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TRES
CARTAS DE PABLO:
Los Dones Espirituales son
Para
Hacer Discípulos
por Paul R. Orjala
En sus cartas a tres
iglesias jóvenes en Roma, en Corinto y en Éfeso el apóstol Pablo indicó
su profunda preocupación por un equilibrio saludable en el ejercicio de los dones
espirituales. El tenía un hondo deseo de que estas iglesias no sólo enfocaran sus dones
espirituales hacia ministerios dentro del Cuerpo de Cristo, sino también de que
desarrollaran ministerios que les permitieran hacer contacto con otros, para cumplir su
misión de hacer discípulos.
LOS DONES ESPIRITUALES
FUNCIONAN TANTO ADENTRO
COMO AFUERA DE LA IGLESIA
Probablemente hay sólo un
don que pueda ser clasificado exclusivamente con un don evangelizante, y es el
don del evangelista (Efesios 4:11). Sin embargo, aun ese don tiene un ministerio dentro
del Cuerpo de Cristo, por cuanto mantiene a todo el Cuerpo al tanto de la importancia,
las oportunidades, y los medios de evangelismo.
Por otro lado, el
evangelismo no es la función exclusiva de los que tienen el don del evangelismo, sino
que es la función de todo el Cuerpo. A primera vista, el resto de los dones que aparecen
en las listas de estos tres pasajes clásicos sobre los dones espirituales podrían
aparecer como que los hemos de clasificar sencillamente como dones para continuación
y apoyo, como en efecto lo son primordialmente. Como tales, estos dones para
continuación estarían relacionados al contacto evangelizante del Cuerpo cuando menos
en estas tres maneras: (1) Ministran a los que están involucrados en
contacto-evangelismo, y de esa manera ayudan a que su contacto sea efectivo; (2) preparan
a los trabajadores para que se involucren en ministerios de contacto-evangelismo (como
por ejemplo el don de la enseñanza); y (3) sirven como ministerios adjuntos en la tarea
de hacer discípulos y de cuidar a los que son traídos al Cuerpo mediante el evangelismo.
Sin embargo, una inspección
más cuidadosa de estos dones de mantenimiento nos lleva al jubiloso descubrimiento de
que todos los dones tienen la capacidad de enfocar directamente en la tarea
evangelizante de la iglesia en una manera u otra. En un sentido muy profundo, todos los
cristianos están llamados a salir del mundo para ser miembros del Cuerpo de Cristo, a
fin de ser enviados de regreso al mundo, como testigos del evangelio.
TODOS LOS DONES ESPIRITUALES
PUEDEN ENFOCAR EN EL
MINISTERIO EVANGELÍSTICO DE
LA IGLESIA
El principio de la unidad
del Cuerpo requiere que ninguno de los dones funcione aislado de los otros, ni siquiera
el don del evangelista. Lo que es más, muy pocas veces alguien es ganado a Cristo
mediante la influencia exclusiva de una sola persona. Generalmente una conversión es el
producto del ministerio de muchas personas, que a veces difieren mucho entre sí. Pablo
les recordó a los corintios: Yo sembré la semilla, Apolos regó, pero Dios es el
que la hizo crecer. De manera que ni el que siembra, ni el que riega, son nada; pero
Dios es todo, pues él hace crecer la planta. Los que siembran y los que riegan son
iguales, aunque Dios pagará a cada uno según su trabajo. Somos compañeros de trabajo
al servicio de Dios, y ustedes son como el terreno que Dios está trabajando. O también,
ustedes son como un edificio que Dios está construyendo (1 Corintios 3:6-9, VP).
En la última sección de
este capítulo haremos un estudio detallado de cómo cada uno de los dones puede
enfocarse o aplicarse al ministerio de contacto-evangelismo de la iglesia, pero una
inspección rápida de cada uno de los dones que aparecen en los tres capítulos,
inmediatamente nos hace pensar en casos, tanto en el Nuevo Testamento como en la vida
cotidiana de la iglesia, en los que estos dones funcionaron y funcionan dinámicamente
para evangelizar. Aun dones tales como el gobierno, la administración, y las
contribuciones financieras pueden servir para facilitar ministerios, para asegurar que el
evangelismo seguirá ocurriendo a través de la acción del Cuerpo.
