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LA PALABRA DE DIOS:

Nuestra Guía a los Dones Espirituales

Por Raymond W. Hurn

Recientemente me ha despertado a media noche una iluminación poderosa en mi mente y corazón relacionada a la obra del Espíritu Santo. Esto me ha sucedido ya dos veces. En esos momentos en que me mantuve despier­to después de haber salido de un sueño profundo, recordé con frescura algunas citas claves de las Escrituras que ha­blan de cómo Dios el Espíritu Santo obra efectivamente en los corazones y mentes de sus hijos.

Dios nos ha dado diferentes capacidades, según lo que él ha querido darle a cada uno (Romanos 12:6, VP).

Y él mismo constituyó a unos, apóstoles... profetas... evangelistas... pastores... maestros, a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo, hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la es­tatura de la plenitud de Cristo; para que ya no seamos niños fluctuantes, llevados por doquiera de todo viento de doctrina, por estratagema de hombres que para en­gañar emplean con astucia las artimañas del error, sino que siguiendo la verdad en amor, crezcamos en todo en aquel que es la cabeza, esto es, Cristo, de quien todo el cuerpo, bien concertado y unido entre sí por todas las coyunturas que se ayudan mutuamente, según la acti­vidad propia de cada miembro, recibe su crecimiento para ir edificándose en amor (Efesios 4:11-16).

Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí (Gálatas 2:20).

No quiero, hermanos, que ignoréis acerca de los dones espirituales... hay diversidad de dones, pero el Espíritu es el mismo. Y hay diversidad de ministerios, pero el Señor es el mismo (1 Corintios 12:1, 4-5).

Estas ocasiones en que he despertado repentinamen­te y recordado citas bíblicas me han impresionado mucho, especialmente por el interés profundo y constante que ten­go en la Iglesia del Nazareno como movimiento religioso en estos últimos días.[1]

Creo que las iglesias de santidad están destinadas a desarrollar un papel clave en la evangelización de la socie­dad contemporánea. Nuestra herencia nos ha preparado para esta era en particular. Las doctrinas wesleyanas ama­das por los que proclaman la santidad, están en armonía con el progreso espiritual de una manera única. Esto de­bería afectar de modo significativo la manera en que vivi­mos, en que nos relacionamos con otros miembros del Cuerpo de Cristo, y la misión a la cual Dios nos ha llama­do. Pero, ¿siempre ha sido éste el caso en la práctica? Te­mo que no lo ha sido. Ningún sistema funciona perfecta­mente todo el tiempo.

Nuestra tradición teológica wesleyana originó con Juan Wesley en Inglaterra, a fines del siglo XVIII. Sin em­bargo, él mismo heredó una tradición de la enseñanza de la santidad que empezó en la iglesia del Nuevo Testamen­to, y que fue preservada fielmente hasta su era. La preser­vación y proyección de esta tradición a través de los siglos son documentadas de una manera admirable por el Dr. William Greathouse, en su libro intitulado Desde los Apóstoles hasta Wesley.1 La doctrina del Espíritu Santo no es nueva; ha sido una parte explícita de la herencia cristiana desde el Día de Pentecostés.

Hoy en día, cuando la atención del mundo cristiano está enfocada con nuevo vigor sobre la relación entre los dones espirituales y el crecimiento de la iglesia, los cristia­nos que proclamamos la santidad podemos ser contem­poráneos simplemente si vivimos la santidad. Los dones del Espíritu han formado parte de la vida de los cristianos desde un principio, como nos lo indican las páginas de la Santa Biblia.

EL DESCONOCIMIENTO PRÁCTICO

Algunos desconocemos acerca de los dones espiritua­les —Pablo nos amonestó contra esta condición cuando escribió: “No quiero, hermanos, que ignoréis acerca de los dones espirituales” (1 Corintios 12:1). Este desconocimien­to práctico, que algunos hemos traducido como “agnosti­cismo”, ha limitado nuestra vida y ministerio.

Los que formamos la iglesia cristiana en general he­mos privado a la juventud de un entendimiento claro de las verdades bíblicas. El resultado ha sido un crecimiento rápido de cultos paganos en nuestra sociedad. Necesitamos entender quiénes somos y conocer el fundamento bíblico de cualquier posición que tomemos. Pero no necesitamos continuar en el desconocimiento práctico de los dones espirituales; sin duda alguna, vez tras vez tenemos que recurrir a la Palabra de Dios para que nos guíe en esta área tan delicada e importante de nuestro ministerio al Cuerpo de Cristo.

El hecho central de nuestro entendimiento de los do­nes espirituales es que estos dones del Espíritu Santo son “dones de gracia”. Vienen de Dios para cumplir los pro­pósitos de Dios. El Espíritu Santo es El mismo el Don del Cristo resucitado, por lo que es la fuente a través de la cual Cristo imparte gracias o dones a sus seguidores continua­mente, de acuerdo a las necesidades de su Cuerpo, la Iglesia.

