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La Santidad Bíblica

Obtenida

 por la

«Ruta de Muerte»

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

L.S. Boardman

10255 Stagecoach Rd.

Flagstaff, AZ 86004


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Impreso en

Old Paths Tract Society, Inc.

Shoals, Indiana 47581 EEUUAA

2002


 

 

 

 

 

Dedicatoria

            A nuestra Trinidad adorable: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo; y a mis esposas tan fieles y devotas, a Sarah Ethel, que está ahora en la gloria, y a Mattie, que está todavía conmigo en la tierra, a las dos, quienes han contribuido más a mi ministerio y a mi gozo que lo que las palabras jamás podrían expresar; a ellas siempre quedaré endeudado, por ahora y por toda la eternidad; y a estas personas se dedica humilde y cariñosamente este esfuerzo débil.

 

 

 

 

 

La Convicción Acerca De La Propiedad Literaria

            Mientras contemplaba la publicación de este tomo, el Espíritu Santo me aclaró que, así como con el libro EL PROGRESO DEL PEREGRINO, Dios no quería que este libro tuviera límite de derechos de la propiedad literaria. Es el deseo de Dios que cualquier editor del mundo, y en cualquier idioma, se sienta libre para reproducir este libro (se espera que se haga sin mutilación) y distribuirlo a las regiones más lejanas del mundo hasta el fin de los tiempos. Se produce este libro con el solo motivo de dar este mensaje importante a las multitudes hambrientas y engañadas del mundo. Por lo tanto, cualquier editor que desee hacerlo, puede sentirse libre para reproducir esta obra y tratarla según le guié el Señor. No hay condiciones.

—L.S.B.


 

 

 

 

Explicación

            Existen en el mundo de hoy en día muchos diversos grupos de personas que creen en la santidad. Hay sólo una clase de gente santa. La verdadera gente santa es la que ha experimentado la erradicación de la naturaleza carnal con la purificación del corazón por el amor santo. Creen esta verdad porque la Biblia la enseña claramente, y porque ellas mismas han pasado por ese camino por experiencia propia. No creen que la supresión es el plan ideal de Dios para tratar con la naturaleza carnal en el hombre. Sí, practicaban la supresión antes de ser santificadas por completo (por lo menos esperamos que la hayan logrado suprimir) pero cuando llegaron a ser santificadas ya no tuvieron ese problema carnal, es decir, mientras caminaban con Dios y retenían la bendición de un corazón puro.

            Al enfrentar este trabajo, se descubrió que existe muy poco material sobre este aspecto importante de la experiencia cristiana. Pudimos, sin embargo, encontrar declaraciones y alusiones breves, algunas de las cuales hemos incorporado en este tomo. Las Escrituras fueron nuestra fuente mayor de ayuda. Nos preguntamos, ¿no es extraño que un tema que la Biblia trata tan clara y enfáticamente se tome tan ligeramente? Perdóneme, si en mi lectura habré pasado por alto algunas obras detalladas que tal vez existan sobre este tema importante.


Agradecimiento

            Sólo Dios sabe cuánto deba yo a los queridos amigos que han dado una crítica constructiva con interés profundo y consejos valiosos en la preparación de este manuscrito.

El Rvdo. Parker Maxey, decano de Teología en el BIBLE MISSIONARY INSTITUTE, se ha dado tiempo en su horario tan ocupado una y otra vez, para estudiar el manuscrito y dar sugerencias útiles.

            El Rvdo. Kenneth Fay, con su esposa, Eleanor, amigos y colaboradores de nosotros durante toda la vida, han estudiado el manuscrito con sumo cuidado, y han sido muy útiles.

            El Rvdo. William (Bill) Meek también merece las gracias muy especiales por su ayuda.

            Nuestros hijos preciosos, Charles y Arlene Boardman, han sido de una ayuda inestimable con las horas que han pasado en escrutinio esmerado, en estudiarlo, en corrigirlo y en escribirlo en máquina.

            También, nuestro querido amigo, M.E. (Wally) Walrath, fundador y director de THE SHEPHERD'S FOLD en Santa Cruz, California, ha sido de mucha ayuda para que este libro esté presentable.

            Numerosas cartas de ánimo, que estimamos mucho, vinieron de pastores, evangelistas, y amigos misioneros alrededor del mundo.

            Nuestra gratitud profunda de corazón también abarca a una multitud de amigos, quienes en conferencias, en convenciones, y en campañas de avivamiento y visitas de amistad, han mostrado un interés profundo en este proyecto, y cuyas palabras amables han sido de mucho ánimo. Dios está llevando las cuentas, y todos los que hayan ayudado de alguna capacidad, especialmente en la oración, recibirán su recompensa.

