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LA PALABRA DE DIOS EN NOSOTROS:

Cómo Empezar a Utilizar Nuestros

Dones Espirituales

por Raymond W. Hurn

Ahora que hemos llegado a un punto de vista bíblico más claro acerca de los dones espirituales, necesitamos descubrir nuestra función en el Cuerpo de Cristo.

El Dr. C. Peter Wagner ha sido un pionero moderno en el estudio de los dones espirituales y en el impacto que han tenido en el crecimiento de la iglesia. A pesar de que existen puntos de diferencia entre el Dr. Wagner y otros eruditos sobre algunos aspectos de la teología de los dones, su contribución fundamental es de valor indiscutible. El Dr. Wagner señala cinco pasos hacia el descubrimiento de los dones espirituales (nosotros hemos agregado un sexto paso).

1.               “Explore las posibilidades.” Usted las ha estado explorando mentalmente y en las conversaciones que ha tenido con sus amigos al repasar los primeros cinco ca­pítulos de este libro. Las posibilidades se le han revelado en las Escrituras y a través de la enseñanza de los exce­lentes maestros que escribieron estos capítulos.

2.               “Experimente con todas las posibilidades que pue­da. “ Los dones espirituales se descubren de la misma ma­nera en que se descubren los talentos naturales —experi­mentando con ellos. Nadie ha aprendido a nadar, a pasearse en una bicicleta o a cantar una aria leyendo un libro solamente. Para aprender uno tiene que participar en esas actividades. Lo mismo es cierto respecto a los dones espirituales.

3.               “Examine sus sentimientos.” ¿Siente satisfacción cuando pone en práctica algún don en particular? En caso de que no sienta satisfacción, tal vez sería mejor que con­tinúe su evaluación de ese don.

4.               “Evalúe su efectividad.” Dios nos da los dones espirituales con ciertos propósitos específicos. Nuestros dones producirán resultados siempre y cuando los usemos.

5.               “Espere que el Cuerpo confirme los dones que usted tiene.” Si usted es el único que piensa que tiene cierto don, lo más probable es que no lo tenga. Recuerde que recibimos dones no para nuestro propio beneficio, sino para el beneficio del Cuerpo. Por lo tanto es natural que el Cuerpo debería poder reconocer el beneficio de sus do­nes.

6.               “Espere que el Espíritu de Dios le dé una confirmación interna de los dones que usted tiene.” Este sexto paso fue agregado por el Dr. Paul Orjala en su libro intitu­lado Get Ready to Grow, Nunca debemos pensar que los dones del Espíritu Santo son objetos que pueden ser mani­pulados por una colección especial de procedimientos humanos. El testimonio del Espíritu es esencial a nuestra vida en el Espíritu.

Estos seis pasos nos llevan sucesivamente al descu­brimiento de nuestros dones espirituales. Tomar sólo un paso no es suficiente. Los pasos tienen que ser tomados al mismo tiempo y deben afirmar el mismo resultado.

RESPONSABILIDADES O FUNCIONES

Uno no tiene que sentirse “dotado” espiritualmente para poder desarrollar ciertas responsabilidades o funcio­nes. En una familia un padre tiene que fungir como padre aunque otros padres sean más efectivos. La “función de padre” verdadera requiere la provisión de alimentos, abri­go, educación y nutrición espiritual de los hijos. Estos pueden causarles muchos inconvenientes a los padres, quienes tienen que ajustarse a los horarios, lecciones y actividades escolares de sus hijos. Muchas de las respon­sabilidades de ser padre son desarrolladas por necesidad y no por deseo.

De igual manera, todos los que somos files al Señor Jesucristo tenemos responsabilidades cristianas. En Ro­manos 12:3 Pablo nos insta a que pensemos de nosotros mismos con “cordura” y que no tengamos “más alto con­cepto” del que debemos tener. Como cristiano, tal vez yo no tenga el don espiritual de dar, que incluye la habilidad de ganar dinero, pero se requiere de mí que sea un mayor­domo fiel de lo que he ganado, lo que significa que debo diezmar fielmente toda mi vida.

Yo era miembro de una iglesia local cuya junta hacía algunas decisiones muy malas (por lo menos esta era mi opinión). No dejé de asistir a esa iglesia, ni tampoco dejé de diezmar u ofrendar. Hay dos elementos que debemos recordar respecto al liderazgo de cualquier iglesia local: (1) los líderes a veces harán decisiones malas (por lo menos en la opinión de algunos de los feligreses); (2) con el tiempo, algunos líderes terminan el plazo de su servicio, y son elegi­dos líderes nuevos. Mi responsabilidad como cristiano es ayudar a los que ocupan puestos de responsabilidad y ser fiel a mis deberes en el Cuerpo de Cristo. Por lo general, el liderazgo de una iglesia mejora con el tiempo, la oración y la experiencia.

La oración es tanto una responsabilidad como un pri­vilegio. La fe de salvación es requisito para entrar al reino de Dios, y la fe debe ser continuamente manifestada por todos los cristianos. Otro gran privilegio del cristiano es mostrar hospitalidad a las personas que asisten a nuestra iglesia, como también a las que no asisten a ella. Y usted no tiene que sentir que ha sido dotado por el Espíritu para cumplir con estas responsabilidades.

En cierta ocasión observé a un reconocido erudito bíblico, el Dr. Ralph Earle, realizar un trabajo de aseo improvisto e inconspicuo. La ocasión era una serie de ser­vicios de avivamiento de distrito en la que él era el orador especial. El simplemente hizo la limpieza a la carrera antes de que alguien más se diera cuenta. El aseo no era su deber. Acababa de proclamarles algunas verdades bíblicas a más de mil personas que se habían congregado para ese servicio. El aseo era necesario para la comodidad de todos los presentes, y él lo hizo.

Tal vez sea provechoso hacer una lista de las ocasio­nes en que usted ha observado a personas desarrollar res­ponsabilidades o funciones no asignadas a ellas, o para las cuales ellas no tienen un don espiritual.

¿No fue Jesús quien dijo: “Yo estoy entre vosotros como el que sirve” (Lucas 22:27), y “El que es el mayor de vosotros, sea vuestro siervo” (Mateo 23:11)?

LA IMITACIÓN DE LOS DONES

No olvidemos que el fruto se requiere de todos los cris­tianos, pero que todos los dones no son requeridos. Cree­mos que Dios nos da a cada uno de nosotros dones a desa­rrollar y utilizar para el máximo éxito de la iglesia. Aunque el fruto del Espíritu no puede ser imitado de manera efec­tiva, cualesquiera de los dones sí lo puede ser. ¿Quién pue­de imitar o fingir el amor verdadero, el gozo espiritual, la paz o la paciencia? Los que tratan de imitar el fruto pronto son descubiertos.

