VI
La Entrevista de
Aconsejamiento
LA NATURALEZA DE LA
ENTREVISTA
El pastor debe tratar de
recabar tanta información como sea posible de su aconsejado y de su problema.
Esto se hace primordialmente en una entrevista. La técnica de la entrevista es
ya vieja, pero no conocemos una técnica más fundamental y valiosa.1
Por cuanto uno de los más grandes propósitos de la entrevista de consejo es
ayudar al aconsejado a desarrollar mejores planes para el futuro, es importante
que el pastor se dé cuenta de que en efecto, está ayudando a modelar el futuro
de sus aconsejados. Tendrá que darle mucha atención a cómo se relaciona él mismo
con la tarea de la entrevista, dándose cuenta de que ésta afectará las acciones
futuras de su feligrés. Paterson, Schneidler y Williamson dicen:
La
entrevista continúa siendo el aspecto más subjetivo del procedimiento en
diagnosticar. Sin embargo, a pesar de sus limitaciones, es un paso
indispensable en el programa de guiar. Su propósito es triple. Incluye el
reunir todos los hechos pertinentes disponibles, hacer un diagnóstico sobre la
base en la evidencia y formular un plan apropiado de acción de acuerdo con el
diagnóstico.2
La entrevista, en su
estado más refinado, es semejante al arte—una destreza desarrollada del
entrevistador, la cual se manifestará en su forma diestra de escuchar, de
observar y de hablar.
Generalmente, es mejor
que el pastor le dé a su aconsejado un poco de tiempo para que se oriente a la
relación de consejo antes de principiar a hablar de su problema. Esto se puede
obtener principiando la entrevista con una referencia acerca del juego de
pelota reciente, o haciendo una observación acerca del tiempo, o hablando sobre
alguna cosa de interés o algún pasatiempo del feligrés. Este elemento de la
entrevista no debe tomar mucho tiempo; así que después de darle atención breve
al tema introductorio, la entrevista debería proceder lenta y naturalmente al
problema que confronta el aconsejado.
El pastor consejero
principiante debe tener cuidado de no dar por hecho que el problema presentado
(la expresión inicial del problema) es en verdad el problema o que es todo
el problema. Algunas veces el consultante usa el problema, tal como él lo
presenta para examinar al consejero. En estos casos puede ser un intento
premeditado de ver cómo reacciona el pastor, o también puede ser una manera del
feligrés para ver cómo responde el pastor. A veces, el problema presentado es
un intento premeditado para esconder del pastor un problema más profundo. Sin
embargo, en la mayoría de los casos no es intencional, sino inconsciente.
El pastor necesita saber
que el problema expuesto quizá sea como una montaña flotante de hielo, de la
que sólo una séptima parte está al descubierto y las otras seis séptimas
partes están sumergidas. Si el pastor ataca el problema tal como se presenta
al principio nunca confrontará el problema completo. Cuando pasa esto, el feligrés
se irá todavía frustrado y el pastor creerá falsamente que ya resolvió el
problema.
Es importante darle al
aconsejado todo el tiempo que necesite. Esto permitirá expresar completamente
su problema y en el proceso, proveerá un descanso emocional necesario. Si se
le permite al aconsejado esta clase de expresión libre, él sentirá que el
pastor no lo está forzando. Esto también le ayudará a sentir que puede
confiarle. Si lo está apurando o forzando, el aconsejado quizá se calle y el
problema no sólo no se resolverá sino que se hará más profundo. Si el
aconsejado cae en un período de silencio, el pastor no debe alarmarse o
preocuparse por la falta de progreso. Muchos escritores han dicho que este
silencio puede ser un modo de forzar el problema a que salga a la superficie.
Por tanto, los períodos de silencio, y los momentos que le siguen
inmediatamente, pueden ser una parte muy significativa de la entrevista.
Una vez que el problema
ha sido adecuadamente presentado y los dos están convencidos que es el verdadero
problema, pueden trabajar juntos hacia la solución. La técnica básica que
se necesita en el consejero es la capacidad de hacer preguntas pertinentes y
con sentido, cuyas respuestas den las causas del problema del aconsejado. La
entrevista tiene que tener una meta. “Si queremos lograr mucho, se necesitará
una clasificación de los objetivos, de otra manera la entrevista caerá en un
período de conversación inútil.”3
Hacia el final de la
entrevista, es conveniente y necesario un resumen del progreso adquirido. Este
resumen será iniciado y dirigido por el pastor, pero en realidad hecho por el
aconsejado. Esto dará mayor claridad a ambos sobre lo que se ha hecho y lo que
falta por hacer.
Shostrom y Brammer
sienten que la parte más importante de la entrevista es la etapa de hacer
síntesis.4 Esta etapa es la que cristaliza toda la información
recibida en la entrevista en un plan de acción definido. Erickson está de
acuerdo, y añade que el aconsejado debe irse con algunos planes para acción y
con alguna decisión de llevar a cabo estos planes en su programa de acción.5
El aconsejado debe irse con un sentido de satisfacción sabiendo que su
consejero lo ha ayudado, tanto a ver su problema objetivamente como a
encontrar la solución.
Erickson concibe la técnica
de la entrevista como un servicio profesional muy delicado.6 Esta
técnica se obtiene solamente con un cuidadoso estudio y mucha experiencia. El
pastor necesita desarrollar flexibilidad y como las personas son distintas,
también las técnicas de la entrevista serán distintas. El consejero que
desarrolla esta cualidad de adaptación (a la diversidad de situaciones) habrá
dominado su problema principal en su entrevista de éxito.
Hahn y MacLean dicen: “A
pesar de que la entrevista es tan antigua en la historia profesional, ha sido
sujeta relativamente a poca investigación de tipo crucial.”7 Con el
desarrollo continuo en la investigación y metodología de la entrevista, tal vez
esta información abrirá áreas desconocidas e inexploradas hasta ahora en el
campo de aconsejamiento, que ayudará inmensamente al pastor en su función de
ministerio de aconsejamiento.
EL LUGAR PARA CONSEJO
Aunque el sitio para el
aconsejamiento es un asunto importante, no es de primordial importancia. Mucho
se ha escrito acerca del lugar ideal, dando al lector la impresión de que si no
se puede conseguir lo ideal, la relación de consejo no podrá ser efectiva.
Aunque el ideal es de desearse, está muy lejos de ser lo necesario. Hay dos
factores primordiales que recordar: (1) debe haber una situación privada
hasta lo máximo posible, un “máximo de aislamiento” y (2) debe haber un mínimo
de interrupción. “El máximo de aislamiento” quiere decir que las cosas que se
están discutiendo, las oyen solamente el consejero y el aconsejado. “El mínimo
de interrupción” quiere decir que el proceso de aconsejamiento debe proceder
sin intrusiones abruptas que hagan difícil para el aconsejado hablar libremente
y para el consejero escuchar libremente.
Es posible establecer
una relación de consejo en varios lugares, como el estudio del pastor o en otra
parte del templo, en la casa del aconsejado o del pastor, en un automóvil, en
un restaurante o en el campo.
1. En el estudio. De acuerdo a
las dos consideraciones arriba mencionadas, es posible que el mejor lugar para
el aconsejamiento sea el cuarto de estudio del pastor. Aunque no hay garantía
de que éste ofrezca un máximo de aislamiento y un mínimo de interrupciones, la
posibilidad de ambos factores allí es mayor que en cualquier otro lugar debido
al factor de control.
Si un visitante llama a
la puerta, el pastor puede tratar el asunto en unos cuantos segundos o, si no,
simplemente decir: “Estoy en conferencia en este momento. ¿Podríamos hablar
después?” Del mismo modo, si su teléfono suena durante la entrevista de
consejo, esa interrupción se puede resolver rápidamente. En los casos en que
tiene secretaria, ésta puede interceptar a los visitantes y las llamadas por
teléfono, para que el proceso de aconsejamiento continúe en completo aislamiento
y sin interrupciones.
2. En la iglesia. El consejo
pastoral se puede hacer en la iglesia misma, pero hay siempre la posibilidad de
ser interrumpido por una maestra que llegue a arreglar su cuarto para la
próxima lección del domingo, o la organista o pianista que viene a practicar,
el conserje a hacer sus faenas, o un repartidor que trae los materiales de la
iglesia. Por el otro lado, el feligrés siente que otras gentes, además del
pastor están oyéndolo, por cuanto está en un edificio público, abierto a
cualquiera y en cualquier tiempo.