Por último, mi querida esposa, Mattie Boardman, ha tenido una influencia profunda y mano controladora al través de la composición del manuscrito—a ella, por esto y por su influencia en general sobre mi vida y ministerio, le quedaré siempre endeudado.


 

 

 

 

Palabras Amables De Nuestros Revisadores

            Este capítulo sobre «la ruta de muerte» fue excelente y muy necesario. Dios le bendiga a usted y su esfuerzo —Rvdo. L. P. Roberts.

            Yo digo un «Amén» con todo mi corazón. He creído en la ruta de muerte durante todos los sesenta y cuatro años que he vivido para Dios —Evangelista C. Helen Mooshian.

            Gloria a Dios por la ruta de muerte que enseña la Biblia

—Rvdo. John Spivey.

            No comprendo cómo un predicador o laico puede leer el capítulo seis de Romanos y negar la existencia de la ruta de muerte —Rvdo. Wendell Dozier.

            ¡Gloria al Señor! Funcionó para mí en el 1939. ¡Completamente! Muerto a A.G. y a sus planes. ¡Sólo Cristo! ¡Completamente! —Rvdo. A.G. Weiss.

            Me gusta mucho su capítulo sobre la ruta de muerte. Fue suficientemente claro. Recuerdo haber pasado por ese mismo camino como alumno en B.M.I. Le doy gracias a Dios porque alguien tuvo la presencia de Dios suficiente como para predicar la verdad a mi alma indigna. ¡Gloria al Señor! —Rvdo. Randy Lucas, misionero a Japón.

            Yo fui una de aquellas personas a las cuales se les aconseja que «digan tener la santidad» o que «confíen» solamente. Yo hice mucho esfuerzo, pero la carnalidad nunca fue quitada y nunca había pasado por la ruta de muerte al yo. Sin embargo, el Dios fiel que no me dejaba ser engañado me mostró mi corazón carnal y me ayudó a hacer la oración de la ruta de muerte y Él limpió mi corazón de todo el pecado que quedaba. ¡Bendito sea Su Nombre para siempre! Él mora hoy en la plenitud de la bendición del Evangelio de Cristo —Rvdo. Paul Pumpelly.

Creo que este capítulo acerca de la «ruta de muerte» es absolutamente la cosa mejor que jamás he leído. Cuánto agradezco el tiempo que usted se dio para compilarlo.... Es un mensaje fuerte, lleno de interés y de poder —Rvdo. Kenneth Fay.


El Reconocimiento Del Autor

            Es difícil creer que una persona que trata de servir a Dios pueda sufrir más bajo el látigo de la carnalidad que lo que sufrí yo. A veces esta cosa odiosa era muy dolorosa, pero por años no comprendía el secreto de la curación. No sabía «morir» al yo carnal ni tener un corazón santificado. Muchas veces pensé que era santificado, pero había otras ocasiones en las cuales sabía que no lo era. Había orado acerca de ello en secreto muchísimas veces durante los dieciséis años en los cuales serví a Dios. Durante la mitad de ese tiempo pastoreaba una iglesia de santidad. Creía en la santidad bíblica, y la predicaba; pero nunca la había experimentado. En el tiempo en que fui alumno en un instituto bíblico en el cual se enseñaba la santidad estudié la doctrina de la «entera santificación», y aprendí a recitar sus preceptos; pero todavía me hacía falta tener la experiencia en mi corazón. Gracias a Dios, dos años después del tiempo que pasé en el instituto, un evangelista que predicaba la «ruta de muerte», H.B. Huffman, fue a la iglesia que pastoreaba yo en Saratoga Springs, Nueva York, y L.S. Boardman, ese pastor carnal por fin «murió», oró hasta obtener la victoria y fue santificado. Esa fue la primera vez que esta convicción por la carnalidad, y el hambre por la santidad de corazón llegaron a estar tan intensas que estuve dispuesto a pasar al frente delante de todos, a confesar mi estado carnal, y a buscar a Dios en público. Después de varios días de «examinarme» y «morir para mí», por fin llegué a terminar con el «yo» orgulloso, carnal y terco, y Dios santificó mi corazón. Por primera vez en mi vida, tuve el verdadero descanso de mi alma y la paz del Consolador que vivía dentro de mí. Un relato más detallado de mi experiencia se encuentra en el capítulo dieciséis.


 

 

Paloma Divina

            Mientras viajaba desde Des Moines, Iowa a Conway, Arkansas el día 2 de mayo de 1985, y hablando solo en voz alta, dije:

            —¿No sería maravilloso si Dios me diera una poesía hoy?

