu Santo llevó a
Fox, a Madame Guyón, a Fenelón y a muchos otros a la experiencia verdadera de la
santidad. Estos reformadores espirituales prepararon el camino para el avivamiento de
santidad bajo los Wesley.
VI. EL
AVIVAMIENTO WESLEYANO EN EUROPA
Lutero descubrió de nuevo y
dio nueva vida a la enseñanza de que los hombres somos justificados por la fe mediante
Jesucristo, pero Juan Wesley reafirmó y dio un énfasis renovado a la doctrina
neotestamentaria de la entera santificación de los creyentes como una obra específica e
instantánea de gracia divina. El movimiento wesleyano resultó durante la segunda
mitad del Siglo XVIII en uno de los avivamientos más importantes que el mundo jamás haya
conocido. Para cuando Wesley murió, el avivamiento se había extendido por toda
Inglaterra, había hecho impacto en el continente europeo, y cruzado el Atlántico hasta
las colonias de Norteamérica.
El mundo y la iglesia se
preguntan, con toda propiedad: ¿Qué clase de experiencia religiosa fue la que Juan
Wesley obtuvo, y cuáles fueron las grandes verdades que él enseñó y predicó? ¿Cuál
fue la fuente de su notable poder espiritual? Wesley mismo relató la historia de cómo,
paso a paso, fue iluminado por sus antepasados espirituales y sus contemporáneos
religiosos, pudiendo al fin comprender y poseer la experiencia de la entera
santificación.
Siendo un estudiante en el
Colegio de Christs Church, en la Universidad de Oxford, Wesley escribió a sus
padres solicitando dirección espiritual. Cuando inquirió la opinión de ellos acerca de
su deseo de ordenarse en el santo ministerio, su padre le respondió que era una gran
vocación y que se sentía muy feliz de que su hijo pensara seguirla. Su madre pensó que
él debería aplicarse con mayor seriedad al estudio de temas religiosos, y terminaba
diciendo que había notado un gran cambio en su carácter, que ella confiaba fuera el
resultado de la obra del Espíritu Santo.
En 1725, Wesley leyó la
obra del obispo Taylor intitulada Reglas para Vivir y Morir Santamente. De
manera particular le impresionó el capítulo titulado Propósitos y tomó la
determinación de entregarse totalmente a Dios. El año siguiente estudió Ejemplo
Cristiano, la obra de Tomás Kempis, anotando al terminar el siguiente comentario:
Desde ahora me parece que veo la naturaleza y amplitud de la religión interna, esto
es, la religión del corazón, en una luz más clara que nunca antes.
En 1727 leyó la obra de
William Law, La Perfección Cristiana y un Llamado Serio, y resolvió
con mayor seriedad dedicarse enteramente a Dios en cuerpo, alma y espíritu.
Mientras tanto, en la
Universidad de Oxford, un grupo de jóvenes que incluía al mismo Juan Wesley y a su
hermano Carlos, organizaron El Club Santo. Más tarde les apodaron los
metodistas, debido a la manera en que conducían todas sus actividades religiosas.
El propósito de aquel grupo era: primeramente, el crecimiento espiritual de sus miembros
por la oración, el estudio, los cánticos, la lectura de la Biblia, y un examen cuidadoso
de la conducta y las tareas de cada miembro; y en segundo lugar, un ministerio práctico
hacia los menesterosos y desamparados.
En 1729, Juan y Carlos se
convencieron de que ellos no podrían ser salvos sin santidad. Entonces la
buscaron intensamente y exhortaron a otros a hacerlo de igual manera. Siendo todavía un
estudiante en Oxford, Juan se convenció a tal grado de la importancia del estudio de la
Biblia, que decidió ser un hombre de un libro; no preferir para el estudio a
ningún otro libro sobre la Biblia. Y dijo: Entonces vi como nunca antes, que
solamente una cosa es necesaria, la fe que obra por el amor a Dios y a los hombres
produciendo toda santidad interna y externa; entonces pedí con gemidos poder amar a Dios
con todo mi corazón y servirle con todas mis fuerzas.