A pesar de que los dones espirituales pueden ser imita­dos, es importante notar que nuestra falta de comprensión de los dones espirituales está a la raíz de la falta de creci­miento de miles de iglesias. Algunos miembros están frus­trados y se sienten culpables. ¿Podemos encontrar algunas ayudas prácticas que nos ayuden a todos a crecer más, utilizando los dones espirituales? Espero que así sea.

DESARROLLE SUS DONES

En su capítulo, la Dra. Mildred Wynkoop recalca la relación entre los talentos naturales y los dones espiritua­les. Aunque no sean iguales, están relacionados. De igual manera en que los talentos naturales no alcanzan su ma­durez en el momento en que nace una criatura, así tampo­co los dones espirituales emergen maduros y completos en el momento en que son descubiertos.

Tienen que ser desarrollados en el contexto del Cuerpo de Cristo. En seguida repasaremos algunos de los dones que ya hemos tratado en este libro con el fin de que usted y yo pensemos en algunas maneras en que podamos desa­rrollarlos, y usted pueda formar su propio portafolio sobre ministerios al Cuerpo.

Profecía

A algunas personas Dios les da una habilidad extraor­dinaria para comunicar su mensaje al cuerpo de creyentes para su edificación. Por lo común creemos que este es un don del pastor de la iglesia. Recuerdo bien que como pastor yo hacía un gran esfuerzo en la oración, en el estudio y en la interpretación de la Biblia para encontrar algún mensa­je ungido por el Espíritu que yo pudiera comunicar. Ahora que sirvo como oficial de la iglesia, en mis viajes he obser­vado lo consciente que están nuestros pastores de esta res­ponsabilidad, y cuánto trabajan, a veces ayunando y orando, para cumplir la divina tarea de comunicar el men­saje de Dios. ¡Cuán afortunados somos de tener a tantos “profetas” dedicados!

Hace varios años el Departamento de Educación y el Ministerio descubrió en una encuesta realizada entre estu­diantes de colegios y seminarios que 2.221 habían ingre­sado en las escuelas nazarenas de educación superior por­que Dios los había llamado al servicio cristiano, la mayoría al pastorado, otros a ser evangelistas, misioneros y maes­tros. ¡Dios ha estado contestando nuestras peticiones de llamar obreros a su mies! Esta cantidad es mayor que el mínimo de obreros que se necesitan para tomar el lugar de los pastores, evangelistas y misioneros que fallecen o se jubilan cada año. Esto debe ser ocasión de gran gozo para nosotros.

Recordemos que nuestras escuelas sólo pueden pre­parar a las personas que les mandamos de nuestras iglesias locales. Así que toda iglesia local tiene la responsabilidad de mantener un ambiente de victoria, gozo, y crecimiento con el fin de dar un buen ejemplo que los jóvenes puedan seguir.

Sin embargo, en este estudio no estamos interesados en personas que se dediquen de lleno al ministerio. Aquí intentamos ayudar a los laicos a descubrir “su ministerio”. ¿Hay algún laico que tiene el don espiritual de profecía, y si lo hubiera, cómo lo descubriremos?

Seguramente que algunos laicos han recibido el llama­do divino de presentar un mensaje profético a la iglesia. Esa voz de profecía con el mensaje de Dios ha fortalecido, preparado, motivado, o inspirado a los miembros de la familia de fe.

Enseñanza

La enseñanza es parecida a la predicación. Es comu­nicación del orden más alto. Al igual que la predicación, funciona para la edificación del Cuerpo. Suple al mensaje bíblico con mayores detalles, aplicándolo a la vida de hoy, y presentándolo de una manera muy personal. Los parti­cipantes en la enseñanza tienen más oportunidad de ex­presarse, explicando y reforzando el mensaje con otros feligreses.

Es una lástima que contemos con tan pocos maestros. Podríamos tener muchos más si en las iglesias hiciéramos lo siguiente:

1.               Extender la base del programa educativo estable­ciendo más puestos para maestros y equipándolos para enseñar.

2.               Reorganizar las aulas de clase, o construir algunas nuevas, para proveer más espacio para que los maestros recién preparados enseñen las riquezas inescrutables de Cristo.

Tenemos otras alternativas también, como enseñar en los hogares, en salas alquiladas, bajo la sombra de un ár­bol, o dondequiera que la gente se pueda reunir. Algunas iglesias en áreas muy pobladas, como en pueblos rurales, han descubierto modos innovadores para incorporar estas dos sugerencias en su programa educativo, y las iglesias han crecido mucho.

La Iglesia del Nazareno ha alcanzado un punto de estancamiento muy serio en mil o más de nuestras congre­gaciones, y allí nos quedaremos hasta que los líderes loca­les quieran “darle un ministerio” a muchos más maestros y trabajadores. Es relativamente fácil lograr el crecimien­to de la iglesia hasta tener 35 miembros, y no es mucho más difícil hacer que la feligresía crezca a 74 miembros (el 57% de las Iglesias del Nazareno tenían 74 miembros o menos en 1978[1]). Es muy difícil alcanzar el nivel de 125 miembros o más, y sólo el 10% de nuestras congregaciones han alcanzado el nivel de más de 200 miembros.

La capacidad de ascender de una etapa a otra más alta siempre gira alrededor del deseo de confiar el minis­terio educativo a personas con poca experiencia en la edu­cación, y en ciertos casos a personas sin preparación algu­na. Dios les ha dado dones espirituales a todos sus hijos. Y el Espíritu Santo quien nos purifica, también nos unge para su servicio. Es una lástima ver a los “pioneros de la iglesia” (los que llegaron primero), frustrar el dinamismo de los que recién se han establecido en la iglesia (los que llegaron al último), procurando exaltar a Cristo a través del uso de dones espirituales en la iglesia.

Parece costoso tomar el tiempo para preparar a otros para que participen en el ministerio, pero si lo hacemos en el Espíritu y con la preparación adecuada, los resulta­dos se verán en el crecimiento del reino de Cristo. Nuevas almas serán ganadas y la obra crecerá y se multiplicará.

EL DESARROLLO DE PROFETAS Y MAESTROS

Usted no necesita esperar hasta estar dentro de un aula y recibir una asignación oficial de la iglesia para desa­rrollar su don espiritual de profecía o de enseñanza. Debe empezar a tomar los siguientes pasos prácticos hoy mismo.

1.               Sea fiel a los medios de la gracia —en oración, en estudio bíblico, y en asistencia a la iglesia. Practique la buena mayordomía de diezmar su dinero y su tiempo. Mantenga un buen espíritu.

2.               Practique relacionando los principios bíblicos a las situaciones de la vida (como eventos continuos y eventos pasajeros que relatan las noticias).

3.               Observe a los que explican la Palabra de Dios, como a su pastor o su maestro de escuela dominical. ¿Cuá­les métodos emplean? ¿Hay un modelo consistente en su enseñanza? ¿Son efectivos en su comunicación? Si no son efectivos, ¿por qué no? Usted puede aprender de los fra­casos y los éxitos de ellos. El fracaso de no haberse comuni­cado efectivamente a veces puede enseñarle más que la metodología que siempre resulta efectiva.