            El Espíritu Santo debió haber escuchado lo que dije porque casi inmediatamente Él puso en mi mente el primer verso de esta poesía. Escribí las primeras cuatro líneas e hice el intento de escribir más, pero no pude. Entonces oré:

            —Santo Espíritu, sé que hay más de esta poesía que lo que me has dado. ¿Tendrías la bondad de darme el resto de ella?

            Apenas me salieron las palabras cuando Él comenzó a derramar en mi mente los demás versos. Sin que yo parara mi coche, las palabras se me vinieron tan pronto como podía escribirlas en un bloc de papel a mi lado. Al cerrar este testimonio breve, deseo honrar al dulce Espíritu Santo al incluir esta poesía que Él inspiró y puso en mi mente en aquella ocasión.

                Tú, preciosa Paloma de la Trinidad,

                                abogado del amor santo,

                Consolador, por la gracia divina,

                                ¡y al pensar que eres mío!

 

                Tú, que haces real a nuestro Salvador.

                                Con una Presencia que podemos sentir—

                Intercesor muy divino—

                                ¡todo el cielo conmueve este corazón mío!

 

                Te honramos, nuestro bendito Huésped—

                                dulce Espíritu de Dios; dulce Espíritu Santo.

                Sobre todas las cosas del tiempo y de la tierra,

                                desde que encontramos el nuevo nacimiento.

 

                Y Tú, Paloma que descendió

                                de la sala del trono de Dios, en lo alto—

                a este corazón carnal mío;

                                haciéndolo puro y enteramente Tuyo.

 

                Quitas mi tendencia al pecado—

                                pones la santidad de Dios por dentro—

                prendes un fuego que arderá para siempre,

                                por toda la eternidad.

 

                Mi lealtad Tú la tendrás,

                                con el vaivén de las edades,

                Santo Espíritu, Paloma Divina—

                                estoy contento porque mío eres.1

            A lo largo de estos casi cuarenta años maravillosos, en los cuales he gozado de la liberación del alboroto interno, y aun pasé por las sombras y los ataques furiosos de Satanás, el dulce Espíritu Santo ha sido mi Intercesor, mi Consolador, y mi Guía hasta esta hora de mi vida. Él hace que Cristo sea real y vibrante dentro de mí, dándome el contentamiento en medio de muchas tristezas, me dio poder en medio de la debilidad humana, y me libró de las vacilaciones persistentes. Sin Él no podría yo haber conocido a Jesús, ni podría haber tenido los beneficios de la expiación, ni ninguna esperanza del cielo. Mas en Él, tengo todo esto.


 


Contenido

Capítulo                                                                              Página

        I.    Testimonios Oportunos de la Liberación

                  Por Medio de la «Ruta de Muerte»...................... 13

       II.    La Base Bíblica de la «Ruta de Muerte».................. 29

      III.    Ejemplos Bíblicos de la «Ruta de Muerte».............. 36

      IV.    No Es Ni Necesaria Ni Deseable la

               Uniformidad de la   «Ruta de Muerte» .................. 40

       V.    El Pretexto del Lenguaje Defectuoso....................... 46

      VI.    Se Engañan Solos Los Que Tratan de

               Evadir la «Ruta de Muerte»..................................... 49

    VII.    La Muerte Hasta lo Profundo de la

                      Depravación...................................................... 57

   VIII.    Cuando Muere la «Ruta de Muerte»...................... 65

      IX.    La Erradicación Es Esencial .................................... 72

       X.    El Corazón Tiene Hambre de la Santidad.............. 77

      XI.    La Firmeza o la Inestabilidad de la Fe..................... 82

     XII.    ¿Habrá Bálsamo, o Habrá Lamentación? .............. 92

   XIII.    El Humanismo—El Schullerismo—Un Camino

                  a la Apostasía........................................................ 98

   XIV.    El Resultado de Rechazar la «Ruta de Muerte»... 102

    XV.    Una Apelación Ardiente........................................ 111

XVI.       ¡Es Real!................................................................... 114



 

 

 

 

Capítulo Uno

 

Testimonios Oportunos de la Liberacion

Por Medio de «la Ruta de Muerte»

Se debe entender desde el principio lo que significa el término «ruta de muerte». Las personas nunca estarán de acuerdo sobre ningún tema si definen sus términos de maneras distintas. Algunas de las oposiciones más fuertes contra el cristianismo de la «ruta de muerte» vienen de personas que se equivocan acerca de lo que queremos decir con este término.

Ciertamente es lamentable que se rebaje una enseñanza bíblica tan vital como lo es la santidad de la «ruta de muerte», y es triste que se cause un daño incalculable a la causa de la verdadera santidad, simplemente porque no se entiende lo que significa el término.

