Cuatro
NAHUM
y HABACUC
A. Nahum—Maldición de Dios Sobre la
Crueldad
Nombre: “Consolador.”
Hogar: Elkosh, posiblemente como a treinta
kilómetros al suroeste de Jerusalén.
Fecha: Entre los años 663 y 612 A.C.
Lugar de su
ministerio: Judá.
División del Libro:
I. Declaración Sobre el Asolamiento de
Nínive (capítulo 1).
II. Descripción de la Ruina de Nínive
(capítulo 2).
III. Defensa de la Destrucción de Nínive
(capítulo 3).
Versículos sobresalientes
para memorizar: 1:3;
1:7.
¡Oyese
estruendo de látigos,
Y
estruendo de ruedas impetuosas,
Y de
caballos que corren,
Y de
carros que vuelan,
Y de
caballería que carga!
¡Se ve
también el brillo de la espada,
Y el
relampagueo de la lanza!
Y hay
una multitud de muertos;
Montones
de cadáveres;
Y no
hay fin de los cuerpos muertos:
Tropiezan
las gentes contra los cuerpos muertos.
(3:2-3,
V.M.)
¡Un momento! ¿Qué pasa
aquí? ¿Qué pasa? ¡Hombre, Nínive está siendo destruida! ¿Nínive? ¡No!
¡Sí, Nínive! Nínive la
grande. Nínive la inconquistable. Nínive la poderosa. El monstruo cruel lucha
desesperadamente en las garras de la muerte, derrotado, vencido, acabado...
muerto.
¿Cómo? ¿Por qué? “Heme
aquí contra ti, dice Jehová de los ejércitos” (2:13; 3:5). Esa es la
respuesta. El Señor de los ejércitos está atacándola. Su destrucción se
decretó.
Pero, ¿por qué? “Porque
fuiste vil” (1:4). Las atrocidades inhumanas, las crueldades indescriptibles
de la antigua Nínive, le hicieron sumamente vil a los ojos de Dios. “Ay de la
ciudad de sangres, toda llena de mentira y de rapiña” (3:1). Una ciudad así
debería ser destruida.
1. LA CRUELDAD DE NINIVE
Más de un siglo había
transcurrido desde la profecía de Jonás. Nínive había caído de nuevo en su
carrera de conquistas crueles. El reino de Israel, donde Jonás vivió, había
sido pisoteado por las plantas del opresor. En el año del 732 A.C., el
territorio nativo del profeta, Galilea, fue capturado. Con la caída de
Samaria, la capital, en 721, el reino de Israel desapareció.
Pero las conquistas
sangrientas siguieron. Senaquerib invadió el reino de Judá en el 701. Su
sucesor, Esarhaddon, conquistó Egipto extendiendo así las fronteras del
imperio asirio hasta los límites del Asia.
El siguiente rey,
Ashurbanipal, reinó sobre Asiria cuando ésta se hallaba en el cenit de su
gloria. Este rey era una mezcla extraña. Por un lado, probablemente haya sido
el patrocinador más grande de la literatura en tiempos antiguos. Por
dondequiera que iba coleccionaba manuscritos antiguos. El descubrimiento de su
biblioteca real en Nínive, conteniendo miles de tablas de barro, ha sido uno de
los descubrimientos principales de los tiempos modernos.
Pero la cultura de
Ashurbanipal quedaba opacada por su crueldad. Se jactaba de despedazar a los
reyes; obligó a tres reyes cautivos a tirar de su carro real por las calles.
Obligó a un príncipe a llevar colgado de su cuello la cabeza sanguinolenta de
su rey, y celebró un gran banquete teniendo la cabeza de un monarca caldeo
colgando sobre sí. Los asirios eran famosos por su crueldad desenfrenada, pero
parece que Ashurbanipal los superó a todos.
Desde este punto de
vista hemos de considerar las profecías de Nahum. El motivo del libro lo
proveyó la crueldad extremada de Asiria.
2. LA FECHA DEL LIBRO
Es probable que Nahum
haya profetizado precisamente durante el reinado de Ashurbanipal. Sabemos que
su profecía se pronunció después del 663 A.C., porque fue en ese año
cuando Ashurbanipal conquistó a Tebas en el Egipto superior. El profeta
advierte a Nínive: “¿Eres tú mejor que No-amón (Tebas) que estaba asentada entre
ríos?... También ella fue llevada en cautiverio” (3: 8-10). La capital asiria
correría la misma suerte que la capital egipcia.
Por otra parte, la
última fecha posible para Nahum sería el año 612 A.C., cuando Nínive fue
tomada por los ejércitos combinados de los medos, los babilonios y los scythas.
Los ninivitas declararon un ayuno de cien días en un esfuerzo por aplacar a sus
dioses (véase Jonás 3: 15). Pero esto no explicaba sus crueldades
diabólicas.
Algunos eruditos colocan
el libro de Nahum poco después de la caída de Tebas en el 663 A.C. Pero
los estudios modernos parecen indicar que se escribió en el período
inmediatamente anterior a la caída de Nínive. Después de la muerte de
Ashurbanipal en el 626 A.C., el imperio asirio declinó rápidamente.
Perdió todos sus territorios extranjeros y pronto la ciudad misma cayó.
3. UNA DESCRIPCION DE LA CIUDAD
George Adam Smith nos ha
dado una descripción bastante extensa de Nínive y sus alrededores. La ciudad
tenía la forma de un eje, de donde salían los caminos en todas direcciones. A
lo largo de estos caminos se encontraban numerosos fuertes, torres y
guarniciones. El profeta anunció la caída inminente de estas avanzadas de
defensa. Declaró: “Todas tus fortalezas cual higueras con breva; que si las
sacuden, caen en la boca del que las ha de comer” (3:12). Todo el que haya
sacudido un árbol cargado de fruta madura, puede apreciar la vividez de la
expresión.