4.               Encuentre a alguien a quien usted pueda enseñar. Tal vez pueda empezar con uno de sus hijos o con el niño o la niña del vecino. Puede empezar una clase bíblica en el patio de su casa o un estudio bíblico de hogar. Enseñe una clase de escuela dominical o enséñele a uno de sus amigos. El ni siquiera tiene que saber que él es el alumno. Usted sabrá que su fin es enseñar de la Palabra de Dios, y la observará arraigarse en la vida de otra persona. Los predi­cadores hacen esto todo el tiempo cuando en oración esco­gen pasajes bíblicos para leer durante sus visitas en hoga­res y en hospitales. Con frecuencia el mensaje tiene que ser presentado con benignidad y sutileza. La enseñanza más efectiva tal vez sea la ilustración o el testimonio im­provisto y amable.

5.               Estudie los métodos de la enseñanza. Aprenda de los cuadernos de enseñanza de su denominación los cuales exponen las lecciones de todo un trimestre; también puede aprender de las ayudas pedagógicas. Esté dispuesto a ayu­dar en la enseñanza de una clase de escuela dominical cuando se lo pidan los líderes de la iglesia local. Sumérjase en un ambiente de enseñanza. Usted mismo sea un apren­diz; el aprendiz activo resulta ser el mejor maestro. Co­muníquese con la División sobre la Vida Cristiana y con la oficina del Curso de Capacitación Cristiana para recibir sugerencias sobre la enseñanza (6401 The Paseo, Kansas City, Missouri, 64131).

De todas las maneras posibles ayude a los jóvenes a desarrollarse a través de la utilización de sus talentos y capacidades. Con frecuencia hemos descubierto a jóvenes que estudian para el ministerio que nunca han enseñado una clase de escuela dominical. ¿Quién es responsable? Usted puede culpar a esos jóvenes si le parece bien hacerlo, pero yo creo que la culpa la tiene la iglesia interesada sólo en sí misma, que está tan interesada en no trastornar a los pioneros, que no hace el esfuerzo para desarrollar a los jóvenes que están entrando a la iglesia por la puerta de enfrente, a veces en grupos numerosos. ¿Qué ganamos al llevar a los jóvenes a la iglesia si se van sin que los hayamos discipulado ni empleado en la cosecha del Maestro?

En ciertas ocasiones he hecho un esfuerzo especial para entrar en una clase y estudiar los métodos del maes­tro. He observado que los maestros que tienen el mayor éxito en la comunicación no son siempre los que hablan todo el tiempo de la sesión. Algunos de ellos permitieron que otros se expresaran y reaccionaran. Habían preparado a algunos de los alumnos para que ayudaran en la presen­tación de la lección. Efectivamente dirigieron los pensa­mientos de la clase hacia los principios básicos de la lec­ción. Lograron que todos los alumnos se sintieran tran­quilos. Mostraron comprensión por cada uno de los parti­cipantes en la discusión sin criticarlos. Parecieron identi­ficarse con los problemas de los jóvenes y de los adultos, y parecieron comprender estos problemas. Su interés fue marcado. Los estilos que emplearon fueron estimulantes intelectualmente y desafiadores.

¡Los alumnos deben recibir ayuda en cada sesión!

Servir

Mi esposa y yo estamos de acuerdo de que uno de los ejemplos más finos de una persona que tiene el don de ser­vir, que hemos observado recientemente, es la señora Ste­phens, quien vive en Greystones, cerca de Dublín, Irlanda. Cierto domingo la observamos mientras preparaba una mesa para 20 personas, a la cual sólo podían sentarse seis por lo general. Lo hizo humilde, serena y bellamente, y con mucho amor. Ella rinde esta clase de servicio con fre­cuencia, como usted ya pudo habérselo imaginado. Obser­vamos en ella esta misma mansedumbre y humildad tan efectiva cuando ayudó a servir a 150 irlandeses norteños en una sala alquilada en el corazón de Dublín. Tuvo la asistencia de su esposo y de seis miembros de la Iglesia del Nazareno en esta ciudad.

Los 150 congregados eran nazarenos de nuestras igle­sias en Irlanda del Norte, que se habían reunido para darles la bienvenida al superintendente pionero Harold Brown, y a su esposa Vera, pero también para afirmar y respaldar con su presencia e interés al pequeño grupo de nazarenos en Dublín cuya iglesia tiene sus cultos en un apartamento. La señora de Stephens trabajaba en otro cuarto, callada, preparando emparedados y otros manjares para los invitados. El domingo por la mañana, en su ma­nera callada, mansa e improvista, dirigió a los niños a otro cuarto del apartamento en que celebran los servicios, para que los adultos pudieran adorar a Dios en la pequeña sala.

Mi esposa y yo tenemos a una vecina nazarena que también tiene el don de servir. Es mansa y humilde. Re­cientemente se ofreció para cuidar a dos niños dos días por semana para ayudarle a una vecina recién divorciada. Al­gunos de nuestros otros vecinos van a su casa regularmente para que los aconseje sobre asuntos de la vida diaria y sobre asuntos espirituales.

Jesús dijo que “los mansos… recibirán la tierra por heredad” (Mateo 5:5). Todos los que tienen el don de pro­fecía o el de enseñanza tomen nota de que en Romanos, Pablo puso el don de servir entre los de profecía y enseñan­za, y que el de enseñanza es seguido por el don de animar.

Al desarrollar las posibilidades que le ofrece el don de servir, haga un esfuerzo específico para pensar de los servi­cios que usted puede prestarles a los miembros del Cuerpo. Busque las maneras en que pueda servir a otros. Extiénda­le los brazos abiertos a alguien que tiene las manos llenas, comparta su himnario. El hecho de ofrecer un vaso de agua fría y el ayudar a los necesitados nos puede parecer inacep­table, ¿pero con cuánta frecuencia usamos medios creati­vos para servir? Utilizamos estos medios para servir a per­sonas en ciudades o países lejanos, ¿pero cómo serviremos a las personas con que nos relacionamos todos los días?

Hospitalidad, ayudar

Es evidente que en la explicación del don de servir incluimos características relacionadas al don de hospitali­dad y al de ayudar. ¿Puede diferenciar entre estos tres dones?

Hospitalidad. El Dr. C. Peter Wagner define este don como “amor a los extraños”.1 Los que tienen este don pue­den crear un ambiente receptivo, aceptado y cálido alre­dedor de los necesitados. Los corazones se unen como resultado de su hospitalidad generosa. Son felices cuando sus hogares están llenos y cuando están satisfaciendo las necesidades de sus invitados. La satisfacción de sus invita­dos es de primera importancia. Wagner escribe: “El lema de la persona con este don es ‘la hospitalidad antes que el orgullo’.”2 Todo no tiene que estar en orden perfecto antes de que un invitado sea bienvenido en su hogar; la necesi­dad del individuo es más importante que la apariencia que da el altero de los platos del desayuno, o el periódico regado por todo el piso de la sala.