Al decir «ruta de muerte» queremos decir el mantenerse firme en contra de la carnalidad y el entregar al Espíritu Santo cada característica carnal revelada para que sea crucificada. Las  características carnales, sin embargo, no son crucificadas una por una. Ellas son entregadas (muere uno para ellas) una por una, bajo la luz penetrante del Espíritu Santo, cuando se busca la santificación. Entonces, cuando el Espíritu Santo da el golpe mortal a la naturaleza corrupta, todas las características carnales son destruidas en un solo golpe de poder divino. Así, el corazón es purificado y hecho perfecto por el santo amor de Dios que el Espíritu Santo derrama en el corazón (Ro. 5:5). Sólo la gente muerta vive completamente–muerta al yo y viva para Dios.

Nuestro hijo, Charles R. (Chuck) Boardman dice:

–Por veinticinco años he definido la «ruta de muerte» como el camino divino por el cual Dios guía al alma que busca la santidad.

Rompe el yugo del pecado innato,

y pon mi espíritu en completa libertad;

no puedo descansar hasta estar puro por dentro,

hasta estar completamente perdido en Ti.

Tal vez no haya mejor manera de aclarar lo que queremos decir con el término «ruta de muerte» que relatar el testimonio del Rvdo. Lyle Potter, pues él describe gráficamente el trauma por el cual pasó cuando «murió» a su propio yo carnal y fue santificado por completo.

 

Rvdo. Lyle Potter Murió al Yo1

A mí me gusta predicar acerca de Eliseo. Tengo muchas cosas en común con él. Cuando Eliseo tomó aquel camino, decidido a obtener todo lo que Dios tenía para él, y eso satisfacía el anhelo profundo de su corazón sin importar lo que le costara, pude ver a Lyle Potter que hizo exactamente lo mismo.

Sí, yo me preparé en un buen instituto. Pasé algún tiempo trabajando en el mundo comercial. Dios puso Su mano sobre mí y me llamó al ministerio. Y recuerdo que un día, después de haber predicado en la Iglesia del Nazareno como pastor por cuatro años, estaba orando, pidiendo a Dios que enviara un avivamiento a nuestra iglesia. Ahora, aquel era un lugar en especial en donde pastoreaba. Yo era un pastor joven, con poca experiencia, y hacía mi mejor esfuerzo (Dios me había ayudado–era mi segundo pastorado). Estaba orgulloso de ver la manera en que aparentemente se movían las cosas. Pero dije para mí: Si sólo tuviéramos un avivamiento del Espíritu Santo al estilo antiguo en esta iglesia, esto es lo que necesitamos. Y me puse de rodillas y comencé a orar. Estaba bombardeando el cielo y haciendo todo lo posible. El Señor esperó que yo llegara al momento de cansarme porque Él quería hablarme. Pero sólo hablaba yo. Se me acabó el aire y me detuve brevemente y el Señor dijo:

–Un momento, hijo.

Dijo:

–Hijo, antes de que Yo pueda enviar un avivamiento al estilo antiguo a esta iglesia necesito enviar un avivamiento al estilo antiguo a tu corazón. Hijo, has estado predicando ya por muchos años, pero tendrás que confesar que muchísimas veces has tenido dudas acerca de si mi Espíritu Santo esté en tu vida o no. Hijo, me gustaría calmar todas esas dudas para que puedas ser un testigo eficaz para mí.

–¡Ay! pero, Señor, un momento. Tú sabes, Señor, que estoy dispuesto a hacer todo lo que quieras que haga. Señor, Tú sabes cuántas veces hice una consagración, y cuántas veces he orado acerca de este asunto. Y, Señor, sabes que fui con Fulano de Tal, y con cierto evangelista, y con cierto pastor y les dije: –Esta es mi situación. ¿Crees que estoy bien?

Dije:

–Señor, Tú sabes que dijeron que yo estaba perfectamente bien. Sabes, Señor, que siempre que yo he predicado un mensaje acerca de la santidad y que algunas personas han pasado al altar, y cuando he ido para tratar de ayudarles a buscar la santifición, la duda se ha levantado de nuevo en mi alma: ¿Estás seguro de que Él ha venido a tu vida? También, Señor, Tú sabes que me he ido a casa y he orado casi la mitad de la noche, y me he asegurado de que todo estaba sobre el altar y me he sentido bien y me dije a mí mismo: Seguramente todo está bien; y Tú sabes que yo he durado así hasta que se predicara el siguiente mensaje ardiente acerca de la santidad y he estado de nuevo bajo presión.