En su obra clásica intitulada Los dones del Espíritu, el Dr. Purkiser comenta: “No hay nada en el servicio prác­tico cristiano que sea de mayor importancia que el reco­nocimiento y el uso de los dones del Espíritu.”2

Después agrega: “En el Nuevo Testamento hay una palabra que denota los dones espirituales; es carismata.” Para los griegos la raíz, caris, significaba “gracia”. Los escritores del Nuevo Testamento usaban caris para des­cribir

el amor espontáneo, hermoso y no merecido de Dios que obra por Cristo Jesús... Carisma, nombre sustantivo en forma singular que tiene sus raíces en caris, significa literalmente “don de gracia”. Representa todas las do­taciones espirituales poseídas por los creyentes en va­rios grados y formas. Este sentido, por supuesto, se aleja bastante del uso popular de “carisma” para des­cribir lo encantador, lo atractivo, o lo simpático de al­gún personaje público o alguna estrella del cine.3

EL ESTUDIO DE LOS DONES ESPIRITUALES ES IMPORTANTE

Podemos beneficiar de un estudio personal de los dones del Espíritu, como también podemos recibir algunos beneficios de nuestra comunión con el Cuerpo de Cristo, la iglesia. En nuestro estudio de los dones espirituales, deberíamos desarrollar una unidad más fuerte dentro del Cuerpo, conforme vaya aumentando nuestra comprensión de cómo colaborar en mayor armonía.

El hecho de que se han celebrado tantos talleres so­bre este tema[2], nos ha permitido recibir muchas encuestas en las que los participantes informaron los resultados de haber asistido. Ellos dijeron casi unánimemente que los ta­lleres les habían ayudado mucho para deshacerse de la cul­pa, y para capacitarlos a “pensar sobriamente” acerca de sí mismos, y para dejarlos en libertad de marchar adelan­te, en el poder del Espíritu hacia un desarrollo más signifi­cativo de los dones que Dios claramente les ha dado. Algunos dieron testimonio de que el estudio de los dones espirituales les ha revelado tanto debilidades como puntos fuertes de su vida espiritual, especialmente cuando se han puesto bajo el escrutinio de la congregación local para confirmar si tienen ciertos dones espirituales.

El pastor Donald Guy de Kaneohe, Hawaii, ha utili­zado los dones espirituales como una medida principal para medir las asignaciones de responsabilidades en la iglesia por más de dos años. Tales asignaciones se confieren después de un análisis de las capacidades del individuo basado en los dones espirituales que muestre en su vida.

“Esto ha dado como resultado tanto una respuesta mayor a necesidades humanas, como un desarrollo más respon­sable de asignaciones aceptadas. En las sesiones de la Jun­ta tenemos un promedio de asistencia de 95 por ciento, o más, y prevalece un espíritu de armonía y confianza.”

La Iglesia del Nazareno en Roseburg, Oregon, por muchos años ha incluido la enseñanza y la implementa­ción de los dones espirituales como parte del proceso del discipulado y desarrollo. El crecimiento de la feligresía de 186 miembros a 501 en nueve años, es un testimonio elo­cuente del éxito de los métodos que han empleado. Es verdad que el estudio y el desarrollo de los dones espiritua­les de una congregación saca a luz algunos abusos y debi­lidades que tienen que superarse, sin embargo, la conse­cuencia predominante ha sido el desarrollo responsable y fructífero de la vida del cuerpo de la iglesia.

Un nazareno que vive en la costa oriental de Estados Unidos testificó que sus dones espirituales eran una com­binación de intercesión, fe y hospitalidad, y que cuando la congregación confirmó esos dones, eso le “dio una percep­ción especial de mi responsabilidad de utilizar estos dones para la gloria de Cristo. ¡Definitivamente me ha ayuda­do!” Esta persona incluyó en su testimonio que tuvo el primer indicio de que poseía estos dones cuando vio los resultados de su examen sobre dones espirituales. La vo­luntad de Dios se le manifestó de una manera nueva. Con­cluye su testimonio, diciendo: “Entonces Dios se apoderó de mí.”

Varios pastores han expresado que ocurre un enri­quecimiento personal cuando un grupo del Cuerpo confir­ma una mezcla entre ellos de los dones de la profecía, la enseñanza, el pastorado y la administración. La confirma­ción ayuda “en la realización de un grado mayor de éxito”.

Al repasar los informes de las encuestas de los talleres sobre los dones espirituales, no encontré ni una sola de­claración de que la confirmación de los dones espirituales haya sido un impedimento. Al contrario, las formas indi­can que esta confirmación ha animado y beneficiado a cada uno de los participantes. Algunos han expresado que el descubrimiento de sus dones les ha ayudado a desarro­llar su ministerio, o a estar en paz con ellos mismos, o les ha dado confianza en el ejercicio de sus responsabilidades cristianas.

TENGAMOS LA META POR DELANTE

¿Cuál es la meta de este estudio? Lo que es más, ¿cuál es la meta de nuestra iglesia? Algunos de los eruditos más destacados de nuestra denominación han hecho el exégesis sobre la naturaleza de la iglesia y sobre los dones espiritua­les, que presentamos en este estudio. Todos seremos me­jores personas por haber hecho este estudio. Pero, ¿cuál es la meta que debemos tener presente? Nuestra meta está incluida en la gran comisión que Cristo le dio a su iglesia.