LOS DONES ESPIRITUALES
SIRVEN A TRAVÉS DE
CANALES
¿Por qué, podría alguien
preguntar, la música no es incluida en las listas de dones espirituales? Obviamente Dios
usa la música para ministrar tanto dentro como fuera de la iglesia. Parece ser una
herramienta poderosa para el evangelismo, a un lado de la predicación, el testimonio
personal, los diversos medios de comunicación electrónica, y la página evangelística.
Parecería que hay dos
razones por las que la música no es incluida como un don espiritual. En primer lugar, su
forma presente en la que es usada en la adoración y el evangelismo es un desarrollo
moderno, que era desconocido en los tiempos del Antiguo Testamento y de la iglesia
primitiva. Lo que es más importante, probablemente la música deba ser vista como un
canal para el ejercicio de dones, más que como un don espiritual en sí misma. Los
cristianos pueden ministrar profética o evangelísticamente a través de la música,
especialmente mediante el canto; y otros dones como el del estímulo, también pueden ser
expresados a través de este canal.
En cuanto a si hay más
dones espirituales, además de los que son mencionados en los tres pasajes del Nuevo
Testamento, que puedan enfocar en ministerios de contacto y evangelísticos,
posiblemente podríamos identificar algunos. Ninguna de las tres listas de dones es
exhaustiva, lo cual debería hacernos cautelosos en cuanto a estereotipar las definiciones
de dones espirituales, o de listas de ellos. Por otro lado, es probable que algunos de los
dones que nosotros querríamos añadir, podrían ser incluidos merced a una
comprensión más flexible de lo que algunos de los dones espirituales incluidos podrían
incluir en cuanto a formas de ministerio.
LOS DONES ESPIRITUALES
FUNCIONAN TANTO PARA
SERVICIO COMO PARA
TESTIMONIO
A juzgar por el alcance
total de los dones espirituales en las listas del Nuevo Testamento, debemos concluir que
la intención de Dios es que los ministerios de alcance y evangelismo del Cuerpo incluyen
ambos, evangelismo e interés social (incluyendo la acción social en ocasiones
apropiadas). El testimonio y el servicio no son ministerios que compiten, sino ministerios
que se complementan. Algunos liberales, a guisa de ministrarle a todo el hombre o
a toda la persona, terminan minstrando sólo a las necesidades sociales y
materiales, y descuidando la necesidad más grande, que es la de la salvación.
En el otro extremo, hay
cristianos ultrafundamentalistas que se dejan asustar por el espectro del
evangelio social al grado que terminan en el rincón opuesto, donde su sentido
de responsabilidad va muy poco más allá de tratar que las personas entren al reino de
Dios. En esta generación estamos principiando a retornar a una filosofía equilibrada, de
esto y lo otro también, como desplegaron nuestros predecesores espirituales,
en el principio del movimiento de santidad en el siglo XIX.
EL MANDATO CULTURAL
Una manera de expresar ambos
lados de la responsabilidad cristiana es hablando del mandato cultural y el mandato
evangelístico (misionero). El mandato cultural está relacionado al estilo de vida
cristiano, y habla de cómo espera Dios que vivamos al cumplir nuestra responsabilidad
social con nuestro prójimo. Las raíces del mandato cultural datan del Antiguo
Testamento, de cuando Dios le dio al hombre la responsabilidad de sojuzgar la
tierra y sus criaturas (Génesis 1:28), y de cuando, después del diluvio, Dios amplió
el mandato para que incluyera también la mayordomía del hombre sobre las vidas de los
otros miembros de la raza humana (Génesis 9:1-7).
Jesús añadió su
aprobación de este concepto al ligar al gran mandamiento (amarás al Señor tu
Dios.) un segundo mandamiento: Amarás a tu prójimo como a ti mismo
(Mateo 22:36-39, citando de Deuteronomio 6:5 y de Levítico 19:18). El Señor definió con
más precisión lo que este amor al prójimo mediante su historia del Buen Samaritano
(Lucas 10:30-37), y mediante su famoso pasaje de en cuanto lo hicisteis
(Mateo 25:31-46), en el que los verdaderos creyentes son descritos ministrando a los
hambrientos, los sedientos, los extranjeros, los que no tienen ropa, los enfermos y los
encarcelados. Para estar seguros de que el Cuerpo de Cristo se involucra en mitigar esas
necesidades, Dios ha dado dones especializados para hacer contacto y servir, no sólo para
el desempeño de esos ministerios, sino también para mantenernos a todos los demás
conscientes de la necesidad de participar en ellos, como una parte de nuestro estilo
cristiano de vida.