El Señor dijo:

—Hijo, te tengo algo mucho mejor que esa duda acerca de tu relación conmigo, y quiero que lo decidas en esta campaña. Quiero que te pongas a buscar la santidad. [HAY MULTITUDES QUE SE HACEN PARA ATRÁS EN ESTE PUNTO]

—Ay, Señor—, dije, —pero soy el pastor aquí, Padre. ¿Qué va a pasar cuando confiese que no tengo la experiencia que debo tener? Señor, no puedo pagar este precio. No puedo hacerlo por el bien de la iglesia; yo no puedo hacerlo.

Dije:

—Señor, ¿qué va a pasar si me pongo a confesar que tengo una necesidad espiritual, y que no estoy firme en mi experiencia?

Y así es, amigo. Por dieciséis años había sido salvo, pero nunca había orado hasta tener la victoria y la seguridad de que el Espíritu Santo había limpiado mi corazón. Dije:

—Señor, si confieso ahora que nunca he recibido la victoria sobre la carnalidad, voy a quedar en la ruina.

El Señor dijo:

—Hijo, ya estás arruinado.

Dije:

—Señor, comienza a parecer así. Señor, si confieso que no estoy como debo estar el próximo domingo por la mañana, tal vez me digan en mi iglesia que ya quieren que yo sea su pastor. Y tendrían buena razón. [AL VIEJO HOMBRE POR NADA LE GUSTA MORIR.]

Dije:

—Señor, allí está el Dr. Sanner. El ha sido mi Superintendente de Distrito por cuatro años. Señor, ¿sabes lo que oí el otro día? El le dijo a alguien que yo era uno de los predicadores jóvenes más sobresalientes del distrito.

Me gustaba pensar en eso. Le dije:

—Señor, ¿qué pasará si él llega a saber que no estoy establecido ni en mi propia experiencia? Señor, jamás me dará otro lugar en dónde predicar. Señor...permíteme hallar otra manera de salir de este problema. No puedo.

El Señor dijo:

—La única cosa que hacer, hijo, es tomar el camino que Eliseo tomó. Deja que se queden en las orillas los que quieran, pero tú tienes un hambre en tu corazón que quiero saciar. Has estudiado la Teología de la santidad, pero nunca la has recibido verdadera, definitiva, y positivamente, sin duda alguna en tu corazón. Hijo, esta cosa es real—la cosa más real que te puede acontecer. Quiero quitar las dudas. Quiero arreglar el asunto.

Para entonces yo estaba debajo de la banca. Cuando comencé a orar, golpeaba la banca desde arriba, pero cuando el Señor terminó de hablar conmigo, sólo gateaba yo. Estaba muy abajo. Me sentía lo más bajo posible.

Dije:

–Señor, ayúdame; estoy en una condición terrible. Quería que vinieras para ayudar a mi gente, y me tocaste a mí. ¿Qué voy a hacer?

El Señor dijo:

–Hijo, hay sólo una cosa que hacer. Has estado predicando durante estos años que si Dios pone luz en tu camino, tendrás que caminar en ella, porque si no lo haces, empezarás a caminar en las tinieblas.

Enfrenté ese asunto aquel día.

Dije:

–Señor, nunca predicaré otro sermón. Señor, si nunca me llaman a otra iglesia; si el nombre de Lyle Potter, que es en verdad conocido a través de nuestro distrito y a través de varios distritos–si ese nombre queda fuera de circulación y es olvidado desde ahora–voy a arreglar este asunto, aunque me muera al hacerlo.

Sé lo que se siente al saber que mis hermanos en el ministerio me miren mientras salgo de mi asiento y confieso una necesidad espiritual. Pensé que iba a morir. Y les confieso que dentro de los próximos tres días, yo morí en verdad. Pero el morir era la cosa que no quería hacer–morir a mí mismo, y morir a mis ambiciones, y morir a mis planes, dejándolo todo. Esas son las cosas que no quería hacer; y luché y batallé con ello por dieciséis largos años. Pero desde aquel momento dije:

–Señor, no probaré bocado hasta no determinar este asunto en mi vida.

Y dejé de comer. Tomaba un poco de leche cuajada para mantener mi fuerza, y por tres días estuve orando.

¿Qué quieres decir? ¿Orabas todo el tiempo?

Oh, no. Dormía de noche; tenía que hacerlo para poder seguir orando de día. Continué con mi trabajo pastoral, pero oraba en dondequiera que tuviera la oportunidad. Fui a las montañas a orar. Fui a la recámara a orar. Oré en el altar de la iglesia. Fui al salón multiuso de la iglesia (había allí un cuarto pequeño para los niños) y en este cuarto me ponía a orar. Examinaba mi corazón.