3. En el hogar. El consejo
pastoral se puede hacer en el hogar del feligrés, pero aquí también hay las
posibilidades de falta de aislamiento y de interrupciones. En cualquier
momento pueden llegar otros miembros de la familia, o puede sonar el teléfono
o un vecino llegará de visita, o un vendedor llamará a la puerta. Donde hay
niños pequeños se vuelve extremadamente difícil para una relación de consejo
sin interrupciones.
4. En la casa pastoral. Esta
ofrece un lugar posible para la entrevista de consejo, pero muchas personas no
quieren ir allí, particularmente las mujeres, porque sienten que están entrando
en el dominio privado de otra mujer. Además, si se han de discutir asuntos que
debe saber solamente el pastor, el feligrés quizá no se sienta libre para
“explayarse completamente” aún si los miembros de la familia del pastor no
están en el cuarto, sino en otras partes de la casa.
5. En un automóvil. El
aconsejamiento se puede hacer también en un automóvil, pero no ofrece el mejor
lugar para una buena relación de consejo. Se está a la vista de todos y las
posibilidades de interrupción son enormes. Además, estos lugares de consejo son
adecuados solamente a miembros del mismo sexo del pastor pues de otro modo creará
sospecha, reflejando dudas sobre el carácter del pastor y del feligrés.
6. En un restaurante. El consejo
pastoral puede hacerse en un restaurante, o en otro edificio público, pero hay
desventajas grandes en hacerlo, precisamente por las razones ya mencionadas.
7. En un campo. Mucho se ha
dicho en favor de dar consejo pastoral cuando el pastor va de cacería o de
pesca o en alguna otra clase de excursión con alguno de sus adultos o jóvenes.
Generalmente, el consejo puede continuar con calma bajo las condiciones de
aislamiento e intimidad. Sabio es el pastor que pueda convertir un tiempo de
placer en una actividad genuina de relación de ayuda a sus feligreses.
FACTORES FISICOS
Suponiendo que el pastor
elija hacer la mayoría de sus consultas en su estudio, puede lograr mucho a muy
poco costo, para que el lugar de consejo sea agradable. Si el pastor participa
de la construcción y los planes de su estudio, debe darle atención a varias
cosas: (1) la puerta del estudio debe ser puesta de modo que al abrirse, no revele
al consultante que está dentro; y (2) el cuarto debe estar a prueba de ruido de
ser posible, (con alfombras y cortinas, si se puede); (3) no debe ser ni muy
grande, ni muy pequeño; (4) y debe arreglarse de tal manera que el pastor pueda
sentarse en otro lugar que no sea atrás de su escritorio durante la consulta;
(5) las sillas deben ponerse de modo que ni el pastor ni el feligrés tengan
enfrente la luz del sol; (6) la iluminación debe ser un poco baja y arreglada
para que ni al pastor ni al feligrés les dé directamente; y (7) el estudio debe
tener una entrada fácilmente identificada y accesible desde la calle. Si la
iglesia tiene secretaria y una oficina para ella, la oficina debe estar situada
de tal manera que sea un cuarto de recepción para el estudio del pastor.
El pastor debe darle
atención también a las sillas en las que sus consultantes se sentarán. Deben
ser cómodas, de preferencia con brazos, y un tanto erectas y rígidas.
La oficina o estudio
debe estar en orden y limpio. El escritorio del pastor debe estar limpio de
papeles, cartas y libros para que el feligrés no sienta que está interrumpiendo
el “trabajo” del pastor. (El aconsejar es su trabajo como cualquier otra
cosa que él haga). En fin, el estudio debe estar bien arreglado y amueblado, la
atención del pastor y su actitud deben ser tales como para sugerirle al
feligrés que es bienvenido y que tiene “derecho” a una entrevista de consejo.
FACTORES PSICOLOGICOS
Si ha de obtenerse una
relación[1]
en las situaciones de aconsejamiento, el pastor debe darse cuenta de los
factores psicológicos presentes en la relación de consejo. El pastor debe
recordar que en muchos casos el consultante viene con timidez. Esto tal vez sea
una característica de su personalidad, o a un sentido de temor, o a la falta
de información sobre “lo que le pasará” o “qué será lo que el pastor hará”.
Quizás sea sólo cuestión de vergüenza debido a que, en realidad, el hecho de
que está aquí ante el pastor, es evidencia de su incapacidad para enfrentarse a
su problema. Estos elementos deben enseñarle al pastor la necesidad de crear
una condición de amistad y sin restricciones que reduzcan la tensión, el temor
y la ansiedad del feligrés.
Cuando dos personas se
encuentran por primera vez, formulan su propia opinión la una de la otra,
opiniones que son alteradas o aprobadas más tarde. Si en la reunión inicial el
aconsejado forma opiniones contrarias, el proceso de consejo irá más lento hasta
que se establezca una relación de trabajo. Le será de ayuda al consejero
examinarse el mismo al principio de cada entrevista para que haya el mínimo de
obstáculos de opinión.8
El feligrés debe recibir
la impresión de que su problema es el trabajo más importante, y el único
trabajo del consejero en este momento. Esto le ayudará a entrar en un
intercambio saludable de ideas y pensamientos. Hahn y MacLean ven el
establecimiento de relación* como una responsabilidad mutua del
consultante y del consejero.
Dicen:
De parte
del consultante incluye el desarrollo de un sentido de quietud nacido de una
confianza creciente en la competencia, interés, conocimiento y destreza del
consejero, y en un sentido de libertad para revelar tantos eventos y hechos
como emociones. De parte del consejero significa tratar al consultante como un
adulto responsable y ser considerado en cuanto a sus actitudes y sentimientos.9
La mayoría de los
pastores no consideran necesario tomar notas durante la sesión de consejo.
Aunque esto se hace regularmente en las clínicas o centros de aconsejamiento,
no se recomienda a los pastores consejeros. Esto es por varias razones; (1) la
mayoría de pastores consejeros conocen a sus feligreses y sus problemas tan
bien, que no necesitan tomar notas, (2) algunos feligreses no quieren que sus
pastores conserven los aspectos íntimos de sus vidas en forma escrita; y, (3)
el tomar notas puede distraer tanto al pastor como al feligrés. Sin embargo, si
el aconsejamiento del pastor es mucho y variado, y su memoria es tan
raquítica, que crea necesario tomar notas durante la entrevista, puede hacerlo
pero sin intentar hacerlo “a escondidas” del consultante.
En muchos casos el
pastor puede escribir sus datos después de la entrevista, evitando así los
aspectos negativos de tomar notas ya mencionadas. Cuando se toman notas de
una entrevista, el pastor debe conservarlas cuidadosamente, y estar seguro de
que él es el único que tendrá acceso a ellas, excepto cuando tenga la
aprobación escrita de la persona implicada para su divulgación.
Lo que se ha dicho
acerca de tomar notas también se puede decir acerca de cintas grabadas en una
entrevista. Muchos pastores no considerarán necesario o conveniente el
conservar sus entrevistas en cintas. Si embargo, si algún pastor lo hace, debe
hacerlo sólo con el conocimiento y consentimiento del feligrés y debe tenerse
un gran cuidado de conservar la anonimidad y el secreto del individuo.
Aunque el lugar de
consulta es importante, es necesario que se entienda que la cosa más importante
es la relación de consejo. Si la relación entre el pastor y el feligrés es
fuerte y positiva, puede celebrarse una sesión fructífera aún en las
circunstancias más adversas. Por el otro lado, si la relación no está
caracterizada por un entendimiento franco de relación y confianza, el resultado
será de muy poco valor aunque la consulta se lleve a cabo en un lugar ideal.
Aunque el pastor no logre hacer su aconsejamiento bajo condiciones ideales,
siempre puede crear un clima de interés, y esta es la circunstancia que de
veras importa.