Por tanto, id, y haced discípulos a todas las nacio­nes, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén (Mateo 28:19-20).

La meta es hacer discípulos. La gran comisión es ex­presada con verbos de acción. El imperativo, “haced dis­cípulos”, nos aclara cuál es nuestra meta.

Ninguna iglesia debe estar satisfecha a menos que esté haciendo “discípulos”. Si no estamos ocupados en este trabajo, con más razón deberíamos evaluar las si­guientes tres direcciones que debemos tomar.

1.              Examinémonos a nosotros mismos —a esta parte de la iglesia, el Cuerpo de Cristo, que somos nosotros. Esto no nos debería resultar difícil, pues hoy en día podemos encontrar cantidades de libros y cursos de estudio sobre el automejoramiento casi en todos los lugares donde se venden libros y revistas. Debemos ser tan prudentes como las personas que buscan el éxito secular. Algunos encon­traremos esto difícil de hacer porque no estamos acostum­brados a ofrecer opiniones, ni a recibirlas, uno del otro en un modo objetivo. Con frecuencia concentramos nuestra atención en las personas —sus diferencias— en lugar de concentrarnos en ideas y principios. Así es como empeza­mos a criticar a las personas, a establecer una comunica­ción inadecuada, y a retardar el crecimiento personal.

Algunas de nuestras iglesias están enfermas en el sentido de que no han hecho muchos discípulos. Las clíni­cas diagnósticas han provisto una herramienta de auto des­cubrimiento que le ayuda a la iglesia local a encontrar las posibles enfermedades que tenga.[3] Pero no todas las igle­sias están enfermas. Una iglesia no tiene que estar enferma para encontrar mejores conceptos y métodos para emplear en su ministerio.

2.              Analicemos la cosecha. ¿Es mucha la cosecha? ¿Qué tan receptiva es? Cristo nos mandó que miremos la cosecha. Hizo hincapié también sobre el hecho de que debemos plantar en buena tierra. Miles de personas comunes y corrientes como los que formamos la iglesia en Estados Unidos, esperan una invitación a asistir a una iglesia, según el estudio compilado por el Dr. George C. Gallup en 1978.[4]

El pastor Don Wilkins y los miembros de su iglesia en Grand Rapids, Michigan, miraron la cosecha y descubrie­ron a un número excesivo de hispano-hablantes e indios norteamericanos en los alrededores de la ciudad, a los cuales nadie les estaba ministrando.

La histórica Primera Iglesia del Nazareno en Los An­geles, California, ha estado mirando a sus campos de co­secha, y ha descubierto que, no obstante la mudanza de muchos anglosajones a los suburbios y el hecho de que al­gunos han fallecido, un gran número de coreanos y latinos viven en los alrededores de la iglesia, los cuales disfrutan del ministerio de las congregaciones de su mismo idioma y del de algunas iglesias de habla inglesa. Recientemente han descubierto campos de cosecha indochinos, que se desconocían casi por completo. Este grupo está compuesto de personas de Tailandia, Camboya, Birmania, Vietnam y otros países de la Indochina. Los tai tienen comercios dentro de un radio de cinco kilómetros de la Primera Igle­sia del Nazareno en Los Angeles. Estos comercios inclu­yen 37 restaurantes, 6 tiendas, 7 salones de belleza y 4 agencias de viajes. El corazón del pueblo tai se encuentra a un poco más de un kilómetro de la Iglesia del Nazareno.

La proclamación del mensaje de santidad ha empeza­do por medio de intérpretes tai. Los nazarenos también realizan programas de estudio bíblico en el hogar, y distri­buyen tanto literatura evangélica como grabaciones evan­gélicas. Una vez por mes traducen simultáneamente, en varios idiomas, el servicio de adoración, para que estas congregaciones puedan unirse con ellos en adorar a Dios y en alabarle.

El Distrito de Nueva Inglaterra, y los de Nueva York, Florida, Chicago, y muchos otros, han estado mirando hacia sus campos de cosecha. El superintendente de dis­trito William Taylor, dice que la población es una mezcla de asiáticos, negros y latinos. Recientemente, las oficinas de inmigración permitieron la entrada a un grupo grande de caboverdianos. El distrito ha llamado a un pastor capa­citado de Brasil para encabezar esta obra, y ahora su hijo le está ayudando a cosechar las almas.

El Distrito Oregon-Pacífico también ha estado miran­do sus campos de cosecha últimamente, y ha decidido empezar de inmediato 80 a 100 iglesias. Treinta pastores fueron llamados para inaugurar la nueva obra en el verano de 1979. Las tres congregaciones de la ciudad de Eugene, conmovidas por la cosecha, se unieron para auspiciar 20 iglesias nuevas que se establecerían dentro de los linderos de esta ciudad de 185.000 habitantes, y a sus alrededores. Jesucristo nos amonesta que no esperemos ya más. “Alzad vuestros ojos y mirad los campos, porque ya están blancos para la siega” (Juan 4:35).