La ciudad estaba
protegida con una elevada muralla que medía más de once kilómetros de largo, y
era tan ancha que permitía que tres carros anduvieran ampliamente por su
terraza. A cierta distancia de la muralla se encontraba un foso de como cincuenta
metros de ancho. La tradición dice que tenía veinte metros de profundidad. El
agua para el foso venía de un canal y del río Khusur, un tributario del Tigris.
Todavía puede apreciarse la solidez de las murallas por sus ruinas, que se
levantan aún hasta casi veinte metros sobre el nivel del terreno natural,
notándose aquí y allá las ruinas más elevadas aún de los torreones. En su día,
Nínive fue la fortaleza más importante de Asia Occidental.
Pero todos estos fuertes
formidables son como nada. “He aquí, tu pueblo será como mujeres en medio de
ti: las puertas de tu tierra se abrirán de par en par a tus enemigos: fuego
consumirá tus barras” (3:13).
Y así, a la ciudad llegó
el aviso de que se preparara para el sitio. El orgulloso sitiador de una gran
ciudad tras de otra, debería probar ahora de su propio brebaje amargo.
“Provéete de agua para el cerco, fortifica tus fortalezas; entra en el lodo,
pisa el barro, fortifica el horno” (3:14). En otras palabras, prepárate para
lo peor.
4. LA CAPTURA DE NINIVE
Dos de los versículos
más vívidos en todo el libro describen el primer ataque furioso a los suburbios
de la ciudad:
Los carros se
precipitarán a las plazas, discurrirán por las calles: su aspecto como hachas
encendidas; correrán como relámpagos (2:4).
Sonido de látigo, y
estruendo de movimiento de ruedas; y caballo atropellador, y carro saltador (3:2).
La arremetida de los
carros viene acompañada de otra por la caballería: “Caballero enhiesto, y
resplandor de espada, y resplandor de lanza” (3:3). Los cuerpos muertos se
apilarían en las calles al grado de que los defensores y los invasores
tropezarían sobre ellos.
Cuando los asirios se
retiraron tras de la protección de las murallas, los sitiadores se prepararon
para la tarea final de abrirse paso a la fuerza. El primer paso fue la
construcción de burdos puentes sobre las zanjas. Los arqueólogos han encontrado
el foso del lado este lleno con desperdicios frente al gran hoyo abierto en la
muralla.
La tradición asegura que
una inundación de las aguas del Tigris o de su tributario, facilitaron la
captura de la ciudad. Evidentemente, echaron el agua contra las murallas o a
través de las compuertas, ayudando así a abrirse paso hacia la ciudad. Nahum
previó esto cuando escribió: “Las puertas de los ríos se abrirán, y el palacio
será destruido” (2: 6).
En consecuencia, Nínive
quedó completamente destruida. El profeta ve la ciudad como un depósito de
agua en cuyas paredes se ha abierto brecha para que toda el agua salga. Y así
sucedió en Nínive. Aunque algunos clamaron: “Parad, parad” (2:8), el pueblo
huyó aterrorizado. Dejaron la ciudad “vacía, asolada y despedazada” (2:10).
La vanidosa Nínive ha
quedado asolada desde el día en que fue destruida. Dos mojones, identificados
en 1842, son todo lo que queda del sitio. En el año 331 A.C., Alejandro
el Grande pasó por aquí en su camino hacia la conquista del mundo. Aunque no
pudo reconocer las ruinas de Nínive, ya que estaban enteramente cubiertas, bien
pudieron ellas haber susurrado una palabra de advertencia: “Todo lo que el
hombre edifica sin Dios, caerá ciertamente.”
5. EL HOGAR DEL PROFETA
Casi todos los pasajes
observados hasta aquí se han tomado de los capítulos segundo y tercero de
Nahum. Volvamos ahora nuestra atención al primer capítulo.
El primer versículo nos
da el encabezamiento del libro. “Carga (u oráculo) de Nínive. Libro de la
visión de Nahum de Elkosh.”
El pueblo natal de
Nahum, Elkosh, no ha podido identificarse. Algunos creen que haya estado en una
localidad al otro lado de Nínive, donde los habitantes señalan aún la
supuesta tumba del profeta. Otra tumba tradicional de Nahum se señala al sur
de Babilonia. Jerónimo dijo que había sido un pueblo en el norte de Galilea,
mientras que otros creen que fue Capernaum— cuyo nombre arábigo significa: “ciudad
de Nahum.” Quizá el sitio más probable sea en el sur de Judea, como a treinta
millas al sureste de Jerusalén. Es muy probable que Nahum haya venido de Judá,
puesto que Israel, el Reino del Norte, ya se encontraba en cautiverio.
6. LA IRA DE DIOS
G. Campbell Morgan ha
hecho la interesantísima observación de que en los primeros ocho versículos de
Nahum se encuentran todos los vocablos del Antiguo Testamento hebreo que
significan “ira.” En nuestra Biblia castellana de Reina y Valera, se traducen
como “celo,” “venganza,” “ira,” “furor,” “enojo,” (en una ocasión,
“indignación” se traduce como “ira”).
Y Campbell Morgan señala
con su método expositivo y analítico tan característico, que “celo” es el
resultado del amor herido. “Venganza,” significa retribución y no desquite.
“Ira,” significa una actitud que ha cambiado por causa del pecado. “Enojo e
indignación,” expresan la actividad de la ira. “Furor,” significa calor y
consunción por el fuego.
Mas, ¿cuál es la causa
del furor del Señor? Es su amor por su pueblo oprimido. Su misma ira es una expresión
de amor. No podemos creer en el amor de Dios sin creer también en la ira de
Dios, porque el amor debe indignarse en contra del mal. El amor moral es más
que un mero sentimiento.
