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ROMANOS
Y 1 CORINTIOS:
Descripciones
de Nuestra Asignación
por Morris Weigelt
El entero proceso redentor es un don opulento
de Dios al pecador. En respuesta a la obediencia del hombre, Dios da su Espíritu Santo
para mejorar, enriquecer y estabilizar al creyente, para propósitos del reino.
El Antiguo Testamento presenta una amplia
variedad de metáforas que anticipan que se cumplan los propósitos de Dios entre su
pueblo. Primordiales entre esos pasajes están los que describen el día cuando la unidad
y la plenitud y la perfección serán visibles. Entonces, la edad del Mesías habrá sin
duda alguna llegado.
Los escritores del Nuevo Testamento entienden
que estas maravillosas promesas han sido ya cumplidas con la venida de Jesucristo. ¡El
Mesías de veras ha venido! La comprensión de Jesús sobre esto se refleja en el sermón
inaugural de su ministerio, en Nazaret, cuando leyó el pasaje de Isaías 61. Este pasaje
recalca la emancipación de los cautivos, la restauración de vista a los ciegos, la
liberación de los oprimidos, y la proclamación de la celebración del jubileo, y la
proclamación del evangelio a los pobres. El comentario que Jesús hizo sobre el pasaje
que había leído debe haber sacudido a todos los oyentes: Hoy mismo se ha cumplido
esta Escritura delante de ustedes (Lucas 4:21, VP).
Los cristianos primitivos reconocieron el
Día de Pentecostés como la culminación de las promesas mesiánicas.
Los que estuvieron presentes en la reunión
del Día de Pentecostés reconocieron lo que había pasado entre ellos como la
culminación de las promesas mesiánicas. Lo que Dios había prometido en la profecía de
Joel ahora era una realidad que todos podían ver, y esta unidad en la comunidad de
creyentes es comentada insistentemente una y otra vez en Hechos.
El resultado neto de esta presencia
largamente esperada pero nueva del Espíritu Santo, y de que El descendiera sobre
ellos, fue una transformación a través de la reconciliación. La introversión y el
egoísmo ya no serían la norma. Pablo expresó bien esta reorientación, al escribir:
El amor de Cristo nos obliga, ya que estamos seguros de que uno murió por todos, y
que por esto todos han muerto. Cristo murió por todos, para que los que viven ya no vivan
para ellos mismos, sino para él, que murió y resucitó por ellos (2 Corintios 5:
14-15), VP). Pablo nunca se cansó de declarar que la vida ya no era para ser
desperdiciada en deseos personales, sino para ser usada en los propósitos del reino.
LA NUEVA PRIORIDAD
Después del Pentecostés había una nueva
prioridad: la del Cuerpo de Cristo, la comunidad de creyentes. El Dios de toda
consolación... nos consuela en todas nuestras tribulaciones... por medio de la
consolación con que nosotros somos consolados por Dios (2 Corintios 1:3-4). Dios no
derrama su gracia sobre nosotros meramente para nuestro beneficio, sino para que todo el
Cuerpo se beneficie. Esta es la vena de pensamiento en la que Pablo exhortó a los
corintios: Procurad abundar en ellos (los dones) para edificación de la
iglesia (1 Corintios 14:12).
En la discusión sobre la distribución de
los dones de Cristo que tenemos en Efesios (notemos cuán fácilmente se alterna entre
Dios y Cristo y el Espíritu Santo en la discusión de los dones), el Apóstol primero
advierte que la meta primordial es completar la unidad del Cuerpo. Notemos cómo Pablo
cambia un sujeto plural en un objeto-meta singular: Hasta que todos lleguemos a la
unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de
la estatura de la plenitud de Cristo (Efesios 4:13). La misma secuencia y meta
aparecen en los versos 15 y 16, que rezan: Sino que siguiendo la verdad en amor,
crezcamos en todo en aquel que es la cabeza, esto es, Cristo, de quien todo el Cuerpo,
bien concertado y unido entre sí por todas las coyunturas que se ayudan mutuamente,
según la actividad propia de cada miembro, recibe su crecimiento para ir edificándose en
amor.
En estas discusiones de los dones del
Espíritu no hay duda alguna de que la responsabilidad primordial de los recipientes de
estos dones es contribuir al Cuerpo. Los dones son distribuidos a fin de que individuos
reconciliados puedan contribuir al crecimiento del Cuerpo. El Cuerpo tiene la
máxima prioridad.
