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CORINTIOS Y GÁLATAS:
Los
Dones de Dios son para Reconciliar
por Mildred Bangs
Wynkoop
Los dones espirituales son extensiones de la
iglesia, que es el Cuerpo de Cristo, al mundo por el cual El murió.
El evangelio de Jesucristo es el mensaje que
activa esta extensión. Este mensaje le da significado a cada parte del Cuerpo. Ninguna
parte puede ser correctamente percibida o entendida si no es considerada en tal
relación.
La autoridad para la iglesia cristiana es el
libro cristiano, la Biblia. Los planos para la iglesia cristiana emanan del Nuevo
Testamento, no de instituciones hechas por el hombre. La iglesia cristiana no surge de la
cultura humana sino que desciende a la cultura para redimirla desde adentro.
LA LLAVE
El evangelio y el crecimiento de la iglesia
están vitalmente conectados. Ninguno de los dos puede funcionar sin el otro. El evangelio
tiene que saturar todo lo que el crecimiento de la iglesia es y hace, y el crecimiento
de la iglesia debe estar conectado tan vitalmente, y ser tan sensible al evangelio, como
el brazo de una persona es al resto de su cuerpo.
El crecimiento de la iglesia es un concepto
inherente al mismísimo Cuerpo de Cristo entre los hombres, aquí y ahora. El
crecimiento es la vida desarrollándose, abriendo sus pétalos. Definitivamente significa
un ensanchamiento que puede medirse, pero la analogía de ensanchamiento como una mera
adición de brazos y piernas no es muy atinada. El crecimiento tiene más que ver con el
proceso de maduración, con cambios que es necesario hacer a fin de que la persona o
cuerpo que está creciendo se relacione a las demandas y oportunidades crecientes de la
vida. El crecimiento de la iglesia, en el sentido del evangelio, es el poder de Dios para
salvación, transformando individuos en la sociedad en la que éstos viven.
Primordialmente, la dinámica del evangelio es la redención que pone en libertad el
potencial de cada persona. La gracia de Dios nos da la libertad para poder ser aquello
para lo que Dios nos hizo.
El evangelio es la llave para la tarea de la
iglesia creciente. El evangelio de Jesucristo voltea al mundo de cabeza, y fija normas
de éxito que habían sido enteramente deformadas por el interés propio. La iglesia es la
vida de Dios entre los hombres, adaptada a las necesidades humanas, pero eternamente
chocando con las estructuras del egoísmo humano.
JESÚS Y LA IGLESIA
Pablo declara: Nuestro gran Dios y
Salvador Jesucristo... se dio a sí mismo por nosotros para redimirnos de toda iniquidad
y purificar para sí un pueblo propio, celoso de buenas obras (Tito 2:13-14).
El apóstol Pablo, en particular, captó la
enorme verdad: Jesús vino a este mundo a establecer aquí un Cuerpo de seres humanos
que se volvieran su propia Persona extendida, o la extensión de su Persona, a fin de
ser testigos suyos, mediante una penetración saturadora de cada rincón y cada recodo
del mundo humano.
El factor interesante e importante acerca de
la vida cristiana es que ni el Señor Jesús ni su apóstol Pablo la definieron en una
manera abstracta y nebulosa ni en términos de un sentimentalismo humano superficial.
No hay tal cosa como un cristiano fuera del
cuerpo de Cristo. La definición de un cristiano es, precisamente, una persona que está
en Cristo, y El es quien determina quién entra a su Cuerpo. Las condiciones
son las que El pone, y la lista de prioridades para el desarrollo de la vida cristiana y
para el servicio cristiano la hace El, no nosotros.
EL MANDATO DE JESÚS A LA IGLESIA
Lo que debe crecer es la iglesia, el Cuerpo
de Cristo. El crecimiento de la iglesia debe significar todo aquello que está implicado
en que la iglesia sea llamada por Dios a su servicio, a tomar en sus manos el ministerio
de Cristo.