7. EL MENSAJE DE NAHUM PARA NUESTRO DIA
El mensaje de Nahum es
definitivamente un mensaje para nuestro día. A la luz de las atrocidades
cometidas por los nazis en Europa, es más fácil apreciar los fuertes
sentimientos del profeta. Las crueldades indestructibles de los asirios de antaño
han quedado en evidencia en su libro de leyes recientemente descubierto. Los
castigos infligidos incluían arrancar los ojos, cortar las manos, rajar las
narices, tajar las orejas y derramar brea hirviendo sobre la cabeza. Cuando a
los cautivos inocentes e indefensos se les hacía víctimas de tales crueldades,
podemos comprender cuán justificada era la indignación de Nahum.
George A. Gordon dijo
una vez que hay tres grandes pruebas de un gran carácter: la capacidad para
amar intensamente; la capacidad para entusiasmarse intensamente, y la
capacidad para indignarse intensamente. Sin un sentido de indignación contra el
pecado y el mal, no hay amor verdadero. Por lo tanto, necesitamos escuchar el
mensaje que Dios tendría para este siglo nuestro por medio de Nahum.
Raymond Calkins ha
señalado su importancia. El escribió esta palabra de comentario:
Indudablemente que
hay lugar para un libro como el de Nahum en la revelación de la gracia. En
lugar de quitar de la Biblia esta profecía de Nahum, es mejor que la dejemos.
La necesitamos. Nos recuerda que a menos de que el amor esté equilibrado con la
capacidad para indignarnos justamente, degenera en un sentimiento bondadoso,
vago y difuso. Un hombre verdadera y profundamente religioso es siempre un
hombre de ira. Porque ama a Dios y a sus semejantes, odia y desprecia la
inhumanidad, la crueldad y la perversidad. Todo buen hombre profetiza a veces
como Nahum.
Y terminamos nuestro
estudio de Nahum con un versículo sobresaliente para memorizar, que encontramos
en 1:7: “Bueno es Jehová para fortaleza en el día de la angustia; y conoce a
los que en él confían.” Esta es una joya incomparable, que brilla mucho más
intensamente por su posición sobre la tenebrosidad intensa de la profecía de
Nahum. Siempre, dondequiera, Dios es amor.
B. Habacuc—El Combate con la Duda
Nombre: “Abrazo.”
Fecha: Alrededor del 603 A.C.
Lugar de su
ministerio: Judá.
División del Libro:
I. El Castigo de Judá (capítulo 1).
II. El Castigo de Babilonia (capítulo
2).
III. La Oración del Profeta (capítulo 3).
Versículos
sobresalientes para memorizar: 2:2; 2:4; 2:20; 3:2.
¿Hasta
cuándo, oh Jehová,
He
de clamar, sin que tú me oigas?
¿Hasta
cuándo daré voces a ti,
A
causa de la violencia que se me hace,
Sin que tú me salves?
(1:2, V.M.).
¿Cansado de orar? Parece
que sí. ¿De qué sirve orar si Dios no presta atención? ¿Para qué implorar ayuda
si Dios no salva?
Pero el profeta era
perseverante. Estaba convencido de que había un Dios que oía la oración, y se
propuso continuar orando hasta recibir alguna clase de respuesta. Por lo tanto,
continuó implorando:
¿Por
qué me haces ver la iniquidad,
Y
miras tú innoble la maldad?
Pues
que la opresión y la violencia
Están
delante de mí; y hay contienda
Y se levantan
pleitos.
(1:3,
V.M.).
1. EL PROBLEMA DEL PROFETA
A dondequiera que el
profeta volvía sus ojos en Judá, encontraba iniquidad y violencia, lucha y
contención. Una y otra vez informó al cielo sobre esta situación corrompida,
pero el cielo no parecía estar interesado. Parecía que a Dios no le importaba
el que su pueblo continuara pecando. Parecía que había cerrado los ojos a los
vicios de los suyos, y los oídos a la voz del profeta. ¡Y eso no estaba bien!
El silencio de Dios
empeoraba las cosas. La gente hacía lo que le venía en gana, puesto que Dios
no hacía nada. De seguir esto así, la moral de todo el pueblo se vendría abajo.
Cualquiera podía ver eso. ¿Por qué, entonces, Dios no podía ver las cosas así?
El profeta nos dice lo
que estaba sucediendo.
Por
tanto, se paraliza la ley,
Y el
juicio ya no sale conforme a la verdad;
Porque
el inicuo asedia al justo;
Por tanto procede el
juicio pervertido.
(1:4,
V.M.).
La ley estaba entumecida,
“paralizada,” porque Dios no la aplicaba rigurosamente con castigos
adecuados. La justicia era cosa del pasado. De hecho, había desaparecido, “el
juicio no sale verdadero.” En lugar de ello, “sale torcido el juicio.” Las
cosas estaban vueltas al revés nuevamente. El bien estaba en el cadalso, y el
mal en el trono.
2. LA RESPUESTA DE DIOS
“¿Hasta cuándo?” había
preguntado Habacuc. Como ha señalado Robinson, el profeta no se quejó en
contra de Dios, sino con Dios. Era el proceder más justo y más
sabio porque Dios y solamente Dios, tenía la respuesta.
a Dios Obra Silenciosamente. La respuesta vino. Dios indicó que
se estaba preparando para realizar algo tremendo, algo horrible. “Mirad en las
gentes, y ved, y maravillaos pasmosamente; porque obra será hecha en vuestros
días, que aun cuando se os contare, no la creeréis” (1: 5). Dios estaba
ocupado aunque el profeta no pudiera contemplar sus operaciones. Esta fue una
de las lecciones más importantes que habría de aprender el profeta. Algunas de
las faenas más grandiosas de Dios se desarrollan tras del escenario, fuera de
la vista. Entonces, hemos de creer aun cuando no podamos ver.
b. El Método Extraño que Dios Usa. Pero, ¿cuál era esta cosa
maravillosa que Dios estaba por hacer? “Porque he aquí, yo levanto los Caldeos,
gente amarga y presurosa, que camina por la anchura de la tierra para poseer
las habitaciones ajenas” (1:6).
