Conozca
la Iglesia Primitiva
Ralph Earle, Th.D.
Profesor Emérito del Nuevo Testamento
Seminario Teológico Nazareno
CASA NAZARENA DE
PUBLICACIONES
Box 527, Kansas City,
Missouri, 64141, E.U.A.
Esta obra apareció en inglés con el
título de Meet the Early Church. Fue traducida por Bárbara Galván bajo
los auspicios de Publicaciones Internacionales de la Iglesia del Nazareno.
Reimpresión: julio, 1983
Impreso en E.U.A. Printed in U.S.A.
A mi mejor amiga sobre la tierra,
Mi esposa
Copastora de nuestra “iglesia primitiva,”
Compañera por veintisiete años,
Ayudante constante a mi lado.
Prefacio
Ha sido la convicción
del autor que uno de los medios más importantes del crecimiento en la gracia
es el estudio libro por libro de la Biblia—especialmente del Nuevo Testamento.
Pero muchos darían eco a las palabras del eunuco etíope: “¿Y cómo podré
(entender) si alguien no me enseñare?”
Para todos los
cristianos, y especialmente los de persuasión wesleyana, el libro de
los Hechos es de suma importancia entre los libros del Nuevo Testamento. El volumen
presente es una guía al estudio de los Hechos, no un substituto para las
lecturas de ese libro. El mejor provecho será para quien tiene su Biblia
abierta y la marca mientras lee estas páginas.
También se puede recibir
ayuda leyendo Conozca su Nuevo Testamento, capítulo V, del mismo autor.
Se dará atención especial al contenido de los Hechos por capítulos. Los
asuntos de introducción—como el autor, la fecha, y el propósito— se tratan en
esos volúmenes ya existentes y por eso no se discuten aquí. Más bien el
propósito ha sido el de ayudar a dominar el contenido general del Libro de los
Hechos.
Para poder relacionar
mejor al estudiante con el texto mismo, todos los títulos y subtítulos—con muy
pocas excepciones—se dan exactamente como aparecen en la Escritura.
El nombre Los Hechos sugiere
que éste es un libro de acción. Y así es. Desde el primer capítulo hasta el
último hay algo excitante. La ascensión de Jesús, el Pentecostés, la sanidad de
un cojo incapacitado, el encarcelamiento de los apóstoles, la muerte de Ananías
y Safira—todos estos son sucesos que merecen un encabezado en los periódicos.
El libro de los Hechos es tan fresco como la mañana.
—Ralph
Earle Jr.
Contenido
Primera Parte: En Jerusalén (capítulos 1—7)
I. Llenos
del Espíritu Santo (capítulos 1—3)
II. No
Hay Otro Nombre (capítulos 4—7)
Segunda Parte: En Toda Judea y en Samaria (capítulos
8—12)
III. Esparcidos
a Otras Partes (capítulos 8—12)
Tercera Parte: Hasta lo Último de la
Tierra (capítulos
13—28)
IV. Bernabé
y Saulo (capítulos 13:1—15:35)
V. A
Macedonia (capítulos 15: 36—21:16)
VI. Jerusalén—Cesarea—Roma
(capítulos 21:17— 28:31)
Primera Parte: En
Jerusalén (caps, 1—7)
CAPITULO I
Llenos del Espíritu
Santo (caps. 1—3)
Y fueron todos llenos
del Espíritu Santo (2:4).
I. “ESPERAD LA PROMESA” (capítulo 1)
1. Recibiréis
Poder (1: 1-11)
a. El primer tratado (1:1). Esta
frase evidentemente se refiere al tercer Evangelio, que también fue escrito
por Lucas. De esto no puede haber ninguna duda razonable. Los dos libros están
dirigidos a Teófilo, a quien no se menciona en ninguna otra parte del Nuevo
Testamento. Tal vez haya sido un cliente rico de Lucas, que pagó el costo de
la publicación de estos dos volúmenes. Son los libros más largos del Nuevo
Testamento.
La palabra “comenzó” en
este versículo es significativa. El Evangelio de Lucas cuenta lo que Jesús comenzó
“a hacer y a enseñar—sus obras y sus palabras. El libro de los Hechos
relata lo que siguió haciendo por medio del Espíritu Santo y por sus
discípulos.
b. Seréis bautizados con el
Espíritu Santo (1:2-5). El Evangelio de Lucas termina con la ascensión de
Jesucristo—hasta el día en que “fue llevado arriba.” El libro de los Hechos
principia con el mismo suceso.
Las apariciones de Jesús
después de su resurrección siguieron por un período de “cuarenta días” (v. 3).
Este es el único lugar en el Nuevo Testamento donde se declara esto. Siendo
que la fiesta del Pentecostés llegó cincuenta días después de la pascua de los
hebreos concluimos que los discípulos esperaron la llegada del Espíritu Santo
como diez días.
Jesús fue muy explícito
en su mandamiento a los discípulos de no salir de Jerusalén hasta haber
recibido “la promesa del Padre” (v. 4). Sin ser llenos del Espíritu no
estarían preparados para llevar a cabo la Gran Comisión (Mateo 28: 19-20).
Juan bautizó con agua.
Pero los discípulos de Jesús estaban para ser “bautizados con el Espíritu
Santo” (v. 5). Este es el bautismo cristiano distintivo. ¿Por qué entonces
se pone tanto énfasis hoy sobre el bautismo con agua y hay un silencio completo
sobre el bautismo con el Espíritu Santo?
c. Seréis testigos (1:6-8). Las
mentes de los discípulos todavía estaban fijas en un reino terrenal del
Mesías: “Señor, ¿restaurarás el reino a Israel en este tiempo?” El les señaló
la cosa que era importante—la venida del Espíritu Santo.