EL EVANGELISTA
El mandato evangelístico (o
misionero) es enunciado en la gran comisión, en sus diversas formas en los Evangelios y
en Hechos. En su forma más sencilla puede ser postulado como el mandato de hacer
discípulos (Mateo 28:19). Aquí tenemos la esencia de la misión de la
iglesia. Implícita en este mandato está también la orden de plantar iglesias, puesto
que el bautizar y el enseñar son funciones de la iglesia. Los que tienen el don del
evangelista dan dirección en la iglesia en la tarea de buscar y salvar a los
que están perdidos (Lucas 19:10). El don del apóstol, como veremos después, puede ser
interpretado parcialmente como que está involucrado en la tarea implicada de plantar
iglesias.
¿Cómo podemos mantener el
equilibrio bíblico debido? En primer lugar, reconociendo que el Espíritu Santo es el
Único que da los dones como él quiere (1 Corintios 12:11). Si El les da a algunos
creyentes varios dones para que los desempeñen en ministerios de servicio, así es
como ellos deben funcionar en el Cuerpo y para el Cuerpo. Si el Espíritu les da a otros
ciertos dones para que los desempeñen en ministerios evangelísticos, ésta es el
área primordial de su responsabilidad con el Cuerpo.
Por otro lado, no debemos
permitir que la doctrina de los dones espirituales se vuelva una avenida de escape que nos
exima de responsabilidad en algunas de las áreas en las que obviamente no tenemos los
dones que otros tienen. Ya hemos afirmado que el estilo cristiano de vida (tal como es
descrito en docenas de pasajes bíblicos) requiere de nosotros que seamos sensibles y
obedientes en cuanto a cumplir el mandato cultural, independientemente del hecho de que
algunos cristianos tengan dones que los capaciten a ministrar a las necesidades físicas
y sociales de los necesitados, mucho más allá de lo que nosotros podemos hacer, y con
mayor éxito.
Lo mismo es cierto en cuanto
al mandato evangelístico: todos los cristianos hemos sido llamados a ser testigos
(Hechos 1:8), como parte de nuestro estilo cristiano de vida; sin embargo, algunos que han
recibido el don del evangelismo logran resultados mucho más grandes que los nuestros.
Peter Wagner ha descrito esta relación en una manera muy útil para comprender mejor; la
define como la diferencia entre el don (que ayuda a definir el foco de ministerio
para los individuos dentro del Cuerpo) y el rol (que identifica a los diversos
componentes del estilo cristiano de vida en el cual todos los creyentes estamos
involucrados).
LOS DONES Y LOS ROLES
ESPIRITUALES DEFINEN LA
ESFERA DE MINISTERIOS
¿Cómo nos afecta esto a
cada uno de nosotros? Podemos hacer un resumen de todo ello en términos de tres niveles
de ministerios que funcionan adentro y afuera del Cuerpo de Cristo.
1.
Ministerios
intrínsecos
Aquí nos referimos a
ministerios que todos los cristianos tienen en común. También podríamos llamarlos ministerios
de estilo de vida, puesto que son parte de lo que significa ser cristiano. Un
cristiano se interesa, ayuda, da, estimula, sirve, tiene compasión y testifica. Todos los
cristianos deben cultivar estos ministerios. Se dirigen tanto hacia adentro como hacia
afuera del Cuerpo de Cristo.
2.
Ministerios para
la vida del Cuerpo
Estos ministerios (Romanos
12 y 1 Corintios 12) son diferentes para cada cristiano ya que el Espíritu Santo
desarrolla estos dones espirituales especiales en nosotros. No todos los cristianos tienen
estos dones, así que debemos ejercer nuestros dones que tenemos en particular, para el
beneficio del Cuerpo de creyentes y el ministerio de éste en el mundo. Algunos de estos
dones se adaptan especialmente para la tarea evangelizante de la iglesia, pero todos
ellos deben enfocar en una manera u otra en los ministerios por los cuales la iglesia hace
contacto y evangeliza.