Ayudar. La diferencia entre el don de servir y los do­nes de hospitalidad y de ayuda es que el primero se dirige a un grupo o institución, y estos últimos se dirigen al indi­viduo. Y la diferencia entre el don de hospitalidad y el de ayudar es que el de hospitalidad se dirige hacia cualquier persona necesitada, y el don de ayudar se dirige al cristiano necesitado.

Wagner define el don de ayudar como la capacidad que Dios nos da para “invertir nuestros talentos en la vida y ministerio de otros miembros del Cuerpo, capacitando a la persona ayudada a aumentar la efectividad de sus dones espirituales”.3

Tengo el privilegio de servir como el director ejecutivo de un departamento altamente diversificado. Trabajamos con distritos nuevos, iglesias donde no se habla inglés, igle­sias de minorías étnicas, la arquitectura de iglesias, prés­tamos para misiones domésticas, la organización de igle­sias nuevas, materiales de lectura y estudio misionero, ministerio a los arrabales, materiales para el crecimiento de la iglesia, talleres de entrenamiento, ministerios de experimento, y con un presupuesto de dos millones de dólares que incluye el fondo de alabastro, becas para estu­diantes de minorías que se preparan para el ministerio, entre otros proyectos. En estas áreas de servicio cuento con excelentes ayudantes. Harold Allen, asistente administra­tivo; John Oster, editor; Franklin Cook, coordinador de misiones urbanas; y Jan, Kathy, Linda, Cecilia, Mary, Cherryl, Charles, Dale, Gladys, y Arlene me ayudan mu­chísimo. Todos ellos son dados a crear en su manera de pensar, y ensanchan mi influencia en toda actividad. Son tan importantes en los ojos de Dios como el ejecutivo.

¿Quiénes son los ayudantes en su iglesia? ¿Qué pasa­ría (o no pasaría) si su iglesia de un momento a otro ya no tuviera a estas personas “dotadas”?

Animar

Animar o exhortar significa ofrecer palabras de forta­leza y ayuda a los miembros del Cuerpo para su edifica­ción. Este don puede desarrollarse en grupo o entre dos personas. Por lo general se desarrolla entre dos personas. Ore por alguien que está solo o desanimado; cada día haga algo por solo una persona, o diga algo que la anime; haga una lista de los miembros nuevos, de los miembros olvida­dos —estos son los posibles candidatos a la soledad; lléve­le flores a un anciano; pídale al fotógrafo que experimenta con la cámara o al músico que empieza a tocar que le de­muestren su talento. Sea sensible a las señales físicas que nos indican el desánimo en una persona, y lleve a cabo deliberadamente un plan para levantarle el espíritu a esa persona.

Mi ayudante de oficina, la señora Gladys Johnson, ha hecho una carrera de usar su don espiritual de animar a otros durante los 11 años de empleo en el Departamento de Misiones Domésticas. Aun firma su nombre “Glad” (que en inglés significa “alegre”). Yo me siento alegre de que ella trabaje conmigo. Constantemente nos anima a todos. Ella dejó su carrera de negocio, lo que le causó mu­chos inconvenientes y sacrificio, para servir a la iglesia. Esto es típico de muchos de los trabajadores en la sede internacional de la Iglesia del Nazareno.

Usted puede desarrollar este don si hace un esfuerzo especial para amar y ser sensible a las necesidades de los que agonizan, de los divorciados, de los desempleados o de los que están experimentando una crisis en su vida.

Dar

Por cada persona que tiene el don espiritual de dar, ha de haber mil que no lo tienen pero que son fieles ma­yordomos en dar sus diezmos y ofrendas. El don especial de dar siempre depende de la capacidad para ganar dine­ro. Un truco favorito del diablo es lograr que los hijos de Dios busquen los dones espirituales. Los que son tan necios como para pedir que Dios les dé un don específico se frus­tran o pierden la fe. Algunos, son persuadidos erróneamen­te, a prometer que darán cantidades imprudentes con la esperanza de que esto los haga dadores “ricos”.

Durante mis pastorados, yo prediqué con regularidad sobre la mayordomía. Cierta viuda jubilada y pobre pero fiel, confesó su gran desánimo porque no tenía mucho di­nero. Todos la conocíamos y la amábamos, y sabíamos que prácticamente no tenía dinero y apenas subsistía (por lo menos físicamente). Me decía: “¡No cuento con entradas de ninguna clase!”

Con toda bondad le hice preguntas acerca de su situa­ción. “¿Cuánto es el 10% de nada?” Ella pudo ver el punto de mi pregunta, y sonrió cuando agregué: “Si el total de las entradas que Dios le ha encomendado es cero, el diezmo también es cero, y esto es tan importante para Dios como el diezmo de un millón de dólares.” Dios requiere todo de nosotros, todo lo que somos y todo lo que tenemos, sea poco o sea mucho.

Algunas personas astutas que están orientadas hacia el éxito, siempre han logrado engañar a algunos a “dar mucho para poder recibir mucho”. Esta no es la fórmula del éxito. Es verdad que algunos de los hijos de Dios tienen el don de ganar mucho dinero, y le damos gracias a Dios por ellos. Hacen posibles grandes contribuciones para el adelanto de la obra de Dios. Yo conozco a algunos de estos gigantes en asuntos espirituales y económicos que viven en los estados de Texas, Oregon, Colorado, Kansas, Missouri, Oklahoma, California, Illinois, Ohio, en algunos de los estados del noreste, y en Canadá, Irlanda, y en muchos otros lugares. No cabe duda de que ellos tienen el don de ganar dinero y de darlo.

Pero entonces, ¿qué queda para mí? ¿No debemos todos experimentar con los dones del Espíritu? ¡Claro que sí! Y puede resultar muy divertido el experimentar con el don de dar. John Oster, el editor del Departamento de Misiones Domésticas es hombre de mucha iniciativa y me ha ayudado en diferentes maneras. De él son las siguientes sugerencias.

Haga una contribución que no está obligado a hacer. Haga una contribución anónima. Observe la diferencia que hace en las vidas de otros y en su propia vida. Establezca una meta para dar más que el acostumbrado diezmo por un período específico de tiempo. Note el cambio en sus sentimientos o actitud. Observe si el dinero adicional ayuda al Cuerpo a alcanzar alguna meta financiera. Busque maneras nuevas para dar; no siempre dé dinero. Dé ropa, o comida, o tiempo, o lo que se necesite y sea apro­piado. Dé con atrevimiento y examine sus sentimientos. ¿Está Dios con usted cuando da?