Dije:

–Oh, Dios, quiero que Lyle Potter deje de existir. Quiero que vengas, Señor, y que me examines por completo hasta lo profundo, hasta saber que mi corazón está limpio y que has venido a morar en mí.

Dije:

–Señor, he comenzado ya y no voy a detenerme hasta no estar seguro de ello.

Muchas veces había hecho consagraciones. Muchas veces había orado largamente, y había dicho: Creo que todo está bien. He hecho todo lo que puedo. Pero el Señor me preguntaba:

–¿Recibiste el Espíritu Santo cuando creíste?

Y, sí, recibí algo–de alguna manera hubo una fe que se extendió y recibió una confirmación que yo nunca había tenido. Y mientras no la tenía, iba flotando con la corriente. No sabía exactamente en qué condición me encontraba. En cuanto a una seguridad positiva y definitiva–una seguridad de que era míaCno la tenía.

Cierto día pasaba yo por el plantel del instituto y oí cantar a los jóvenes en la capilla. Cantaban de corazón: «Oh, jamás olvidaré la experiencia del poder pentecostal». Me dije a mí mismo:

–Es un canto maravilloso. Tiene mucha emoción, el único problema es que es demasiado positiva.

Pensé en mis experiencias anteriores y dije:

–No ha habido ninguna ocasión en la cual el fuego haya caído, pero todavía sé que estoy consagrado. Sé que pertenezco a Dios. Y no creo que exista tal cosa como para insistir en que la gente tenga una seguridad positiva y definitiva de que el Espíritu Santo ha venido a morar en el corazón.

Tal vez usted pregunte:

–¿Cómo obtuviste una teología como esa?

Le diré en dónde la recibí. Fue mi experiencia. Y era la experiencia de muchas otras personas que yo conocía.

Dije:

–Mientras muchas otras personas estén en la misma situación, todo debe estar bien.

Hay un canto que dice: «Es real, es real. Oh, yo sé que es real». Ese canto era demasiado definitivo en mi opinión. Dije para mí: Sé que uno puede saber que está consagrado. Puede saber que se ha entregado a Dios. Pero tocante al saber definitiva y positivamente que Él ha aceptado la consagración y que el Espíritu Santo ha entrado a vivir en el corazón, me pregunto si realmente esa es la cosa en la que debemos insistir.

Yo había leído libros. Siempre buscaba el último capítulo en donde hablaba acerca del testimonio del Espíritu, y veía que muchas personas estaban confusas, y dije para mí: No estoy solo en el movimiento de santidad, y creo que tendré que seguir con esta posición. [QUÉ TRAUMA CUANDO UNO ESTÁ FRENTE A SU EJECUCION.]

Pero Dios comenzó a hablarme y empecé a examinar mi corazón. Insistentemente dije:

–Señor, seguramente no tengo que pasar la vida con una incertidumbre acerca de esta experiencia en mi propio corazón. Y seguí así los próximos tres días, y ustedes dirán: Hermano Potter, ¿por qué te dejó Dios orar tres días? Porque yo era muy terco. Uno no tiene que orar ni un minuto si está dispuesto, literalmente y sin reserva, a dejar que el Señor haga Su voluntad. Pero yo tenía una teología que necesitaba ser reconstruida.

Bud Robinson dijo:

–Cuando estamos buscando la santificación, el Señor prende el fuego y lo deja que hierva. Y mientras hierve todas las impurezas salen a flote y el Señor las quita. Bud Robinson dijo que cuando él buscaba ser santificado, el Señor prendió el fuego. Él quitó todas las impurezas. Y a su manera inimitable, dijo:

–Yo pensaba que me iba a convertir en escoria.

Les digo, amigos, que yo pensé durante esos tres días que me iba a convertir en escoria. Estaba asombrado de cuánto del yo había en mi corazón. Estaba asombrado también al ver las ambiciones que yo tenía las cuales estaban fuera de la voluntad perfecta de Dios. Estaba maravillado de cuánto existía de Lyle Potter, y de lo poco que había del Espíritu Santo. Dije:

–Oh, Dios, quiero que esto sea el fin de mis esfuerzos hasta que puedas literalmente tomar el control.

Sucedió al tercer día por la tarde. Estaba yo en la capilla pequeña, en el altar para los niños, en una de las bancas chicas, orando. Era una banca pequeña. Estaba arrodillado al lado de ella. Una banca para niños es casi de mi tamaño de todos modos.  A espaldas mías, en el altar de los niños, oraba de rodillas Reuben Bridgwater, el evangelista que estaba con nosotros en la campaña. Mientras oraba yo le decía a Dios que quería que Él limpiara mi corazón. Estaba confesándole a Él, pero había esa incertidumbre y esa duda.

Decía:

–Quiero llegar al punto de no poder hacer nada más.