Hechos 1:8 es el
versículo clave del libro. Nos da a la vez el poder y el programa de la Iglesia
de Jesucristo. El poder es el Espíritu Santo; el programa es la evangelización
del mundo. Sin éste, aquél es cosa vana. Nadie puede estar lleno del Espíritu
Santo y no tener a la misma vez un interés en la evangelización del mundo.
Este versículo nos da
además un bosquejo con tres puntos del libro: 1. Testificando en Jerusalén
(capítulos 1—7); II. Testificando por toda Judea y en Samaria (capítulos
8—12); II. Testificando en el mundo de los gentiles (capítulos 13—28).
d. Fue alzado arriba (1:9-11).
Este relato de la ascensión es más grande que el anterior (Lucas 24:50-51).
Dice cómo dos visitantes angelicales aseguraron a los discípulos curiosos que
“este mismo Jesús” (v. 11) volvería algún día. Esta es una promesa
preciosa de la Segunda Venida.
2. Un
Aposento Alto (1: 12-26)
a. En oración y ruego (1:
12-14). Tal como se declara también en Lucas 24:52, los discípulos volvieron a
Jerusalén inmediatamente después de la ascensión. En Lucas 24:50 dice que este
suceso tuvo lugar en Betania. Aquí dice, “el monte que se llama del Olivar” (v.
12). Pero como la aldea de Betania está situada en la bajada oriental del
monte del Olivar, no hay contradicción especialmente si traducimos “a” en
Lucas como “hacia.” “Camino de un día de reposo,” era como una milla, y esto es
aproximadamente la distancia desde la muralla oriental de Jerusalén hasta la
cumbre del monte del Olivar.
Al llegar a la ciudad
los discípulos “subieron al aposento alto” (v. 13). Esta era la
residencia temporal de los once apóstoles, que se nombran aquí. Con excepción
de Judas Iscariote, quien ya había muerto, esta lista es casi exactamente igual
a la dada en los Evangelios sinópticos (Mateo 10: 2-4; Marcos 3:16-19; Lucas
6:14-16). Solamente será necesario relacionar a “Judas hermano de Jacobo” en
los relatos de Lucas con “Tadeo” en las demás listas. Siendo que muchos de los
personajes del Nuevo Testamento se designan por dos o tres nombres, esta
identificación no es difícil.
Junto con éstos en la
oración había varias mujeres, incluyendo María la madre de Jesús, y sus
hermanos (v. 14). Este último hecho es de interés especial, puesto que
en Juan 7:5 se dice que sus hermanos no creían en él. Evidentemente su
resurrección los convenció. Pablo menciona la aparición de Jesús a Santiago (1
Corintios 15:7), quien regularmente está identificado como hermano de Cristo.
b. Matías (1: 15-26). Aquí dice
que el número total de discípulos que esperaban en obediencia el mandamiento
de Jesús “eran como ciento veinte” (v. 15). Pablo menciona que “más de
quinientos hermanos” habían visto a Jesús después de su resurrección. ¿Habrá
más de la cuarta parte de los miembros de nuestras iglesias hoy que obedecen el
mandamiento de Cristo de ser llenos del Espíritu?
Pedro sintió interés por
llenar la vacante en el círculo apostólico causado por la ausencia de Judas.
Así que les habló. Primeramente llamó su atención a la muerte trágica del
traidor. La descripción dada aquí (v. 18) difiere notablemente de la que
se presenta en Mateo 27:5, donde dice que Judas “fue y se ahorcó.” Pero se
pueden armonizar los relatos considerando que Judas se ahorcó en un árbol cerca
de la orilla de un precipicio al sur de Jerusalén. Si la rama del árbol o la
cuerda se rompió, fácilmente se habrá despedazado el cuerpo del traidor en
las rústicas rocas de abajo.
Tampoco hay
contradicción entre las dos razones del nombre “campo de sangre” (v. 19;
Mateo 27:6-8). Las dos explicaciones bien podían ser conocidas en el tiempo de
Lucas: una (la de Mateo) aceptada por los gobernadores judíos, y la otra (dada
aquí) contada popularmente.
Pedro sugirió lo que
consideró ser cualidades de un apóstol. Debía ser uno que había estado con
Jesús desde el principio de su ministerio público y que también le había visto
después de su resurrección (v. 21-22).
Los apóstoles nombraron
dos candidatos y oraron que el Señor escogiera entre ellos (v. 24).
Matías fue elegido, pero no se menciona otra vez en el Nuevo Testamento.
Pablo llegó a ser el gran apóstol de la Iglesia Primitiva. Y después del
Pentecostés no se menciona la idea de echar suertes.
II. EL DIA DEL PENTECOSTES (capítulo 2)
1. Fueron
Todos Llenos (2:1-13)
a. Llenos del Espíritu Santo (2:1-4).
“El día de Pentecostés” (20:16) es el nombre del Nuevo Testamento para la
“Fiesta de las Semanas” del Antiguo Testamento (Deuteronomio 16:10). Se
llamaba así porque sucedía siete semanas después de la Fiesta de las Primicias
(Levítico 23:10), que simbolizaba la Resurrección. “Pentecostés” viene de la
palabra griega que quiere decir “cincuenta.” Este nombre se adoptó porque la
fiesta tuvo lugar cincuenta días después de las cosechas (Levítico 23:16).
Era una de las tres grandes fiestas anuales a la que cada varón tenía que
asistir (Deuteronomio 16:16). Las otras dos eran la de los Panes sin Levadura
(la Pascua de los hebreos) y la Fiesta de los Tabernáculos. Se dice que esta
era la fiesta más popular, puesto que la Pascua tenía lugar al principio de la
primavera, cuando el Mediterráneo todavía era un poco peligroso para cruzar.