Uno de los eventos más poderosos y
persuasivos en la vida de Jesús con sus discípulos ocurrió en la hora más negra de la
experiencia de los Doce. El colapso de su fe después de la muerte del Señor los hizo
esconderse, unidos en un compañerismo estrecho y temeroso, detrás de puertas cerradas,
para defenderse de los que habían crucificado a quien ellos creían que sería su Mesías
(Lucas 24:21); todo esto para evitar que a ellos les sucediera lo mismo.
En esos terribles momentos Jesús se les
apareció. Sus palabras fueron tan sorprendentes como su aparición. Les dijo: Como
me envió el Padre, así también yo os envío. El último verbo literalmente
significa, yo los estoy enviando. Luego leemos del significativo acto:
Habiendo dicho esto, sopló, y les dijo: Recibid el Espíritu Santo (lo que
sería la señal que el Mesías debía tener).
Antes
de que los discípulos se pudieran recuperar por tales sorpresas, Jesús siguió hablando:
A quienes remitiereis los pecados, les son remitidos; y a quienes se los
retuviereis, les son retenidos (Juan 20:21-23). Aquí está el indicio que Dios
nos da para que entendamos el significado de crecimiento de la iglesia.
En estas palabras yace el significado y la
autoridad y el poder de la iglesia. La intención de Dios para la iglesia es que ésta sea
la agencia a través de la cual el mundo encuentra perdón y no condenación, en
imitación de su Señor, quien vino al mundo no a condenarlo sino a salvarlo.
LA COMUNIDAD DE AMOR
En este evento breve y dramático yace el
meollo del significado de la iglesia, del poder de la iglesia y del mandato
dado a la iglesia. La iglesia no es auto creada sino casi literalmente recogida del
suelo, y formada con los pedazos, los residuos de la humanidad, y hecha de nuevo
en Cristo el Señor. En Cristo, personas perdidas pueden
descubrir quiénes son en la comunidad cristiana, y llegar a ser verdaderas
personas dentro de la Verdadera Persona. El mandato dado a la iglesia de Dios, de la
cual Cristo es el Señor, es forjar en el mundo una comunidad de amor, en la cual el mundo
pueda disfrutar, probar el amor de Cristo.
Permítaseme ahora hacer una declaración
breve de introducción a los principios respectivos del crecimiento de la iglesia en el
sentido del evangelio.
PRINCIPIOS DEL EVANGELIO PARA EL CRECIMIENTO
DE LA IGLESIA
La iglesia es la creación de Dios
Los convertidos cristianos están en
Cristo por la gracia. La iglesia es un organismo (la extensión de la vida de
Cristo) antes de ser una organización. No es meramente un agregado de individuos
creyentes que forman un compañerismo, o unidades sociales de personas compatibles, en
las cuales las tensiones humanas se resuelven en alguna manera.
Cristo es la cabeza de la iglesia
La iglesia confronta al mundo. No refleja los
prejuicios pecaminosos del mundo. Debiera ser una encarnación de parecido a Cristo (agape),
en forma muy similar a la manera en que Cristo era Dios encarnado. Está en el mundo
tan cómodamente como Jesús estuvo (comiendo con los pecadores), pero no más
cómodamente que lo que El estuvo (pues el mundo lo mató).
El amor, el nuevo mandamiento de Cristo
La Cabeza de la iglesia determina quiénes
entran a ella. Cristo es el Señor. Su Palabra domina. Cuando aceptamos a
Cristo aceptamos su señorío, donde, precisamente reside su capacidad de salvar (2
Pedro 1:11). La ley real que dice: Amarás a tu prójimo como a ti
mismo" (Santiago 2:8), no es una sugestión de carácter opcional, sino un
mandato. Tan imperativo como el otro muy parecido que Jesucristo mismo diera: Un
mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros; como yo os he amado, que también os
améis unos a otros (Juan 13:34).
EFESIOS: UN MODELO PARA LA IGLESIA
Podemos deducir que cuando el apóstol Pablo
estuvo en la prisión en Roma tuvo el tiempo necesario para destilar la esencia de
cuanto él había enseñado sobre la fe cristiana, y su significado en la vida cristiana
práctica. En la carta de él que conocemos como la Epístola a los Efesios tenemos esa
condensación. El tema de Cristo es esa esencia y el glorioso edificio que El está
construyendo, de la iglesia, que es su Cuerpo en este mundo.