Liderazgo[2]

Me parece atinada la definición de presidir de C. Peter Wagner en su nuevo libro sobre los dones espirituales, en el que escribe:

El don de presidir es la capacidad especial que Dios da a ciertos miembros del Cuerpo de Cristo para que es­tablezcan metas de acuerdo al propósito de Dios para el futuro, y con el fin de que comuniquen estas metas a otros en tal manera que voluntaria y armoniosamente colaboren para alcanzarlas y así glorifiquen a Dios.4

Uno no puede ser líder sin seguidores. Esto es obvio. Los feligreses de una iglesia son más leales y sensibles con sus líderes o dirigentes, que lo son los empleados en orga­nizaciones seculares con sus jefes. Esto se debe a la cohe­sión de los lazos de amor y apoyo mutuo que unen a los miembros del Cuerpo de Cristo. Sin embargo, con frecuen­cia esta unión tan cohesiva oculta nuestras imperfecciones y los resultados malos de algunos métodos que empleamos. A menudo asumimos que estamos progresando más de lo que indican los resultados.

Todo cristiano debe ser optimista respecto al evange­lio, y tener completa fe en él, pero los buenos dirigentes también tienen que ser pragmáticos; deben reunir todos los datos, ser honestos respecto a los programas que no produ­cen buenos resultados, y desecharlos y luego desarrollar métodos efectivos.

El que preside tiene la responsabilidad principal de observar la cosecha, encontrar las áreas donde la gente es más receptiva al evangelio, y entrenar y enviar a los obre­ros a cumplir el mandamiento de hacer discípulos.

Sin embargo, todos debemos experimentar con el don de presidir. ¿Por qué no empezar a experimentar hoy mis­mo? He aquí algunas sugerencias.

Observe lo que necesita hacerse en la iglesia. Pruebe su capacidad como líder; haga algo. Si usted preside, ¿lo seguirán otras personas? Nunca lo descubrirá si no hace el esfuerzo. El líder tiene que ser valiente. Usted tendrá que sobresalir un poco de los demás o ellos no podrán seguirlo. Experimente con su don de presidir primero con proyectos pequeños y luego con proyectos mayores. Hay muchas tareas que podrían llevarse a cabo si usted usara su don de presidir. Siempre sea fiel si desea ganar el respeto ne­cesario de los que pudieran constituirse en sus seguidores.

Misericordia

Claro que usted es amable, pero ¿quién más lo sabe aparte de usted? Busque maneras de mostrar su amabili­dad. Tome nota de los enfermos o afligidos dentro del Cuerpo. Luego examine sus propios sentimientos para determinar cómo se sentiría si estuviera en las mismas circunstancias. ¿Qué lo animaría o lo haría sentirse mejor? Hágalo entonces para el enfermo o el afligido. Con delibe­ración muestre su misericordia. Imagínese a Jesús en su situación. ¿Encontraría El oportunidades para ser miseri­cordioso? Tal vez el Espíritu Santo le guíe en algún hecho de misericordia.

Evangelista

A menos de que usted ya tenga una idea de que tiene este don, no empiece a experimentar con él. Practique algunos de los otros dones primero, los cuales le abrirán las puertas a las oportunidades para testificar. Después experimente con el don de evangelismo. Este representa la gracia que Dios nos da para dirigir a otra persona a Cristo. Familiarícese con los pasajes bíblicos acerca de la salva­ción y con algunos métodos específicos de cómo testificar, como los que ha producido nuestro Departamento de Evangelismo.

Todos sabemos que el cristiano nacido de nuevo debe testificar, o debería estar dispuesto, capacitado y listo para hacerlo. Algunos estudios minuciosos revelan que el testi­monio se ha practicado muy poco últimamente. El análisis del trabajador del material de estudio al cual nos hemos referido como la Clínica Diagnóstica (véase Apéndice B), sorprenderá a la mayoría de los dirigentes de las iglesias porque revela cuán pocas personas participan en el evan­gelismo. Muchos feligreses tienen el don de evangelismo, cuya función es reproductora. Tenemos que descubrir quiénes son, luego prepararlos, y asignarlos en esta impor­tante tarea.

Recientemente asistí a una iglesia de 600 miembros para analizar a sus trabajadores, y los que me ayudaron en el análisis y yo descubrimos que sólo el 1.5 por ciento de la feligresía participaba en el evangelismo de un modo direc­to. Es obvio que esta iglesia necesita utilizar a un número más grande de personas en actividades evangelísticas aunque tenga que usar a los que están dedicados a funcio­nes de conservación para lograrlo.

Por lo general, no más de 10 por ciento de la feligresía de iglesias que tienen un programa efectivo de evangelismo participa en el evangelismo. En su mayoría los feligreses trabajan como ujieres, maestros de escuela dominical, miembros del coro, limpieza, administradores, etc. Las tareas de conservación que mantienen viva a la institución usan casi toda la energía de la iglesia local.

¿Qué porcentaje de los miembros de su iglesia partici­pan directamente en el evangelismo personal cada sema­na, y en la visitación dirigida a encontrar nuevos asistentes o prospectos?

Es importante que la iglesia experimente tanto creci­miento interno como crecimiento de expansión. Una meta buena para su iglesia es involucrar al 50 por ciento de los miembros en alguna responsabilidad de conservación como la enseñanza o el ministerio. Entonces, si logra que el 10 por ciento participe en el evangelismo semanal, es casi seguro que su iglesia crecerá.

Misionero

El don de misionero definitivamente cruza las fronte­ras culturales. Con resolución asóciese con grupos de otras culturas en situaciones de servicio o en que pueda testifi­carles. Explore su capacidad de aprender otro idioma.

Enseñe una clase de escuela dominical compuesta de alumnos de una minoría étnica. Examine su efectividad en dar testimonio atravesando barreras culturales. Ofrezca sus servicios a la obra misionera en los arrabales. Invite a cenar a una persona o familia de otra nacionalidad o de otro nivel socio-económico con el propósito de llegarse a conocer unos a otros, cantar, estudiar las Escrituras, y com­partir verdades espirituales. Comuníquese con las agencias del gobierno para investigar cuántos grupos minoritarios de distintas nacionalidades hay en su comunidad y dónde están localizados. Investigue cuáles son sus necesidades.

Sabiduría

¿Qué es lo que verdaderamente nos dice la Biblia res­pecto a la manera en que vivimos? ¿Qué soluciones propo­ne a los problemas de familia, iglesia, comunidad, estado, nación y el mundo? La Biblia nos asegura que si pedimos la sabiduría, estará a nuestra disposición. “Y si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, el cual da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada” (Santiago 1:5). Examine las Escrituras específicamente para ver qué dicen acerca de cómo podemos resolver los problemas. Comparta su entendimiento de estas solucio­nes bíblicas con otros cristianos, incluyendo su maestro de escuela dominical y su pastor. Luego compárelo con el entendimiento de cristianos más maduros en la fe. Pruebe su entendimiento en proyectos pequeños para que crezca su confianza en su capacidad para usar el don de sabidu­ría. No avance más aprisa de la luz que Dios le ha dado, pero busque la sabiduría y aplíquela.

