¿Cuál es la
Verdadera Iglesia
de Cristo?
Para mi amigo
católico
Geraldo Eash T.
Apreciado Amigo:
Usted pertenece a la
Iglesia Cristiana más numerosa del mundo, la Iglesia Católica Apostólica
Romana. Su influencia se extiende a todas partes y penetra en todas las
esferas de la vida cotidiana: la política, social, deportiva, educacional, y
religiosa. La iglesia tradicionalmente ha mantenido la creencia de que es la
original y única Iglesia de Cristo, y que sin ella no hay salvación.
¿Tiene usted la plena
seguridad de que esto es cierto?
¿Está convencido de que
si acaso usted se muere esta noche en la Fe Católica, irá a la presencia de
Dios? ¿Se ha puesto alguna vez a examinar su Fe para asegurarse de que está en
la verdad? No es una mala idea, ¿verdad? Sin duda, usted sabe que hay personas
que no comparten sus creencias y no aceptan la autoridad y la unicidad de su
Iglesia.
Quisiera, con toda
sinceridad, lanzarle un reto. Conozca su religión. Estudie su Iglesia. Busque
razones y pruebas para poder defender la Fe que profesa. En las páginas de este
librito encontrará algunas de las doctrinas principales de su Iglesia, y muchos
textos bíblicos que tienen que ver con esas doctrinas. Espero que la lectura de
este librito le sirva de mucha bendición y ayuda para que pueda contestar con
plena seguridad la pregunta que aparece en la portada del libro: ¿Cuál es la
verdadera Iglesia de Cristo? ¡Dios le bendiga!
Geraldo Eash T.
CONTENIDO
Introducción.
1. La Regla de Fe de la Iglesia
2. El Clero de la Iglesia
3. El Culto de la Iglesia
4. El Sacrificio de Cristo
5. La Confesión del Pecado
6. Después de la Muerte
7. La Salvación
8. Bibliografía
Introducción
El mundo se ha llenado
de religiones, sectas, iglesias, y creencias muy variadas y distintas. Muchas
de las llamadas “cristianas” son exclusivistas, manteniendo la posición de ser
la única iglesia verdadera de Cristo. El hombre se confunde. No es posible que
todas tengan razón. ¿No es cierto? ¿Cuál es, después de todo, la verdadera
iglesia de Cristo? ¿Cuál es la iglesia que Cristo fundó en la tierra? En
América Latina, como en otras partes del mundo, predomina la Iglesia Católica
Apostólica Romana. En muchos pueblos sus capillas y templos están situados en
el punto más alto donde domina el paisaje, y donde se pueden ver de lejos. Las
ciudades grandes tienen impresionantes catedrales, algunos del estilo moderno y
otros del estilo español colonial, muy bellos y pintorescos. Durante los días
de las fiestas religiosas, y especialmente la Fiesta del Santo Patrón, las
calles se llenan de feligreses que caminan largas distancias en la procesión
del Santo con el fin de rendirle culto. En la ciudad de Barquisimeto, Venezuela,
medio millón de personas llenan las calles por donde pasa la procesión de la
Divina Pastora. Asimismo sucede en muchas otras ciudades del mundo. Pero la
belleza de los templos, de las imágenes que cargan en las procesiones, y del
colorido vestuario del clero es poca en comparación con la belleza que uno
puede disfrutar cuando visita la sede de la Iglesia Católica, el Vaticano.
Más o menos el tamaño de
un parque grande en una ciudad, el Vaticano es el centro y sede de la Iglesia
Cristiana más numerosa del mundo, y contiene la basílica más grande del mundo,
la de San Pedro. Adentro de los muros altos que rodean la ciudad, situada
dentro de la ciudad de Roma, hay muchos edificios muy pintorescos, como el
museo, la Capilla Sixtina, y el Edificio de los Archivos, además de otros
edificios para los residentes y el gobierno del Vaticano. El visitante puede
disfrutar con admiración de la hermosura de los muchos patios bonitos y bien
cuidados, los jardines llenos de bellas flores, y las calles muy tranquilas.1
En esta lujosa ciudad reina el Papa, la Cabeza espiritual y temporal de la
Iglesia. La prensa italiana ha estimado que cambiar de Papa, esto es, enterrar
al muerto y nombrar al nuevo, cuesta como veinte millones de dólares, pero eso
no es nada para la Iglesia, cuyos activos son estimados en miles de millones de
dólares.2
La historia de la
Iglesia Católica Apostólica Romana es sumamente interesante. Cuando Cristo
anduvo aquí en nuestro planeta Tierra, afirmó categóricamente: “...edificaré mi
Iglesia.” (Mateo 16, 18) Después de su muerte y resurrección, los apóstoles,
junto con otros creyentes, llevaron el mensaje del Evangelio a todas partes del
Imperio Romano con mucho éxito. Miles de personas creyeron en Cristo. Se
establecieron iglesias de Cristo en las grandes ciudades del Imperio y en
muchos pueblos y aldeas. Con el paso de los años los obispos de las grandes
ciudades como Éfeso, Constantinopla, Alejandría, y Roma comenzaron a disputar
la supremacía de la Iglesia, quedando el obispo de Roma como el Obispo
Universal. Muchas circunstancias contribuyeron a este reconocimiento,
comenzando con el hecho de que Roma fue la capital del Imperio Romano.