Cada hebra del pensamiento paulino principia
aquí, y de aquí se extiende hacia su manifestación práctica.
Efesios nos da la clave para comprender todo
el evangelio tal como Pablo lo interpretó. Destacándose en un perfil muy claro
encontramos en esa carta las siguientes enseñanzas acerca de la iglesia, que son la
esencia del evangelio: La iglesia es la creación de Dios; desde antes de la creación,
Dios tenía el propósito de que la humanidad fuese en Cristo, santa y sin
mancha, y que expresara alabanzas a Dios; en Cristo todas las cosas
habían de ser reunidas; todas las separaciones o barreras terminarían con El, pues
El es nuestra paz... (habiendo) derribado la pared intermedia de separación
(Efesios 2:14); la iglesia fue creada en Cristo para hacer buenas obras las
cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas (2:10); Cristo es
la Principal Piedra en quien todo el edificio, bien coordinado, va creciendo para
ser un templo santo en el Señor; en quien añadió Pablo vosotros también
sois juntamente edificados para morada de Dios en el Espíritu (vv. 21-22); en
Cristo, todos somos conciudadanos y miembros de la familia de Dios.
Para lograr este crecimiento hacia la unidad
de Cristo, son necesarios los servicios de los miembros (1) para equipar a los santos
para la obra del ministerio, (2) para edificar el Cuerpo de Cristo, (3) para
siguiendo la verdad en amor, crecer en todo en aquel que es la cabeza,
esto es, Cristo, de quien todo el Cuerpo, bien concertado y unido entre sí por todas las
coyunturas que se ayudan mutuamente, según la actividad propia de cada miembro,
(4) para ir edificándose en amor (Efesios 4: 15-16).
LA IGLESIA QUIERE DECIR PERSONAS
El elemento más sorprendente del magnífico
concepto de Pablo acerca de la iglesia es el hecho de que Dios nos usa como personas
diferentes en ella. Ninguna parte de la iglesia como Cuerpo de Cristo es mero bagaje de
sobra. Que nadie espere viajar gratis. Ser miembro de la iglesia, en la
mente de Pablo, no es tener el nombre en un libro o en una lista, sino el ser un órgano o
extensión vital de un Cuerpo viviente, visto o invisible, pero esencial de todos modos a
la salud y la utilidad de todo el Cuerpo. Es obvio que el ojo es importante, tanto como la
mano, pero igualmente importante es el hígado o alguna glándula diminuta, y como
éste, invisible. Todo el Cuerpo sufre cuando cualquiera de sus partes decide
flojear en vez de hacer su tarea.
Es imposible exagerar la importancia del
individuo. En la comunidad cristiana emerge el verdadero significado de la persona. El
valor de la persona, y la estatura moral personal nacen en la atmósfera que se forma
cuando Dios nos acepta, así como en la relación que tienen entre sí las personas
aceptadas por Dios en la comunidad cristiana.
Cuando, por su gracia, Dios nos llama por nuestro
propio nombre (en vez de meramente dar un grito, ¡oye, tú, ven para
acá!), una reconstrucción masiva de cómo pensamos acerca de nosotros mismos
principia a ocurrir. Esas personas a quienes las injusticias de la sociedad casi han
vapuleado hasta el punto de la muerte, encuentran que hay un Alguien que es quien
levanta (nuestra) cabeza (Salmos 3:3). El verdadero individualismo nace
cuando la persona principia a darse cuenta de que Dios nos ha encomendado a cada uno de
nosotros cierto propósito y cierta misión: ser intérpretes del evangelio.
DIOS NOS USA COMO SUS INTÉRPRETES
Una cosa es captar este significado más
amplio de iglesia; otro muy diferente es que cada creyente confronte el hecho de
que él, y todos los demás cristianos, sin excepción, es una célula
viviente en ella, una célula esencial a la salud del todo.
La naturaleza humana ha recibido mucha
mala publicidad en incontables obras de teología. Frecuentemente ha
parecido que era cosa más religiosa menospreciar o despreciar la humanidad de
la raza, y de esa manera sutil darle (a la humanidad) una excusa para no llegar a ser lo
que podemos hacer, y para lo cual se nos dio la gracia de Dios.