De aquí que vinieran más judíos de la Dispersión para la Fiesta de Pentecostés
(véase v. 5).
Cuando los discípulos
estaban “todos unánimes” (v. 1) —en el aposento alto de 1: 33—de repente
un estruendo como de un viento recio llenó la casa. Esto fue seguido por un
fuego que hinchió el cuarto. Y sobre cada presente se asentó una lengua como
de fuego. Todos fueron llenos del Espíritu Santo y comenzaron a “hablar en
otras lenguas” (v. 4).
¿Por qué toda esta
manifestación espectacular? Tal vez parte de la respuesta, a lo menos, se halle
al notar un paralelo en el Antiguo Testamento. Los judíos creían que la Fiesta
de Pentecostés era para conmemorar la promulgación de la ley en Sinaí. La
descripción de este suceso dice que en el tercer día “vinieron truenos y relámpagos
y espesa nube sobre el monte y sonido de bocina muy fuerte… Todo el monte se
estremecía en gran manera” (Éxodo 19:16-18).
¿Por qué la demostración
divina? Porque Dios estaba dando la ley a su pueblo y quería que estuvieran
conscientes de su autoridad divina. Fue la inauguración de una nueva época.
Semejante era el
significado de este memorable Día de Pentecostés. Se iniciaba una nueva época:
la del Espíritu Santo. Dios presentó una ceremonia poderosa de inauguración.
Pero no se asegura hoy día que todas ni aún que alguna de estas señales deben
acompañar la venida del Espíritu Santo al corazón individual. La cosa esencial
es: “Fueron todos llenos del Espíritu Santo.”
Tal vez sea necesario
decir una palabra más sobre el hablar en lenguas. Este fenómeno se menciona
solamente dos veces más en los Hechos (10:46; 19:6) —aunque “lleno del
Espíritu Santo” es la frase clave del libro. De los demás veinte y seis libros
del Nuevo Testamento solamente uno hace referencia al hablar en
lenguas. En I Corintios, capítulos 12—14, Pablo discute los dones espirituales,
y particularmente el don de lenguas. Es evidente que los corintios estaban
glorificando el ejercicio de este don causando así mucha confusión. Junto con
esto había divisiones en la iglesia (capítulos 1—4), un caso notorio de la inmoralidad
(capítulo 5), proceso de juicio entre los miembros de la iglesia (capítulo 6),
embriaguez en la Santa Cena (capítulo 11) etcétera. Debe ser prueba de que el
don de lenguas no era verdadera evidencia de la espiritualidad. El capítulo
precioso del amor (1 Corintios 13) está puesto directamente en el centro de
esta discusión de lenguas (1 Corintios 12—14) y es la respuesta de Dios a los
problemas difíciles.
b. ¿Qué es esto? (2:5-13). La
excitación hizo que un gran gentío se acercara. Como quince naciones distintas
estaban representadas en la multitud allí reunida. Sin embargo cada uno oyó a
los discípulos hablar su propia lengua. La sorpresa fue aún más grande siendo
que los que hablaban eran galileos (v. 7). La gente de Galilea era
considerada por los judíos de Judea como inferior en educación y en cultura.
El gentío se dividía en
“judíos” y “prosélitos” (v. 10). Estos eran los gentiles que habían sido
convertidos al judaísmo.
Algunas de las personas
estaban confundidas. Preguntaron: “¿Qué quiere decir esto?” (v. 12).
Otras eran un tanto cínicas. Su veredicto fue: “Están llenos de mosto” (v.
13).
2. Pedro…
Alzó la Voz (2:14-36)
a. Esto es lo dicho (2:14-21). Pedro comenzó su sermón
con una introducción doble. Primeramente negó la acusación de embriaguez (v.
15). Eran solamente las nueve de la mañana, y “los que se embriagan, de
noche se embriagan” (I Tesalonicenses 5:7). En segundo lugar declaró: “Mas esto
es lo dicho por el profeta Joel” (v. 16). Entonces citó Joel 2: 28-32a.
El Pentecostés era el derramamiento del Espíritu profetizado por el profeta.
“Los postreros días” (v. 17) quiere decir “los días del Mesías.”
b. Matasteis… crucificándole (2:22-23).
El sermón mismo—después de la introducción anterior—está dividido en tres
partes. Primero Pedro trata con la crucifixión de Jesús (vrs. 22-23), después
con su resurrección (vrs. 24-32), y finalmente con su exaltación (vrs.
33-36). Su conclusión es que Jesús es el Mesías (v.36).
Pedro señaló una
paradoja interesante. Declaró que Jesús fue “entregado por el determinado
consejo y anticipado conocimiento de Dios,” pero a la misma vez afirmó:
“prendisteis y matasteis por manos de inicuos, crucificándole” (v. 23). El
hombre actúa por libre escogimiento y sin embargo Dios lleva a cabo su
propósito eternal. La libertad humana y soberanía divina son dos hechos
inescapables de toda nuestra actividad. Los dos están relacionados en la trama
de nuestra vida diaria.
e. Dios levantó (2:24-32).
La crucifixión era una parte íntegra—sí, la parte central—del plan de Dios de
la redención. Pero sin la resurrección hubiera estado incompleta. La
resurrección era la prueba de que el sacrificio de Jesús fue aceptado. Fue
“entregado por nuestras transgresiones, y resucitado para nuestra
justificación” (Romanos 4:25).
Pedro citó (vrs. 25-28)
Salmos 16:8-11. Mostró que estas palabras no podían ser aplicadas al escritor
del salmo, porque el sepulcro de David estaba allí mismo en Jerusalén (v. 29).
Más bien era una profecía de Cristo, cuyo cuerpo no vio corrupción (v. 31).