LO QUE NO SE SABE
ACERCA DE ACONSEJAR
Aunque hay muchas cosas
que sabemos acerca de aconsejar, hay algunas cosas que no sabemos. Estas son
algunas de ellas:
1. No sabemos exactamente qué es lo que
ayuda a las personas a resolver sus problemas. Estamos seguros que no es la
técnica que el consejero usa. A medida que uno lee la literatura de
aconsejamiento y aprende los varios estilos y técnicas que se están empleando,
se puede ver que hay un amplio campo de métodos. La mejor deducción a la que
uno puede llegar es que la razón por la cual la persona recibe ayuda es la
relación que ella establece con el consejero. La mayoría de libros sobre este
campo que uno lee afirmará esto, pero debe señalarse que esto no puede
probarse científicamente.
2. No se sabe por qué la persona
cambia. Es probable que sus heridas lo fuercen a buscar una existencia caracterizada
por menos dolor y más placer. Esto parece ser una deducción válida, pero es
sólo una suposición.
3. Tampoco se sabe cómo la
persona cambia. ¿Hay alguna forma de mecánica de cambio que reside en el
interior de la persona? A esto, tampoco encontramos respuesta.
4. Y no se sabe si debemos abordar un
caso dado primordialmente mediante una modificación de la conducta o por una modificación
del medio ambiente. Aunque en muchos casos será necesario el cambio de los dos,
el problema es saber cuál de éstos debe seguirse primero y en qué área
recibirá la mayor atención durante el proceso de aconsejamiento.
5. No se sabe por adelantado qué tan
directo o indirecto debe ser el consejero en un caso dado. La literatura de
este campo sugiere que las personas jóvenes, las menos maduras y con menos
conocimientos recibirán mejor ayuda por un aconsejamiento más directo, en
tanto que una persona de más edad, madurez o educación, responderá mejor al
método indirecto. Sin embargo, todo consejero con experiencia sabe que esta
teoría no siempre da buen resultado. Esto quiere decir, entonces, que la
relación precede a la técnica y que la sesión de consejo misma dictará cuál es
la mejor técnica, con una persona dada en un tiempo dado.
6. No se sabe si hay una correlación
directa entre la cantidad y el tipo de preparación del consejero y su éxito en
el consejo. Por supuesto, se cree que hay tal correlación directa, y este libro
ha sugerido que tal correlación existe. Sin embargo, no hay una verdadera forma
de probar que sea así. Los estudios han demostrado que han obtenido mucho éxito
esas personas designadas como “consejeros laicos”, cuya preparación es
limitada.
Por cuanto hay tanto que
no se sabe acerca del aconsejamiento, la empresa debe abordarse con mucha
modestia. No debemos aferrarnos a opiniones preconcebidas; al contrario, uno
debe estar dispuesto a despojarse de ellas en cualquier tiempo cuando la
evidencia haya demostrado que no son correctas.
ALGUNAS COSAS QUE EL
PASTOR CONSEJERO NO DEBE HACER
1. No apure al consultante.
2. No pida inmediatamente una
aclaración en algún punto si el consultante está hablando libremente. El asunto
puede aclararse después.
3. No dé por hecho que la razón es más
fuerte que la emoción en la persona que está pasando por una crisis.
4. No busque información que no es
necesaria o que no será usada.
5. No se muestre escandalizado con
ningún problema que se le presente.
6. Procure no probarle al consultante
que él está correcto o equivocado.
7. No intente forzar al
consultante a que acepte ciertos valores éticos o morales.
8. No dé por sentado ni diga que usted
sabe la solución de todos los problemas que le traigan.
9. No dé por sentado que se espera que
usted sepa la solución de cada problema que le presentan.
10. No tenga miedo de recomendar al
consultante algún consejero profesional si usted no puede ayudarle.
ALGUNAS COSAS QUE EL
PASTOR CONSEJERO DEBE HACER
1. Recuerde que el consultante le ha
ofrecido una invitación de intimidad que requiere que usted aborde su problema
con tanto tacto y competencia como se pueda.
2. Reconozca que usted nunca debe
traicionar la confianza que ha depositado esa persona en usted.
3. Debe ser comprensivo, compasivo, e
interesado en el consultante.
4. Escuche mucho y hable poco.
5. Debe estar atento a lo que se dice y
a lo que no se ha dicho.
6. Recuerde que la frustración de su
feligrés ha causado en él una subjetividad que tiene que ser diluida por la
objetividad de usted.
7. Usted debe creer que su consultante
es normal hasta que se convenza de que no lo es.
8. Debe creer en la capacidad de usted
de ayudarlo hasta que se compruebe lo opuesto.
9. Busque conceptos torcidos acerca de
Dios que su consultante pudiera tener.
10. Mantenga un punto de vista bíblico del
hombre.
11. Debe estar alerta de los medios
divinos que tanto usted como su consultante pueden usar.
VII
Aconsejamiento
Pre-marital
No podemos aceptar ya
más, como lo hemos hecho en el pasado, que el querer casarse constituye
el mayor requisito para el éxito en el matrimonio. ¡Que tontería la de pensar
que el matrimonio, la más compleja de las relaciones interpersonales, puede
tener éxito simplemente porque dos personas están enamoradas y quieren vivir
juntas!
Parece que nuestra
sociedad y también la iglesia han escogido el ignorar la realidad asombrosa de
lo que está pasando a la institución del matrimonio en nuestros tiempos. No hay
necesidad de mencionar la sombría estadística que nos da el número de
divorcios y separaciones que ocurren diariamente. Sólo es necesario que
admitamos que esto existe para tomar pronto la posición de que algo tendrá que
hacerse para parar el momentum del creciente concepto de inutilidad del
matrimonio que amenaza aplastar nuestra sociedad.
Los expertos en ciencias
sociales nos han estado diciendo por décadas que no hemos tomado en serio la
preparación para el matrimonio. Su mensaje ha sido en gran parte ignorado,
hasta hace poco. Lentamente hemos principiado a oír lo que nos han estado
diciendo, y, como sociedad, estamos haciendo algunos débiles esfuerzos hacia
una mejor preparación de las personas para el matrimonio.
Por lo general, la
iglesia no tiene un historial en este campo del cual pueda estar orgullosa. Ha
llegado la hora de que la iglesia deje de razonar que “ha estado haciendo su
parte” meramente con proveer personas (pastor, músicos, y otros más) que tomen
parte en las ceremonias de matrimonio, y los sitios en que puedan efectuarse la
boda y la recepción. La iglesia tiene que tomar en serio la preparación para
el matrimonio e iniciar programas y medios de ayuda a las personas que están
para casarse, a fin que aumenten las posibilidades de éxito.
PREGUNTAS QUE TIENEN
QUE CONTESTARSE
El pastor a veces tiene
que responder algunas preguntas de sentido moral-ético respecto al propuesto
matrimonio de ciertas personas. A medida que se atarea en aconsejamiento
pre-marital con personas antes desconocidas para él, se encontrará con
situaciones que le harán pensar profundamente y orar con fervor para decidir si
debe oficiar en ciertos matrimonios. Algunas de estas decisiones ético-morales
tienen que ver con preguntas como: (1) ¿Debe casar a personas que no son
cristianas? (2) ¿Debe casar a una persona cristiana con otra que no lo es? (3)
¿Debe casar a personas con credos muy diferentes? (4) ¿Debe casar a personas
menores de edad cuyo matrimonio no está aprobado por los padres de ambas? y (5)
¿Debe casar a personas divorciadas? (6) ¿Debe casar a personas con deficiencia
mental? (7) ¿Debe casar a personas de distintas razas? (8) ¿Debe casar a
personas a quienes no ha aconsejado?
Claro que algunas de
estas preguntas no son ético-morales en sí mismas, pero pueden dar lugar a
implicaciones ético-morales. Cada pastor tendrá que hacer su propia decisión a
la luz de su propia conciencia y razón, así como por la guía del Espíritu Santo
y la Biblia y, en cierto sentido, por las direcciones de su propia
denominación.
DIFERENCIAS ENTRE
CONSEJO MARITAL Y PRE-MARITAL
Aunque hay mucha
semejanza entre aconsejar a los matrimonios, y a los que quieren casarse, hay
también algunas diferencias muy marcadas. Algunas de éstas son:
1. El aconsejamiento pre-marital lo
inicia generalmente el pastor, mientras que el aconsejamiento a los casados
lo inicia el feligrés. Algunos expertos no creen que el aconsejamiento
pre-marital deba llamarse “aconsejar” porque uno de los mayores elementos del
consejo no está presente, es decir, el sentido de necesidad de parte del
consultante. La mayoría de los que vienen buscando consejo pre-marital no
sienten que lo necesitan. La verdad es que la mayoría de las parejas están en
un estado de tal deleite que la idea de herirse o de hacerse sufrir les es enteramente
remota. El pastor tendrá que darse cuenta de que esta actitud militará en
contra de la efectividad de su tarea de aconsejamiento. Muchas parejas verán el
consejo premarital como un estorbo para los planes de la boda que tienen que
terminarse. Esta actitud no debe detener al pastor en su trabajo. Es de vital
importancia, aunque no lo consideren así muchos de los aconsejados.