LA ACTITUD CORRECTA
El capítulo 12 de Romanos nos da una
descripción poderosa de la actitud del miembro individual del Cuerpo de Cristo. En el
capítulo anterior Pablo ha estado discutiendo la parte del Israel nacional o físico en
los propósitos de Dios. En Romanos 11:29 el Apóstol se refiere a los privilegios que
la elección le brinda a Israel y afirma: Porque irrevocables son los dones y el
llamamiento de Dios.
El capítulo 12 principia
con un llamado a la santificación. No hay lugar para un servicio descorazonado. Las
demandas de Dios son totales y la respuesta divina es reconciliación, transformación y
renovación. La gracia de Dios fluye ahora a través del creyente obediente.
Inmediatamente después Pablo menciona en el
versículo 3 que el don de la gracia de Dios no es razón alguna para un
enorgullecimiento indebido. El Apóstol pide que cada cristiano tenga una valorización
correcta de sí mismo en la presencia de Dios y bajo su gracia. Pablo usa su autoridad
apostólica para pedirle a cada miembro de la iglesia que no tenga más alto
concepto de sí que el que debe tener, sino que piense de sí con cordura, conforme a la
medida de fe que Dios repartió a cada uno.
El problema de una auto evaluación exagerada
es resuelto rápidamente por el reconocimiento de que Dios, en su soberanía, le ha dado
a cada hombre de acuerdo a su decisión. El complemento y verbo en esta significativa
frase vienen de la misma raíz, y permitirían la siguiente traducción: Dios ha
medido una medida fija (o concedido una cantidad fija) a cada persona. La pregunta
retórica entonces se vuelve: Si Dios ha provisto estas habilidades y estas funciones,
¿quién puede usarlas como un motivo para enorgullecerse?
Es obvio que la medida de fe a la
que se alude aquí no es fe de salvación, pues ésta no es asunto de grados o medidas.
En los versos 4 y 5 Pablo se torna otra vez a
la metáfora favorita del Cuerpo como una analogía, para enseñarnos la actitud
correcta del individuo dentro del Cuerpo de Cristo. Hay muchos miembros con una variedad
de funciones. Estas funciones diversas entre sí son todas ellas necesarias, y juntas (o
juntos), nosotros, siendo muchos, somos un Cuerpo en Cristo, y todos miembros los
unos de los otros. La interdependencia mutua requiere que tengamos la debida
actitud el uno hacia el otro, y hacia el todo.
En los versos 6 al 8 Pablo nos da unas
cuantas de sus notorias frases incompletas; falta el verbo principal. La idea verbal del
verso 6 evidentemente depende del verbo principal del verso 5, y podría por ende
traducirse así: Nosotros, que somos muchos, somos un cuerpo
aunque tenemos
dones diferentes de acuerdo a la gracia que nos ha sido nada. La gracia de Dios que
fluye a través del creyente obediente es un don que ha de ser ejercido a la luz de esa
gracia; algunas versiones en efecto suplen este verbo para que el significado del verso 6
sea más claro.
LOS DONES DIFERENTES
DENTRO DEL CUERPO (ROMANOS 12)
Siete diferentes dones (nótese que la
palabra don es usada con un significado más limitado aquí que en 11:29) son
mencionados en conexión con la especificación que controla la operación de ese don en
particular. La implicación es que cada don ha de ser ejercido sin una indebida auto
evaluación y sin una indebida auto negación, dentro de la diversidad y la
interdependencia mutua del Cuerpo. Sólo bajo este procedimiento podrá operar el Cuerpo
de Cristo tal como Dios intentó que operara.
Profecía
El primer don mencionado es el de
profecía. El concepto de profeta tiene una larga historia antes de que el Nuevo
Testamento lo adopte. Jesús es identificado en los Evangelios como un profeta, debido a
sus poderes milagrosos (Lucas 13:33-34), y su habilidad de enseñar con autoridad y
sabiduría (Lucas 4:21-24; 7:39; Marcos 1:22; 6:2 y ss.). La tarea del profeta es
proclamar la gran revelación de Dios a través del poder del Espíritu Santo. Las
referencias del Nuevo Testamento indican que el don de profecía operaba tanto
individual como colectivamente. En la lista de 1 Corintios se le da un lugar de
preferencia a la profecía en ese catálogo de dones, porque contribuye directamente a la
edificación de la iglesia.