3.              Miremos a los obreros que tenemos para realizar la obra. ¿En qué forma estamos discipulando a los feli­greses? ¿Cómo los estamos preparando? ¿Qué método es­tamos empleando para esparcirlos con el fin de poder dis­cipular al número mayor de personas posible? La Primera Iglesia del Nazareno en Denver, Colorado, tiene un pro­grama de discipulado tan efectivo que ha influido en toda la denominación. El Departamento de Ministerios Juve­niles ha producido excelentes materiales sobre el discipu­lado para cristianos jóvenes.[5]

Recientemente un gran número de nuestras iglesias en Estados Unidos han estudiado un curso completo acerca del crecimiento de la iglesia, con el deseo de enviar obreros más capacitados y discipulados para cosechar el fruto de los campos. En algunos casos, el estudio intitulado Get Ready to Grow, mencionado a principios de este capítulo, fue seguido por una clínica diagnóstica o un taller sobre los dones espirituales. Nos han llegado muchas noticias buenas de que Dios está realizando su obra redentora en las almas, de que éstas están siendo salvadas, y de que la obra está creciendo. Creemos que Dios se agrada cuando hacemos discípulos de las almas cosechadas.

¿HAY BASES BÍBLICAS PARA LA FALTA DE CRECIMIENTO?

No hemos encontrado bases bíblicas para la falta de crecimiento de las iglesias. Por otro lado, hay bases escri­turales para el crecimiento rápido (lea Hechos 2:47; 6:1). Las iglesias tibias e indiferentes son condenadas (Apoca­lipsis 3:14-16). Estudiemos la enseñanza de Cristo acerca de la siega. ¿Qué nos dice acerca del crecimiento de una iglesia? La iglesia solamente puede crecer a través de los miembros del Cuerpo de Cristo. Nos hemos aferrado demasiado tiempo al concepto medioeval de la iglesia como una localidad o edificio. En algún tiempo en el futu­ro, y en algún lugar, creo que habrá una feligresía com­puesta de docenas de congregaciones que se reúnen en hogares de diferentes niveles de vida (no de una sola uni­dad homogénea), con muchos líderes que combinan el pastorado con un oficio o empleo... discipulando... en­señando. . . ganando almas para Cristo, reuniéndose por lo menos una vez por semana para celebrar servicios de adoración, o de avivamiento en salones alquilados con cupo para cientos de personas.

Dios no se agrada cuando una iglesia deja de crecer al contar con 24 a 35 miembros, ni cuando tiene entre 65 y 74 miembros. Yo anticipo que por lo menos 2.500 de nuestras congregaciones doblarán su feligresía durante la siguiente década, y aun así creo que mi visión es muy conservadora. Por fe puedo ver la multiplicación de igle­sias a tal escala que 1.900 iglesias nuevas podrían ser orga­nizadas dentro de esos mismos 10 años en los distritos domésticos. [6]

Si tenemos una mentalidad pasiva, no habrá iglesias nuevas ni se multiplicarán las ya existentes. La preocupa­ción con conceptos motivados por la conservación de lo que tenemos nos hará cantar himnos que nos arrullarán mien­tras que la iglesia se esté muriendo poco a poco. Si tenemos una mentalidad moldeada mayormente por la tradición, dependeremos de nuestra lealtad a las tradiciones, pero esto no nos ayudará a ganar a los jóvenes, especialmente si las metas para la iglesia son establecidas por los adultos de edad avanzada que pasan por alto a la presente gene­ración.

Podremos ver el crecimiento que tanto anhelamos si somos sensibles al mandato bíblico de ir y hacer discípulos. La variedad y no la homogeneidad es la señal verdadera de la vida. En este estudio esperamos descubrir las muchas maneras en que Cristo imparte sus dones a las personas para que le sirvan. ¿Podemos estar unidos en nuestra di­versidad? Nuestra compulsión de “congelar” o inmovilizar alguna situación en particular, o de hacer todas las deci­siones, nos puede indicar que tenemos una mentalidad forjada mayormente por la tradición.

Queremos empezar este estudio con una actitud de oración y con una Biblia a la mano. Comencemos ahora mismo a familiarizarnos con 1 Pedro 4:10-11; Efesios 3 y 4; Gálatas 5; Romanos 12; y 1 Corintios 12. Leamos los pasa­jes en varias versiones de la Biblia. Confiamos que las traducciones fieles a los idiomas originales de La Biblia de Jerusalén y la Versión Popular, le ayudarán a realizar este estudio.

LOS DONES ESPIRITUALES

La siguiente lista sencilla de los dones espirituales proviene de la Versión Popular (le recomendamos com­parar esta versión con la de Reina-Valera, revisión de 1960, y con la Biblia de Jerusalén, u otra versión a su disposi­ción).

Efesios 4 apóstoles

                 profetas

                 anunciadores del mensaje de salvación

                 pastores

                 maestros

Romanos 12 comunicar

                 servir

                 enseñar

                 animar

                 dar

                 desempeñar un puesto de responsabi­lidad

                 ayudar a los necesitados

1 Corintios 12 hablar con sabiduría

                 hablar con profundo conocimiento fe

                 curar enfermos

                 hacer milagros

                 comunicar mensajes

                 distinguir entre los espíritus falsos y el Espíritu verdadero

                 hablar en lenguas (idiomas)

                 interpretar lenguas (idiomas)

¿CUÁLES DONES TIENE USTED?