Su resurrección había sido completamente afirmada (v. 32).
d. Exaltado por la diestra de Dios
(2:33-36). La glorificación o exaltación de Jesús “por la diestra de Dios” (v.
33), tenía que preceder al derramamiento del Espíritu Santo (Juan 7:39).
David no había ascendido al cielo (v. 34). Pero Jesús sí, y por eso fue
declarado “Señor y Cristo” (v. 36). Los judíos habían crucificado a su
Mesías.
3. Para
Vosotros es la Promesa (2:37-41)
a. ¿Qué haremos? (2:37) El
resultado del sermón de Pedro era la convicción del Espíritu. “Se compungieron”
es una traducción débil del verbo fuerte katenygesan. Esto quiere decir
“golpeado con violencia, atolondrado, aturrullado.” La gente gritó: “¿Qué
haremos?”
b. Arrepentíos (2:38-40). La
respuesta de Pedro a su pregunta fue un áspero “¡Arrepentíos!” Esto es lo que
los judíos demandaban que hicieran los gentiles, pero los judíos mismos tenían
que hacerlo. Es interesante notar que esto era la clave del ministerio de Juan
el Bautista (Mateo 3:2) y que Jesús comenzó con la misma palabra (Mateo
4:17). Hoy día hay mucha necesidad todavía de este énfasis.
El verbo “arrepentirse” (matanoeo)
literalmente quiere decir “cambiar la mente.” Demasiado de lo que se llama
arrepentimiento en nuestro día consiste en sentirse triste, derramar lágrimas,
experimentar un descanso emocional—y luego volver al mismo modo orgulloso y
pecaminoso de vivir. El arrepentimiento verdadero es un cambio completo de la
actitud de la persona hacia sí mismo, hacia Dios, hacia el pecado y hacia el
mundo. Es más que un dolor; es dolerle lo suficiente para dejarlo.
Los buscadores
arrepentidos estaban para ser bautizados en el nombre de Jesucristo (v. 38).
Para los judíos esto quería decir aceptar a Jesús crucificado como su Mesías.
(Cristo en el griego es el equivalente a Mesías en el hebreo).
Con la “remisión de pecados” eran candidatos para recibir “el don del Espíritu
Santo.” “Porque para vosotros es la promesa” (v. 39), pero también alcanza
hasta nosotros.
c. Como tres mil personas (2:41).
El resultado de esta primera predicación cristiana fue que “aquel día” como
tres mil almas fueron añadidas al grupo pequeño de discípulos. La venida del
Espíritu Santo había producido un milagro sólido.
4. Perseveraban
(2:42-47)
a. En el partimiento del pan (2:42-43,
46). No era una experiencia emocional en efervescencia que recibieron los
nuevos convertidos: “Perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la
comunión unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones.” Es
probable que la primera frase se refiera a los períodos de instrucción (en el
griego, “doctrinar” es “enseñar”), la segunda al servicio de comunión, y la
tercera a los tiempos de oración pública. Entretanto los apóstoles continuaban
su ministerio milagroso (v. 43). Los discípulos todavía asistían a las
horas de oración “en el templo” (v. 46; véase 3: 1), pero también
tenían sus propios servicios en casas particulares.
b. En común todas las cosas (2:44-45).
Muchas veces se cree que la Iglesia Primitiva tenía en común todas las cosas.
En efecto, a veces se le aplica la frase “comunismo cristiano.” Pero un
estudio cuidadoso del texto griego no sostiene esto. Literalmente el versículo
45 dice: “Y vendían (de vez en cuando) sus propiedades y sus bienes y los
repartían (de vez en cuando) a todos según la necesidad de cada uno.” En otras
palabras, según la necesidad, los que tenían propiedades las vendían. Esto es
un cuadro de consagración cristiana, no de comunismo.
c. El Señor añadía (2:47). La
última parte de este versículo dice clara y sencillamente en el griego: “Y el
Señor añadía cada día a la iglesia los que estaban siendo salvos.” La idea de
predestinación divina que se sugiere en algunas versiones—“los que habían de
ser salvos”—no tiene el apoyo del texto griego de este pasaje. Todo lo que
dice es que los que se convertían estaban siendo añadidos. ¡La nueva comunidad
cristiana estaba viva y creciendo!
III. PEDRO Y JUAN (capítulo 3)
1. A
la Puerta del Templo (3:1-11)
a. Un hombre cojo (3:1-3). Pedro
y Juan iban al Templo para la hora de oración a las tres de la tarde. Junto a
la puerta la Hermosa—en el lado este—vieron a un mendigo, cojo de nacimiento, a
quien ponían cada día en este lugar para pedir limosna de los que entraban en
el Templo. Desde allí habló a los dos apóstoles.
b. Levántate y anda (3:4-11).
Las esperanzas del hombre fueron estimuladas cuando Pedro dijo: “Miranos.” Pero
pronto fueron destruidas por su siguiente declaración: “No tengo plata ni
oro.” El apóstol tenía algo más que el oro—Dios. “En el nombre de Jesucristo de
Nazaret,” mandó al cojo, “levántate y anda” (v. 6).
Lo que Pedro dio al
hombre era mucho mejor que el dinero; era la capacidad de ganar su propio
sostén. El trabajo es una de las bendiciones más reales para la
humanidad—física, psicológica, mental, moral, social, y espiritualmente.
Nuestros hospitales, instituciones mentales y prisiones estarían aún más llenos
de gente de lo que están si no fuera por el valor terapéutico del trabajo.
Sanado por el poder de
Dios, el cojo respondió inmediatamente al desafío de Pedro. “Saltando” (v. 8)
— la palabra griega se encuentra solamente aquí en el Nuevo Testamento—el
hombre “se puso en pie,” por primera vez en su vida. Pero no se detuvo allí.