¡Dios nos usa! Este hecho increíble
es el subsuelo de cada aseveración de que Dios nos ama, y de que espera ciertas
respuestas de nosotros, que serían imposibles sin su amor.
EL ESPÍRITU SANTO Y LA NATURALEZA HUMANA
El crecimiento de la iglesia requiere que
haya personas. Empero, las personas no pueden producir el crecimiento de la iglesia
sin el Espíritu Santo. Tal situación entonces suscita la fundamental pregunta: ¿Por
qué trabaja el Espíritu Santo a través de seres humanos? La contestación a esta
pregunta arrojará luz sobre el significado de los dones espirituales.
¿Son naturales los dones espirituales, o son
sobrenaturales? La respuesta a esta pregunta yace exactamente en presuposiciones
teológicas. Si la teología que uno tiene no puede encontrar la manera de admitir la
aceptabilidad espiritual del hombre natural, entonces la obra y el
ministerio del Espíritu Santo tienen que pasar por alto los talentos y las habilidades
naturales del hombre. La consecuencia de esto es que los dones tienen que ser adiciones
no-naturales a la persona humana; literalmente dádivas impartidas o concedidas, que no
tienen raíces algunas en la persona.
El problema es cómo vamos a considerar a la
naturaleza humana, o a la persona natural. ¿Están la naturaleza y la gracia en
oposición la una a la otra, o hay un elemento de sentirse cómodas la una con
la otra, desplegado en su relación?
Nos ayudaría a llegar a
una solución el recordar que lo natural también es la creación de Dios. Todos
los dones son dones dados por Dios. Nadie tiene un don que no haya recibido. El hombre
fue hecho para ser morada del Espíritu. El hombre no es menos humano cuando es pecador
que cuando es cristiano.
HECHO A LA IMAGEN DE DIOS
Cristo es la imagen de Dios. Lo más
significativo que puede decirse del hombre es que, con toda su humanidad, sus limitaciones
y su falibilidad, pese a toda su ignorancia y pequeñez, es hecho a la imagen de Dios. En
nuestra naturaleza como personas humanas hay algo reflejado tan esencial a la naturaleza
de Dios que eleva al hombre a una altura y una grandeza que jamás puede perder en tanto
que sea hombre.
El hombre puede degradarse, profanarse,
degenerarse, arruinar sus potencialidades, pero no puede deshumanizarse a
sí mismo. Esto es al mismo tiempo su gloria y su vergüenza.
¿Qué podemos decir, o qué sabemos de Dios
que nos dice algo acerca de nosotros mismos? La contestación es: Cristo. Sólo podemos
entendernos a nosotros mismos al mirar a Cristo. Nuestros cuerpos finitos nos separan de
otros seres, y aun del ser de Dios. Somos individuos y somos capaces de hacer decisiones
inteligentes y significativas sólo porque también somos cuerpos.
Es precisamente el cuerpo lo que hace posible
que haya tal cosa como una inteligencia humana, o vida moral o religión algunas. Este
cuerpo nos es esencial. No es una prisión para nuestros espíritus ni un enemigo que deba
ser derrotado o descartado, sino, más bien, es la vasija que contiene todos nuestros
poderes, el centro de comunicaciones de la personalidad.
La teología wesleyana principia con un
concepto de Dios en Cristo. Cristo revela en Sí mismo a Dios y al hombre. Cristo vino a
salvarnos del pecado, y Wesley preguntó sobre el particular: Si no nos salva del
pecado aquí y ahora, ¿de qué nos salva?
LA GRACIA CAPACITADORA
Un estudio bíblico cuidadoso de los
términos que son usados para designar esas avenidas de gracia por medio de las cuales el
Espíritu es derramado sobre la iglesia, y de ésta sobre el mundo, nos revelará una
verdad muy importante. La palabra que traducimos don divino nos habla de una
cualidad presente pero intangible de amor que no se vuelve una posesión sino una
relación, de la cual fluye, en tanto que esa relación con la Fuente subsista.