¿No siente algo de curiosidad por saber cuáles son sus dones espirituales? Por lo general cada persona en­contrará que tiene una mezcla de dones con dos o más de ellos operando por medio de su personalidad. Con frecuen­cia descubrirá que diferentes dones operarán en puntos particulares en su vida. Tal vez ni usted ni su iglesia ha­bían visto estos dones. Cuando principié mi ministerio, creía tener el don especial o la unción para ser evangelista. Cuando predicaba, con frecuencia las personas pasaban al altar buscando la ayuda de Dios. Temprano en mi carrera noté que tenía los dones de la administración y la organi­zación, aunque no me había dado cuenta de ello en aquel tiempo. Pensaba en mí como un pastor, un consejero, un impartidor de estímulo; pero después, los dones de la administración empezaron a notarse más en mi vida que el de evangelista. Ahora me considero un ayudador de personas que desean el éxito en sus esfuerzos de ganar almas y en proyectos espirituales. Más y más el Cuerpo confirma mis dones de administrador, y yo recibo gran satisfacción cuando influyo, ayudo y conceptúo en el planeamiento de reuniones para ayudar a otros a saber cómo lograr el éxito de la manera más efectiva.

¿Cuáles dones espirituales tiene usted? ¿Le gustaría saber? Juntos podemos hacer la prueba. Hemos diseñado un auto examen sencillo que le revelará las áreas en que usted posiblemente tenga dones. No podemos depender to­talmente de este examen, pero le puede ayudar a prepa­rarse para el estudio que le espera. Quizá se sorprenda de sus buenos resultados en ciertas áreas del examen. Lo más seguro es que descubrirá resultados superiores en más de una área, porque en general cada persona tiene una “mezcla de dones”.

Ya sea que usted pueda o no descubrir un don espi­ritual en su vida, ciertamente encontrará algunas funcio­nes que son esenciales para poder tener éxito en la obra de Dios. Tal vez usted no esté funcionando como maestro, ujier, cantante, tesorero, encargado del departamento de cuna, ni encargado del estacionamiento. Pero es posible que parte del Cuerpo esté confirmando en usted un don especial que Dios le haya dado para hacer su parte.

Tengamos cuidado de que este estudio no resulte en algún abuso. Después consideraremos estos abusos. Para principiar, debo advertirle que ningún examen humano garantiza la posesión de dones espirituales. Ningún méto­do diseñado por los hombres es seguro. Nuestra esperanza es poder estimularlo a meditar, orar y estudiar para que pueda encontrar su ministerio personal en el reino de Dios, en el cual usted pueda ser efectivo y sentir tanto satisfac­ción propia como por su iglesia.

EL DESEO DE ENCONTRAR LA VOLUNTAD DE DIOS PARA NUESTRA VIDA

Nuestra oración y deseo es ser dirigidos a descubrir la voluntad de Dios para nuestra vida. El Dr. C. Peter Wagner nos recuerda que la ignorancia no produce la feli­cidad. “La ignorancia de los dones espirituales puede ser una de las causas principales de que el crecimiento de la iglesia se ha retardado, como también la raíz del desánimo, la inseguridad, la frustración y la culpa que afectan a muchos cristianos, disminuyendo su efectividad total para Dios.”4

AUTO EXAMEN

En esta primera sesión de nuestro estudio, utilicemos el siguiente examen para determinar cuáles dones espiri­tuales son los más abundantes entre nosotros.

INSTRUCCIONES

1.  Conteste las 20 preguntas en cada una de las seis categorías A, B, C, D, E, F. Anótese “0” puntos si nunca ha experimentado lo que indica la pregunta. Anótese el máximo de “5” puntos si la pregunta representa alguna experiencia que usted tiene con mucha frecuencia. Si la pregunta representa algo que usted experimenta de vez en cuando en su vida, tal vez desee anotarse sólo 2, 3 ó 4 puntos. Sea práctico y pragmático al contestar las pre­guntas.

2.  Anote los puntos en cada una de las columnas de la cédula para calificaciones. Si no entiende el proce­so a seguir, consulte al instructor.

3.  Después de haber contestado todas las preguntas, sume el total recibido en cada una de las catego­rías y escriba el total en el espacio provisto (A+B+C+D+E+F=total).

4.  Ponga un círculo alrededor de los tres totales más altos, y una raya enseguida de los tres totales si­guientes.

5.  Cuando termine, vea la clave en el Apéndice A (o la que le provea el instructor) para anotar los nom­bres de los dones espirituales en los espacios nu­merados 1 a 20.

6.  Ahora reúnanse en grupos de 4 ó 5 personas para comentar sobre los resultados de sus exámenes. Pregúnteles a los demás si ellos piensan que usted se ha calificado bien.