Pastor

A principios de este estudio es probable que usted haya tomado el examen que intitulamos “Una representa­ción de mis dones espirituales”. Sin duda alguna usted recibió una alta calificación para el don de pastor. Tal vez esto le sorprendió. Este don es el más común entre los pas­tores de casi todas las denominaciones. El pastor cuida a las ovejas de su rebaño, las alimenta, y procura satisfacer sus necesidades y aflicciones. Asume la responsabilidad por su bien espiritual, dándoles prioridad a sus necesida­des y bienestar. Con frecuencia llega al hogar donde hay un enfermo o donde acaba de fallecer uno de sus feligreses, antes que el médico. Anima y consuela a la familia en tiempos de muerte y desconsuelo. Aconseja a los que están bajo su responsabilidad de pastor, y en muchas ma­neras contribuye a su condición espiritual, social, física, y aun económica.

Hemos descubierto que también algunos laicos tienen el don espiritual de pastor. Si usted recibió una alta cali­ficación para este don, no significa necesariamente que debe abandonar su empleo y lugar en la comunidad y debe estudiar para ser ministro. Es posible que este examen sencillo haya despertado a algunos a la realidad de que Dios los está llamando a esta tarea de vida. Pero no asuma que el examen indica que Dios nos está llamando a todos al ministerio pastoral. Usted puede ser efectivo como pastor laico.

La desventaja del pastor es que sólo puede ministrar a un grupo pequeño de personas. Tal vez no pueda minis­trarles a más de 40 ó 50 personas de una manera muy per­sonal. Si hay 100 familias en su congregación, el pastor casi tendría que trabajar día y noche para atenderlos a todos. Esto explica por qué algunas iglesias dejan de crecer antes de tener a 100 feligreses adultos que asistan con regulari­dad. Es físicamente imposible que un pastor (especial­mente si él siente que es su responsabilidad hacer todo el trabajo) ministre a una congregación de más de 100 feli­greses adultos.

La solución común a este problema es que la iglesia emplee a más personal pagado. El hecho de que una iglesia tenga personal pagado es un símbolo de prestigio. El ma­yor número de subordinados que uno tenga debe hacerlo sentirse más importante, según dice la filosofía basada sobre el “síndrome del éxito”. Y nosotros afirmamos que un personal pagado puede ser de extrema importancia cuando lo incorporamos juiciosamente en un equipo pasto­ral. Sólo hay unas pocas iglesias grandes que tienen cientos o miles de miembros que no tienen un personal pagado muy competente.

Cualesquiera que sea el tamaño de una iglesia, el per­sonal pagado está limitado a la cantidad de trabajo pasto­ral que puede desarrollar. Necesitamos en cada iglesia a más personas con el don espiritual de pastor dispuestas a ser responsables por 15 ó 20 adultos y sus familias, para proveerles alimento espiritual y atención pastoral.

Recientemente tuve el privilegio de almorzar con el señor Wilbert Eichenberger y su esposa de la iglesia Gar­den Grove Community Church en California. Me contaron que su iglesia tiene 529 pastores laicos que asisten en la obra pastoral a la feligresía de 9.000 miembros. Estos pas­tores o ministros funcionan bajo la dirección y supervisión del personal pagado.

Este es el significado del programa “descubra su mi­nisterio” para los miembros de congregaciones grandes, porque la mayoría de pastores tiene dificultad en delegar parte de “su” ministerio a sus pastores laicos, y la mayoría de los laicos consideran al pastor como un empleado pa­gado para pastorear al rebaño. Principalmente por esta razón muchas iglesias han dejado de crecer. Tenemos que encontrar la manera de lograr que 2.600 iglesias domésti­cas que tienen 74 miembros o menos, multipliquen su ministerio. La mejor manera de lograrlo es que cada uno de los laicos que tiene el don espiritual de pastor, pastoree un grupo pequeño de los feligreses.

Si uno de cada diez miembros adultos tuviera la tarea de pastorear a 10 familias, el pastor podría utilizar su tiem­po y ministerio al máximo y su iglesia crecería. Estos pas­tores laicos tendrían la responsabilidad de procurar que los miembros de su grupo asistieran a todos los cultos. A los ausentes les podrían llamar por teléfono o visitarlos personalmente para descubrir si su ausencia se debía a enfermedad, muerte u otros problemas en la familia. La información de cada persona podría archivarse en la ofici­na de la iglesia para consultar en futuros esfuerzos de mi­nisterio a esa persona. Cada uno de los miembros necesita sentir que él o ella forma parte de una comunión amante e interesada en otros.

Hay muchos negociantes en nuestras iglesias que via­jan con regularidad. Uno de los pastores laicos podría orar por ellos y comunicarse con ellos especialmente durante los viajes largos para que sientan que son parte de la iglesia aun cuando su negocio los obliga a estar fuera de la ciu­dad. Otro pastor laico puede estar encargado de los cum­pleaños y los aniversarios, enviándoles a los festejados una sencilla tarjeta de felicitación. Todavía otro pastor laico puede estar al tanto de los problemas espirituales, siempre consultando primero con el pastor. No cabe duda que la feligresía de 2.500 iglesias podría ser doblada dentro de poco tiempo, si estuviéramos suficientemente dedicados y amáramos lo suficiente como para dedicarnos a delegar tareas a muchos subpastores en la iglesia.

La lista de responsabilidades semanales del pastor lai­co debe incluir a los ausentes, las necesidades espirituales de los miembros de su grupo, emergencias, enfermedades, y nuevas circunstancias en el empleo, como jubilaciones, ceses, promociones, y otras circunstancias. Cada uno de los subpastores podría llegar temprano a la iglesia cada do­mingo lleno de anticipación para recibir a los miembros de “su” rebaño, siempre teniendo a la mano un paraguas en las temporadas lluviosas, y ayudando a los ancianos e inválidos, creando de esta manera un ambiente de emoción y gozo.

Muchos feligreses tienen las características de un pastor pero no están enseñando una clase de escuela domi­nical ni dirigiendo el coro. Necesitamos su ministerio. Los miembros de la iglesia tienen un sentido de pertenecer a una familia de extensión. Desean ser amados, apreciados y extrañados.[3]

EL DESARROLLO DE LOS DONES ESPIRITUALES

Aquí sólo he presentado un ejemplo. Aplique esta mis­ma manera de pensar a cualquier don que usted piense que pueda tener. En estos mismos momentos sería bueno hacer una lista de los dones espirituales que usted ve en su iglesia local, pero que no hemos incluido en este texto bre­ve. ¿Quiénes tienen ese don? ¿Cómo lo están usando?

Por supuesto que usted ya ha empezado a usar sus dones, pues ha estado experimentando con cuantos le ha sido posible para descubrir cuáles dones tiene. Y lo que es más, ha tomado otro paso ya que ha empezado a desarro­llar los dones que ha descubierto que tiene.