2. El aconsejamiento a los
comprometidos recalca el aspecto cognitivo en tanto que aconsejar matrimonios
recalca la dimensión afectiva. Debido a que muchos de los que vienen por
consulta antes de casarse no están sufriendo (como las personas casadas y con
problemas críticos) se sigue que las sesiones de consejo enfocan más bien el
área de lo cognoscitivo-racional. En una crisis matrimonial, lo afectivo (los
sentimientos, las emociones) militan contra lo cognoscitivo (la percepción, la
razón); por lo tanto, es menester que el cambio de sentimiento preceda al
cambio de manera de pensar. En el aconsejamiento pre-marital, generalmente no
está presente la dimensión negativa afectiva, lo cual quiere decir que las
sesiones pueden proceder sobre una base más razonable y real.
3. El aconsejamiento pre-marital
emplea el método directo más de lo que se usa en el consejo marital. Cuando
el pastor aconseja a los solteros, toma una parte activa en el proceso. Tiene
ciertas metas que desea lograr y tiene métodos específicos que emplea para
alcanzarlas. El hace casi toda la plática. En situaciones pre-maritales él presenta
un programa, mientras que en el consejo marital lo deja aparecer. En
las consultas con los futuros esposos el pastor es, primero que nada, un
maestro (uno que da información); y con los casados es, al principio, un
alumno, (uno que recibe información).
METAS PARA CONSEJO
PRE-MARITAL
Es menester que el
pastor tenga metas generales y específicas para sus consultantes en la consulta
pre-marital. Las metas generales incluyen lo siguiente: (1) Un entendimiento
de lo que el matrimonio quiere decir dentro del cuadro de la verdad bíblica y
la teología cristiana; (2) un entendimiento de los problemas que afectan a los
casados en la cultura contemporánea; y, (3) un entendimiento del concepto
cristiano del valor de la personalidad humana. A medida que el pastor trata
con estos amplios conceptos, trata de ampliar la perspectiva del consultante
sobre la importancia del matrimonio a la luz de sus raíces bíblicas e
históricas, de las presiones especiales impuestas sobre los matrimonios en
nuestro tiempo, y del punto de vista del cristianismo sobre el valor de las
personas. Todas estas metas son de vital importancia para edificar una
filosofía sana del matrimonio.
Las metas específicas
tienen su centro en las siguientes áreas: (1) Un entendimiento de la
percepción del papel de cada cónyuge, en el matrimonio futuro; (2) un entendimiento
de lo que cada cónyuge espera que el papel del otro sea; (3) un entendimiento
de cómo cada uno de los novios evalúa los puntos fuertes y débiles del otro;
(4) un entendimiento de los puntos fuertes y débiles potenciales del matrimonio
propuesto; y, (5) un examen cuidadoso de los problemas particulares que pueden
resultar.
La meta esencial y
práctica de todo consejo pre-marital es doble: (1) Capacitar a las parejas a
resolver algunos de sus problemas maritales antes que éstos principien; y (2)
dar a las parejas un conocimiento y experiencia en el arte de comunicación tan
necesario en la formación de una relación satisfactoria.
LOS VALORES DEL
ACONSEJAMIENTO PRE-MARITAL
Hay muchos valores en el
aconsejamiento pre-marital si el pastor lo hace cuidadosa y constantemente. Uno
de estos valores es la satisfacción que le atrae a él personalmente. Siente
que ha hecho algo para elevar la institución del matrimonio en una sociedad que
hoy día considera tan despreocupada y descuidadamente. Claro que no hay pastor
que por sí solo pueda cambiar esta actitud de la sociedad, pero cada uno puede
experimentar la satisfacción interna de saber que ha hecho su parte para
cambiar esta actitud. Y tendrá también la satisfacción de saber que ha jugado
una parte vital para ayudar a las parejas con las cuales trabaja, a formar sus
matrimonio sobre un fundamento más fuerte que lo que ellos solos podrían hacer
de otro modo.
Los valores del consejo
pre-marital son muchos para lo futuros matrimonios. Uno de estos valores es la
adquisición de un mejor punto de vista de la naturaleza de la institución del
matrimonio, y de lo que significa el matrimonio dentro de la tradición
cristiana. Desafortunadamente, muchas personas que están por casarse no han
tomado el tiempo para estudiar el significado de esta relación, ni han evaluado
seriamente las exigencias que el matrimonio hará de ellos. Y como hemos notado
antes, la mayoría de las parejas en vías de casarse están al tanto sólo de dos
cosas: (1) De que están enamorados; y (2) de que quieren pasar sus vidas
juntos. Y aunque estos dos aspectos tendrán que estar presentes si el
matrimonio va a tener éxito, estos dos factores no garantizan por sí solos ese
éxito. El considerar las implicaciones del matrimonio con una tercera persona
permitirá a la pareja acercarse al matrimonio en una forma más apegada a la
realidad.
Otro valor del consejo
pre-marital es que le permite a cada cónyuge captar un mejor entendimiento de
él mismo. Esto resulta cuando el pastor los ayuda a evaluar su propia
personalidad, en términos de móviles, actitudes y carácter. Si se hace bien, el
consejo pre-marital puede ser para cada cónyuge, un proceso de revelación
propia conforme su pastor le ayude a confrontar los niveles más profundos de
su propio ser. Y aunque este proceso puede ser doloroso, no tiene que amenazar
al individuo, si éste sabe que su pastor está en verdad interesado en su
bienestar, en el de su compañera y de su futura relación.
Un valor de gran
importancia es el conocimiento que cada uno de los futuros cónyuges gana acerca
del otro en el proceso de aconsejamiento. El pastor tiene que ayudar a ambos a
adquirir un mejor entendimiento de los moldes de pensamiento de cada uno. Ellos
quedarán sorprendidos de lo poco que saben de ellos mismos. Algunas parejas
sienten que conocerse incluye sólo saber las fechas biográficas de cada
uno. Pero el perímetro de la persona va más allá de esta información real. Es
posible saber todo acerca de la persona sin conocerla. En
realidad, las dimensiones más grandes de lo que significa una persona están más
allá de los límites de los datos biográficos. A través del examen experto, pero
delicado, del pastor, los novios principiarán a ganar una mayor claridad de
los límites de la personalidad del otro.
Otro valor práctico del
consejo pre-marital es que las parejas pueden ver el valor del arte de la
comunicación y experimentarla. Esto es la técnica que ambos tendrán que
desarrollar si el matrimonio va a sobrevivir.
Y otro valor qué
considerar es que esto ha puesto a la pareja en una mejor condición de evaluar
su futuro matrimonio. En muchos casos, las parejas pronostican su futuro sobre
bases de información incompleta o incorrecta. Pero al ayudar a las parejas a
extender su caudal de conocimiento de cada uno de ellos y de lo que es la
relación del matrimonio, el pastor les permite establecer mejores bases sobre
las cuales vaticinar cómo resultará su matrimonio.
Finalmente, un gran
valor en el consejo pre-marital es que ayuda a las personas a determinar si en
realidad están haciendo una buena decisión en cuanto a su matrimonio. Algunos
quizás piensen que el consejo pre-marital viene muy tarde para impedir que se
lleve a cabo un matrimonio infeliz. Sin embargo, en algunas ocasiones sí logra
impedirlo, y lo hace mediante un proceso doble: (1) se pospone la boda, y
después (2) se cancela el matrimonio.
Aunque no es la tarea
del pastor el hacer cambiar a los novios de opinión en cuanto a casarse, sí es
su deber ayudarles completamente a determinar si están listos para el
matrimonio. Si después de su ayuda experta y gentil las personas ven que
todavía no tienen una base adecuada para establecer un matrimonio, el pastor
les ha salvado de indecible dolor y ansiedad.