Ejemplo de la Cédula Para Calificaciones

Dones Espirituales

A

B

C

D

E

F

Total

Dones Indicados

1

 

5

3

3

4

3

2

20

 

2

 

3

3

2

2

3

2

15

 

3

 

2

2

3

3

3

4

17

 

4

 

 

 

 

 

 

 

 

 

5

 

 

 

 

 

 

 

 

 

6

 

 

 

 

 

 

 

 

 

7

 

 

 

 

 

 

 

 

 

8

 

 

 

 

 

 

 

 

 

9

 

 

 

 

 

 

 

 

 

10

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


Cédula Para Calificaciones

Una Representación de mis Dones Espirituales

Dones Espirituales

A

B

C

D

E

F

Total

Dones Indicados

1

 

 

 

 

 

 

 

 

 

2

 

 

 

 

 

 

 

 

 

3

 

 

 

 

 

 

 

 

 

4

 

 

 

 

 

 

 

 

 

5

 

 

 

 

 

 

 

 

 

6

 

 

 

 

 

 

 

 

 

7

 

 

 

 

 

 

 

 

 

8

 

 

 

 

 

 

 

 

 

9

 

 

 

 

 

 

 

 

 

10

 

 

 

 

 

 

 

 

 

11

 

 

 

 

 

 

 

 

 

12

 

 

 

 

 

 

 

 

 

13

 

 

 

 

 

 

 

 

 

14

 

 

 

 

 

 

 

 

 

15

 

 

 

 

 

 

 

 

 

16

 

 

 

 

 

 

 

 

 

17

 

 

 

 

 

 

 

 

 

18

 

 

 

 

 

 

 

 

 

19

 

 

 

 

 

 

 

 

 

20

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Una Representación de Mis Dones Espirituales -Sección A

1. Dios me ha dado un entendimiento acerca del futuro.

2. Comprendo la importancia de mantener los cuartos bien aseados y cómodos.

3. Soy capaz de realizar tareas especiales para otros cris­tianos.

4. Puedo explicar los hechos de la Biblia de tal manera que las vidas de otras personas sean cambiadas.

5. Puedo persuadir a otros a mejorar aunque al principio no quieran hacerlo.

6. El dinero que doy a la obra de Dios excede el 10% de mis entradas.

7. Tomo completa responsabilidad por mis decisiones sin ofrecer excusas.

8. Puedo pensar en maneras de hacerles la vida más lle­vadera a los afligidos físicamente.

9. Soy sensible a las necesidades de otras personas.

10. Puedo hacerme responsable por grupos de cristianos de distintas comunidades.

11. No me es difícil ajustarme a una cultura diferente de la mía.

12. Puedo explicar con claridad el significado de la salva­ción tal como se encuentra en la Biblia.

13. Por lo general puedo escoger un plan de acción que beneficie a otros cristianos.

14. Tengo una buena memoria.

15. Las personas por quienes voto casi siempre desarrollan su tarea con efectividad.

16. Me satisface mucho orar por la curación de los enfer­mos.

17. En el nombre del Señor he hecho lo que de otra manera habría sido imposible.

18. A través de la oración, Dios me ha revelado la salvación futura de algún inconverso.

19. Puedo hablar y escribir en más de un idioma.

20. Con facilidad puedo discernir diferencias sutiles de significado en otro idioma.

Una Representación de Mis Dones Espirituales-Sección B

1. Me satisface enseñarle la Palabra de Dios a un grupo.

2. Me gusta ayudarles a otros a estar cómodos.

3. Me gusta hacer favores a otros cristianos.

4. Me gusta aprender.

5. Me gusta aconsejar a otras personas para su beneficio.

6. Mis entradas económicas exceden a las de una perso­na asalariada.

7. Me satisface hacer decisiones que afectan el futuro de mi iglesia.

8. Me gusta hacer tareas pequeñas para los que no pue­den cuidarse a sí mismos.

9. Me agrada ayudarles a otros cristianos a crecer espiri­tualmente.

10. Para mí es un desafío tener la responsabilidad de ayu­dar a un grupo de personas a crecer espiritualmente.

11. Puedo aprender de las personas cuyo estilo de vida difiere radicalmente del mío.

12. Me agrada dirigir una conversación sobre asuntos seculares hacia una sobre asuntos espirituales.

13. Me encanta investigar las respuestas a los problemas de la vida, y luego apropiarlas a mi vida.

14. Me gusta aprender acerca de la actividad de Dios en la historia humana.

15. Me interesa investigar las razones que mueven a las personas a hablar y a actuar en la manera en que lo hacen.

16. No tengo duda alguna de que Dios milagrosamente sana a los enfermos aun en estos días.

17. No me afecta en lo absoluto tener que arriesgar mi reputación en defensa de la Palabra de Dios.

18. Aun cuando las circunstancias parecen contradecir a la Palabra de Dios, me es fácil confiar en Dios, y mi fe casi siempre es recompensada.

19. Dios me ha ayudado a testificar en un segundo idioma.

20. Dios me ha ayudado a entender un segundo idioma.

Una Representación de Mis Dones Espirituales-Sección C

1. Me parece que Dios bendice mis presentaciones de mensajes bíblicos, los cuales son bien recibidos por los oyentes.

2. Algunas personas me dan las gracias por las tareas pequeñas que desarrollo en la iglesia.

3. Me asignan responsabilidades que requieren mucha aptitud, pero que reciben muy poco reconocimiento público.

4. Algunas personas me piden información bíblica o en otras áreas de conocimiento.

5. He influido de una manera significativa en la decisión de algunas personas de hacer algo por el Señor.

6. Mis entradas económicas me alcanzan para poder con­tribuir con mucho dinero a escuelas cristianas, a la iglesia, y a organizaciones de beneficencia.