3.
Ministerios de
liderismo
Los ministerios de liderismo
(Efesios 4:11) no sólo funcionan directamente adentro y afuera de la iglesia, sino que
también guían a la iglesia, le dan visión y la entrenan a fin de que no carezca de
ningún ministerio esencial. Los ministerios de liderismo son los del apóstol, el
profeta, el evangelista, el pastor y el maestro. Funcionan con un propósito doble: (1)
equipar a los santos para la obra del ministerio, y (2) edificar el Cuerpo de Cristo
(Efesios 4:12). Estos ministerios de liderismo casi inevitablemente involucran a
personas que tienen un ramillete, por así decirlo, de dones espirituales. El propósito
de los ministerios de liderismo no es quitar el ministerio de las manos de los laicos,
sino multiplicar el ministerio y darle dirección. Parte de la dirección que el conjunto
de los cinco ministerios de liderismo le dan al Cuerpo es un equilibrio entre el
mantenimiento (o perpetuación) y alcance-evangelismo. Estos dones de liderismo necesitan
ser ejercidos en la iglesia local y también en los niveles más altos de organización
de la iglesia, para ayudar a la iglesia a ser la iglesia.
MINISTERIOS DE
ALCANCE-EVANGELISMO DEL CUERPO
DE CRISTO
Enfoquemos ahora nuestra
atención en los dones individuales, y en cómo pueden ser enfocados o dirigidos
a los ministerios de alcance-evangelismo del Cuerpo en el mundo, teniendo presente que
los ministerios de servicio y de testimonio se complementan y ayudan mutuamente, en
el cumplimiento de la meta principal e inclusiva de hacer discípulos, que es la misión
de la iglesia. Por conveniencia, estudiaremos los dones en cinco grupos, de acuerdo a sus
funciones para la tarea evangelizante de la iglesia.
1.
Los dones que
facilitan
Esta primera sección
incluye el liderismo, la administración, la enseñanza, y dar. Puede decirse que
contribuye a la tarea evangelizante por cuanto la hacen posible.
El liderismo mantiene
la atención puesta en metas y prioridades para asegurarse de que la iglesia no
está funcionando meramente como un fin en sí misma. El liderismo también se asegura
de que la iglesia está trabajando para cumplir ambos mandatos: el cultural y el
evangelístico. El liderismo ayuda a hacer planes en esa dirección, examina los
resultados, y luego modifica los planes si es necesario para que en efecto la iglesia haga
discípulos y ministre a los necesitados. La diligencia debe caracterizar el
funcionamiento adecuado de este don.
La administración trabaja
para la coordinación y cumplimiento de los planes de extensión de la iglesia. Cuando
éstos se estancan o se desvían, la administración descubre dónde está el
problema y ayuda a poner todo otra vez en movimiento, a fin de que la iglesia no se
deslice a un estado pasivo. Trata de ver por delante, y de ayudar a proveer para el
futuro, a fin de que las facilidades y la organización necesarias estén dispuestas
para lograr las oportunidades máximas de extensión del Cuerpo.
La enseñanza mantiene
en funcionamiento los programas de entrenamiento, a fin de que los dones individuales
puedan ser adecuadamente desarrollados para lograr la participación cabal en los
ministerios de extensión para los que esos individuos sean idóneos. La enseñanza mantiene
una corriente de información a fin de que los feligreses sepan cuáles son las
necesidades y oportunidades presentes, para que ellos puedan responder participando con
sus dones. La enseñanza también puede participar directamente al entrenar a hombres y
mujeres para que se ayuden a sí mismos en algunas áreas de necesidades materiales y
sociales, y también (la enseñanza) puede enfocar directamente en el evangelismo (como
por ejemplo en una clase de escuela dominical) al ayudar a los educandos a aprender el
contenido del evangelio, y al motivarlos a desarrollar una obediencia completa que les
permita aceptar a Cristo como su Salvador. La prueba de la verdadera enseñanza es que
los educandos respondan y aprendan.
Es obvio que dar (o
contribuir) puede hacer posibles muchos resultados al proveer los fondos necesarios para
que haya programas de extensión debidamente equilibrados con programas de
mantenimiento. La característica de dar como don espiritual es que se hace generosamente.