El uso de sus dones espirituales se llevará a cabo en armonía con otros miembros del Cuerpo de Cristo para que algunas necesidades específicas del Cuerpo sean satisfe­chas. Las necesidades pueden diferir de una iglesia a otra. También la variedad de dones puede diferir de una iglesia a otra, y de una denominación a otra. El uso de sus dones espirituales siempre será para el bien de todo el Cuerpo no para su beneficio personal, aunque usted recibirá su máxi­mo provecho al servir al Cuerpo del cual usted es parte. La salud de todo el Cuerpo se extiende a cada una de sus partes.

Los beneficios de desarrollar nuestros dones espiritua­les son numerosos. Enseguida mencionamos algunos de ellos:

BENEFICIOS A LA IGLESIA

1.               Cada uno de los miembros del Cuerpo colabora en ma­yor entendimiento y armonía al ir desarrollando sus dones.

2.               Toda la iglesia muestra más amor conforme los miem­bros aprenden a ser más sinceros, honestos y pacientes unos con los otros.

3.               Cada uno de los miembros conoce sus responsabilida­des espirituales. No es necesario pedir “voluntarios” a la congregación o persuadirlos a base de regaños.

4.               La humildad fingida es eliminada. Aprendemos a reconocer que Dios nos ha dado a cada uno una porción especial de gracia.

5.               Todo el Cuerpo madura. Hay crecimiento interno de espíritu, entendimiento, amor, conocimiento de la Pa­labra de Dios y uno del otro.

6.               La iglesia crece más y más al grado en que el cuerpo funcione en el uso saludable de sus dones.

7.               Ganamos almas y hacemos discípulos al invitar a per­sonas nuevas, o a personas diferentes de nosotros, a formar parte de nuestro compañerismo de amor.

8.               Desarrollamos una sensibilidad a opciones espirituales. Es normal que también mostremos interés por todos al utilizar nuestros dones espirituales; no sólo por los que son como nosotros o piensan como nosotros.

BENEFICIOS QUE YO RECIBIRÉ

1.               Conoceré la voluntad de Dios para mi servicio. Conoce­ré mis propias responsabilidades espirituales.

2.               Seré librado de la culpa que he sentido en mi esfuerzo para desarrollar ciertas funciones para las cuales Dios no me ha capacitado.

3.               Seré más efectivo como siervo de Cristo porque tendré un mejor concepto de mí mismo y de mis hermanos y hermanas en Cristo.

4.               Podré concentrarme en desarrollar el don especial que Dios me ha dado en lugar de perder tiempo en cualquier esfuerzo menos productivo.

5.               Podré organizar mi tiempo para rendir el máximo ser­vicio a Dios, concentrándome en aquello en lo que Dios me ha capacitado.

Usted puede ver que en este último capítulo no hemos tratado ni con los dones de lenguas ni con los de señales o milagros. En los capítulos que le anteceden los eruditos de nuestra iglesia han presentado una excelente exégesis bíblica sobre estos dones. Sería de muy poco provecho discutirlos de nuevo, especialmente en un estudio de intro­ducción tan breve como este.[4] La Iglesia del Nazareno no cree que el hablar en lenguas o idiomas desconocidos es significativo para el desarrollo de nuestra vida y conducta religiosas. No reñimos con los que han aceptado esta ense­ñanza; sencillamente no la incluimos en nuestra filosofía de ministerio ni en nuestra misión. No creemos que ningu­na señal física es necesaria para demostrar que hemos reci­bido al Espíritu Santo en su plenitud santificadora. Cree­mos que los dones de lenguas y de señales en general no son productivos, y que algunas veces crean disensión entre los que han recibido la gran comisión de discipular a las naciones.

En las primeras páginas de este capítulo menciona­mos que los dones pueden ser fingidos. Nuestro interés de largo alcance es llegar a tener “el fruto del Espíritu”.

EL ABUSO DE LOS DONES

Todos los que escriben sobre el tema de los dones espi­rituales aclaran que surgen algunos abusos en las congre­gaciones cuando éstas estudian los dones espirituales por largo tiempo. Estos abusos pueden resultar de darle un énfasis exagerado a los dones, o de un énfasis deformado. Sin embargo, estos abusos resultarán de todas maneras en algunas iglesias. Tenemos que velar para no caer en ciertos abusos.

Exaltación de un don específico

El Dr. C. Peter Wagner dice que un abuso común es el de la “exaltación de un don específico”.5 Esto sucede cuando uno de los dones recibe importancia y énfasis in­merecidos, lo que se debe a un sistema de evaluación de los dones. Algunas personas consideran que el don que ellos tienen está en uno de los niveles más altos de la espi­ritualidad. Otros dones son considerados menos importan­tes. Esta deformación ocurre cuando la congregación trata de determinar cuál es el mayor de los dones. Como conse­cuencia, el individuo que tiene ese don es glorificado en lugar de Dios, el Cuerpo no aprovecha nada, y los dones se constituyen en medios hacia un fin de la condición espi­ritual.

Proyección de un don específico

El Dr. Wagner dice que otro de los abusos comunes es el de la “proyección de un don específico”.6 El problema de la proyección ocurre cuando los feligreses no reconocen la razón de sus logros espirituales sobresalientes. Errónea­mente creen que la razón de estos logros es su amor y devo­ción a Dios. Por lo tanto, asumen que cualquier persona puede duplicar esos logros, si tiene suficiente fe, amor, de­voción y otras características. Esto resulta en que muchos cristianos que no tienen este don en particular se sientan culpables, inadecuados e inferiores. Los “proyectadores de dones” no toman en cuenta que están capacitados para hacer lo que hacen porque tienen dones y habilidades espe­cíficos que Dios les ha dado. Sus logros no se deben única­mente a su amor y devoción a Dios. Cada uno de nosotros somos responsables sólo por el desarrollo y el uso de nues­tro don, y dones, espirituales.

Un cuerpo está compuesto de cada una de sus partes. No todos podemos ser pies o manos —algunos tenemos que ser párpados y codos. Usted es responsable por su fun­ción como codo. Tiene que funcionar adecuadamente para que las partes del brazo y del antebrazo funcionen a su capacidad máxima.

Negligencia de un don específico

No podemos descuidar nuestro don espiritual por te­mor, inferioridad, o pereza. Este es uno de los abusos más serios. Dios le ha dado a usted un don, o tal vez varios dones, con un propósito muy especial. Lo ha equipado con las herramientas necesarias para el trabajo que sólo usted puede hacer.

Su corazón es un músculo. Si usted descuida hacer ejercicios que le den fuerza al corazón, dañará todo su cuerpo. Su corazón es un músculo que debe ser desarro­llado y mantenido para que tenga una vida normal. El don espiritual que usted tiene llega a ser como una parte no usada del cuerpo cuando no lo utiliza. Entonces se atrofia y esto le causa daño a todo el cuerpo.