El profeta ha de ejercer este don de
proclamación y de enseñanza inspiradas conforme a la medida de (su) fe.
Probablemente lo que esta frase significa sea que el profeta ha de revelar su mensaje en
conformidad (proporción es un término usado en matemáticas, y no se halla
en ningún otro lugar del Nuevo Testamento) a toda la revelación de Dios.
El profeta está sujeto a la comunidad
también, y su contribución ha de ser probada por la comunidad (1 Corintios 14:29; 1
Tesalonicenses 5:19 y ss.; 1 Juan 4:1). Hasta el profeta mismo comparece dentro de la
comunidad, como uno entre muchos miembros del Cuerpo que es uno.
Servir
El segundo don mencionado en la lista de
Romanos es servicio. La palabra griega usada aquí es la que se usa
comúnmente en el Nuevo Testamento para designar ministerios cristianos generales, con
atención especial a la caridad y las necesidades físicas. Es el término en que se
origina nuestra palabra diácono, si bien probablemente tiene un significado
más amplio que esto en el Nuevo Testamento; nótese por ejemplo la selección de
diáconos en Hechos 6 (pero nótese también que los apóstoles iban a dedicarse al ministerio
otra vez el mismo término de la Palabra). Es raro encontrar la palabra
que designa ministerio en esta lista particular de los dones del Espíritu, como
si fuera un emparedado entre la profecía y la enseñanza.
La especificación para este don es que sea
ejercido en la misma manera en que el don de profecía ha de ser ejercido: de acuerdo
a la medida de la fe. La persona a través de la cual el Espíritu Santo
fluye en servicio, ha de estar contenta con servir sin desear que su servicio sea
profetizando o enseñando. El don de ministerio (servir) es exactamente tan importante
como estos últimos dos para el funcionamiento correcto del Cuerpo.
Enseñar
El tercer don mencionado es la
enseñanza. La palabra griega usada aquí se refiere técnicamente a la persona
que está haciendo o dando la enseñanza, más que al don mismo de la enseñanza. En este
caso también Jesús nos dio un hermoso modelo de esta función. Se le conoció en su día
por su habilidad para enseñar que hizo a un lado los interminables debates del judaísmo
contemporáneo, y se dirigió al corazón del asunto (por ejemplo, la manera en la cual el
Sermón del Monte maneja los delicados asuntos de los detalles de la Ley). El don de la
enseñanza es la capacidad de compartir las verdades básicas del reino de Dios con
claridad e intuición, y de ayudar al oyente a ver las relaciones internas y las
implicaciones del nuevo material.
Pablo exhorta al maestro a que permita que la
gracia del Espíritu fluya a través de él cuando trata de explicar y de bosquejar las
verdades básicas del Reino a otros, para el bien de todo el Cuerpo de Cristo. El maestro
ha de ejercer el don de la enseñanza sin orgullo injustificado, pero también sin
humildad indebida, como un miembro responsable del Cuerpo.
Exhortación
El cuarto don es el de la exhortación, o
estímulo. Una vez más, el énfasis aquí es puesto en la persona que está exhortando,
más que en el don mismo. La persona que exhorta es particularmente diestra en estimular,
consolar, y fortalecer a través de la inspiración que Dios le da. La palabra griega es
una forma de la palabra que traducimos Paracleto, que es la designación para el
Espíritu Santo en el Evangelio de Juan, y la designación de Jesús en la Primera
Epístola de Juan. Otra vez encontramos aquí a Jesús como el modelo de este don, que ha
de ser ejercido para el bien común, sin indebida presunción o autonegación.
Dar, presidir y tener misericordia
Los últimos tres dones dan atención a la
actitud desplegada al usar el don. En cada caso el énfasis primordial es dado a la
persona a través de la cual Dios está obrando: el que reparte; el que
preside; el que hace misericordia. La especificación en cada caso
claramente tiene que ver con la actitud. La persona con el don de dar o repartir es
exhortada a ejercer ese don, de acuerdo a la gracia que le es dada, con generosidad. La
palabra griega que traducimos liberalidad recalca ambas ideas: generosidad
sencillez o franqueza. La persona que presida, o dirija, debe hacerlo de acuerdo a la
corriente de la gracia de Dios que fluye por ella. El requisito o condición aquí alude a
esa diligencia vehemente que nos hace tratar de terminar la tarea tan pronto como sea
posible.