2.
Los dones que
ministran
Los dones de ministerio
incluyen: servir, estimular, misericordia (o compasión), ayudar y el cuidado pastoral.
Estos dones, aliados con los dones de señales que estudiaremos en la siguiente
sección, funcionan en una área que pudiera ser llamada de ministerios compasivos. Están
dirigidos a esa área de extensión que está más directamente relacionada a mitigar
las necesidades sociales y físicas incluidas en el mandato cultural. Ayudan a confirmar
el evangelio que compartimos, y dan un ejemplo vívido del estilo cristiano de vida, que
es el de amor que se da a sí mismo. Estos dones logran que las personas desarrollen una
actitud de estar listas a responder a las demandas del evangelio y a entregarse a Cristo
Jesús.
La diferencia entre el don
de servicio y el don de ayuda generalmente se explica diciendo que el
servicio es más general y ayudar es más personal. Servir es una habilidad rara de ver
las necesidades de otras personas y de mitigarlas, mientras que ayudar es una habilidad
rara de hacer posible que otras personas cumplan sus tareas (y que se sientan felices al
hacerlo). Estos dos dones pueden abrir la puerta para el testimonio, o facilitar el
ministerio de la persona que tiene el don del evangelista, al encargarse de detalles tales
como la conservación de datos.
La misericordia, o compasión,
ha de ser ejercida con alegría, a fin de que pueda ser un testimonio de la cualidad
de vida que el evangelio produce. Demuestra la ternura y sensibilidad del amor
cristiano, y le da a los que lo contemplan un poquito del compañerismo
precioso que se encuentra en el círculo de amor de la iglesia. A veces eso los trae al
Señor. El cuidado pastoral (Efesios 4:11) es uno de los cinco dones de liderismo,
y le da énfasis al sentido de responsabilidad que la persona que lo posee, tiene de
mantenerse al tanto de la gente y de sus necesidades, alegrías y penas, y de encontrar
maneras apropiadas para mitigar tales necesidades. Frecuentemente este don es un medio por
el cual los seres humanos son atraídos a la familia de Dios, y persuadidos a unirse a
ella. Por cierto este don no está reservado a pastores de iglesias; muchos laicos han
recibido el don de tener un corazón de pastor.
3.
Los dones de
señales
Los dones de fe, sanidad,
milagros y discernimiento de espíritus forman esta categoría. Los primeros tres dones de
este grupo frecuentemente son llamados dones de señal, o dones-señal porque tienen
cierto parecido a los milagros de Cristo que son llamados señales en el
Evangelio de Juan (10:41). El don de discernimiento sencillamente queda mejor aquí que
con los otros dones.
En Mateo 11:2-6, donde
leemos que Juan el Bautista desde la prisión envió a sus discípulos a preguntarle a
Jesús si El era el Mesías esperado, el Señor les dijo a éstos que regresaran con su
maestro y le dijeran lo que habían visto y oído: milagros de sanidad y de resurrección
y la predicación del evangelio a los pobres. Sus milagros como demostraciones del poder
de Dios eran señales de Quién era El y la clase de reino que estaba principiando. En la
iglesia primitiva, los poderes milagrosos que los apóstoles demostraron, lograron un
propósito similar de darles autenticidad.
Es interesante que en la
historia de las misiones (y aun hoy), cuando el evangelio es anunciado por vez primera
entre los miembros de cierto grupo o tribu, no es inusitado que ocurran milagros de
sanidad y de otras clases. El hecho de que esto suceda generalmente entre personas que
sólo tienen una tradición oral (sin un lenguaje escrito, y por ende, sin la Biblia), es
también muy interesante, pues los milagros sirven como una comunicación sin obstáculos,
y una prueba de autenticidad de que Dios está obrando a través de sus hijos.
Si bien estamos justificados
en tener cautela en cuanto a declarar que estos dones y sus efectos están apareciendo
en nuestro día, no debería sorprendernos que Dios quiera manifestarse de esa manera.
Sin embargo, parece que están sujetos a mucho abuso e interpretaciones erróneas. Cuando
se le atribuye la gloria a Dios, estos dones pueden tener un efecto poderoso en atraer a
la gente al evangelio, así como en sanar sus enfermedades y mitigar otras necesidades.