En su libro intitulado Los dones del Espíritu, W. T. Purkiser presenta este excelente resumen:

Todos los dones espirituales tienen un solo propó­sito: edificar el Cuerpo. En este sentido, todos son igua­les. “Pero a cada uno le es dada la manifestación del Espíritu para provecho” (1 Corintios 12:7).7

LOS BENEFICIOS EXCEDEN A LOS ABUSOS

Entre las historias extraordinarias de la vida y con­ducta espirituales que me ha facilitado el Departamento de Evangelismo, encontré que el siguiente testimonio de la señora Sarah Castle es típico al de muchas personas que han desarrollado su don evangelístico.

Después de varios años de estar casados y dedicados a los valores materialísticos, su esposo y ella fueron gana­dos a Cristo a través del ministerio de evangelismo perso­nal de Wayne Sharpes. Su desarrollo espiritual empezó lenta pero positivamente. Los clientes del salón de belleza en que ella trabajaba notaron el cambio radical y con fre­cuencia inquirían sobre lo acontecido. Varios de ellos de­cidieron visitar la iglesia de la señora Castle. Luego, ella recibió la invitación para prepararse en el ministerio de evangelismo personal. Aunque al principio no quería ha­cerlo, empezó a aprender cómo hacer evangelismo perso­nal. El señor Castle también asistía a las sesiones de entre­namiento y empezó a emplear lo que había aprendido en su trabajo. También le satisfacían las tareas que llevaban a cabo en las sesiones, pero no le gustaba hacer el evange­lismo de hogar. Era un buen testigo de Cristo en su trabajo secular.

Luego sucedió que cierta noche, a uno de los equipos de evangelismo le hacía falta a una persona más, y él fue con su esposa para ayudar. Era aparente que Dios había ungido a esta pareja, pues las almas eran salvadas a través de su ministerio. Fueron estimulados a tal grado que este equipo de esposo y esposa evangelizó en los hogares tres noches por semana, durante todo el verano. El domingo por la mañana y por la noche estaban en la iglesia dándo­les la bienvenida a los nuevos cristianos, a quienes lleva­ban también al culto de oración.

Cierta noche los esposos Castle recibieron la tarea de visitar a una familia, a cuyos padres reconocieron como amigos íntimos de años pasados, y compañeros de vicio; no los habían visto en cuatro años. Lucharon internamen­te con esta tarea; la verdad era que no querían visitar a esta familia. ¿Cómo sería posible que esta familia se inte­resara en el evangelio de Cristo? Sin embargo, hicieron la visita, y se sorprendieron cuando descubrieron que el Es­píritu Santo ya había empezado a trabajar en la vida de sus amigos, especialmente en la vida del esposo quien había estado escuchando las predicaciones del evangelista Billy Graham en la televisión. Cada vez que Billy Graham oraba, el señor se arrodillaba cerca del televisor y oraba juntamente con él. Pronto los amigos de los esposos Castle fueron gloriosamente salvados.

Aquella noche en particular señaló el principio de varios acontecimientos maravillosos. El pastor y otros ami­gos cristianos extendieron a los nuevos convertidos todo su amor y cuidado. Desde aquella noche, estos nuevos cristia­nos ganados por los esposos Castle, han ganado a más de 40 personas para Cristo en sus hogares o a través de su testimonio personal.

Hoy los esposos Castle enseñan una clase de escuela dominical para los recién convertidos y participan en el trabajo de conservación de estos convertidos. ¿Cuántas personas como Sarah Castle cree usted que hay en cada una de nuestras iglesias? Sería como una gran celebra­ción de Navidad si pudiéramos encontrar la manera de desenvolver nuestros dones espirituales y emplearlos bajo la unción del Espíritu Santo en la edificación del reino de Cristo.

PARA DISCUSIÓN

1.  ¿En qué forma cumplen sus tareas y responsabilidades los miembros de su iglesia?

2.  ¿Cómo desarrollaría un plan nuevo para doblar el nú­mero de maestros de escuela dominical a través del reclutamiento, el entrenamiento y la utilización de los jóvenes en la secundaria y en el colegio?

3.  ¿En qué otras maneras podemos comunicarles a los niños y a los jóvenes el sentido de dedicación a la Gran Comisión?

4.  ¿Quiénes tienen los dones de servir y de hospitalidad en su iglesia? Después de haberlos nombrado, conteste la pregunta: ¿En qué fecha les expresé mi apreciación a estas personas?

5.  Haga una lista de las distintas maneras en que el don de presidir necesita utilizarse en su iglesia. ¿Qué pue­den hacer usted y otros adultos para afirmar a los jóve­nes que aparentemente tienen el don de presidir?

6.  Nombre a las personas de su iglesia que tienen el don de pastor. ¿Cómo podrían los pastores laicos librar a su pastor para que él se concentre en la preparación de evangelistas personales y a traer a personas nuevas a la iglesia? ¿Cuáles tensiones resultarían? ¿Cómo puede usted anticipar estas tensiones y preparar a algunos feligreses de antemano para librar al pastor de algunas de sus responsabilidades?

7.  Discuta cómo más laicos pueden ser entrenados y utili­zados en el ministerio de evangelismo personal. ¿Cuáles fueron los momentos de decisión importantes en la vida de los esposos Castle?

PARA LECTURA ADICIONAL
Dudley, Carl S. Making the Small Church Effective. Nashville: Abingdon Press, 1978.
MacNair, Donald J. The Birth, Care, and Feeding of a Local Church. Grand Rapids: Baker Book House, 1971.
McGavran, Donald A.; y Arn, Winfield C. Ten Steps for Church Growth. San Francisco: Harper and Row, Publishers, 1977.
Rich, Marion K. Discovery: The Art of Leading Small Groups. Kansas City: Beacon Hill Press of Kansas City, 1978.
Schaller, Lyle E. The Decisión-Makers. Nashville: Abing­don Press, 1974.
Shanafelt, Ira L. The Evangelical Home Bible Class. Kan­sas City: Beacon Hill Press of Kansas City, 1969.
Wiseman, Neil B. Leadership. Kansas City: Beacon Hill Press of Kansas City, 1979.



[1] Estos datos se refieren a los distritos domésticos.

[2] Se refiere a los que presiden

[3] Para un plan más documentado sobre el empleo de pastores laicos en la iglesia, véase el libro del Dr. Millard Reed intitulado Let Your Church Grow. Consígalo de la Casa Nazarena de Publicaciones.

 

[4] Para una presentación más completa de un taller sobre dones espiri­tuales, le sugerimos la obra intitulada Spiritual Gifts Workshop del Dr. Raymond W. Hurn. Pídala a la Casa Nazarena de Publicaciones. Incluye un cuaderno para el instructor que desarrolla a fondo la base escritural de todos los dones espirituales, como también 10 cuadernos de trabajo para los alumnos que pueden llenarse mientras el instructor da la lección co­rrespondiente.