Los caldeos se
acercaban. Ellos eran la respuesta de Dios al clamor del profeta. Los judíos sí
serían castigados por sus pecados. Los caldeos serían el instrumento en las
manos de Dios para realizar este castigo. Esta “gente amarga y presurosa....
espantosa es y terrible: De ella misma saldrá su derecho y su grandeza”
(1:6-7). La corrección no sería agradable: “Espantosa… terrible” (1: 7). El
pueblo de Dios no le había temido a El, ahora sentiría el espantoso azote de
una invasión.
Los ejércitos enemigos
barrerían la tierra como bestias salvajes. “Y serán sus caballos más ligeros
que tigres, y más agudos que lobos de tarde, y sus jinetes se multiplicarán…
Volarán como águilas que se apresuran a la comida” (1:8). No había escape
alguno de la furia del asolamiento por el enemigo.
El pueblo de Judá se
había regocijado en la violencia. Pero ahora las huestes invasoras vendrán a
la presa (1:9). Por fin, la justicia se gozará en su día.
3. FECHA DEL LIBRO
La referencia a los
caldeos nos ofrece la clave central para encontrar la fecha de la profecía. A
diferencia de casi todos los demás profetas, Habacuc no nos dice nada sobre
quién era ni de dónde venía. No asienta ningún dato cronológico al presentar
su libro, pero la predicción de la inminente invasión babilónica señala hacia
cierto período definido en la historia de Israel.
Aparentemente, los
hebreos comenzaron a entregarse a un falso sentido de seguridad después de la
caída de Nínive en el 612 A.C. Su gran enemigo, Asiria, estaba caído y
deshecho. Y no comprendieron la importante significación del creciente poderío
de Babilonia.
Cuando los babilonios
derrotaron al ejército egipcio en Carchemis, en el 605 A.C., aseguraron la
posición dominante de su imperio. Bajo Nabucodonosor, Babilonia vino a ser el
gran centro del poder mundial.
Por esto, casi todos los
eruditos colocarían la fecha de este libro de Habacuc entre el 605 A.C. y
la invasión de Judá por Nabucodonosor en el 598 A.C. El nuevo imperio
se levantaba poderoso sobre el horizonte noroeste, pero el pueblo judío no
había despertado a la amenaza contra su paz y seguridad. Continuaba confiado
en sus pecados. Mas los cúmulos indicadores de tormenta aumentaban, y ya un
oído alerta podría escuchar el ruido del trueno en la distancia.
4. LA PERPLEJIDAD DEL PROFETA
a. ¿Para qué Usar a los Caldeos? El profeta escuchó atento la
respuesta de Dios. Pero he aquí que ahora se encontraba más perplejo que nunca.
Reconoció el propósito de la venida de los caldeos. “Oh Jehová, para juicio
lo pusiste; y tú, oh Roca, lo fundaste para castigar” (1: l2cd). Eso es
bastante claro, pero, ¿por qué usar a los babilonios? ¡Ellos son peores que los
hebreos!
El problema se volvió
más difícil y Habacuc se sentía más profundamente perplejo, por lo que se
quejó de nuevo: “Muy limpio eres de ojos para ver el mal, ni puedes ver el
agravio: ¿por qué ves los menospreciadores, y callas cuando destruye el impío
al más justo que él?” (1: 13). Muy cierto, los habitantes de Judá eran bastante
malos. Pero eran mejores que los caldeos. ¿Por qué habrían de usarse los más
inicuos para castigar a los menos impíos? Eso no parecía muy correcto.
b. ¿Por qué ha de Sufrir el Justo? Este otro asunto confundía al
profeta mucho más que el anterior. ¿Por qué debería prosperar el impío a costa
del justo? Ese es el problema imperecedero de las edades. Parece que el
universo no está sentado sobre principios de justicia. No obstante, nosotros
necesitamos hacer lo que Habacuc hizo: esperar en el Señor hasta que venga la
luz.
El libro de Habacuc se
divide en tres capítulos. El primero explica el problema—que era de hecho un
problema doble—que tenía confundido al profeta. El segundo ofrece la solución,
la respuesta de Dios al problema. El tercero registra la invocación del
profeta, una oración saturada de alabanza.
5. LA PACIENCIA DEL PROFETA
La respuesta a la
segunda pregunta de Habacuc (1:13), no vino tan pronto como la respuesta a la
primera pregunta (1:2-4). Pero Habacuc rehusó satisfacerse con el silencio. Se
había propuesto esperar hasta que Dios respondiera. Asumió una actitud de
espera vigilante.
Me
pondré, dije, sobre mi atalaya,
Me
colocaré sobre la fortaleza,
Y
estaré mirando para ver qué me dirá Dios,
Y lo que yo he de
responder tocante a mi queja.
(2:1,
V.M.).
Si queremos aprender
hemos de escuchar. Debido a que escuchamos tan poco, aprendemos casi nada. En
este siglo en que literalmente miles de voces llegan a nuestras conciencias
reclamando nuestro tiempo y atención, parece que no es posible encontrar un
rincón tranquilo para meditar brevemente. Pocas personas piensan seria y
verdaderamente de manera de hacer preguntas inteligentes en sus propias
mentes. Y más pocas todavía se toman el tiempo para ponderar sus dudas y orar
acerca de ellas hasta que sean transformadas de piedras de tropiezo en peldaños
ascendientes por los cuales puedan elevarse a los pináculos de la fe y la
confianza en Dios.