Una analogía mejor que el otorgamiento de
alguna posesión que alguien pudiera ufanarse de tener, y más veraz a la intención de
los escritores bíblicos, es entender la relación del Espíritu Santo con nosotros
como una gracia capacitadora, una vitalización de toda la persona. La dinámica
del Espíritu Santo despierta habilidades latentes pero pasivas en nosotros, utiliza lo
que le hemos presentado a Dios para los propósitos de su voluntad. Esas
capacidades prosaicas que nosotros frecuentemente menospreciamos diciendo que no tienen
valor alguno, o esas habilidades espectaculares de las que antes abusamos, pero que ahora
han sido presentadas a Dios como una parte vital de todo nuestro
ser, ahora están a la disposición de Dios, y por así decirlo,
incendiadas con fuego santo, para lograr mucho más de lo que nosotros jamás
habríamos logrado por nosotros mismos.
Dios necesita a toda la persona; y no
meramente una premisa sobre la cual pueda El actuar. Los dones no pueden ser
considerados correctamente como una efusión de gemas sin relación entre sí,
distribuidas al azar. Carismata es la actividad del Espíritu Santo en la iglesia,
derramando gracia y amor en las vidas de aquellos que necesitan a Dios, por medio de
personas que están suficientemente dispuestos a cooperar con El completamente.
EL DON PARA LA IGLESIA
El Espíritu Santo es la presencia residente
de Dios en su santuario (1 Corintios 3:16), la iglesia. Cada individuo es una parte
integral de ese santuario, y participa en la vida del Espíritu. El Espíritu de Dios
pertenece en esa comunidad, no como un visitante sino como la mismísima vida de ella.
En un sentido muy verdadero, cada individuo ha hecho a esa comunidad la contribución de
sí mismo o misma, no para perder su identidad sino precisamente para encontrarla allí,
única manera en que el verdadero yo puede madurar y ser
auténtico. En esa comunidad el Espíritu Santo opera en el mundo.
LA IMPORTANCIA DEL LAICADO
El interés contemporáneo en dones
espirituales es evidencia de la apreciación y comprensión crecientes de la importancia
del laicado. Por demasiado tiempo, un dualismo radical entre el clero y el laicado ha
tendido a desalentar la participación vital de los laicos en la iglesia.
Cada individuo en la iglesia es importante.
No hay en todo el mundo del pensamiento humano un concepto de la importancia del individuo
que presente tan sanamente la tensión creadora entre la naturaleza social del hombre
y su integridad personal, como lo hace la fe cristiana. Dios no es la víctima de su
propia naturaleza, sino el Autor de las libertades que El mantiene para sus seres creados.
La exhortación a que
presentemos nuestro cuerpo como un sacrificio viviente a Dios es un comentario elocuente
de la unidad de la personalidad que los escritores de la Biblia siempre enseñaron.
Nosotros no somos tres seres (cuerpo, alma y espíritu) sino un solo ser. La idea
tricotómica del estado humano es una idea griega, no hebrea, y yace en la base de la
mayoría de las enseñanzas heréticas que han surgido acerca de Cristo y su iglesia. Es
precisamente el ser unificado, integrado, presentado entero y santo (Romanos 12:1) a
Dios para su servicio lo que se requiere de nosotros. Carlos Wesley cantó:
Tuyo soy, oh Dios,
y te regreso hoy
tu propiedad.
Es ese ser completo, total, lo que Dios
necesita en su servicio, no como un terrón en el cual El hace su trabajo en el mundo,
sino un ser con quien El obra, y a quien El le encomienda el supremo llamamiento en
Cristo Jesús. Un ser integrado, la meta de la santificación, es el ser que Dios
necesita.
EL FRUTO DEL ESPÍRITU EN 1 CORINTIOS 13
El capítulo del amor, 1
Corintios 13, no es un poema sentimental fuera de lugar, sino la médula misma de la
teología paulina de dones.
La prioridad del amor sobre los dones es un
tema frecuente del Apóstol. En Gálatas Pablo habla de la importancia del amor como
el cumplimiento de toda la ley expresado en una sola frase: Amarás a tu prójimo
como a ti mismo (Gálatas 5:14). Esta fue la enseñanza de Jesús, que él citó del
Antiguo Testamento, una verdad que ligó al evangelio cristiano con el todo de la
revelación. Pero Pablo ve esta básica verdad como la evidencia del ministerio del
Espíritu Santo. El fruto del Espíritu es amor... Los dones son verificados
por el amor que es el fruto del Espíritu. Cualquiera de los dones puede ser falsificado
o abusado (1 Corintios 13:1-3), pero no el fruto.