A través del proceso de
conversación con un consejero comprensivo, la persona puede descubrir los
temores escondidos acerca de su compañero, que principian a salir. Comienza a
ver a su novio o novia más objetivamente. Cierta joven, quien después decidió
no casarse, encontró que en el proceso de conversación, algunos temores acerca
de su novio principiaron a “salir”. Notemos la forma en que los descubrió.
—El no es persona
orientada hacia individuos (ella sí lo era) sino hacia “cosas”.
—Me asusta porque es tan
“voluble”.
—Es tan independiente
que tal vez no me necesite.
Aunque no puede decirse
que no hubiera tenido esta intuición sin el consejo, es probable que el proceso
de aconsejamiento le haya ayudado a ver lo que de otro modo no hubiera visto,
y que la capacitó para cambiar su decisión a tiempo.
LIMITACIONES DEL
CONSEJO PRE-MARITAL
Aunque hay muchos
valores del consejo pre-marital, no hemos de dejar de mencionar algunas de sus
limitaciones. Una de las más serias es que muchas personas están tan ciegas
por el amor (o lo que ellas creen que es amor) que no pueden entrar en consejo
pre-marital con el menor sentido, de objetividad. A las personas que están
atrapadas en esta “leve psicosis” no se les puede ayudar gran cosa, no le hace
qué tan grande sea el grado de técnica o capacidad del pastor-consejero.
Los dos factores de
tiempo y momento adecuado afectan seriamente el valor del consejo pre-marital
en cualquier situación dada. Quizás el pastor no tenga el tiempo que necesita
adecuadamente para la consulta adecuada con los futuros esposos. Y quizás esto
sea por su mucho trabajo, o porque quizás las personas implicadas no le dan
suficiente tiempo para aconsejarlas adecuadamente antes de la boda. El momento
oportuno es otra cosa importante. Esto de ser oportuno tiene que ver con el
punto preciso de la relación en que el pastor principia como consejero. Si la
fecha se ha fijado, las invitaciones han sido enviadas, y los familiares que
viven lejos están ya en camino para la boda, ¡es seguro que el pastor ya no
puede hacer un trabajo serio en este caso! Y de seguro es muy improbable que
ocurra la cancelación de la boda bajo estas circunstancias, aún si ambas partes
tienen hondas dudas acerca del matrimonio. Se espera que la selección del
tiempo para el consejo pre-marital se haga con bastante tiempo de anticipación,
para que el trabajo sea adecuado y pueda obtenerse bajo las circunstancias más
ideales.
Otra limitación del
consejo pre-marital, es que tiene tan poco valor para las personas que carecen
de madurez. (La falta de madurez no se calcula por los años de vida. Hay
personas que son jóvenes sólo una vez y otras que tienen falta de madurez toda
la vida). Estas personas son incapaces para ver el matrimonio (o cualquier otra
cosa) objetivamente. Cualquier problema que se les presente, rápidamente se lo
quitan con la actitud y respuesta de “nosotros podemos arreglarlo”. (Un pastor
sensible quizá tenga que determinar si ha de endosar una boda con su
participación, cuando en los dos hay evidencias de falta de madurez).
METODO DE
PROCEDIMIENTOS
El pastor que desea
hacer un trabajo satisfactorio de aconsejamiento pre-marital debe pensar cuando
menos en tres sesiones: (1) Una con la mujer; (2) una con el hombre; (3) una
con los dos. En cada una de las sesiones el pastor desarrollará cuatro
funciones principales: (1) Escuchar, (2) preguntar, (3) analizar, y (4)
enseñar.
1. Escuchar. Como en otros tipos
de consulta, el pastor necesita oír lo que se dice y lo que no se dice.
Solamente oyendo cuidadosamente, el pastor puede tener una vista interior
válida acerca de los verdaderos sentimientos y relaciones personales de su
consultante con su futuro compañero. Aunque el pastor quizás haga toda la
conversación en esta situación, es imperativo que cuando él escucha, lo haga
con tanta pericia que pueda obtener una información adecuada de datos precisos.
Estos serán usados después al llevar a cabo la función de analizar.
2. Preguntar. La destreza en
hacer preguntas permite al pastor el tipo de información que necesita para
ayudar a las personas a prepararse para el matrimonio. Las preguntas se
dirigirán a los dos amplios campos de realidades y sentimientos. El campo de
realidades tendrá que ver con aspectos como los de cómo se conocieron, qué
tanto tiempo tienen de conocerse, qué tanto tiempo tienen de ser novios y
cuándo planean casarse. Las preguntas entonces podrán cambiar a un nivel más
profundo de sentimientos. Este campo tiene que ver con cuestiones como las
verdaderas sensaciones del consultante acerca del matrimonio, las demandas de
éste, su percepción acerca de su compañero como marido o esposa, y sus
sentimientos acerca de su capacidad de ser compañero idóneo en el matrimonio.
El pastor no debe
vacilar en preguntarles a sus consultantes cómo se sienten acerca de cada
aspecto de la relación matrimonial, incluyendo cosas tales como dónde vivirán,
en qué clase de casa, qué tantos niños quieren y a qué iglesia asistirán, si la
esposa trabajará fuera del hogar (por cuánto tiempo, qué tanto ganará, y qué
clase de trabajo tendrá), cómo usarán su tiempo libre, en dónde encontrarán
sus amistades, cómo desarrollarán sus relaciones sociales y qué piensan ellos
acerca del trabajo de su compañero, y si tienen planes para seguir estudiando.
Debe también examinar la actitud del futuro cónyuge hacia los familiares
políticos, el dinero y el sexo. Y conforme el pastor escudriña los niveles
profundos de los sentimientos de sus feligreses, obtiene la cantidad y tipo de
información que necesita para proceder al análisis.
3. Analizar. Después de que los
datos se han seleccionado y analizado, el pastor está listo para una sesión
combinada (o sesiones) con las parejas. En algunos casos habrá diferencia sobre
cómo cada uno de los novios percibe ciertos aspectos de su futuro matrimonio.
Estos son campos a los que hay que darles una atención cuidadosa, durante la
sesión combinada. Es en este tiempo cuando los dos necesitan que se les enseñe
la importancia de la comunicación. Y también proveerá una oportunidad para que
ellos principien a desarrollar un nuevo y mejor modo de comunicarse sus
sentimientos el uno al otro.
4. Enseñar. Finalmente, el
pastor principia la función de la enseñanza. La cantidad y el tipo de
enseñanza que ha de hacerse, serán determinados por lo que el pastor ha
descubierto en sus sesiones individuales de consejo. Los campos más amplios
cubiertos en su enseñanza, incluirán el punto de vista cristiano del
matrimonio, la condición del matrimonio en la cultura contemporánea, el uso
responsable del sexo, las diferencias básicas entre la hombría y la feminidad
(muchos sienten que entienden el sexo opuesto, pero en verdad no), y el arte de
la comunicación. Como parte de su función de enseñanza el pastor debe
prepararse a recomendar y prestar libros y artículos en áreas en que los
futuros esposos necesitan entendimiento. Es también importante que el pastor
señale el valor de un examen médico para la futura esposa, y tal vez para los
dos.
CONCLUSION
Un trabajo completo en
consejo pre-marital quizás abarque más de tres sesiones, pero esto es el
mínimo. Aunque esto lleva mucho tiempo y es agotador, es menos que el
aconsejamiento a los casados. Si el pastor hace bien su trabajo de consejero
pre-marital, quizás se esté ahorrando ya sea para él o para algún otro
consejero, otras sesiones de trabajo y aconsejamiento de matrimonio, más tarde.
Por supuesto, el mayor significado de todo esto es que el consejo pre-marital
ayuda a las parejas a formar la clase de relaciones que sean sólidas y satisfactorias.
VIII
Aconsejamiento
Matrimonial
Al pastor
contemporáneo se le busca para varios tipos de aconsejamiento: religioso,
social, personal, vocacional, educacional, pre-marital. Muchos ministros
principiantes se molestan al darse cuenta de que el tipo de consejo para el
cual están bien preparados—el religioso—no es el tipo de consejo para el cual
son llamados más frecuentemente. Probablemente descubran que se les busca más
para dar consejo en problemas matrimoniales y familiares que de cualquier otro
tipo. Y esto les preocupa, porque ni su experiencia ni su educación los ha
equipado para ministrar efectivamente como consejeros en estas áreas. No pocos
desearán haber tenido sus títulos en psicología o sociología y aún los que
recibieron esos títulos desean haber oído mejor y haber estudiado más. Con
frecuencia sus ex-maestros en el seminario o universidad les oyen la queja:
“¡Nunca soñé que las gentes tuvieran tantos problemas y que sus problemas
fueran tan complejos! ¡Necesito ayuda!”