Estos dones frecuentemente son considerados como que no son permanentes, sino que han sido
dados para sanidades y milagros específicos, y que no se han de repetir. No hay mucho que
decir en cuanto a estos dones, pues en efecto no sabemos mucho de ellos, excepto
reconocerlos cuando se manifiesten.
El discernimiento de
espíritus también es raro, si bien no tanto como el anterior, pues nos permite
distinguir entre lo que es genuino y lo que es falsificación, para la edificación
del Cuerpo. Es una protección para el pueblo de Dios cuando alguien está tratando de
engañarlo. En su aspecto positivo, nos capacita para identificar a un verdadero
cristiano, con una certidumbre inexplicable, que desarrollamos antes de que hayamos
podido ver cualquier medio normal de confirmación. Cuando Dios da este don, se vuelve muy
útil para los ministerios de extensión.
4.
Los dones de
comunicación
La profecía, la sabiduría,
el conocimiento, los idiomas y la interpretación de idiomas constituyen esta área vital
de dones de comunicación.
La profecía, o profetizar,
es el don de proclamar el mensaje o interpretar la verdad de Dios para una ocasión dada y
para los individuos involucrados en ella. Puede incluir la capacidad de declarar
anticipadamente un suceso o evento, pero más frecuentemente significa la declaración
del consejo de Dios. Puede ser ejercido en público o en privado. Tiene el efecto de que
los oyentes sientan que Dios les está hablando directamente y a su situación en
particular. Cuando la predicación alcanza su potencial más alto, tiene un elemento de
este don, pero el don puede ser ejercido por otros medios además de la predicación. El
doctor W. T. Purkiser escribe: La parte de Dios es darnos su unción; la nuestra es
la de proveerle algo qué ungir mediante nuestro estudio, meditación y oración.1
Pablo declara: si el (don es) de profecía, úsese conforme a la medida de la
fe (Romanos 12:6).
El conocimiento y la sabiduría
como dones espirituales generalmente son interpretados como un contraste, y se dice
que representan la percepción y la aplicación. Dios les da el don a ciertos miembros de
la iglesia de una habilidad extraordinaria para razonar o pensar conceptualmente, y a
otros miembros les da la capacidad de traducir tales conceptos en acción y resultados. La
iglesia definitivamente necesita ambas clases de personas para aplicar sus talentos en
la extensión y evangelización. Necesitamos pensadores para el crecimiento de la
iglesia que nos guíen y nos instruyan, pero especialmente necesitamos
practicantes del crecimiento de la iglesia, que traigan a muchos seres
humanos al Cuerpo de Cristo, al ser usados por el Espíritu.
El don de lenguas del
que leemos en Hechos fue obviamente un don de profecía funcionando para cruzar
barreras de culturas y de idiomas: Dios milagrosamente les dio palabras para hablarle a
personas cuyo lenguaje materno era diferente del idioma de los que hablaban. El don de
lenguas mencionado en 1 Corintios 12 al 14 es un don de comunicación también, puesto que
Pablo prohíbe el uso de lenguas en cualquier manera que impediría la comunicación.
Hay diferencias de opinión en cuanto a los detalles de la manera en que este don ha de
ser entendido en nuestro día, pero de una cosa no hay duda alguna, Pablo condenó el
uso equivocado que le dieron los corintios en su día.
Muchas personas creen que el
equivalente moderno del don de lenguas es esa habilidad extraordinaria que Dios les da a
algunos misioneros, gracias a la cual aprenden y usan un idioma, que no era el de ellos,
para comunicar el evangelio con resultados extraordinarios en el evangelismo y en la
edificación de la iglesia. Es un hecho extraordinario el que la investigación
lingüística contemporánea sobre la glossolalia (hablar en lenguas), entre grupos
cristianos y no-cristianos, no ha podido producir ni un solo caso documentado en el
que el hablar en lenguas fue identificado como el hablar en un lenguaje natural que el
individuo no había aprendido.
La interpretación de
lenguas es asimismo un don que ha sido explicado en diversas maneras en nuestro día.