En 1735 Wesley hizo un viaje
misionero a la colonia norteamericana de Georgia, donde tuvo contacto directo con los
moravos. La serenidad y la fe en Dios desplegada por ellos durante una horrible tormenta
en alta mar, lo convencieron de que poseían una experiencia de gracia divina que él
desconocía. De regreso en Londres, Wesley conoció a Pedro Bohler, un moravo que le
enseñó que no era posible confiar en los conocimientos, sino que es necesario
creer en el Salvador de manera simple y sencilla; que Dios puede transformar el corazón
de un hombre en un instante, y que uno puede saber cuando esa transformación se lleva a
cabo. Juan Wesley había sido educado en la Iglesia de Inglaterra, cuyo culto es
esencialmente ritualista, y por ello tuvo gran dificultad en arribar al sentido personal
de un cambio espiritual interno y al testimonio claro del Espíritu dándole la seguridad
de su salvación.
Pero al fin Wesley hizo a un
lado sus oraciones escritas y comenzó a orar desde el fondo de su corazón. También
comenzó a predicar la doctrina de Bohler, aunque todavía no profesaba la experiencia.
Por fin, una noche mientras alguien leía la descripción que Lutero hace del cambio
efectuado en el corazón del hombre por la fe en Cristo, Wesley sintió un calor
extraño en su corazón. Su propio testimonio fue: Sentí que confiaba en
Cristo y solamente en El para mi salvación; y se me dio la seguridad de que El me había
quitado mis pecados, todos mis pecados, y me había salvado de la ley del pecado y de la
muerte. Esta experiencia en Aldersgate, en 1738, fue el gran despertamiento
espiritual de su alma.
Durante el mismo año,
Wesley visitó la colonia morava en Herrnhut, Alemania. Platicando con Zinzendorf, el
dirigente máximo de ellos, comprendió que había cierta diferencia en la manera en que
uno y otro entendían la perfección cristiana. Zinzendorf enseñaba que nuestra
perfección cristiana es enteramente imputada, no inherente.
Pero, ¿acaso cuando
el creyente crece en amor, no crece igualmente en santidad?preguntó Wesley.
De ninguna
maneracontestó Zinzendorf. En el momento en que es justificado, el creyente
es enteramente santificado. A partir de ese momento no es ni más ni menos santo, hasta
el día de su muerte.
La posición doctrinal de
Zinzendorf era que somos santificados enteramente en la conversión; que recibimos todo
una sola vez, y en un solo momento. Muchas iglesias sostienen hoy día este punto de
vista, pero no se puede predicar como una experiencia vital con énfasis en la
santificación. En lugar de ello, lo que hacen es usarlo como un argumento contra la
enseñanza bíblica de dos obras distintas de gracia, esto es, la regeneración y la
santificación.
Aproximadamente siete meses
después de su conversión instantánea en Aldersgate, Wesley tuvo otra profunda
experiencia espiritual. Sucedió en un culto de amor en Londres durante una
reunión unida de las sociedades metodistas. En su Diario, con fecha lunes primero
de enero de 1739, Wesley escribió lo siguiente: Siendo como las tres de la mañana,
y mientras estábamos unánimes en oración, el poder de Dios descendió sobre nosotros
tanto que muchos clamaron llenos de gozo y otros cayeron por tierra. Tan pronto como nos
recobramos un poco del asombro y el gozo causados por la presencia de la Majestad
Divina, espontáneamente comenzamos a cantar: Te alabamos, oh Dios, te reconocemos
como el Señor. Esta descripción indica claramente que Juan Wesley recibió
en esa ocasión el Espíritu Santo con todo su poder. Desde entonces su predicación se
volvió más dinámica y fructífera. Miles se convirtieron y fueron santificados, y las
sociedades metodistas comenzaron a multiplicarse rápidamente.
A los que se oponían
insistiendo que la santificación se recibe juntamente con la justificación, Wesley
replicaba: Sin embargo, no sabemos de un solo caso, en ninguna parte, de una
persona que haya recibido en un solo instante la remisión de pecados, el testimonio
permanente del Espíritu, y un corazón nuevo y purificado.
Al explicar la diferencia
entre sus puntos de vista y las opiniones de otros sobre la justificación y la
santificación, decía: Ellos hablan de la justificación como si fuera lo mismo
que la santificación, o como si fuera simultánea. Yo creo que la justificación es
enteramente distinta a la santificación y necesariamente la antecede. Wesley creía
que la justificación precede a la santificación y que ésta es una segunda experiencia
en el creyente, mediante la cual es purificado de todo pecado.