Comenzó a andar y continuó andando (tiempo imperfecto). Con los dos apóstoles
entró en el templo, “andando, y saltando, y alabando a Dios.” ¿Quién tenía más
derecho de hacerlo? Tenía que compensar por el tiempo que había perdido.
Mientras el hombre
“tenía asidos a Pedro y a Juan”—su alegría exuberante no tenía límites—pronto
se reunió en el Pórtico de Salomón una multitud. Este era un pasillo largo
cubierto, como corredor que pasaba por el lado interior de la pared este del
templo (que cubría como diez hectáreas).
2. Pedro
Respondió al Pueblo (3:12-26)
a. Vosotros negasteis al Santo (3:12-18).
Pedro no era de los que pierden la oportunidad ofrecida por una audiencia ya
reunida. Su personalidad impulsiva, ahora llena del Espíritu, sería propia para
la ocasión. Por segunda vez (véase 2:14) predicó a un gentío excitado que se
había reunido de repente.
Su introducción fue al
principio otra vez en sentido negativo: “¿Por qué ponéis los ojos en nosotros,
como si por nuestro poder o piedad hubiésemos hecho andar a éste?” (v. 12)
No, no fue de nosotros, mas Cristo: “Y por fe en su nombre… le ha confirmado su
nombre; y… ha dado a éste esta completa sanidad” (v. 16). Fue aquel
nombre que Pedro invocó cuando mandó al cojo que se levantara (v. 6).
Y otra vez (véase 2:23)
—con más vehemencia y con más énfasis—acusó a estos “varones israelitas” (v.
12) de haber matado a su Mesías. Su verdadero crimen fue que “negasteis al
Santo” (v. 14). Notemos el contraste sorprendente: “Mas vosotros
negasteis al Santo y al Justo, y pedisteis que se os diese un homicida.”
Prefirieron a Barrabás—un sedicionista que odiaba y mataba—antes que a Jesús,
el que sanaba a los enfermos, daba vista a los ciegos, hacía a los cojos andar,
limpiaba leprosos, levantaba muertos, echaba fuera demonios, y predicaba un
mensaje de amor a los pobres. No solamente eso, pero era el Autor de la vida. —
¡Increíble que los hombres hicieran tal escogimiento!—decimos. Pero eso es
exactamente lo que hace cada pecador cuando abraza el pecado que le traerá la
muerte eterna y rechaza al Jesús tierno y manso, el único que puede dar la vida
eterna.
b. Arrepentíos y convertíos (3:19-26).
La conversión verdadera siempre está precedida por el arrepentimiento. Esta
se menciona una y otra vez en los Evangelios y en los Hechos. A los que se arrepienten
Dios enviará a Jesucristo” (v. 20).
La frase, “los tiempos
de la restauración de todas las cosas” (v. 21), ha sido aceptada con
ardor por los que enseñan el universalismo absoluto, es decir, que todos los
hombres, no importa cuán malos al tiempo de su muerte, serán al fin salvos.
Pero esta frase está claramente restringida por el modificador que sigue: “que
habló Dios por boca de sus santos profetas.” Y en ninguna parte del Antiguo
Testamento se enseña la salvación universal. Se provee para todos y está
disponible a todos. Pero nunca se declara que será aceptada por todos.
La cita en el versículo
22 (de Deuteronomio 18:15) se encuentra otra vez en la oración de Esteban
(7:37). Aplicándose primeramente a Josué, el sucesor de Moisés como líder de
Israel, apuntaba por siglos a Cristo, el Mesías. Esto es lo que se llama el
“principio telescópico de la profecía”—que muchas profecías tienen un cumplimiento
parcial en la situación del Antiguo Testamento y un cumplimiento completo y
final en Cristo.
PREGUNTAS
1. ¿Por qué mandó Jesús a sus
discípulos que esperaran?
2. ¿Cuál es la relación entre la
santidad y las misiones?
3. ¿Cuáles son las tres divisiones de
los Hechos?
4. ¿Qué sucedió en el Día de
Pentecostés?
5. Describa el compañerismo en la
Iglesia Primitiva.
6. ¿Qué pasó después de la sanidad del
cojo?
CAPITULO II
No Hay Otro Nombre (caps. 4—7)
Y en ningún otro hay salvación;
porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos
ser salvos (4: 12).
I. PODER, ORACION Y
PERSECUCION (capítulos 4-7)
1. ¿Con
qué potestad… habéis hecho vosotros esto? (4:1-22)
a. Anunciasen…
la resurrección (4:1-4). Pedro había predicado dos sermones. En los dos
había acusado a los líderes judíos de haber crucificado a su Mesías. Era
inevitable que viniera la persecución.
Eran “los sacerdotes, el jefe de la
guardia del templo, y los saduceos” quienes encabezaron la oposición. Todos
estos eran saduceos. En los Evangelios Sinópticos la mayor parte de los
antagonistas de Jesús eran fariseos. Pero cuando limpió el Templo el lunes de
la Semana Santa, se interpuso con los negocios lucrativos de los sacerdotes,
que controlaban el área del Templo. Esto les irritó y fueron ellos los que
incitaron a la gente a demandar la crucifixión de Jesús (Marcos 15:11). Es
evidente que la limpieza del templo fue una de las crisis mayores que resultaron
en la muerte de Jesús.
Había otra razón por la que los
saduceos dirigieron la persecución de los discípulos: éstos anunciaban “en Jesús
la resurrección de entre los muertos” (v. 2). Los saduceos no creían en
ninguna resurrección (véase 23:8). Así que odiaban particularmente la enseñanza
de los apóstoles.