7. Otros cristianos buscan mi opinión y aceptan mis su­gerencias.

8. Me piden que visite a las personas que tienen necesi­dades especiales, como los ancianos y los hospitaliza­dos.

9. Algunas personas me expresan su aprecio por la ayuda espiritual que han recibido a través de nuestra amis­tad.

10. He sido autorizado por mi iglesia para dirigir a otros cristianos, o para empezar iglesias nuevas.

11. Reconozco de inmediato cuando estoy apenando a otras personas con lo que digo o con lo que hago.

12. Tengo poder en la oración y he llevado una petición en oración audible hasta recibir la contestación.

13. Otras personas parecen estar inclinadas a aceptar mis consejos y ponerlos en práctica.

14. Me han pedido que realice proyectos de estudio espe­cíficos sobre la Biblia

15. Algunas personas que ocupan puestos de autoridad pi­den mi opinión respecto a la asignación de tareas a ciertas personas.

16. Los enfermos me piden que los visite y que ore con ellos.

17. Algunas personas me han dicho que yo tengo más fe que ellas en la posibilidad de que ocurran milagros.

18. Otros cristianos han comentado que a ellos les parece que yo he aprendido a confiar completamente en Dios.

19. Los grupos o congregaciones de feligreses extranjeros responden cuando les hablo en su propio idioma.

20. He fungido como intérprete para un orador extranjero.

Una Representación de Mis Dones Espirituales-Sección D

1. Cuando les hago saber a otros que lo que yo siento es la voluntad de Dios, ellos parecen estar dispuestos a seguir.

2. Me gusta hacer diligencias rutinarias en la iglesia, co­mo acomodar sillas, mesas, himnarios, y otras tareas parecidas.

3. Cuando ocupo un puesto subordinado, puedo pensar en algunas maneras de ayudarle al director a tener éxito.

4. Cuando enseño, los alumnos aprenden.

5. Fácilmente converso con las personas que se sienten muy solas, y parecen recibir ayuda.

6. Cuando se presentan necesidades financieras en la iglesia, recurro a mis fondos para satisfacerlas.

7. Mis decisiones son consideradas valiosas por otros cristianos.

8. Cuando me cuentan de la necesidad de otro, reconozco la clase de ayuda que debo ofrecer.

9. Las personas bajo mi influencia crecen espiritual­mente.

10. Conozco las tradiciones tanto bíblicas como denomi­nacionales que debo comunicar a la nueva generación.

11. Puedo establecer una comunicación significativa con personas de otras nacionalidades.

12. Cuando testifico de la manera en que me salvó Cristo, algunos de los que me oyen reconocen su necesidad del Salvador y son convertidos.

13. Soy capaz de ayudarles a otras personas a encontrar soluciones cristianas a sus problemas morales y espi­rituales.

14. Aprendo lecciones nuevas de los que me enseñan.

15. Puedo distinguir entre la espiritualidad genuina y su imitación.

16. He orado para la curación de un enfermo y éste ha sido sanado.

17. Las leyes de la naturaleza han sido alteradas debido a mis oraciones.

18. Algunas de las promesas que Dios me ha hecho se han cumplido.

19. Las personas que hablan otros idiomas me entienden cuando les hablo en su idioma.

20. Puedo pensar en dos idiomas simultáneamente.

Una Representación de Mis Dones Espirituales-Sección E

1. Otros cristianos me han pedido que proclame la Pala­bra de Dios en reuniones de grupo.

2. Me piden que haga tareas prosaicas que otros no quie­ren hacer.

3. Algunos pastores, directores y maestros de la escuela dominical y otras personas me tienen confianza cuan­do me piden que les ayude.

4. Encuentro diferentes maneras para expresar la misma verdad.

5. Cuando mis amigos y compañeros de la iglesia se sien­ten deprimidos, les agrada que los visite.

6. Me alegra dar mucho dinero a la iglesia ahora que gano más, así como me alegraba también dar todo lo que podía cuando ganaba menos de lo que gano hoy.

7. He sido elegido para desarrollar responsabilidades claves que requieren decisiones importantes.

8. Algunas personas recuerdan por mucho tiempo des­pués, que les ayudé cuando estuvieron enfermas.

9. Algunas personas me confían sus problemas.

10. He servido a la iglesia en los niveles distrital y general.

11. Las personas de otras culturas me tienen confianza y reaccionan a mí de una manera plancentera y signifi­cativa.

12. Algunas personas me han dicho que soy sensible a sus problemas o condición espiritual.

13. Con frecuencia algunas personas me piden que les ayude a decidir lo que deben hacer con sus vidas.

14. Algunas personas me han elogiado por mi conocimien­to de la Biblia.

15. Con éxito he tratado problemas relacionados a los cultos rendidos a Satanás, a la posesión demoníaca, etc.

16. Dios contesta mis oraciones por la curación de otra persona de una manera visible a otros.

17. Con frecuencia me asignan tareas difíciles porque otros saben que Dios siempre está conmigo.

18. Otros me han llamado hombre (o mujer) de fe.

19. Me han pedido que escriba cartas en otro idioma.

20. Algunas personas han solicitado mi ayuda para que les explique el significado de lo que otro ha dicho, espe­cialmente cuando el que ha hablado es de otra gene­ración o de otra cultura.