Algunos ministros metodistas
no creían que la predicación de la perfección cristiana fuera tan importante como
Wesley lo afirmaba. Entonces les dijo lo siguiente: Predicad la entera
santificación; predicadla específicamente, predicadla explícitamente, predicadla
fuertemente, predicadla dondequiera que tengáis oportunidad; insistid en ella
siempre.
No hay duda de que Wesley
creía firmemente que él estaba predicando una doctrina fundamental del Nuevo Testamento
que se había olvidado por siglos. Sentía que Dios los había levantado a él y a su
pueblo llamado metodista para poseer la santidad bíblica y para proclamarla por todo el
mundo. En 1790, cerca de dos años antes de su muerte, dijo: Es el gran depósito
que Dios ha dado al pueblo llamado metodista; y Dios nos levantó con el propósito
principal de propagar esta verdad.
VII. EL AVIVAMIENTO
WESLEYANO EN LOS ESTADOS UNIDOS
Cuando Juan Wesley captó la
visión de la gran obra que Dios le había llamado a emprender, exclamó: El mundo
es mi parroquia. Aunque él mismo consideró un fracaso su viaje a los Estados
Unidos en 1735, como misionero a los indios, después sintió la urgencia divina de enviar
el evangelio de santidad a las colonias norteamericanas. Por recomendación suya, la
Conferencia Metodista de 1771 hizo arreglos para enviar a Francis Asbury y Richard Wright
a Norteamérica. Y escribió en relación al nombramiento: Creemos que Dios se propone
levantar a los predicadores llamados metodistas en los Estados Unidos para reformar el
continente y propagar la santidad en aquellas tierras.
Durante las últimas dos
décadas del siglo XVIII el obispo Asbury organizó muchas sociedades metodistas y
escogió y estableció un número grande de obreros a través de todos los estados.
Predicó la doctrina de la santificación y exhortó a los ministros metodistas a que la
predicaran. A un ministro le escribió: ¡Oh pureza! ¡Oh perfección cristiana!
¡Oh santificación! Es una experiencia celestial sentir que todo pecado ha sido removido.
Predique la santidad en dondequiera que estén dispuestos a oírla. ¡Predíquela!
Pero la historia se
repitió. Los obispos pronto comprendieron que poco a poco comenzaba a diluirse el
énfasis original en aquella doctrina original del metodismo. En el discurso episcopal a
la conferencia de 1824, los obispos metodistas dijeron: Si los metodistas
olvidamos la doctrina de la santificación, o permitimos que se vuelva letra muerta,
seremos un pueblo fracasado.
La Conferencia del
Centenario del metodismo norteamericano, que sesionó en Baltimore en 1884, reafirmó la
fe de la iglesia en la santidad y la santificación, mediante la siguiente declaración:
Os recordamos, hermanos, que la misión del metodismo es promulgar la santidad...
En todas las fronteras del metodismo se predica esta doctrina, y se exhorta a obtener esta
experiencia de la santificación. Os rogamos, hermanos, que no abandonéis vuestras
normas en este tema.
VIII. EL MOVIMIENTO DE
SANTIDAD EN LOS ESTADOS UNIDOS
Aun durante los tiempos de
Juan Wesley, algunos ministros metodistas en Inglaterra objetaban a que la doctrina de la
santificación se predicara con tanto énfasis y claridad. Esta falta de énfasis sobre la
doctrina se dejó sentir en mayor grado en las sociedades metodistas de los Estados
Unidos. Durante el siglo XIX un número cada vez mayor de ministros gradualmente cesaron
de darle el énfasis especial que Juan Wesley pusiera sobre la entera santificación.
Algunos pastores abiertamente se opusieron a ella. En algunas iglesias los que
profesaban la experiencia de la santificación fueron perseguidos y se les impidió
tomar parte activa en el trabajo de la iglesia local. Muchos ministros metodistas que
predicaban la santidad fueron expulsados de sus iglesias por superintendentes de
distrito y obispos que se oponían a la doctrina.