Pedro y Juan fueron arrestados y
puestos en la cárcel (v. 3). Pero su predicación ya había traído fruto
en abundancia: “como cinco mil” eran ahora creyentes (v. 4). Esto no
quiere decir que cinco mil más fueron salvos en esta vez. El griego dice: “El
número de varones llegó a ser como cinco mil.” En otras palabras,
el total de la membresía de varones—la palabra griega es aner, no anthropos—llegó
hasta cinco mil.
b. Pedro,
lleno del Espíritu Santo (4:5-12). El Gran Sanedrín en Jerusalén se
componía de “gobernantes, ancianos y escribas.” Los “gobernantes,” o
sacerdotes, eran principalmente saduceos. La mayor parte de los “escribas”
eran fariseos. Ellos enseñaban la ley de Moisés al pueblo. Los “ancianos”
tenían autoridad administrativa en las sinagogas. Tal vez esto haya sido un
título general para los miembros del Sanedrín.
Anás se menciona aquí como un sumo
sacerdote (v. 6). En realidad había sido sumo sacerdote del 6 al 15 D.C. Cinco
de sus hijos le sucedieron en el oficio. En este tiempo particular Caifás (18
al 36 D.C.), su yerno, era el sumo sacerdote oficial (Juan 18:13). Pero
Anás era todavía el hombre de poder en el trono.
Puede ser que Juan sea el nombre
abreviado de “Jonatán,” quien le sucedió a Caifás en 36 D.C. La identidad
de Alejandro se desconoce. Pero todos estos pertenecían a la familia de los
sumos sacerdotes. Ellos estarían incluidos en el Sanedrín (v. 5), no
fuera de él. De hecho, el sumo sacerdote era el presidente del Sanedrín.
Los apóstoles fueron puestos “en
medio” (v. 7). Los miembros del Sanedrín se sentaron en un semicírculo,
para que pudieran observarse las reacciones de los demás.
La investigación preliminar legal
principió con la pregunta: “¿Con qué potestad, o en qué nombre, habéis hecho
vosotros esto?” Evidentemente “esto” tenía referencia a la sanidad del cojo
(véase v. 9).
Pedro, lleno del Espíritu Santo, tuvo
el poder necesario para la ocasión. Con valor se enfrentó con ese semicírculo
de caras mirándole con disgusto y declaró que fue en el nombre de Jesucristo de
Nazaret, “a quien vosotros crucificasteis.” ¡El acusado en el conjunto de abogados
en el tribunal se había convertido en el abogado acusador!
Muchas veces se ha declarado que la
resurrección de Jesús fue lo que cambió a Pedro de un cobarde temeroso, que
perdió su valor ante el dedo acusador de una criada, a un cruzado valiente,
enfrentándose con el Sanedrín y hablando con un denuedo tal que bien pudo
causarle su muerte. Pero los relatos del Nuevo Testamento no prueban esto. Ni
una sola vez se ve a Pedro actuando así durante los cincuenta días entre el día
de la Resurrección y el Pentecostés. Lo vemos escondiéndose detrás de puertas
cerradas y patrocinando un viaje de pesca en Galilea. No fue la Resurrección
sino el Pentecostés lo que transformó a Pedro de una piedra débil que rodaba, a
un guerrero fuerte y sólido como una roca. “Lleno del Espíritu Santo”—ese era
el secreto.
Uno de los más grandes textos en los
Hechos es el versículo 12, citado al principio de este capítulo. La salvación
solamente por medio del nombre de Jesucristo era de veras una doctrina
revolucionaria para los judíos.
c. Habían
estado con Jesús (4:13-22). La expresión “hombres sin letras y del vulgo”
no implica que no pudieran leer ni escribir. Más bien quiere decir que eran
laicos comunes, sin la enseñanza teológica de las escuelas rabínicas de ese
día. Pero “habían estado con Jesús.”
Desgraciadamente para los líderes
judíos, ellos no podían negar el milagro. Porque allí estaba parado el que
antes era cojo (v. 14).
Sacando a
los dos apóstoles fuera del Sanedrín, tuvieron una conferencia privada (v. 15).
Decidieron que la única cosa que podrían hacer sería amenazar a los
predicadores (v. 17). Les dieron órdenes estrictas de que “en ninguna
manera hablasen ni enseñasen en el nombre de Jesús” (v. 18). Pero Pedro
y Juan respondieron: “No podemos dejar de decir lo que hemos visto y oído” (v.
20).
La mención de “cuarenta años” (v.
22) es con la intención de recalcar que la condición del hombre era tan
crónica como para vivir completamente sin esperanza. Esto hizo de mucho más
valor el “milagro de sanidad.”
2. Cuando
Hubieron Orado (4:23-37)
a. Vinieron
a los suyos (4:23-30). “Y puestos en libertad, vinieron a los suyos”—esto
expresa una ley de la vida. Lo que hacemos en nuestro tiempo libre—cuando no
hay restricciones del hogar, la iglesia, los vecinos y los amigos-—revela y a
la vez modela nuestro carácter. ¿Qué clase de compañerismo escogemos cuando
todas las restricciones exteriores están ausentes? El carácter es lo que la
persona es cuando sabe que nadie le descubrirá.
El informe de los dos apóstoles
resultó en un servicio de oración. La petición de estos creyentes perseguidos
es cosa sorprendente. No pidieron protección, sino el poder para ser testigos
(v. 29) — ¡a pesar de las consecuencias!
b. El
lugar… tembló (4:31). Su oración fue contestada inmediata y
completamente. “Todos fueron llenos del Espíritu Santo, y hablaban con denuedo
la palabra de Dios” Sí, y en el siguiente capítulo los vemos otra vez en la
cárcel.
c. Abundante
gracia era sobre todos ellos (4:3237). Esta porción es semejante a
2:42-47. Las dos describen una comunión del espíritu que les llevó hasta tener
una comunidad de bienes. Los discípulos primitivos tenían un concepto alto de
la mayordomía: nada que poseían era de ellos; todo estaba a la disposición de
Dios para el bien de todos (v. 32). Con esta consagración santa
recibieron “gran poder” para testificar, y “abundante gracia” sobre todos
ellos (v. 33).