El último don en la lista capacita a la
persona motivada y conmovida por el Espíritu de Dios a extenderle ayuda a los que pasan
por alguna crisis: los pobres, los enfermos y los extranjeros. El término griego que se
usa aquí aparece en el Nuevo Testamento para expresar tanto la acción de dar ayuda como
la de dar una limosna. La actitud primordial que se pide aquí es la de alegría y
amabilidad.
El tema básico de todo el
capítulo es repetido en el versículo 16: (Sed) unánimes entre vosotros; no
altivos, sino asociándoos con los humildes. No seáis sabios en vuestra propia
opinión. La estructura para esta sección se ve con más claridad al recordar los
dos primeros versículos del capítulo, que dicen: Así que, hermanos, os ruego
por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo,
santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional. No os conforméis a este siglo,
sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que
comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta.
La operación correcta de
los dones del Espíritu dentro del Cuerpo de Cristo es presentada bellamente en este
capítulo. El énfasis yace en la actitud con la que cada miembro participa en el
Cuerpo. Dios distribuye los dones. Los dones operan sólo a través de la gracia de Dios
que fluye por medio de los miembros enteramente consagrados y santificados del Cuerpo de
creyentes. Y la actitud superior o culminante es la de amor tal como es modelada en
Cristo.
Notemos una vez más que
el propósito primordial de estos dones es que contribuyan a la vida del Cuerpo.
PARA EL BIEN COMÚN
En la discusión de dones
espirituales de Romanos 12, el énfasis es puesto en la actitud correcta del individuo que
ejerce el don por la gracia de Dios. En la discusión de dones espirituales en 1 Corintios
12, se le da énfasis principal a la Fuente de los dones, que es Dios mismo, quien
distribuye y guía el uso de los dones para la edificación de todo el Cuerpo.
Los primeros versículos
de 1 Corintios 12 indican con claridad que los dones son distribuidos con el propósito de
confesar que Jesús es Señor. El contexto implica que ciertos excesos en Corinto no eran
en ninguna manera la obra del Espíritu Santo, y que, por lo tanto, no eran dones
espirituales. Todos los dones espirituales contribuyen a la glorificación de Jesús como
Señor, y no a la glorificación del individuo.
En los versículos 4-6 se
emite la nota clave del pasaje. Notemos el paralelismo en la estructura:
v. 4: Diversidad de dones;
el mismo Espíritu
v. 5: Diversidad de
ministerios; el mismo Señor
v. 6: Diversidad de
operaciones; el mismo Dios
El paralelismo recalca la
unidad básica de los dones como distribuciones de Dios. También da énfasis a la
soberana distribución del Dios único que distribuye los dones de acuerdo a su
designio.
La palabra traducida
diversidad en esta versión, es traducida en otras
versiones: diferentes capacidades (VP), diferentes clases (NIV), y
variedades (RSV). La palabra griega puede significar ya sea diferencia,
distinción, distribución, repartimiento, asignación, o variedad. El
significado en este párrafo es indicado por la reaparición de la palabra en el verso
11: Pero todas estas cosas las hace uno y el mismo Espíritu, repartiendo a
cada uno en particular como él quiere. El énfasis no es puesto en las distinciones
finas entre los dones diferentes, sino en la distribución y repartimiento de los dones
por todo el Cuerpo, para el bien común, por Dios mismo.
El mismísimo Espíritu
que capacita a los creyentes a confesar a Jesús como Señor, opera en los dones, y a
través de ellos, para la edificación del cuerpo de Cristo, que es la iglesia. Pero
a cada uno le es dada la manifestación del Espíritu para provecho (1 Corintios
12:7). La manifestación del Espíritu puede ser interpretada ya sea como
aquello que revela o manifiesta al Espíritu, o el resultado producido por el Espíritu.
Recuérdese que la manifestación primordial del Espíritu es la confesión del
señorío de Jesús (v. 3).
La alusión que se hace
aquí al provecho se refiere a una ventaja o a una ganancia. La distribución
soberana del Espíritu Santo provee dones que fluyen a través de los creyentes para la
ventaja del Cuerpo de Cristo.