6. LA RESPUESTA DEL SEÑOR
El profeta recibió una
respuesta a su problema porque esperó paciente y persistentemente. Se le dice:
“Escribe la visión, y declárala en tablas, para que corra el que leyere en
ella” (2:2). A veces se traduce mal la última expresión, como si
dijera: “Para que el que corre pueda leer.” Pero no dice eso. Debe escribirse
claramente para que los que lean reciban instrucciones precisas de
apresurarse en su sendero, e indicaciones sobre cómo conservarse en el camino
recto.
Y continúa la respuesta
del Señor: “Aunque la visión tardará aún por un tiempo, mas al fin hablará, y
no mentirá: aunque se tardare, espéralo, que sin duda vendrá; no tardará”
(2:3). Los planes de Dios estaban hechos; sus propósitos darían
inevitablemente los resultados deseados. Pero se necesitaba tiempo. Mientras
tanto, el consejo divino era: “Paciencia.”
¿Qué actitud debería
conservar el profeta mientras esperaba el cumplimiento de su visión? Debería
ser fiel y verdadero: “El justo en su fe vivirá” (2:4).
Parece como si el
énfasis principal de esta expresión fuera la fidelidad, pero el Nuevo
Testamento toma estas palabras y las eleva haciéndolas una de las piedras de
esquina de la revelación cristiana. Tres veces las encontramos mencionadas
(Romanos 1:17; Gálatas 3:11; Hebreos 10:38). Fue la visión de Lutero sobre
esta verdad lo que ayudó a provocar la gran Reforma Protestante. Ha sido
siempre un faro en las tinieblas del pecado mundanal que ha dirigido al marino
al refugio del amor de Dios.
Este gran pasaje básico
está precedido por una declaración significativa de Habacuc: “He aquí se enorgullece
aquel cuya alma no es derecha en él.”
La referencia a
Babilonia es obvia. Sería destruida por causa de su orgullo. “Porque tú has
despojado muchas gentes, todos los otros pueblos te despojarán” (2:8). La
Palabra de Dios declara: “Antes del quebrantamiento es la soberbia, y antes de
la caída la altivez de espíritu” (Proverbios 16:18).
George Adam Smith ha
destacado esta verdad en el epigrama que usa como título de un capitulo: “La
Tiranía es Suicidio.” La historia ha confirmado este hecho en más de mil
ocasiones. Solamente hemos de recordar nombres como Alejandro el Grande, Julio
César y Napoleón Bonaparte. Nuestra generación ha contribuido más que la
porción que le correspondía, con Mussolini, Hitler y Stalin. Pero la gente
justa, temerosa de Dios, vive aún mucho después de que los tiranos hayan muerto
y desaparecido. El futuro pertenece siempre a los fieles de Dios.
Esta es, entonces, la
respuesta al segundo problema del profeta. Después de que Dios use a los
babilonios para castigar al impío Judá, los castigará a ellos a su vez por su
vanidad y crueldad. En el año de 586 A.C., los ejércitos de Nabucodonosor
destruyeron Jerusalén, pero menos de cincuenta años más tarde, en el 539 A.C.
el gran imperio que él había fundado se desmoronó cuando Ciro el Persa
conquistó a Babilonia. De esta manera se cumplieron tanto la profecía de 1:6,
como la de 2:8.
Dios tuvo una respuesta
para los problemas del profeta. El siempre tiene una respuesta. Y El siempre
está listo para compartir su solución con nosotros si nos detenemos y
escuchamos. Demasiados de nosotros no estamos dispuestos a esperar.
En un pasaje por demás
hermoso de su obra reciente (The Modern Message of the Minor Prophets) ,
Raymond Calkins señala la lección del segundo capítulo de Habacuc.
La Biblia,
recordemos, nunca termina en signo de interrogación. Siempre termina en punto.
Los escritores bíblicos hacen preguntas, pero siempre obtienen respuestas. Los
escritores modernos formulan muchas preguntas, provocan muchas dudas, planean
toda clase de dificultades. Pero no presentan respuestas, no ofrecen soluciones.
Nos dejan en una confusión mental y moral. No así la Biblia. También hace
muchas preguntas, presenta toda pregunta que torture la mente del hombre. Pero
siempre termina dando las respuestas y señalando el camino que saca de la duda
y el desaliento. Esta es una de las razones por las cuales la gente ama sus
Biblias.
El capítulo dos concluye
con una serie de cinco ayes (vrs. 6, 9, 12, 15, 19) pronunciados sobre el cruel
déspota que está para oprimir a las naciones de la tierra. Este tirano, que
“ensancha como el infierno su alma, y es como la muerte” (2:5), tendrá un fin
seguro y rápido. En este pasaje Habacuc pronuncia la ruina de los que codiciosamente
acaparan todo debido a su interés egoísta.
El capítulo termina con
un pasaje muy conocido: “Mas Jehová está en su santo templo: calle delante de
él toda la tierra.” Habacuc ha hecho una contribución sobresaliente a la
teología y a la adoración cristianas.
7. LA ORACION DEL PROFETA
El tercer capítulo es
una incomparable invocación de acción de gracias, que surge espontáneamente del
corazón satisfecho del profeta. Se inicia con una petición por la preservación
del pueblo de Dios: “Oh Jehová, aviva tu obra en medio de los tiempos” (5:2).
Esta plegaria se ha repetido por corazones consagrados e interesados a través
de las edades.
Luego, el profeta alaba
a Dios por su grandeza y bondad. Se puede sentir el descanso que ha venido a su
corazón. Dios, por fin, ha escuchado y respondido a su oración y Habacuc da
rienda suelta a su gratitud. Habacuc era como uno “a quien su madre consuela.”
Reposa en los brazos de Dios con un sentido renovado y más profundo de la
confianza segura y de la certidumbre completa.
Los últimos versículos
del libro revelan cuán ilimitada era su fe. En palabras que constituyen un
reto para todos nosotros, Habacuc declara: “Aunque la higuera no florecerá, ni
en las vides habrá frutos; mentirá la obra de la oliva, y los labrados no darán
mantenimiento, y las ovejas serán quitadas de la majada, y no habrá vacas en
los corrales. Con todo, yo me alegraré en Jehová, y me gozaré en el Dios de mi
salud.”