Primera de Corintios 13 provee la perspectiva
para evaluar los dones y describe la función que se intenta que los dones cumplan cuando
son portadores del amor evangélico.
EL FRUTO DEL ESPÍRITU Y LOS DONES
ESPIRITUALES
Los dones del Espíritu no pueden ser
divorciados del fruto del Espíritu que es el amor. Los dones y el amor pertenecen
juntos, en el mismo paquete. Los dones no son más que ruido (címbalo que
retiñe) sin amor, y el amor solamente es genuino cuando es una expresión del
deseo de edificar el Cuerpo de Cristo. Los dones y el fruto (el amor) deben ser los dos
lados de la relación personal de uno con Dios y con sus prójimos.
La sorprendente verdad está saliendo a la
superficie, de que los dones y el fruto no son realmente de dos fuentes diferentes, sino
que sólo son dos lados de la misma cosa. Los dones no son sino la expresión del
Espíritu, tal como su fruto es. El doctor Frank Carver cita en una conferencia inédita,
y concuerda con ellas, las siguientes líneas de Michael Green:
Los dones carismáticos no son nada más que
los dones del amor de Dios. Principian con nuestra redención. Incluyen la
profundización de cualidades que ya están presentes o latentes en nosotros, tales como
los dones de administración, de dirección, de la enseñanza, del matrimonio o del
celibato. Estas cualidades naturales pueden ser carismáticas si están, y
mientras que estén, dedicadas al servicio del Señor y a la edificación de seres
humanos, en la fuerza que El da. Si son usados con egoísmo pueden ser desastrosos.
El doctor Carver expresa su posición
diciendo:
De mucha importancia a nuestra aproximación,
como wesleyanos, a los dones espirituales, es el hecho de que no son arbitrariamente
añadidos a las vidas de creyentes que, de no ser por esto, serían cristianos
típicos. Más bien consisten en todo lo que un cristiano es, y fluyen de lo que es, tal
como es constituido esencialmente por la gracia de Dios que ha entrado en operación
por Dios en su libertad soberana, en las situaciones concretas y únicas y en las tareas
de cada cristiano.
En otras palabras, un cristiano que le ha
presentado a Dios todo su equipo humano (que Dios le dio), como su don, es el
vehículo a través del cual la gracia de Dios, por el Espíritu Santo, puede ser
manifestada al mundo.
LOS DONES ESPIRITUALES SON PARA RECONCILIAR
El efecto de todo es, o debería ser, que una
atmósfera de amor y de aceptación y de sanidad es arrojada alrededor de
los que están encarcelados en el pecado, y demasiado impotentes para escapar de su
prisión. Antes de que estas personas encarceladas puedan hasta principiar a pedir ayuda
(o tal vez sean demasiado orgullosas para pedir, o no sepan que hay ayuda disponible), la
iglesia debería estar alerta y lista a ayudarlas en tal forma que sea clara y
significativa para ellas. Si estamos haciendo la tarea de Jesús, construiremos puentes de
amor y aceptación, puentes que permitan el encuentro con esas vidas. Así como el
perdón estaba disponible desde mucho antes de que pudiéramos hacer cosa alguna para
encontrarnos con Cristo, así nosotros necesitamos iniciar ese encuentro con otros. La
reconciliación es la clase de perdón que describe nuestra tarea.
Todos los dones tienen su centro en este gran
propósito: ser reconciliadores. El hecho es que el significado de los dones es
amor-perdón-reconciliación. Todos estos dones tienen esto en común: demostrar en la
vida cotidiana el mensaje y la realidad viviente del amor de Jesús para los seres
humanos.
En pro de la iglesia como el cuerpo de Cristo
en el mundo, necesitamos vernos a nosotros mismos como la comunidad perdonadora,
reconciliadora y redentora llamada a ello por el Señor en persona. En este contexto,
los dones del Espíritu tienen significado.