Este capítulo tratará con algunos de
los aspectos principales de esta clase de consejo. Se espera que le dé al lector
cierta intuición e información al tratar con este tipo de aconsejamiento tan
difícil pero que al mismo tiempo trae tantas recompensas.
PRESIONES DE LA SOCIEDAD SOBRE EL MATRIMONIO
De todas las relaciones
interpersonales el matrimonio es la más compleja. Y lo es porque la dimensión
efectiva de la personalidad está relacionada más en el matrimonio que en
ninguna otra relación. No es una cosa sencilla para dos personalidades
separadas y distintas el volverse una, al mismo tiempo que mantienen su
identidad. El tratar de hacerlo en una sociedad que, por su misma naturaleza y
valores, pone enormes presiones a las relaciones de matrimonio, complica más
el problema. Estas fuerzas externas tienen su modo de introducirse en las
relaciones de matrimonio, complicando así una situación de por sí tan delicada
y compleja. Algunas de estas presiones sociales son:
1. El
desgaste de los valores morales. Ya no hay una definición universal bien
clara de moralidad. Hemos llegado a un período como el de los jueces bíblicos
cuando “cada uno hacía lo que bien le parecía” (Jueces 21:25). Para millones
de personas en la sociedad contemporánea, cosas como el adulterio, la
homosexualidad, el aborto, y el divorcio son asuntos sobre los que ellas
tendrán que decidir—y su evaluación es final—si son correctos o no. Para ellos
no hay normas universales y externas que gobiernen la conducta.
2. La
importancia que se le da al materialismo. Peter Marshall llamó al
materialismo, “el anzuelo con la carnada de seguridad”. Emerson dijo: “El
problema con el dinero es que cuesta mucho”. Parte de ese costo es la pérdida
de la vida de un matrimonio que desesperadamente pero sin éxito insiste en
pagar algo para lo cual nunca tuvo dinero y no debió comprar. La búsqueda de
seguridad y el deseo por las cosas puede hacer que las personas den su atención
y pongan valores en las cosas que pueden destruir la relación matrimonial en
vez de conservarla. Al matrimonio debe acercarse uno cualitativa y no cuantitativamente.
3. La
confusión de roles entre esposos. Esto es un resultado de que ya no hay
una distinción bien clara entre el trabajo del hombre y el trabajo de la mujer.
En millones de hogares hay dos que traen el “pan a la casa” en lugar de uno.
Esto quiere decir que lo que una vez fue claramente el trabajo (y por tanto la
autoridad y responsabilidad) de uno se ha convertido en la tarea compartida de
ambos. Esto da por resultado que las parejas no saben el verdadero papel de
cada uno y los niños no saben la verdadera actuación de sus padres.
4. El
valor que se le ha concedido a la juventud y a la atracción física. El
hogar moderno está siendo continuamente bombardeado por la prensa a través de
los ideales gemelos de la sociedad: la juventud y la atracción física. El
mensaje que transmite es que la persona “vieja” (mayor de 30 años de edad) y el
feo (menos que bien parecido) no son deseables. Esto es lo que nos comunican
los periódicos, revistas, carteleras, radio, televisión, y está afectando a los
matrimonios modernos más de lo que ellos reconocen.
FUNCIONES
DEL CONSEJERO MATRIMONIAL
1. La
primera función del consejero matrimonial es oír las angustias que los
consultantes están sintiendo. En muchos casos estos dolores son intensos, de
larga duración, y no se han expresado a una tercera persona. La razón por la
cual el consejero necesita oírles, es que el consultante siente que su
compañero no le ha oído verdaderamente. Los intentos de ser oído por su
cónyuge no han dado resultado, y esto añade a su ansiedad y frustración. Cuando
siente que su consejero está captando su mensaje y siente como él y con él, el
consultante experimenta la catarsis[2]
que necesita para tratar su problema en forma más apegada a la realidad.
2. Otra
función del consejo matrimonial es la de clarificar los problemas. La mayoría
de las personas que vienen al aconsejamiento, se dan cuenta de sus síntomas,
pero no entienden que es lo que los produce. Una mujer casada y turbada me
dijo: “Mi problema es que no sé cuál es mi problema”. A través del proceso de
consejo se dio cuenta de su problema marital y cómo se había desarrollado.
3. Una
tercera función consiste en ayudar a entender los papeles de los cónyuges. En
muchos casos de crisis marital, hay una zanja entre la percepción y la
actuación del rol o papel de cada cónyuge, así como que hay también una zanja
entre la expectación y la actuación de esos roles. La zanja entre la percepción
del rol y la actuación del mismo es la diferencia entre como uno se ve a sí
mismo y como actúa. La zanja entre expectación del rol y la actuación del mismo
es la diferencia entre cómo piensa uno que su cónyuge debe actuar y cómo él se
conduce de hecho. Por cuanto es difícil que uno vea la zanja entre su
percepción de sí mismo y su conducta, siente que es mal interpretado si su
cónyuge le señala esta discrepancia. Cuando los dos están así criticándose,
ambos se sienten maltratados y frustrados.
4. La
cuarta función del consejo matrimonial es la de facilitar la comunicación. En
vista de que el asunto de comunicación será discutido después en este capítulo,
no trataremos de él aquí, excepto para mencionar que en la base misma de muchos
desacuerdos maritales hay un problema de comunicación.
5. Una
quinta función es la de estimular el cambio en percepción y conducta. No es
suficiente que el consejero escuche quejas, que aclare problemas, que ayude en
el entendimiento de actuaciones y ayude a facilitar la comunicación. También
debe ayudar a motivar a las parejas tanto para pensar en una nueva forma de
conducirse, como en una nueva forma de pensar. La motivación generalmente se
obtiene, al menos en ciertos grados, cuando los sentimientos se han expresado,
cuando el problema se ve en una perspectiva clara y las líneas de comunicación
se han abierto.
LA GUERRA Y EL CAMPO DE BATALLA
El matrimonio que principia como una
conspiración para vencer el aislamiento y la soledad a través de un mutuo
rendimiento, con frecuencia se deteriora en una guerra a fuego abierto. En los
conflictos maritales es importante que el consejero distinga entre la guerra y
el campo de batalla. Muchas cosas: el sexo, el dinero, los familiares políticos,
la disciplina de los niños—pueden convertirse en campo de batalla, pero quizás
ellos no sean la base del conflicto. Pueden ser las ocasiones, pero no las
causas del conflicto marital. El porqué de la batalla tendrá que separarse
de el dónde de la batalla. En la Segunda Guerra Mundial algunas de las
batallas más feroces fueron peleadas en islas que eran de poco valor en sí
mismas. Las fuerzas opositoras estaban peleando, pero en realidad no por esas
islas. Lo mismo pasa con frecuencia en los conflictos maritales.
La mayoría
de las parejas no saben la diferencia entre el conflicto básico y lo que ha
causado la tensión. Y mientras ambos asuntos se confundan, no habrá ninguna
solución al problema. Una de las mayores tareas del pastor es ayudar a
los dos a entender por qué hay un conflicto. Mientras la pareja y el
consejero están examinando el campo de batalla no les será posible que puedan
entender las razones de la guerra. Las razones de una guerra marital pueden ser
limitadas, pero los campos de batalla en que están peleando son ilimitados.
EL PROBLEMA DE LA COMUNICACION
La causa más grande del conflicto
marital es la falta de comunicación. Una y otra vez el consejero matrimonial
escucha este tema: “No podemos hablarnos”. Hay muchas estrofas en este canto
tales como:
“Ella nunca me dice lo que piensa.”
“El nunca me dice cómo se siente.”
“Yo no puedo entenderla. En realidad
no la conozco.”
“Todo lo que me da es su silencio”.
“No nos entendemos.”