¡Oh fe sublime! Pero fue
comprada a un precio—la agonía de la duda. La oración perseverante y la espera
paciente condujeron al profeta a una nueva experiencia con Dios. Ahora
disfrutaba de la comunión de la fe, la cual es para todos los que se abren paso
hasta el corazón de Dios.
Y así, Habacuc nos llama
a seguirlo a tales alturas. “Jehová el Señor es mi fortaleza,” declara, “el
cual pondrá mis pies como de ciervas, y me hará andar sobre mis alturas.” Los
paisajes más elevados esperan a los que quieren escalar los picachos.
Demasiadas personas se satisfacen con vivir en los pantanos cenagosos de la
incredulidad, siendo que el aire purísimo de las montañas las invitan a
terrenos más elevados.
Preguntas Para
Discusión
1. ¿Qué lección hay para nosotros en la
destrucción de Nínive?
2. ¿Tiene su respuesta alguna relación
con la proximidad de la venida de Cristo Jesús?
3. ¿Cuál es la relación existente entre
las preguntas sinceras y la fe madura?
4. ¿Qué lección aprendió usted de
Habacuc?
Cinco
SOFONIAS
y HAGGEO
A. Sofonías—Cuando Dios Invade el
Escenario Humano
Nombre: “El protegido u ocultado de Jehová.”
Hogar: Probablemente Jerusalén.
Fecha: Alrededor del 625 A.C.
Lugar de su
ministerio: Judá.
División del Libro:
I. Castigo Sobre Judá (capítulo 1).
II. Castigo Sobre las Naciones
Extranjeras (2:1—3:7).
III. Salvación del Remanente (3:8-20).
Versículos
sobresalientes para memorizar: 2:3; 3:17.
¡Silencio! “Calla en la
presencia de Jehová.” ¡Escucha! “Porque el día de Jehová está cercano.”
Con estas palabras en el
séptimo versículo de su libro, el profeta anuncia el corazón de su mensaje.
Sofonías tiene un solo tema: el día de Jehová.
El sonido de su primera
declaración es como el toque de la trompeta. “Destruiré del todo todas las
cosas de sobre la haz de la tierra, dice Jehová.”
¿Qué? ¿Hablas en serio?
Sí señor, hablo en
serio. “Destruiré los hombres y las bestias; destruiré las aves del cielo, y
los peces de la mar, y las piedras de tropiezo con los impíos; y talaré los
hombres de sobre la haz de la tierra, dice Jehová” (1:3).
Seguramente te refieres
a los paganos y a las naciones gentiles.
No. Me refiero a la
nación de mi pueblo: “Extenderé mi mano sobre Judá, y sobre todos los
moradores de Jerusalén.”
Pero, ¿por qué? ¿Qué
pasa?
1. LA ADORACION DE BAAL
Sencillamente esto: mi
pueblo se ha vuelto pagano. Adora a ídolos paganos y a los astros del cielo. Me
ha abandonado y ha abrazado la idolatría. Observa tú cuidadosamente los
registros:
Exterminaré de este
lugar el remanente de Baal, y el nombre de los Chemarim con los sacerdotes; y a
los que se inclinan sobre los terrados al ejército del cielo; y a los que se
inclinan jurando por su rey; y a los que tornan atrás de en pos de Jehová; y a
los que no buscaron a Jehová, ni preguntaron por él (1:4-6).
¡Qué cuadro! ¡El pueblo
de Dios! ¡Y en la ciudad santa! Sus cuerpos tan cerca del santuario sacrosanto
y sus corazones tan llenos de pecado. Con razón Dios tuvo que hacer algo.
Baal… qué de memorias
provocaba ese nombre. Los israelitas establecieron contacto con la adoración de
Baal cuando entraron en Canaán. La perversa Jezabel inició la adoración de
Baal en el reino de Israel, al norte. Su hija Atalia quiso imponer su culto en
el reino del sur, el de Judá, y Elías desafió en una ocasión a Baal en el monte
Carmelo, dando lugar a una de las escenas más grandiosas de la historia
sagrada. Jehú destruyó a Jezabel y a los adoradores de Baal, pero el culto
sobrevivió en ambos reinos y fue una de las causas de la cautividad.
Una de las
características más desventuradas de la adoración de Baal era sus ritos
inmorales. A Baal se le consideraba el dios de la fertilidad, y en sus templos
y altos había prostitutas sagradas quienes eran usadas para los ritos
religiosos de la reproducción. Moralmente, el baalismo era degradante en grado
sumo. Por esa razón los profetas de Dios lo atacaron duramente. Amenazaba
destruir la fibra moral de la nación. Evidentemente, los Chemarim eran los
sacerdotes idólatras de Baal.
2. OTRAS IDOLATRIAS
Algunos de los
habitantes de Jerusalén se postraban sobre los techos de sus casas y adoraban
al sol, la luna y las estrellas. Aunque era un tipo de religión más elevado en
muchos sentidos, que la adoración de Baal, de cualquiera manera rehusaba al
Creador la adoración que le correspondía.
Otras personas juraban
en nombre de Milcom, o Moloch, el dios de los amonitas. La característica horripilante
de la adoración de Moloch era la quema de los niños. La ley de Moisés prohibía
estrictamente tal práctica en todo israelita, diciendo: “No des de tu simiente
para hacerla pasar por el fuego a Moloch” (Levítico 18:21). Sin embargo, aquí
estaban los hebreos adorando aún a este repugnante dios pagano.
Dios tiene una respuesta
a todo esto. Por medio de su profeta anuncia que “el día de Jehová está
cercano.” El castigará a los príncipes y a los líderes de la rebelión en contra
de El. La mención de los príncipes es muy significativa si tomamos en cuenta
el hecho de que Sofonías mismo era biznieto de Ezequías, probablemente el
famoso rey hebreo (1: 1).