1 CORINTIOS 12:8-12
Pablo ahora procede a
darnos otra de sus listas de dones espirituales. Hay una variedad interesante en estas
listas, lo que indica que intentan sugerir más que agotar el tema.
Sabiduría, ciencia
El verso 8 marca una
distinción entre la comunicación de sabiduría y la comunicación de conocimiento
(ciencia). Los significados precisos en el contexto de Corinto tal vez jamás puedan ser
descubiertos completamente. Sin embargo, las distinciones básicas entre ambas ideas son
claras gracias al resto de la correspondencia corintiana. Los corintios estaban siendo
afligidos por un concepto falso de sabiduría, y Pablo señala con mucho cuidado que la
verdadera sabiduría fluye de Dios. Tal sabiduría es una intuición y una comprensión de
las verdades profundas de Dios, especialmente en lo que toca al misterio de la
salvación. La sabiduría evidentemente incluye el conocimiento, pero es caracterizada
por la comprensión e intuición espirituales manifestadas en la aplicación de
conocimiento en situaciones específicas.
La sabiduría ha de ser
ejercida por el Espíritu, y el conocimiento (o ciencia) ha de ser usado
según el mismo Espíritu. El conocimiento involucra el uso de la razón y la
comunicación de datos. Ambos, sabiduría y conocimiento, son parte de la función
esencial de la enseñanza dentro del Cuerpo.
Fe, sanidades, milagros
El verso 9 introduce el
don de fe como una manifestación del Espíritu en la vida del creyente. Obviamente esto
no es la fe de salvación, sino, probablemente, la fe que obra maravillas. Los dos puntos
siguientes en la lista favorecen esta interpretación: dones de sanidades y
el hacer milagros. Es claro que los tres son dones relacionados entre sí.
Orr y Walter se refieren a la fe como la clase de llaneza y de confianza que permite
que el poder de Dios opere a través de la persona que la tiene.1 Las
operaciones milagrosas del Espíritu para la ventaja de la comunidad operan a través de
creyentes obedientes.
Discernimiento
Puesto que la obra del
Espíritu se presta a ciertos abusos engañosos, el don del Espíritu llamado
discernimiento de espíritus es la capacidad para identificar la
imitación. Tal diferenciación era absolutamente esencial para el futuro de la iglesia,
especialmente en una situación tal como la de Corinto, y en otros lugares donde el
gnosticismo estaba tratando de contaminar el Cuerpo de Cristo. Poderes de discernimiento
tales son un don del Espíritu para la protección de la iglesia.
El orgullo está fuera de
lugar
Puesto que el Espíritu es
el Distribuidor, no hay lugar alguno para ninguna forma de orgullo. Pablo ya se ha
referido a ello antes en la epístola: Pues, ¿quién te hace mejor que los
demás? ¿Qué tienes que Dios no te haya dado? Y si él te lo ha dado, entonces ¿por
qué te sientes orgulloso como si lo que tienes lo hubieras conseguido por ti mismo? (4:7,
VP). Cuán frecuentemente la iglesia (y sus miembros individuales) han caído en la trampa
de darle valor al don, ¡y han dejado de ver al Dador!
El versículo 12 es un
resumen muy efectivo de toda la sección. La unidad del Cuerpo de Cristo viene de la
operación y la manifestación efectivas del Espíritu. No se niega la diversidad, pero
ésta es arrebatada y fundida en el concepto superior de la prioridad del Cuerpo. En el
sentido más alto y rico posible, el compañerismo del Cuerpo de Cristo es la unidad más
fuerte disponible antes de la segunda venida del Señor.
I CORINTIOS 12:27-28
La siguiente sección de 1
Corintios 12 usa con mucho éxito la analogía del Cuerpo para mostrar dependencia e
interrelación mutuas de los miembros individuales que tienen los dones específicos que
el Espíritu les ha distribuido. Todos se interesan en todos, y en cada uno. Todos
sufren cuando uno sufre. Todos se regocijan cuando uno se regocija. No hay lugar alguno
para la menor división.
