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CAPITULO 17
SI HAN PERDIDO LA
BENDICION
¿QUE SUCEDERA?
Convertíos, hijos rebeldes, dice
Jehová, porque yo soy vuestro esposo. Reconoce, pues, tu maldad, porque contra Jehová tu
Dios has prevaricado
y no oíste mi voz. Vuélvete... no haré caer mi ira sobre ti,
porque misericordioso soy yo; no guardaré para siempre el enojo (Jeremías 3:14, 13, 12).
La dificultad para la restauración del
retrógrado yace en él mismo y no en el Señor. Nos es difícil confiar en alguien a
quien hemos hecho algún mal, y la dificultad se duplica cuando la persona a quien se ha
hecho el mal ha sido un amigo bueno y cariñoso. Vean el caso de los hermanos de José. Le
hicieron un gran mal vendiéndole como esclavo para que le llevasen a Egipto, y al fin,
cuando se enteraron de que vivía aún, y de que ellos estaban en sus manos, tuvieron
mucho miedo.
Mas él les aseguró que no sentía ninguna
enemistad en contra de ellos y, finalmente, ganó la confianza de todos ellos debido al
amor y generosidad con que les trató. Esta confianza fue aparente hasta el día en que
murió Jacob su padre, y entonces volvieron a despertarse todos sus antiguos temores.
Y viendo los hermanos de José que su
padre era muerto, dijeron: Quizá nos aborrecerá José, y nos dará el pago de todo el
mal que le hicimos. Y enviaron a decir a José: Tu padre mandó antes de su muerte,
diciendo: Así diréis a José: Te ruego que perdones ahora la maldad de tus hermanos y su
pecado, porque mal te trataron: por tanto ahora te rogamos que perdones la maldad de los
siervos del Dios de tu padre. Y José lloró mientras hablaban... Y les respondió
José: No temáis... yo os sustentaré a vosotros y a vuestros hijos. Así los consoló, y
les habló al corazón (Génesis 50:15-17; 19,21).
Amados camaradas retrógrados, vean en esta
sencilla narración la dificultad que ustedes tienen. A causa de su pecado, han hecho
violencia a su propio sentido de justicia, y ahora les parece casi imposible confiar en
su hermano Jesús a quien han hecho tan grave ofensa; y, sin embargo, su corazón grande y
tierno se desgarra por amor a ustedes. Y José lloró mientras hablaban.
Hermano, si usted no ha cometido el pecado imperdonable (y no lo ha hecho usted, si es que
no tiene ningún deseo deliberado de no ser del Señor), el primer paso que debe dar usted
es renovar su consagración; y, luego, su segundo y único paso es exclamar como lo hizo
Job: Aunque él me matare, en él esperaré (Job 13:1 5). Debe usted
quedarse firme en ese terreno, hasta que reciba el testimonio de haber sido aceptado.
Muchas personas fracasan aquí, porque
esperan todo el tiempo sentir las mismas emociones y gozo que tuvieron la primera vez
cuando fueron salvados, y no quieren creer, porque no sienten lo mismo que sintieron
entonces. ¿Recuerdan ustedes que los hijos de Israel estuvieron cautivos varias veces
después de haber entrado en Canaán? Pero Dios nunca volvió a dividir el río Jordán
para que ellos cruzasen. Dios jamás volvió a hacerles entrar de la misma manera como lo
hizo la primera vez. Dios dice: Guiaré a los ciegos por caminos que no sabían, les
haré andar por sendas que no habían conocido (Isaías 42:16). Pero si ustedes
buscan la antigua experiencia, están rehusando reconocer que son ciegos, e insisten en
seguir por las sendas que conocen. En otras palabras, quieren andar por la vista y no por
la fe. Deben rendirse al Espíritu Santo, y él les guiará, con seguridad, a la Tierra
Prometida. Traten sencillamente de ponerse bien con Dios. Hagan todo aquello que él les
diga que hagan. Confíen en él, ámenle, y él mismo descenderá a ustedes, pues
él (Jesús) nos ha sido hecho... santificación (1 Corintios 1:30). No es una
bendición lo que necesitan ustedes, sino al Bendecidor, a quien han dejado afuera a
causa de la incredulidad de ustedes.