Pero que esto no incluía la
abolición de propiedades particulares, se demuestra en el segundo capítulo, por
el uso del tiempo imperfecto. Cinco ejemplos de esto ocurren en los versículos
34 y 35, y además dos participios presentes—todos ellos indican que la acción
ocurría de vez en cuando, no toda a la vez. Una traducción literal de estos dos
versículos sería: “Así que no había entre ellos ningún necesitado, porque todos
los que eran poseedores de heredades o casas, vendiéndolas, traían el precio
de lo vendido y lo ponían a los pies de los apóstoles, y repartiéndolo a cada
uno cuando alguien tenía necesidad.” Esto es algo completamente distinto a una
entrega inmediata y completa de los derechos de propiedad a una organización
de la comunidad, como se requeriría en la base de una mala interpretación de
este pasaje.
El hecho de que no todos vendían sus
propiedades y ponían la ganancia en una tesorería común se ve por el caso de
Bernabé, quien se menciona por nombre (v. 36-37). Todavía más enfático
es lo que dijo Pedro a Ananías (5:4) que no tenía ninguna obligación de vender
su heredad y que cuando la había vendido no tenía que traer el dinero a la
iglesia.
El significado del nombre Bernabé se
da como “hijo de la consolación.” Pero la frase griega también puede ser
traducida “hijo de la exhortación.” En realidad Bernabé era las dos cosas. La
derivación del nombre arameo “Bernabé” es incierto.
3. Ananías
y Safira (5:1-16)
a. Sustrajo
del precio (5:1-11). El nombre Ananías quiere decir “El Señor es benévolo,”
y Safira quiere decir “Hermosa.” Como pasa muchas veces, estas dos personas
fallaron en vivir de acuerdo con sus nombres.
La pareja hizo una conspiración.
“Sustrajeron”—la palabra griega quiere decir “el acto de ocultar a hurtadillas”—una
parte del precio. Es una coincidencia notable que este mismo término se use en
conexión con el pecado de Acán (Josué 7:1). Tal vez la acción pronta de Pedro
salvó a la Iglesia de sufrir una derrota como pasó con Israel.
El pecado por el cual Ananías y
Safira murieron fue la hipocresía. No fue que trajeran solamente una parte sino
que fingieron haberlo traído todo. Ananías sólo actuó en una manera mentirosa.
Cuando a Safira le preguntaron, dijo deliberadamente una mentira. Pero los dos
mintieron. La mentira es sencillamente una intención de defraudar.
Evidentemente el propósito del
juicio inmediato administrado aquí era para impedir la hipocresía en la Iglesia
Primitiva. Dos veces (vrs. 5, 11) dice que “gran temor” vino sobre todos los
que oyeron. La gente tenía temor de reunirse con la iglesia sin sentir cierta
precaución (v. 13). Sin embargo, maravillosamente “los que creían en el
Señor aumentaban más, gran número así de hombres como de mujeres” (v. 14).
La poda apropiada facilita el crecimiento.
La palabra “iglesia” ocurre aquí (v.
11) una de las veinte y tres veces en el Libro de los Hechos. El término
griego “ecclesia” quiere decir “llamados.” La palabra fue aplicada a la
asamblea de ciudadanos libres que podían votar en una ciudad griega. En la
septuaginta (traducción griega del Antiguo Testamento) se usa para la
“congregación” de Israel. Ambas explicaciones, especialmente la última,
demuestran su uso en el Nuevo Testamento. Los cristianos formaron el Nuevo
Israel, el pueblo de Dios en esta edad.
b. Muchos milagros y prodigios (5:12-16).
Parece que un lugar principal para las reuniones de los cristianos en Jerusalén
era el pórtico de Salomón (v. 12; véase 3:11). El ministerio de los
apóstoles estaba marcado por “muchos milagros y prodigios” (v. 12),
especialmente milagros de sanidad (vrs. 15-16). Sobre si estos milagros
todavía deben acompañar a la predicación del evangelio es cosa muy
discutida. Tal vez se pudieran hacer tres observaciones. La primera es que los
milagros no tienen el mismo valor como evidencia en el siglo veinte (a lo menos
en el Occidente) como tenían en el primer siglo. La segunda es que la sanidad
del alma es de mucho más importancia que la sanidad del cuerpo. La tercera es
que probablemente la Iglesia de hoy debe dar más atención a la sanidad física
(y mental) de lo que está dando. Por supuesto se debe reconocer que el crecimiento
tremendo de la ciencia sobre la salud física y mental en tiempos modernos ha
originado una situación distinta de la del primer siglo. Dios todavía puede
sanar y lo hace, con la ayuda de médico o cirujano o sin ella. Pero se debe
insistir en que al poner cualquier énfasis sobre la sanidad divina se deben
evitar dos cosas: el comercialismo y la glorificación de uno mismo.
4. Delante
del Concilio (5:17-42)
a. Echaron
mano a los apóstoles (5:17-28). Los saduceos, guiados por el sumo
sacerdote, arrestaron a los apóstoles y los pusieron en la cárcel por segunda
vez (vrs. 17-18; véase 4:3). Pero esta vez “el ángel del Señor” abrió “de
noche las puertas” (v. 19). Les dijo a los apóstoles que siguieran predicando
en el Templo (v. 20). Se convocó a una reunión especial del Sanedrín
(“concilio”) (v. 21). Probablemente “los ancianos de los hijos de
Israel” sea otro nombre para el Sanedrín. Cuando los oficiales que fueron
enviados a traer a los acusados a la corte, aparecieron sin ellos causó grande
inquietud (vrs. 21-24). Finalmente los supuestos prisioneros fueron
descubiertos en el Templo. Y claro que estaban “enseñando al pueblo” (v. 25).