La culminación de esta
discusión aparece en el versículo 27, que reza así: Pues bien, ustedes son el
cuerpo de Cristo, y cada uno es una parte de ese cuerpo (VP). Luego Pablo procede a
darnos todavía otra lista de dones, en la que hay una mezcla de funciones y
manifestaciones del Espíritu. Una vez más se ve la operación soberana de Dios en el
proceso, en el uso del verbo puso (v. 28).
Apóstol
La lista principia con el
don de apóstol (v. 28). El uso que el Nuevo Testamento hace del término es
reservarlo para el grupo selecto de los Doce. Pablo se incluye a sí mismo, y a unos
cuantos más, que no eran miembros de los Doce, en esa categoría. Los eruditos están
divididos en cuanto a la connotación distintiva o específica del término en este
pasaje. Algunos lo interpretan como refiriéndose al grupo original de los 12 discípulos.
Otros lo ven como un don especializado para la continuación de la iglesia. (Nótese el
comentario sobre este don en el capítulo cinco).
Profetas, maestros,
milagros, ayudas
Los dos dones siguientes
en esta lista son profetas y maestros, y ya los hemos definido.
Los milagros mencionados aquí corresponden al don mencionado en el verso
10. Los dones de sanidad, que algunas veces es traducido de
sanidades, también fueron ya mencionados antes. Los dos asuntos siguientes en la
lista son los que ayudan y los que administran. Ayudas
se refiere a acciones serviciales que brindan ayuda o beneficio o bondad a otra persona.
Es casi exclusivamente una relación de uno-con-uno, que se lleva a cabo sin atraer mucha
atención.
Administraciones
El término griego que
traducimos así proviene de una palabra griega que alude al piloto de un barco, quien
controla la dirección de la nave, y coordina el trabajo de los demás miembros de la
tripulación. Es interesante que estos dos dones que aparecen a la mitad de la lista no
están repetidos en los versículos 29 y 30.
SOLAMENTE UNOS CUANTOS
Pablo ahora procede a
demostrar que esta lista de dones no es una combinación que se le ofrece a cada miembro
individual del Cuerpo, sino que sólo unos cuantos de los miembros desempeñan la función
indicada. Las preguntas retóricas que Pablo repite frecuentemente recalcan una vez más
la distribución que Dios decide hacer en la debida proporción y combinación, para el
bien común de la iglesia. ¿Acaso son todos apóstoles? ¿Acaso todos comunican
mensajes recibidos de Dios? ¿Son todos maestros? ¿O hacen todos milagros? ¿Tienen todos
poder para sanar enfermos? ¿Hablan todos en lenguas extrañas? ¿Saben todos explicar lo
que se dice en esas lenguas? La respuesta obvia es la que Pablo mismo da:
Claro que no (vv. 29-30, VP). ¡Claro que no! ¡Cuán necio es imaginar tal
cosa!
La discusión de la
diferencia de dones en el seno del Cuerpo culmina con el hermoso capítulo 13. Aunque no
todos los miembros de la comunidad de fe tienen un mismo don, todos ellos tienen amor, el
camino más excelente. Los que desean una evidencia especial de la gracia de Dios en su
vida harían bien en buscar o anhelar más amor. Entonces, la unidad del Espíritu será
visible, y el funcionamiento del Cuerpo será mejor, y la gloria de Dios aumentará.
Procuren, pues, tener amor (14:1, VP).
PARA DISCUSIÓN
1. ¿Cuál es la razón bíblica para darle
prioridad al todo en el Cuerpo de Cristo?
2. ¿Cuál es la actitud debida del miembro
individual del Cuerpo hacia sí mismo?
3. De acuerdo a Pablo, ¿cómo ha de ser ejercido
cada uno de los dones en la lista de Romanos 12:6-8?
4. ¿Cómo contribuye cada uno de los dones de
esta lista (Romanos 12:6-8) a todo el Cuerpo?
5. ¿Por qué la mayoría de los dones tienen que
ver con las necesidades del Cuerpo?
6. Discuta la importancia del concepto de que Dios
ha distribuido los dones de acuerdo a su designio.
7. ¿Qué dones adicionales son descritos en 1
Corintios 12, y cómo contribuyen al bien del todo?
PARA LECTURA ADICIONAL
Purkiser, W. T. Los
dones del Espíritu. Kansas City: Casa Nazarena de Publicaciones, 1979.
Stedman, Ray C. Body Life. Glendale, California: Regal Books, 1972.