3. EL CASTIGO DE JERUSALEN
En seguida encontramos
una excelente descripción de lo que sucedería en Jerusalén cuando se realizara
la invasión divina.
Habrá
voz de clamor
Procedente
de la puerta del Pescado,
Y un
aullido de la ciudad segunda,
Y un
gran crujido desde las colinas.
Aullad,
oh habitantes del Mortero,
Porque toda la gente
traficante está callada.
(1:
10-11, V.M.).
Muy vívido es el cuadro
que se nos da de Jerusalén. La Puerta del Pescado era, evidentemente, una extensión
del barrio residencial donde vivían los ricos, como lo era también la ciudad segunda.
Entre ellos se encontraba Mactes con sus mercados y enjambre de mercaderes.
El profeta describe los alaridos de angustia de estos grupos, cuando cae sobre
ellos la vara iracunda de Dios.
Pero la visitación
divina no será un asunto superficial. En una de las figuras más sobresalientes
de todos los escritos proféticos, Sofonías describe a Dios recorriendo las
calles de Jerusalén con lámparas, buscando el pecado. Nos recuerda a Diógenes
recorriendo las calles de Atenas, al mediodía, con una lámpara encendida en su
mano. Sólo que el objeto de la búsqueda es distinto. Diógenes dijo que andaba
en busca de un hombre honrado. Dios andaba en Jerusalén a caza de los impíos
para descubrirlos y castigarlos.
Los habitantes de
Jerusalén, contra los cuales Dios tenía un pleito especial, eran aquellos que
se describen como “sentados sobre sus heces.” La figura es del vino que se deja
reposar demasiado sobre su sedimento, hasta que se echa a perder. En otras
palabras, el profeta se refería a los indiferentes, a los descuidados, a los
que decían: “No importa cómo nos comportemos, de cualquier manera Dios no nos
hará nada.”
Pero Dios no pierde
tiempo en decirles que El está por hacer algo, algo drástico. Sus bienes serán
atrapados como botín de guerra, y sus propiedades destruidas. Sus hogares
quedarán desiertos y sus viñas abandonadas.
4. EL DIA DE JEHOVA
Y entonces viene la
descripción notable de Sofonías del día de Jehová (1: 14-18). Primero recalca
su inminencia: “Cercano está el día grande de Jehová, cercano y muy
presuroso.”
a. El Día Está Cercano. El día de Jehová está siempre
cercano. Siempre que una persona olvida a Dios— lo que sucede en todas las
generaciones—es de esperarse el castigo. No siempre viene de inmediato, pero la
justicia divina es inescapable.
¿Cómo es el día de
Jehová? No se nos deja en duda alguna. En términos sobrecargados de
asolamiento y amenazantes como tormenta, el profeta proclama el día de Jehová.
Día
de ira es aquel día;
Día
de apretura y de angustia,
Día
de devastación y desolación,
Día
de tinieblas y de espesa oscuridad,
Día de nubes y de
densas tinieblas.
(1:15,
V.M.).
Es interesante observar
que las dos últimas expresiones ocurren también en Joel 2:2. También Joel,
como Sofonías, las precede con un aviso de que “viene el día de Jehová, porque
está cercano.” Ambos profetas estaban poseídos por el sentido de la inminencia
del día del Señor. Ambos declaran que es un día de ruina y destrucción, de
muerte y asolamiento, de tinieblas y angustia. No pintaron estos hombres con
luces de esperanza el cercano día de Jehová.
¿Cómo aparecerá este
día? En el caso de Judá vendría como una invasión enemiga. Un día “de trompeta
y de algazara.”
b. Un Día de Castigo. Tan terribles serán los tiempos,
que los hombres “andarán como ciegos,” tropezando y cayendo en las tinieblas
creadas por su propia desobediencia. La muerte los alcanzará en la matanza general,
hasta que “la sangre de ellos será derramada como polvo.”
Los ricos no podrán
comprar su libramiento, “ni su plata ni su oro podrán librarlos en el día de la
ira de Jehová.” Dios no acepta cohecho.
El día de Jehová, tal y como se
describe aquí y en todos los profetas, es el día de castigo divino. Es el día
cuando Dios toma en sus manos los asuntos, cuando el día del hombre queda
arrumbado, cuando lo eterno invade lo temporal, cuando lo infinito interrumpe
lo finito. Es “el día de la ira de Jehová” en contra del pecado.
e. Más
de un Día de Jehová. Ese
día ha venido muchas veces y sigue viniendo. A menudo parece distante, sin
embargo, siempre está a la mano. Cada generación ha visto algún día de Jehová,
cuando Dios visitó y castigó. La destrucción de Jerusalén en el día de
Jeremías y en el año 70 D.C., puede identificarse con el día de Jehová.
Y también podríamos llamar así al día en que Sodoma y Gomorra fueron
destruidas, y aquel otro cuando Pompeya quedó sepultada. La causa fue la misma
en todas las ocasiones—el pecado del hombre. Dios es magnánimo, más allá de
toda comprensión humana. Pero si El ignorara el pecado, la justicia del
universo se vendría por los suelos. Porque Dios es santo, y justo, y recto, su
naturaleza misma demanda que haga cuentas con el pecado.
Esas maneras de pensar sentimentales
y delicadas sobre el pecado, nos dejan hundidos en el lodo y la miseria, la
ruina y la bajeza de un mundo sin Dios. Necesitamos capturar de nuevo el
profundo sentido que el profeta tenía sobre lo terrible del pecado. Sus
severas palabras en contra de la injusticia abrieron el camino para que el
espíritu humano se elevara a mayores alturas. Nuestra religión nunca será más
poderosa que nuestra actitud en contra del pecado.