Una comunicación efectiva incluye
tanto el envío como la recepción de mensajes. Pero la comunicación en los
matrimonios debe ser profunda: debe ser también el envío y la recepción de
sentimientos. En otras palabras, la comunicación tiene que ser racional y
emocional. Cuando la comunicación incluye los hechos y los sentimientos
facilita el entendimiento entre las dos personas. Una comunicación exacta
servirá dos funciones básicas: (1) Revela “la posición” de las personas, y (2)
facilita la adaptación al revelar la distancia entre ambas.
Siempre hay una zafia entre dos
personas que han entrado en relaciones. El hueco se resuelve cuando las dos
personas están decididas a hacerlo. A esto se le llama “ajuste”. El vacío puede
cerrarse menos efectivamente cuando solamente una de las dos decide hacerlo. A
esto se le llama “sumisión”.
La sumisión es con frecuencia sólo
racional en naturaleza. Por cuanto no es ambas, racional y emocional, es de
poca duración; o si lo resiste, lo hace a costa de cierto grado de pérdida de
la dignidad de su persona de parte de quien es sumiso. Uno siente que está
jugando un papel y su corazón no está en ello.
Es como aplaudir con una mano; es
una frustración silenciosa.
La sumisión o condescendencia, por
virtuosa que sea, no puede sustituir al ajuste. El ajuste se obtiene cuando las
dos partes ven la distancia o zanja (porque en verdad se han comunicado), los
dos ven la razón de la zanja, ambos desean que ésta disminuya y los dos
deliberada y gustosamente principian a acercarse el uno al otro. Así que los
elementos de ajuste son dobles: racional (viendo la necesidad de un ajuste) y
afectivo (queriendo ajustarse).
Lo siguiente describe la naturaleza
de la falta de comunicación en el matrimonio. Imaginemos a una pareja en un
gimnasio, en una noche obscura, con todas las luces apagadas, cada uno con
calcetines o medias y con una mordaza en su boca. Seguramente, estas personas
podrían pasarse toda la noche procurando encontrarse, y fracasando
completamente en su intento. O si se “encuentran”, bien podría resultar en una
dolorosa colisión. Algunos matrimonios operan sobre esta base. Los resultados
son la frustración y la angustia.
Continuando con la ilustración, la
comunicación “enciende la luz”, revelando el lugar exacto de cada uno, revelando
así la dirección que cada uno debe tomar para encontrarse. Una comunicación
saludable no sólo revela la dirección que cada uno debe tomar, sino que también
determina una distancia razonable que cada uno debe viajar para reunirse. La
expresión, “el matrimonio es una proposición en que dos personas tienen, cada
una, el cincuenta por ciento”, suena bien en teoría pero en su operación es
defectuosa. Algunas veces el matrimonio será un 100 a 0, o 90 a 10, o 20 a 80,
o 40 a 60. Las personas que gozan una relación de confianza no tienen necesidad
de reunir o superar estadísticas de direcciones, y distancias.
Las
necesidades emotivas duales de amar y ser amado son como el acto de inhalar y
exhalar. Así como la vida física no puede sostenerse a base de inhalar solamente
o exhalar, la vida emocional no puede sostenerse sólo con amar o ser amado. El
proceso mutuo de enviar y recibir sensaciones positivas (amar y necesitar ser
amado) forma personas fuertes y matrimonios sólidos. La cantidad de palabras no
es un factor importante de la comunicación; lo que vale es la naturaleza y la
calidad de la revelación de uno mismo.
Los
problemas de comunicación pueden tomar varias formas: (1) Comunicación
defectuosa, (2) comunicación negativa, (3) comunicación engañosa, (4) comunicación
en un solo nivel, y (5) falta de comunicación (silencio).
1. La comunicación defectuosa quizá
resulte, ya sea por hablar sin claridad, u oír sin claridad. Algunas veces es
el resultado de ambos. Un consultante le dijo a su consejero: “Mi esposa y yo
no podemos comunicarnos. Nos enviamos mensajes pero no son oídos con
exactitud”. El estaba en lo correcto a medias pues ninguno estaba hablando
exactamente. Este problema de comunicación dual obró una crisis en su
matrimonio, y los llevó con un consejero. Otra pareja, cuyo problema
superficial era financiero, por la apuración de tener que pagar $160 en pagos
mensuales de casa con un salario de sólo $360, sufrió una crisis por una
comunicación inexacta. Ninguno había querido comprar la casa, pero ambos
habían pensado que el otro la quería. Las ilustraciones sobre esta clase de
problema de comunicación son interminables.
2. Una forma seria del problema de
comunicación es la comunicación negativa. Esto quiere decir que el hablar tiene
como objeto destruir o lastimar a la otra persona.
Algunas
veces las palabras se usan como cinceles para quitar algo de la personalidad
de otra. El ser lastimado trae el deseo de vengarse. Por lo tanto se convierte
en una pauta que tiene en sí las semillas de su propio fracaso. Este estilo de
comunicación es en extremo difícil de cambiar y en muchos casos traerá la
relación a un grado de crisis del cual quizás nunca se recupere. Generalmente,
un cambio en este estilo de comunicación incluye un cambio de motivación, una
hazaña que es muy difícil de llevar a cabo, aún bajo la dirección de un
consejero hábil.
3. La comunicación engañosa es un
intento deliberado de esconder los verdaderos sentimientos con mentiras, por
ejemplo: hablando de amor, cuando no hay amor. Las personas que practican esta
forma de comunicación pueden hacerlo por varias razones, tales como: (1) Miedo
de lastimar al otro; (2) miedo de enfrentarse a los problemas que resultan por
la franqueza; y, (3) deseo de mantener el matrimonio intacto a la vez que se participa
en una relación ilícita. No todas las comunicaciones revelan; algunas ocultan.
Esta forma de problema de comunicación es uno de los más serios porque le da al
cónyuge datos incorrectos con los cuales trabajar. Cuando se revela la verdad,
causa mucho daño porque la confianza, que es el cemento de una relación, se
desintegra y el matrimonio se destruye.
4. La comunicación de un solo nivel
trata sólo con asuntos superficiales de naturaleza impersonal. Este es el tipo
de comunicación que está presente en muchos, si no en casi todos los
matrimonios. Las parejas quizá platiquen pero su plática nunca revela cómo se
sienten en verdad, particularmente el uno con el otro. Un consejero le dijo a
dos cónyuges cuando se retiraban de la oficina: “Un día de estos quizá lleguen
a conocerse”. Cuando regresaron una semana después, la esposa dijo: “He pensado
toda la semana acerca de lo que usted nos dijo cuando estábamos saliendo. Me
doy cuenta de que en verdad usted tenía razón—nosotros todavía no nos conocemos
uno al otro”. Sus diez años de matrimonio se habían caracterizado por mucha
plática, que nada decía. Su comunicación de un solo nivel se había centralizado
en lo externo e impersonal. El nivel más profundo de comunicación trata con
asuntos de naturaleza personal e interna. A través de esta última uno se
demuestra, se descubre uno mismo al otro, al revelar sus sentimientos. El
pastor necesita enseñar a sus consultantes cómo participar en un nivel más
profundo de comunicación.
5. La falta de comunicación o incomunicación
(silencio) es una forma de comunicación que bien puede ser pasiva o agresiva.
El silencio de incomunicación puede “decir” muchas cosas tales como: (1) “Yo
no puedo hablarte”; (2) “tengo miedo de hablarte”; o (3) “no quiero hablarte”.
Estas no son comunicaciones saludables. Las parejas que no se hablan están
viviendo juntas como en una celda de incomunicados. Viven juntos y separados.
Quizás vivan bajo el mismo techo, duerman en la misma cama, y coman a la misma
mesa, pero esto es solamente un compañerismo geográfico. Y conforme las capas
del silencio se acumulan más y más altas, las parejas se conocen menos y se
quieren menos. En la pared de la oficina de cierto consejero hay un anuncio que
dice: “Las Personas se sienten solas porque hacen paredes en lugar de puentes”.
El mejor
servicio que un pastor puede rendir a personas en conflicto marital es
ayudarlas en el proceso de una comunicación adecuada. Necesitará enseñarles el
calor de la franqueza y ayudarlos a experimentar algunas de las recompensas de
la franqueza. Hay una clase de franqueza sin limitaciones que no es deseable;
aun la franqueza necesita direcciones. Estas direcciones son: (1) Propósito
(el objeto de franqueza en una situación dada); (2) modo (el método que se ha
de usar para obtenerse el propósito); y (3) el tiempo oportuno (el tiempo
apropiado para usar la franqueza respecto al asunto). Cuando la franqueza se
gobierna por estos tres criterios resultará en una relación más y más
satisfactoria.