Lo que se cree que este don es, generalmente depende de lo que se cree que es el don de
lenguas. Empero, cuando menos, su sentido bíblico es que este don sirve para lograr que
el mensaje de Dios sea comunicado a personas que no pueden entenderlo cuando es
pronunciado o dado originalmente. Toda persona que haya viajado a un país donde se
habla un idioma diferente al suyo, se da cuenta de la importancia de este don. El
mensaje de Dios tiene que ser comprendido antes de ser creído y obedecido. El don
de interpretación, tanto en su sentido limitado como en su sentido amplio, es vitalmente
necesitado en nuestro día, en el que los ministerios étnicos reciben nueva
importancia, y en el que las oportunidades para las misiones mundiales y domésticas
van en aumento. Nunca hemos necesitado más las pericias lingüísticas y culturales,
saturadas por el poder del Espíritu Santo.
5.
Los dones para
el crecimiento de la iglesia
Estos dones son solamente
dos: el don del evangelista y el don del apóstol.
El don del evangelista se
enfoca en la meta de la misión de la iglesia: hacer discípulos (Mateo 28:19). No todos
los cristianos tienen este don (como en el caso de los otros dones), pero todos los
cristianos hemos de funcionar como testigos, y de desarrollar nuestro talento para guiar a
otros al Salvador, en la medida en que la oportunidad se nos presente. La combinación de
este don con otros determina si ha de ser usado a través de la predicación, o en el
evangelismo personal, o en ambos. Es tanto un don para ministros como para laicos, y
se ejerce en ocasiones públicas y privadas. La prueba de este don es que hombres y
mujeres en efecto se vuelvan cristianos gracias a los esfuerzos del evangelista (en este
sentido significa la persona que usa el don del evangelismo). Hay miles y miles de
cristianos en quienes este don yace subdesarrollado, porque nunca han aprendido cómo
ejercerlo. El reconocimiento y la aplicación de este don es una de las prioridades más
altas de la iglesia de nuestro día.
El don de apóstol es
probablemente uno de los dones menos comprendidos de nuestro día porque los
protestantes generalmente han pensado que su función terminó con la muerte de los 12
apóstoles. Sin embargo, el Nuevo Testamento usa el mismo término para designar a otros
líderes principales en la iglesia primitiva, tales como Jacobo y algunos asociados de
Pablo en el ministerio misionero y de establecimiento de iglesias. El hecho es que apóstol
fue el nombre técnico para designar al misionero en las iglesias de habla griega de
los primeros dos siglos.
El significado que continúa
hasta nuestro día de este don yace en el hecho de que equipa al que lo tiene para los
ministerios pioneros en las fronteras de la iglesia, donde ésta invade al mundo. Es el
don que necesitan los líderes generales de la iglesia, ya que ellos tienen que lograr que
la iglesia siga entrando en nuevas áreas geográficas del mundo, y funcione allí. Es el
don que nos equipa para ministerios entre personas que son de otra cultura, en el nivel
de la iglesia local; es lo que nos da la visión y los medios para evangelizar a los
grupos étnicos a nuestro derredor. Es el don que forja la orientación mental del
organizador de iglesias, quien está feliz de aceptar una misión en la que no hay nadie
ni nada, y quien con la ayuda del Espíritu ve la conversión de los perdidos, y los ve
volverse miembros responsables del Cuerpo de Cristo. Obviamente este es el don que hace
que uno que aspira a ser misionero se vuelva un misionero.
Así que vemos que, aunque
hay algunos dones que funcionan primordialmente para la extensión de la iglesia, todos
los dones pueden ser enfocados o utilizados para la extensión en una manera u otra, a fin
de que el Cuerpo de Cristo logre su misión de hacer discípulos y de edificar el reino de
Dios.
PARA DISCUSIÓN
1. ¿En qué sentido es el evangelismo una
función de todo el Cuerpo?
2. ¿Por qué no está incluida la música en las
listas de dones espirituales?
3. Explique la diferencia entre el mandato cultural y
el mandato evangelístico (o misionero).
4. ¿Cuáles son los ministerios del estilo de vida?
5. ¿Cuáles son los ministerios para la vida del
Cuerpo?
6. ¿Cuáles son los ministerios de liderismo?
7. ¿Cuáles son los dones del crecimiento de la
iglesia?
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