El lenguaje de los versículos 27-28 revela la desesperación del Sanedrín casi
al punto de perder la esperanza.
b. Es menester obedecer a Dios (5:29-32).
La declaración de Pedro y los apóstoles, “Es menester obedecer a Dios antes
que a los hombres,” todavía debe ser un lema para cada cristiano. Otra vez
Pedro acusó a los líderes judíos de haber matado al Mesías (v. 30). Lo
que Israel necesitaba—tanto como los gentiles—era el arrepentimiento y el
perdón de sus pecados (v. 31). El Espíritu Santo se da a “los que le obedecen”
a Dios (v. 32). Esta es nuestra promesa hoy.
c. Querían
matarlos (5:33-40). El resultado de las palabras de Pedro fue que los
miembros del Sanedrín “Se enfurecían.” Este mismo término se usa de nuevo en
7: 54. Literalmente quiere decir “partir el alma.” Es un término más poderoso
que “compungidos” (2:37). Así que “querían matarlos.”
Afortunadamente Gamaliel intervino.
Era el maestro en teología de Pablo (22:3), pero parece que el estudiante
joven no se ha embebido de la disposición indulgente de su maestro. El gran
“doctor de la ley” (v. 34) aconsejó que tuvieran cuidado. Citó los casos
de Teudas (v. 36) y Judas el Galileo (v. 37), cuyos movimientos
revolucionarios desaparecieron. Su conclusión fue que debían dejar a los
apóstoles. Si su obra era de origen humano “se desvanecerá” (v. 38),
pero si era ordenada divinamente estos líderes judíos estarían en mala posición
de resistir a Dios (v. 39). El Sanedrín aceptó el consejo de Gamaliel.
Habiendo azotado a los apóstoles (treinta y nueve azotes a cada uno) y mandado
que no “hablasen en el nombre de Jesús” (v. 40), los dejaron ir.
d. No
cesaban de… predicar (5: 41-42). ¿Obedecieron los apóstoles este
mandamiento? No, ellos recibían órdenes del cielo (véase v. 29). Así
que, “todos los días, en el templo y por las casas, no cesaban de enseñar y predicar
a Jesucristo” (a Jesús como el Mesías).
II. ESTEBAN
(capítulos 6—7)
1. Siete
Varones (6:1-4)
a. Hubo
murmuración (6: 1). Cuando hay más gente, hay más problemas, porque cada
persona es un problema en potencia. Así que creciendo “el número de los
discípulos” surgió el primer problema interno. Fue una amenaza más seria para
el futuro de la Iglesia que el problema externo de la persecución.
La palabra
“discípulos” ocurre en el Nuevo Testamento solamente en los Evangelios y en
los Hechos. Aquí se encuentra por primera vez. Literalmente, quiere decir
“escolares.”
La palabra
griega para “murmuración” sugiere el zumbido de las abejas. Los helenos (judíos
que hablaban el griego) se estaban quejando en contra de los hebreos (judíos
que hablaban el arameo), sintiendo aquéllos que sus viudas estaban siendo
hechas a un lado en la repartición diaria de los alimentos. En aquellos días
muchas viudas no tenían manera de ganarse la vida.
b. Buscad pues… siete varones
(6:2-4). La situación era apropiada para una división en la iglesia. Pero
la situación se solucionó por la acción pronta de los doce apóstoles.
Convocaron a una reunión de toda la Iglesia y declararon que no era “justo que
nosotros dejemos la palabra de Dios, para servir a las mesas” (v. 2).
Sugirieron que fueran nombrados siete hombres para cuidar de las necesidades
materiales de la Iglesia. Sus cualidades serían: “de buen testimonio, llenos
del Espíritu Santo y de sabiduría” o tacto (v. 3). Mientras tanto los apóstoles
estarían libres para dedicarse al ministerio espiritual de la oración y la
enseñanza de la Palabra (v. 4).
Los siete
nombrados no se llaman aquí diáconos (griego, diakonoi). Pero es
interesante que diakonia, “ministración,” ocurre en el versículo uno y diakoneo,
“servir,” en el versículo dos.
2. Eligieron a Esteban (6: 5-15)
a. Lleno de fe y del Espíritu Santo (6:
5-8). “Eligieron” quizá se refiera a la acción de toda la iglesia. Esteban se
describe como un hombre “lleno de fe y de Espíritu Santo” (v. 5) y “lleno de
gracia y de potencia.” Era inevitable que tendría un ministerio notable.
Todos los siete
nombrados tenían nombres griegos. Esto puede sugerir que eran helenos. De ser
así, la iglesia mostró gran sabiduría y tacto en escogerlos para ministrar a
las viudas helenistas. Mucho depende de la selección de personas correctas
para cualquiera obra. A Nicolás se identifica como un prosélito (gentil convertido)
de Antioquía. El interés de Lucas en Antioquía (véase 11: 19-30) se interpreta
por algunos como que él había nacido en esta ciudad.
El poner sus
manos encima (v. 6) era la costumbre antigua de ordenación (véase
Números 27:18). Los judíos ordenaban así a sus rabinos.
El resultado
de resolver este problema pronto y adecuadamente fue que “crecía la palabra del
Señor” porque los apóstoles ya estaban libres para dar todo su tiempo—”y el
número de los discípulos se multiplicaba grandemente” (v. 7). Aun
“muchos de los sacerdotes” aceptaron a Jesús como el Mesías. La falta en
resolver el problema pronto pudo haber resultado en fracaso y derrota, como
pasa muchas veces hoy.
b.