Un hombre recientemente santificado dijo en
la Escuela de Teología de Boston: Hermanos, yo he estado aquí estudiando
teología durante tres años, pero ahora tengo a Theos (Dios) en mí.
Ustedes deben satisfacerse con él, no importa la manera cómo venga; ya sea como Rey de
reyes y Señor de señores, o como sencillo y humilde Carpintero. Manténganse satisfechos
con él, y él se irá revelando más y más a la fe humilde y sencilla de ustedes.
No se espanten al ver los leones: están
encadenados. Rehuyan las preocupaciones acerca del porvenir, y confíen tranquilamente en
él para el momento presente. Así que, no os afanéis por el día de mañana,
porque el día de mañana traerá su afán (Mateo 6:34).
Satanás quiere causarles preocupaciones
acerca de la capacidad que ustedes tienen para mantenerse firmes, especialmente si han
perdido su experiencia de paz y tranquilidad espiritual a causa de la desobediencia;
Satanás les echará eso en cara. Tengan presente lo que dice el Señor: Bástate mi
gracia (2 Corintios 12:9). No se preocupen del mañana.
Un amado camarada dijo en oración:
Padre, tú sabes qué agonía intolerable he padecido mirando hacia adelante, y
preguntándome si podría hacer esto o aquello en tal o cual fecha y en tal o cual
lugar.
Naturalmente eso tenía que hacerle sufrir.
El sencillo remedio era no mirar al futuro, sino tomar el escudo de la fe con
el cual podemos apagar todos los dardos de fuego del maligno (Efesios
6:16). El estaba sufriendo los golpes de los dardos de fuego. Pueden estar ciertos de
esto: no es Jesús quien les atormenta con pensamientos acerca del porvenir, pues él les
ha ordenado que no se preocupen acerca del mañana. Resistid al Diablo, y huirá de
vosotros (Santiago 4:7). Al llegar al punto de la obediencia, sean fieles, aunque
les cueste la vida. Sé fiel hasta la muerte, y yo te daré la corona de la
vida (Apoc. 2:10). Y menospreciaron sus vidas hasta la muerte (Apoc. 12:
11).
Una mujer que había perdido la experiencia
de la santidad, dijo: Me entregué a Jesús de nuevo y, durante algún tiempo,
confié, sin sentir nada. Una señorita vino a mi casa y sentí que tenía el deber de
hablarle acerca de su alma. Me pareció muy difícil, pero le dije al Señor que
sería fiel. Le hablé acerca del Salvador y de su alma. Las lágrimas inundaron sus ojos,
y el gozo henchió mi corazón. El Bendecidor había descendido, y ahora ella confía,
tranquila y feliz, en el Señor Jesús. Entréguense ustedes otra vez a Dios y hagan
que su vida misma entre en la consagración.
Una hermana fue retrógrada durante diez
años, pero hace poco fue rescatada y llenada del Espíritu Santo. Poco después dijo:
Pongan todo sobre el altar, y déjenlo ahí; no lo tomen otra vez, y podrán
tener la seguridad que el fuego de Dios descenderá y consumirá la ofrenda
¡Háganlo, háganlo así! Dios descenderá
sin duda alguna si esperan, y ustedes pueden esperar si quieren hacer algo para
la eternidad.
Por eso pues, ahora, dice Jehová,
convertíos a mí con todo vuestro corazón, con ayuno y lloro y lamento. Rasgad vuestro
corazón, y no vuestros vestidos, y convertíos a Jehová vuestro Dios; porque
misericordioso es y clemente, tardo para la ira y grande en misericordia, y que se duele
del castigo (Joel 2:12, 13).
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