Mientras oraba, Reuben Bridgwater, detrás de mi, comenzó a cantar, y en su rica voz de tenor–la puedo oír ahora–«Oh, límpiame, oh, límpiame. Mis ojos han visto Tu santidad. Oh, manda esa ardiente llama purificadora; y límpiame en el nombre de Jesús».

Mientras él cantaba dije:

–Dios, eso es lo que yo quiero. Eso es lo que estoy esforzándome por alcanzar. Ese es el deseo de mi alma. Voy a morir si no lo obtengo.

Y mientras él cantaba, de alguna manera vi una promesa. Hay muchas promesas en el Libro [de Dios]. El Señor dijo:

–«Si andamos en luz, como él está en luz, tenemos comunión unos con otros, y la sangre de Jesucristo Su Hijo nos limpia de todo pecado».

Dije:

–Señor, he estado caminando en la luz por tres días. Señor, hice exactamente lo que hizo Eliseo. No sé qué más hacer.

El Señor respondió:

–Hijo, hay una promesa para ti. Has hecho todo lo que puedes hacer y has llegado al fin de tus propias fuerzas. ¿Por qué no te afianzas de una promesa y te lanzas y confías en Mí para que te santifique por completo?

Dije:

–Oh, Dios, tengo miedo hacerlo. ¿Qué pasará si no sucede nada? ¿Qué pasará si sigo con estas dudas?

Él respondió:

–Hijo, sólo hay un paso que tienes que dar ahora que llegaste al fin de tus propias fuerzas. Quita tus ojos de tu consagración, y mírame a Mí con fe, creyendo; toma Mi Palabra por la fe, creyendo, y te santificaré, y te haré saber que la obra está hecha.

–Oh, Señor–, dije, –tengo miedo hacerlo.

Él dijo:

–Más vale que lo hagas, hijo; es la única manera.

Entonces Reuben Bridgwater llegó al coro. Comenzó a cantar:

–Me limpia a mí. Me limpia a mí. Mis ojos han visto Su santidad.

Dije:

–Señor, voy a afianzarme de Tu promesa y a lanzarme.

–Y sabe usted lo que hice? Confié en una promesa de Dios. Me solté de todas las cosas del mundo, y dije:

–Señor, creo en Ti ahora para que limpies mi corazón.

–Gloria a Dios! Algo me aconteció. Les diré lo que pasó: Llegué al final de los esfuerzos de Lyle Potter.

Tal vez usted pregunte: ¿Sentiste algún toque eléctrico? No sentí nada. Dirá Ud.: Yo pensé que había mucha emoción en esto. Escuche, mi amigo, no sentí nada, pero, le diré una cosa: Yo sabía que había llegado al fin de mi orar. Si hubiera habido otra oración que hacer, no habría sabido formar las palabras...llegué al final de las fuerzas de Lyle Potter al punto hasta donde Dios había estado tratando de hacerme llegar desde hacía dieciséis años. Me agarraba de mi reputación, y me agarraba de mi posición, y simplemente no me atrevía a soltarlas.

Dios quería que yo llegara al final de mis esfuerzos. Y allí en aquella pequeña capilla de niños, en la tercera tarde, llegué al final. Me levanté. Extendí mi mano y dije:

–Reuben, creo que Él ha venido. No hubo ninguna manifestación, no hubo ninguna emoción exterior. Yo sabía en mi corazón que había orado hasta llegar al final.

Tal vez usted pregunte: ¿Gritaste en alabanza a Dios? No, mi esposa todavía es quien alaba a Dios en voz alta. Tal vez pregunte: ¿Brincaste una de esas bancas? No quiero jactarme, pero podría haber brincado tres de ellas fácilmente, pero no brinqué ninguna cosa. Estaba muy quieto ese día. Tenía la seguridad en mi corazón de que lo que yo no había querido hacer por dieciséis años, por fin lo había hecho–oré hasta obtener la victoria, y toqué el borde de Su manto. Vino un Espíritu a mi vida aquel día que nunca había tenido anteriormente. Es una seguridad que nunca me ha dejado. Desde aquel día hasta la fecha he atravesado los valles profundos. He pasado por la oscuridad sin poder ver a dónde iba. He estado por los suelos cuando parecía que no tenía la salvación, pero yo sabía que había hecho una consagración. Sabía que había entregado algo en Sus manos y Él me lo guardaba fielmente. Nunca he dudado desde aquel momento hasta el presente que Dios aceptó mi consagración y que mi corazón fue limpio.