METODO DE
PROCEDIMIENTO
Cuando ambos
cónyuges en un matrimonio desean buscar aconsejamiento, el pastor tiene varios
caminos que puede escoger en cuanto al procedimiento: (1) Puede ver a los dos
juntos; (2) puede verlos individualmente; o (3) también puede verlos usando una
combinación de ambos. Hay algunas situaciones que hacen necesario que las entrevistas
sean separadas, pero hay mucho de ventaja en el uso del método de comunicación.
Un caso típico de aconsejamiento matrimonial incluyendo digamos, seis sesiones
para cada uno, puede ser como sigue: en la primera y la última sesión el pastor
verá a los dos cónyuges juntos; en las sesiones dos hasta la quinta debe verlos
separados. Este método le ayuda a ver (en la primera sesión) cómo ha afectado
la crisis a cada uno, cómo se relacionan y reaccionan el uno al otro, quién es
más dominante y quién es más pasivo, quién puede comunicarse mejor y quién
puede oír mejor.
Al ver a los
cónyuges por separado, el pastor reúne nuevos datos que analiza a la luz de la
primera reunión en que los vio juntos. A medida que el aconsejamiento continúa,
el pastor se vuelve más activo en el proceso, dando información, compartiendo
intuiciones, ofreciendo sugerencias y evaluando el progreso de cada uno.
Cuando se ve
a los dos cónyuges juntos en la última reunión, el pastor ya puede juzgar el
adelanto que han hecho y también notar las áreas débiles que necesitan todavía
su atención. Reforzará las ganancias y ofrecerá dirección en las áreas que
necesitan ser fortalecidas. Viéndolos juntos en la última reunión le da también
la oportunidad de ver cómo se están relacionando y comunicando entre sí.
El proceso
de aconsejamiento marital se vuelve muy complicado si el pastor sólo puede ver
a un cónyuge. (Algunas veces uno de los dos rehúsa buscar consejo). En tal
situación, el pastor no ve todo el cuadro del problema marital porque está
viendo solamente un lado de él. El necesita darse cuenta de que el cónyuge que
busca aconsejamiento, inconscientemente si no es forma consciente, presenta un
punto de vista deforme de lo que sucede en su matrimonio. El pastor debe
también aclarar al cónyuge consultante, debido a esta circunstancia, que él
debe hacer lo mejor de su parte para efectuar un cambio.
Algunas
veces un compañero recalcitrante cambiará de opinión respecto a recibir
aconsejamiento, si ve que su compañero es sincero en hacer que su matrimonio
mejore. Esto es especialmente cierto cuando ve que suceden algunos cambios de
actitud y conducta en su esposo o esposa. Algunas veces, un cónyuge que no
quiere recibir consejo puede ser animado por su pastor para buscarlo. Quizás
una visita personal o una llamada por teléfono sea todo lo que él necesita para
ayudarle a ver su necesidad de tal ayuda. Si el pastor se presenta ante la
persona como un amigo interesado y no como una persona de autoridad, estará en
mejor condición de recibir la cooperación que busca. Sin embargo, el pastor
debe tratar el caso de tal manera que el cónyuge encuentre fácil aceptar o
rechazar el ofrecimiento de sus servicios.
CONCLUSION
Algunos
problemas maritales son como un apéndice inflamado, capaz de matar, pero
relativamente sencillo para operar. Habrá otros problemas de tanta profundidad
y tan severos que el pastor no podrá tratarlos. Esto quiere decir que
necesitará recomendarlos a un consejero profesional, un psicólogo, o un
psiquiatra. El pastor necesita reconocer esta ayuda y no sentirse fracasado por
su incapacidad para ayudar a ciertas personas. Y si esto le da algún consuelo,
debe darse cuenta de que algunos problemas maritales, están aún más allá de la
técnica de los mejores profesionistas. Por tanto, aunque quizá se sienta triste
de que no pudo ayudar en algún caso, no debe avergonzarse por esta incapacidad.
Estos fracasos deben de animarle a continuar estudiando acerca del consejo,
para que sus conocimientos se amplíen y su destreza aumente.
IX
Aconsejando a la
Juventud
Para
aconsejar a los adolescentes no se necesita la aplicación de un juego especial
de técnicas; sino más bien, la adquisición de algo que podemos describir como
un juego especial de entendimientos. La diferencia está en el punto de
conocimiento, no pericia o destreza. Antes de que un pastor pueda ayudar a los
adolescentes debe entenderlos. Este conocimiento se centraliza en la
naturaleza y características de la adolescencia. La secuencia para aconsejar a
la juventud es: (1) Entenderlos; y (2) relacionarse con ellos; y (3) ayudarles.
PROBLEMAS
DE LA JUVENTUD
Hay algunos
problemas principales que el adolescente tiene al hacer su transición de la
falta de madurez a la madurez; algunos de ellos, peculiares a nuestro día. El
pastor debe tener entendimiento de estos problemas. Algunas de las situaciones
más grandes a las que se enfrentan los jóvenes al dejar atrás la infancia y
entrar a la edad adulta, son:
1. Ganando su independencia del
hogar. La emancipación del hogar es muy dura, tanto para los padres como
para los adolescentes. En un grado u otro, cada joven lucha por su
independencia. Esto es lo que quiere más que ninguna otra cosa y está
dispuesto a pagar cualquier precio para ganarla. Sin embargo, no se mueve en un
constante progreso hacia la independencia. De hecho, el joven que en una
ocasión es extremadamente independiente, de un momento a otro retrocede a un
modo de conducta dependiente.
Un joven
quiere ser tratado como adulto aunque no se porte como tal. Algunas veces los
jóvenes asumen actitudes irrazonables y actúan en forma también irrazonable
para afirmar su independencia. En fin, quizá hasta asuman una actitud rebelde.
Generalmente, la rebeldía sirve dos propósitos: (1) Convence al mundo adulto de
que el joven es independiente; (2) convence al joven mismo de que es
independiente. Una persona joven pondrá a prueba los límites de la autoridad.
Consciente o inconscientemente procurará fijar los límites dentro de los
cuales él tendrá que vivir.
Lo más
interesante del asunto es que los jóvenes respetan la autoridad contra la cual
protestan. Aunque a la mayoría de los jóvenes no les gusta vivir bajo
autoridad, se sienten inseguros si la autoridad no está allí. Un joven que
cursaba su primer año en la universidad, y quien pertenecía a una familia con
trece hijos, expresó su frustración de que no tenía metas algunas que alcanzar
impuestas por sus padres. Los hijos podían hacer lo que quisieran, ir donde
quisieran, y observar las horas que quisieran. Esto le dio un gran sentido de
inseguridad y confesó que envidiaba a sus amigos cuyos padres ponían límites en
su conducta. Dijo: “¡Si tan sólo mis padres me hubieran dicho no a mí!” Pero
por extraño que parezca, este mismo joven que deseaba esa clase de autoridad,
habría protestado y se habría opuesto a ella si hubiese existido.
El pastor
tiene que aprender a confiar en los jóvenes. Si no confía en ellos, en alguna
forma ellos se darán cuenta de este sentimiento de desconfianza, y al mismo
tiempo entenderán que él los ve como niños, y no como adultos. Encontrará que
es más sabio hablar sobre los asuntos con los jóvenes, en vez de simplemente
decirles qué hacer. El hablar con ellos los hace sentirse adultos; el decirles
les hace sentirse niños.
La lucha por
la independencia es una crisis por la que los jóvenes tienen que pasar y es una
lucha con la que tienen que tratar. Esto quiere decir que sus modos de ser y
su carácter cambiarán rápida y drásticamente. El pastor que quiere relacionarse
con el joven necesita entender sus caprichos, aceptarlos y no ser
indebidamente fastidiado por ellos.
2. Ganando posición en el grupo. La aceptación de sus compañeros, para el adolescente, es más importante que la aceptación de cualquier otro grupo. Para el adolescente sólo un grupo vale la pena: el de sus compañeros. Esto, a veces d