CONCEPTOS WESLEYANOS DE LOS DONES
A la luz del estudio que ha servido como
fondo, la comprensión siguiente de los dones espirituales emerge:
1. El
término dones tal como es usado en el crecimiento de la iglesia es asociado
con la idea de la iglesia en acción. Defínanse los dones como se
definan, el aspecto evangelizante, que comunica, que comparte, está implicado. La
experiencia religiosa ha virado hacia afuera, hacia otros.
2. Los
dones espirituales recalcan la importancia de los individuos para el
ministerio total de la iglesia, en contraste con la distinción tradicional, y algunas
veces artificial entre el clero y los laicos; distinción que excusa a éstos de tal
responsabilidad, y frecuentemente se las prohíbe.
3. El
ser el recipiente de dones puede guiar a un concepto más sano de la
dimensión de comunidad de la iglesia.
4. Como
un miembro responsable (una parte del Cuerpo), el potencial cabal de cada uno es
incrementado. Cada uno es importante, no sólo como un componente de cierto dato
estadístico, sino como una persona-recurso, que contribuye vida y valores
esenciales al Cuerpo. No somos meramente consumidores sino productores. ¡Dios nos
usa! No hay nada en la Biblia que nos permita justificar esa actitud sumisa, en una
sola dirección, que resulta en la humillación, la represión o la inhibición de las
capacidades para dirigir, o de los talentos de un cristiano dado, o para arbitrariamente
tomar la autoridad de decidir qué dones espirituales se le va a permitir a otra persona
ejercer.
5. En
toda el área de los dones hay que recordar que como personas somos hechos por Dios.
Cualesquiera talentos o capacidades que tengamos tienen el propósito de parte de Dios,
de hacer de nosotros la clase de criatura con la que El puede tener comunión.
El Espíritu Santo se siente en casa en la
clase de persona que Dios hizo. Cada aspecto de la naturaleza humana hace que el Espíritu
Santo que mora, se sienta en casa. La intención de Dios para nosotros nunca fue que
careciéramos de esa relación íntima con el Espíritu. El verdadero hombre natural es
el anfitrión del Espíritu Santo. La humanidad fue hecha para ser el medio del
Espíritu Santo en su ministerio al mundo. El pecado es la clausura de ese medio desde
adentro. Es el acto, de nuestra parte, de rechazar el propósito para el cual fuimos
creados, robándole a Dios su criatura, (pues estamos entonces muertos a
Dios), e intentando usar las enormes capacidades de nuestro potencial creado para
servirnos a nosotros mismos. Esto es el peor robo de todos, la arrogancia final, la
profanación máxima.
6. Los
talentos naturales, redimidos por la sangre de Cristo, son los que Dios nos
está pidiendo. El nos hizo y ahora nos está pidiendo que le regresemos lo que nos
encomendó.
PARA DISCUSIÓN
1. ¿En
qué forma es el evangelio esencial para el crecimiento de la iglesia?
2. ¿Qué
es la iglesia? ¿Qué significa el crecimiento en relación a la iglesia?
3. ¿Qué
implicaciones tiene pensar en la iglesia como la creación de Dios? ¿Cómo entra alguien
a la iglesia de Dios? ¿Quiénes pueden ser miembros de ella?
4. Jesucristo puso fin en Sí mismo (en su
propio cuerpo) a todas las divisiones de la humanidad, todo el antagonismo, todos los
odios. ¿Qué significa esto prácticamente?
5. Jesucristo
fue el intérprete de Dios. ¿Qué significa esto?
6. ¿En
qué formas hemos nosotros de ser intérpretes? ¿Causaría una diferencia de significado
para usted si substituyéramos testigos por intérpretes?
Explique.
7. ¿En
qué forma son naturales los dones espirituales? ¿Y en qué forma son sobrenaturales?
¿Cómo está usted usando los términos natural y sobrenatural?
8. ¿Por
qué llamamos a los dones espirituales?
9. Discuta
la relación entre fruto y dones.
10. El
fruto es personal, y los dones son relacionados con la comunidad. ¿Cómo? ¿Por qué?
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