5. UN
LLAMADO AL ARREPENTIMIENTO
El segundo
capítulo de Sofonías se abre con un ruego en favor del arrepentimiento. El
tercer versículo es uno de los pasajes más bellos en todo el libro: “Buscad a
Jehová todos los humildes de la tierra, que pusisteis en obra su juicio; buscad
justicia, buscad mansedumbre: quizás seréis guardados en el día del enojo de
Jehová” (2:3).
El nombre Sofonías significa “protegido
de Jehová.” Puede reflejar el hecho de que sus devotos padres hayan sido
amenazados durante el largo reinado del impío Manasés. Sofonías nació durante
el reinado de este monarca.
Comenzando con el verso cuatro, y a
través del resto del capítulo dos, el profeta se dirige a los países circunvecinos.
Primero profetiza la destrucción de las grandes ciudades filisteas. Habían de
ser asoladas.
6. FECHA
DEL LIBRO
Esto nos trae al asunto de la fecha
de la profecía de Sofonías. En el primer versículo que sirve como encabezado
del libro se nos dice que la palabra de Jehová vino a él en los días de Josías,
rey de Judá. Josías reinó del 639 al 609 A.C.
Parece que los scythas invadieron la
región costera de Palestina incluyendo Filistea, entre el 630 y el 624 A.C.
Casi todos los eruditos sitúan el libro de Sofonías alrededor del 625 A.C.,
poco antes de las reformas de Josías, iniciadas en el 621 A.C. De manera
que es muy probable que Sofonías estuviera prediciendo la invasión scytha de la
tierra de los filisteos. De no ser así, entonces la referencia fue a la
próxima invasión caldea.
Los primeros siete versículos del
capítulo tres continúan los mensajes sobre las naciones. Los versos ocho al
trece prometen que un remanente de Israel se salvará. “Ellos serán apacentados
y dormirán, y no habrá quien los espante” (v. 13).
7. EL
GOZO DE DIOS EN SU PUEBLO
Los versículos 14-20 tienen un tono
distinto del resto del libro. Se incita a Sión a cantar, a regocijarse y a
alegrarse. Dios, su Rey verdadero, está en medio de ella y la protegerá.
El versículo más hermoso en todo el
libro se encuentra en 3: 17—”Jehová en medio de ti, poderoso, el salvará;
gozaráse sobre ti con alegría, callará de amor, se regocijará sobre ti con
cantar.”
El versículo describe lo que Alexander
Maclaren ha llamado atinadamente, “La alegría de Dios.” La comunión entre Dios
y sus hijos significa gozo mutuo. ¡Qué privilegio producir gozo en el corazón
de Dios! ¡Cómo debiéramos buscar los momentos de tranquila soledad con Dios,
cuando nuestros espíritus se inspiran y elevan, y Dios mismo se regocija al
tener comunión con nosotros!
Los últimos tres versículos hablan especialmente de la restauración de
Judá de la cautividad. Obviamente, la primera aplicación es al retorno de
Babilonia. Pero las palabras ven más allá del período de la postrestauración.
“Os daré por renombre y por alabanza entre todos los pueblos de la tierra.”
Solamente en Cristo encuentra
cumplimiento esta promesa. Esto es verdad también de muchas otras promesas del
Antiguo Testamento. Puede verse en la historia un cumplimiento parcial e
imperfecto, pero sólo Cristo es el cumplimiento de la esperanza humana y las
profecías. ¡Qué privilegio tan grande tenerle en nuestros corazones, cumpliendo
todas las “preciosas y grandísimas promesas” de la Palabra de Dios! Jamás
podremos exagerar todo lo que Cristo significa para nosotros.
B. Haggeo—Un Hombre de
Acción Inspirada
Nombre: “festivo” (posiblemente haya nacido en un día
de fiesta).
Fecha: 520 A.C. (septiembre—diciembre).
Lugar de su ministerio: Jerusalén.
División del Libro:
I. Exhortación
a Reanudar la Construcción (1: 1-11).
II. Iniciación
de los Trabajos (1:12-15).
III. Estímulo
para los Constructores (2:1-9).
IV. Contaminación
de los Inmundos (2:10-19).
V. Exaltación
de Zorobabel (2:20-23).
Versículos sobresalientes para
memorizar: 1:7; 2:
7.
Era septiembre del 520 A.C. Las
calles de Jerusalén se apretaban ya con las muchedumbres que habían acudido a
la fiesta de la nueva luna.
El corazón del pueblo estaba embargado
por distintos sentimientos. Había sido un mal año para las cosechas. La
sequía y la ausencia de rocío habían dejado el suelo seco y abierto. Con
grandes esperanzas habían trabajado la tierra durante la primavera, sembrando
gran cantidad de semilla con el anhelo de tener un buen año.
Pero las lluvias de primavera nunca
llegaron. Las plantas se marchitaron, los olivares y las viñas estaban casi
sin fruta. La gente acudió a adorar en Jerusalén con bolsillos vacíos y
corazones entristecidos. La decepción y el desaliento se leían fácilmente en
los rostros.
Pero, ¿qué los atraía? La ciudad
destruida había sido reparada tan solo en parte. Las murallas permanecían casi
todas en ruinas. Y ¿el templo? Sus esplendores eran tan solo un recuerdo
inquietante en la memoria de los más ancianos. Era como si la, Jerusalén que
había sido, jamás volvería a ser.
Junto al rudo altar, sin techo
protector, estaban tres varones observando la multitud apretujada. Tino de
ellos era Zorobabel, el gobernador de Judá. El otro era Josué, el sumo
sacerdote, y el tercero era Haggeo, el profeta.
Súbitamente, Haggeo se volvió a sus dos compañeros. “Jehová de los ejércitos habla así, diciendo: Este pueblo dice: No es aún venido el tiempo, el tiempo de que la casa de Jeho