De acuerdo con la obra Historia
de las Religiones en los Estados Unidos, de W. W. Sweet, la Iglesia Metodista
Episcopal, la Iglesia Metodista Episcopal del Sur, y las demás iglesias de la familia
metodista se dividieron por causa de esta doctrina, y a poco tiempo ya había conferencias
enteras separadas en bandos de santidad y bandos contra la
santidad. Muy pronto los creyentes en la santidad comenzaron a sentirse incómodos
dentro de las iglesias y a abandonarlas en grandes números.
Fue entonces cuando
comenzaron a organizarse asociaciones de santidad con estos miembros de iglesias y los
nuevos convertidos que ellos ganaban en las grandes campañas evangelísticas conducidas
por paladines de la santidad. El propósito de las asociaciones se definía claramente
como la propagación del evangelio de la perfección cristiana, del amor perfecto, de la
entera santificación, la santidad o el bautismo con el Espíritu Santo, todos títulos
dados a la misma doctrina.
Ya fuesen arminianos o
calvinistas en su doctrina, inmersionistas o efusionistas en la práctica del bautismo,
episcopales o congregacionales en sistema de gobierno, estos cristianos estaban de acuerdo
en que el hombre no puede ser salvo sin santidad, y que necesita ser justificado antes
de que pueda ser santificado. Creían tan firmemente que la santidad era una parte
esencial de la fe cristiana, que estaban dispuestos a sufrir la expulsión de sus
iglesias antes que renunciar a sus convicciones y a la experiencia de la entera
santificación.
Estas asociaciones de
santidad, y algunas denominaciones tales como la Iglesia Metodista Libre, la Iglesia
Metodista Wesleyana, la Iglesia Metodista Protestante, la Iglesia Bautista
Reformada, etc., constituyeron lo que vino a llamarse popularmente El Movimiento de
Santidad.
IX. LA
ORGANIZACION DE IGLESIAS DE SANTIDAD
Dentro del movimiento de
santidad aparecieron dos bandos distintos que se denominaron el ala derecha y el ala
izquierda. En su Anuario de Iglesias Norteamericanas, edición de 1933, Herman
Weber dice: El ala izquierda la representan aquellos grupos pentecostales que
llamamos extáticos y el ala derecha la representa la Iglesia del Nazareno,
como un cuerpo religioso muy semejante al metodismo.
Ya en tiempos de Wesley
había un grupo extático, pero él advirtió a las sociedades metodistas
contra ese grupo. Condenó el fenómeno religioso de hablar en lenguas, una
práctica que nunca tuvo aceptación en el movimiento wesleyano.
La Iglesia del Nazareno se
levantó del movimiento de santidad que se propagó en la última parte del siglo XIX. La
integraron muchos de la multitud de cristianos que creían en la entera santificación, la
disfrutaban y la enseñaban como la predicó Juan Wesley. El Dr. Bresee creía que la
organización de la Iglesia del Nazareno había sido un acto divino necesario para que la
causa de la santidad bíblica cumpliera la misión que Dios tenía planeada.
No se puede comprender el
origen de la Iglesia del Nazareno sin examinar la historia de los diferentes grupos de
santidad que se unieron para integrar la denominación. Otros volúmenes más extensos
ofrecen detalles completos, pero aquí nos limitaremos a una lista somera de los grupos:
EN LOS ESTADOS DEL ESTE
1887 El Rev. F. A. Hillery
organiza la Iglesia Evangélica del pueblo en Rhode Island.
1888 El Rev. C. Howard
Davis organiza una Misión en Lynn, Massachusetts.
1890 Las dos iglesias
anteriores y otros grupos de santidad en el Este forman la Asociación Evangélica Central
de Santidad.
1894 El Rev. W. U. Hoople
organiza el Tabernáculo Pentecostal de la Avenida Utica en Brooklyn, N. Y.
1895 El grupo anterior y
otras dos congregaciones de santidad se unen para formar el cuerpo Iglesias Pentecostales
de Norteamérica.
1896 Se crea en Brooklyn,
Nueva York, la Asociación de Iglesias Pentecostales de Norteamérica por la unión de la
Asociación Evangélica Central de Santidad con las Iglesias Pentecostales de
Norteamérica.