Nada de lo que el diablo me dijo sucedió. Y todo lo que él me dijo que no iba a suceder, sí, sucedió. Desde aquel día hasta la fecha he tenido más oportunidades de testificar para Él. He tenido más invitaciones a predicar. Han estado más personas en el altar buscando a Dios. Desde aquel día hasta la fecha relaciono todo con lo que me sucedió hace quince años y medio, cuando por fin oré hasta alcanzar la victoria.

Qué Dios nos dé más personas como Eliseo. ¿No está usted cansado de las dudas? ¿No está cansado de escuchar mensajes de santidad y de anhelar en su corazón que así fuera? Escuche, amigo, podemos orar hasta obtener la respuesta acerca de todo lo demás del mundo. ¿Por qué no oramos hasta obtener la respuesta en eso también? No nos llevará tres días, no nos llevará tres horas y no nos llevará tres minutos si estamos dispuestos a que Dios haga Su voluntad, y si le mostramos pruebas de que estamos decididos desde lo profundo de nuestra alma. Dios quiere que estemos decididos.

            Así termina el testimonio de Lyle Potter que explica muy claramente lo que queremos decir con tomar la «ruta de muerte» hasta la crucifixión del yo y ser santificado «enteramente».

Este pequeño verso majestuoso acerca de la «ruta de muerte», de la pluma del santo Bedome tocará una campana en su alma si usted tiene la realidad de esta experiencia de la santificación o si tiene la santidad en su vida.

                        Y ¿deberé yo separarme de mí mismo,

mi amado Señor, por Ti?

Es lo justo, pues Tú has hecho

mucho más que eso por mí.

 

E.E. Shelhamer Tomó la «Ruta de Muerte»2

Ahora, este testimonio adicional de la experiencia del Rvdo. E.E. Shelhamer revela muy clara y enérgicamente el hecho de que los esfuerzos humanos de la consagración y la crucifixión divina del yo carnal no son la misma cosa. Uno puede consagrar todo lo que quiera sin experimentar la erradicación de la naturaleza carnal, de otro modo uno podría santificarse meramente por hacer una consagración. La consagración hará posible la crucifixión porque recibe el consentimiento de uno mismo y causa que uno esté dispuesto a recibir el golpe mortal para la corrupción carnal del corazón.

Aquí está el testimonio del Rvdo. Shelhamer acerca de su santificación.

Recuerdo muy bien mi propia experiencia cuando era un predicador joven. Me di cuenta del hecho de que aunque había tenido yo cierto éxito en ganar almas, en ocasiones dudaba si todo el mal genio había desaparecido o no. Cuando se lo dije a mis hermanos, ellos trataron de calmar mis temores diciendo que fue una tentación o la debilidad. Dijeron que yo tenía demasiado alta la norma. Durante seis años dije haber recibido la bendición (de santidad] varias veces. Pero veo ahora que mis consejeros me desviaron. Tenían buenas intenciones, pero en lugar de enseñarme que la santidad del corazón era una experiencia, una crucifixión interior, ellos creían, como muchos hoy en día, que era una gran bendición. Fui enseñado a hacer una consagración completa, poner todo sobre el altar y creer que el altar santificaba la ofrenda. Pero este no era mi problema–la falta de consagración y del abandono a Dios. ¡No! Yo estaba totalmente entregado a Dios y me gozaba en hacer Su voluntad. No buscaba una bendición. Quería la pureza. Mis buenos hermanos me desviaron de mi problema interior hacia una bendición y más actividad por fuera.

Por fin, oí a un poderoso hombre de Dios contar su experiencia–él había predicado y testificado de la santidad por veinticinco años sin tenerla. Pero cuando el Espíritu Santo le reveló su depravaciónCla profundidad del orgullo, la voluntad propia y el infierno (así como lo enseñaba Wesley), él clamó:

–¡QUIERO MORIR! ¡QUIERO MORIR!

Dijo que por tres días él confesó y aborreció la carnalidad, y de repente el fuego refinador de Dios le purificó de todo a todo. Cuando supe esto, dije inmediatamente:

–Esta es la ruta bíblica–la ruta de muerte.

El Espíritu Santo me llevó paso a paso hasta que llegué al final de mís propios esfuerzos, y fue dado el golpe mortal y el testimonio claro fue recibido de que la Sangre preciosa, sí, limpiaba AHORA MISMO de todo pecado. ¡Gloria a Su Nombre!

 

El Testimonio Oportuno de Bradford Henshaw3

Apreciable lector, permítame otro testimonio vivo que ilustre claramente la crisis santificadora al final del proceso de la «ruta de muerte». Nuestro amigo *Brad+ estuvo *muriendo+ por algún tiempo. Había llegado al punto de estar decidido. Dejaremos que él lo cuente en sus propias palabras:

Al fin llegué al punto en que el único problem