Una Representación de Mis Dones Espirituales-Sección F

1. Si yo recibiera un entendimiento claro de la voluntad de Dios, no titubearía en comunicarla a los demás.

2. Desarrollo tareas rutinarias sin sacrificar la atención que debo prestarles a los detalles.

3. Me contento cuando alguien más recibe el crédito por algo que yo hago.

4. Yo podría ser maestro de la escuela dominical o el di­rector de un estudio bíblico de hogar.

5. No me cuesta dificultad escuchar a los confundidos o afligidos, y animarles a hacer el mayor esfuerzo para resolver su problema.

6. Me contentaría con un estilo de vida económicamen­te más sencillo si esto ayudaría a avanzar el reino de Cristo.

7. Me gustaría ver a otras personas seguir mi dirección en la obra de Dios.

8. Siento confianza en mí mismo cuando puedo ayudar­les a los enfermos y a los que lloran la muerte de un ser querido.

9. No sería un inconveniente platicar con alguien sobre cualquier problema que tuviera, aunque eso interrum­piera mi descanso por la noche.

10. Me agrada la idea de que tal vez Dios me utilice de modo significativo en su servicio a personas de otras nacionalidades.

11. Acepto las diferencias de otras personas sin prejuicios.

12. No temería buscar a los inconversos en donde estén para testificarles de Cristo.

13. Entiendo cómo las verdades de la Biblia pueden ser desarrolladas en nuestra vida.

14. Me emociona el aprender nuevas verdades de la Bi­blia.

15. Puedo distinguir entre el bien y el mal.

16.  Confío en que, a través de mis oraciones de fe, puedo ayudarle a un accidentado o enfermo a mejorar.

17.  Tengo muchísima confianza en el poder de Dios que obra milagros.

18.  "Porque Dios lo ha dicho” es toda la prueba que nece­sito de que algo acontecerá.

19.  Puedo expresar ideas complejas de una manera senci­lla.

20.  Puedo entender ideas complicadas y repetirlas con palabras más sencillas.

PARA LECTURA ADICIONAL

Greathouse, William. Desde los apóstoles hasta Wesley. Kansas City: Casa Nazarena de Publicaciones, 1978.

Orjala, Paul. Get Ready to Grow. Kansas City: Beacon Hill Press of Kansas City, 1975.

Purkiser, W. T. Los dones del Espíritu. Kansas City: Casa Nazarena de Publicaciones, 1979.

Schaller, Lyle. Understanding Tomorrow. Nashville: Abingdon Press, 1976.

Wagner, C. Peter. Your Spiritual Gifts Can Help Your Church Grow. Glandale, California: Regal Books, 1979.

 



[1] Mi interés me ha guiado y motivado en el desarrollo de un proceso de entrenamiento para el crecimiento de la iglesia, en el cual han parti­cipado el 90% de nuestros superintendentes de distrito, cinco de los seis superintendentes generales, 35 de los más destacados eruditos nazarenos, y 700 miembros de comités del crecimiento de la iglesia al nivel de dis­trito. Este primer paso nos dirigió hacia el estudio del Curso de Capa­citación Cristiana intitulado Get Ready to Grow (1978), el cual se llevó a cabo en todas las iglesias anglosajonas de la denominación. A través de este estudio los miles de participantes llegaron a una comprensión más completa de la misión de la Iglesia de Jesucristo en el contexto del movimiento moderno del crecimiento de la iglesia.

[2] El autor y otros capacitados en esta área de servicio, han celebra­do estos talleres a través de los Estados Unidos con el fin de mejorar el autoconcepto de los cristianos. Esto a su vez les ayudará a desarrollar sus dones en el poder del Espíritu.

 

[3] La Clínica Diagnóstica puede ser comprada de la Casa Nazarena de Publicaciones. Contiene un instrumento que señala con exactitud las debilidades o enfermedades dentro de una iglesia que haya llegado a un punto de estabilidad sin cambio, o de una que vaya en declive. Las medidas preventivas siempre son provechosas aun en iglesias sanas.

[4] El censo intitulado Unchurched American Survey (encuesta para determinar el número de personas que no asisten a la iglesia en Esta­dos Unidos) del Dr. Gallup, incluye los resultados de un consorcio de cuerpos religiosos, en el cual figura la Iglesia del Nazareno:

61 millones de norteamericanos no son miembros de ninguna iglesia o institución religiosa.

De ellos—

El 76% dice que a veces oran a Dios.

El 74% desean que sus hijos reciban instrucción religiosa.

El 68% creen en la resurrección de Jesucristo.

El 52% aceptarían una invitación de asistir a la iglesia.

 

[5] En preparación.

[6] Estados Unidos y Canadá