EN LOS ESTADOS DEL OESTE
1895 El Dr. P. F. Bresee y
el Rev. J. P. Widney organizan en Los Ángeles, California, la Primera iglesia del
Nazareno. En el curso de su rápido crecimiento, este grupo estableció iglesias desde
Los Ángeles hasta Chicago.
EN LOS ESTADOS DEL SUR
1888 Los reverendos Tomas y
Dennis Rogers, llegados de California, organizan en Texas la Primera Iglesia de
Santidad.
1894 El Rev. R. L. Harris
organiza en Milan, Tennessee, la Iglesia de Cristo del Nuevo Testamento. En poco tiempo
este grupo había organizado congregaciones por todo el Estado de Texas y el oeste de
Arkansas.
1898 El Rev. J. O.
McClurkan organiza en Nashville, Tennessee, la Misión Pentecostal.
1901 El Rev. C. B. Jeringan
organiza la Iglesia Independiente de Santidad en Van Alstyne, Texas.
1905 La Iglesia de Cristo
del Nuevo Testamento y la Iglesia Independiente de Santidad se unen en Pilot Point, Texas,
formando la Iglesia de Cristo de Santidad.
PRIMERA ASAMBLEA DE UNI0N
1907 La Iglesia Pentecostal
del Nazareno se forma en Chicago, Illinois, por la unión de la Asociación de Iglesias
Pentecostales de Norteamérica (en los Estados del este) y la Iglesia del Nazareno (en los
Estados del oeste). Algunos representantes oficiales de la Iglesia de Cristo de Santidad
(en los Estados del sur) asistieron como observadores.
LA SEGUNDA ASAMBLEA GENERAL
1908 El 8 de octubre la
Iglesia de Cristo de Santidad se une a la Iglesia Pentecostal del Nazareno en Pilot Point,
Texas. Esta fecha se acepta como la fecha de iniciación oficial de lo que hoy conocemos
como la Iglesia del Nazareno.
CUERPOS QUE SE UNIERON
POSTERIORMENTE
1906 Se organiza la primera
iglesia de santidad en Glasgow, Escocia, bajo la dirección del Rev. George Sharpe. Esta
y otras iglesias que fueron organizadas después formaron la Iglesia Pentecostal de
Escocia.
1915 La Iglesia Pentecostal
de Escocia se une a la Iglesia Pentecostal del Nazareno durante la Cuarta Asamblea General
reunida en Kansas City, Missouri
1922 Más de mil miembros
de la Asociación de Laicos de Santidad (organizada en 1917 por el Dr. J. G. Morrison en
Jamestown, Dakota del Norte) se unen a la Iglesia del Nazareno.
1952 La Misión
Internacional de Santidad, fundada en Londres, Inglaterra, en 1907 por el señor David
Thomas, hombre de negocios y predicador laico, se unió a la Iglesia del Nazareno el 29 de
octubre de 1952. La unión trajo a la Iglesia del Nazareno 28 iglesias, más de mil
miembros y 36 misioneros en África del Sur.
1955 En Manchester,
Inglaterra, se efectuó la unificación de la Iglesia de Santidad El Calvario con la
Iglesia del Nazareno el 11 de junio de 1955. Alrededor de 22 iglesias y más de
seiscientos miembros pasaron así a formar parte de la Iglesia del Nazareno.
1958 La Iglesia de Obreros
Evangélicos de Canadá se unió a la Iglesia del Nazareno el 7 de septiembre de 1958. En
esta fecha, cinco iglesias y poco más de doscientos miembros entraron al Distrito
Central del Canadá.
Fue así que organizaciones
dispersas por distintas regiones de los Estados Unidos y de las Islas Británicas,
predicaron la santidad en sus áreas, llegaron a establecer relaciones unas con otras, y
descubrieron que la doctrina bíblica de la entera santificación constituía una base
suficiente y razonable para la unión orgánica. Muy pronto las diferencias
denominacionales se modificaron lo suficiente como para que los cuerpos unidos pudieran
llevar adelante un programa mundial agresivo de evangelismo de santidad.
Accediendo a la petición de
35 asambleas de distrito, la Asamblea General de 1919 votó en favor de quitar el término
Pentecostal del nombre oficial de la iglesia, llamándose desde entonces
sencillamente La Iglesia del Nazareno.
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