Esta Iglesia, que tanto
impresiona, tiene que ser la verdadera Iglesia de Cristo. ¿No es cierto? Su
historia, comenzando con el ministerio de Cristo mismo, sus grandes edificios,
la belleza y riqueza del Vaticano, y sus millones de feligreses en todo el
mundo: todo esto parece indicar que es de origen divino. Y especialmente si su
fundador fuera el gran apóstol Pedro, el príncipe de los apóstoles. Sí es, en
verdad, la verdadera Iglesia de Cristo, y que sin ella no hay salvación, sus
enseñanzas estarán de acuerdo con las de Cristo y de los apóstoles, o sea las
de las Sagradas Escrituras. ¿No es así? Fíjese que San Pablo le comunicó al
joven Timoteo que la Iglesia del Dios viviente es: “...el pilar y la base de la
verdad.” (1 Timoteo 3,15).
¿Dónde se consigue la
verdad? En la Palabra de Dios. En la Biblia. Jesucristo en su oración intercesora
a favor de los suyos confirma esto al decir a su Padre Celestial: “tu Palabra
es la verdad.” (Juan 17,17) Y el apóstol Pablo expone tanto la importancia como
la inspiración de la Biblia en 2 Timoteo 3,16-17:
“Todos los textos de la
Escritura son inspirados por Dios y son útiles para enseñar, para rebatir, para
corregir, para guiar en el bien. La Escritura hace perfecto al hombre de Dios y
lo deja preparado para cualquier buen trabajo.”
En las páginas que
siguen, estimado amigo, deseamos comparar los dogmas de la Iglesia Católica
Apostólica Romana, que llamaremos “Iglesia Católica” o sencillamente “Iglesia”,
con las Sagradas Escrituras.
El estudio de la Biblia
nos lleva a la conclusión inmediata que la Iglesia Católica tiene plena razón
cuando enseña que hay un Dios en el cielo, que ese Dios se manifiesta en tres
Personas, la Santa Trinidad, que Cristo fue concebido por obra del Espíritu
Santo en la Virgen María, que vivió una vida santa sin pecado, que murió en la
Cruz por los pecados del mundo, resucitó corporalmente, ascendió al cielo, y
que viene otra vez al mundo. No se equivoca la Iglesia al afirmar que Cristo es
el Hijo de Dios, que el Cielo es la esperanza de los salvados y el Infierno la
condenación de los perdidos, que el Espíritu Santo es una Persona Divina,
miembro de la Trinidad de Dios, que el hombre nació en pecado, y que Cristo es
el Salvador del mundo. La Biblia contiene muchos textos que comprueban la
veracidad de estas doctrinas. El Credo de la Iglesia, que menciona muchas de
estas doctrinas, se apega mucho a la Biblia. Reza así:
“Creo en Dios, Padre
todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra. Creo en Jesucristo, su único
Hijo, nuestro Señor; que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo,
Nació de Santa María Virgen; padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue
crucificado, muerto y sepultado; descendió a los infiernos; al tercer día
resucitó de entre los muertos; subió a los cielos y está sentado a la diestra
de Dios Padre; desde allí ha de venir a juzgar a los vivos y a los muertos.
Creo en el Espíritu Santo, en la Santa Iglesia Católica, en la comunión de los
Santos, en el perdón de los pecados, en la resurrección de los muertos y en la
vida eterna. Amén.”3
Además de las doctrinas
ya mencionadas, la Iglesia Católica enseña muchos otros dogmas y doctrinas en
sus libros de catecismo y libros doctrinales. La evolución de su doctrina a
través de los siglos con las fechas de su promulgación se ve abajo.4
431 D.C. El culto a la virgen María en el concilio
de Éfeso.
553 D.C. La perpetua virginidad de María
en el concilio de Constantinopla.
593 D.C. La doctrina del Purgatorio,
reconocida oficialmente en 1439.
606 D.C. El inicio oficial de la Iglesia Católica Romana
con el decreto del Emperador Focas de que la Iglesia Romana es Cabeza y Señora
de todas las iglesias, y el obispo es Papa u Obispo Universal.
787 D.C. El culto a las imágenes y
reliquias.
993 D.C. La canonización de los santos
1001 D.C. El sacrificio de la Misa.
1070 D.C. El celibato del clero.
1076 D.C. La infalibilidad de la Iglesia.
1090 D.C. El uso del Santo Rosario.
1140 D.C. La Fiesta de la Inmaculada Concepción
de María, reconocida oficialmente como dogma en 1854.
1215 D.C. La confesión auricular y la
doctrina de la Transubstanciación.
1264 D.C. La Fiesta del “Corpus Cristi”.
1545 D.C. La doctrina de que las tradiciones
de la Iglesia tienen igual importancia que la Biblia.
1546 D.C. Los libros del Apócrifa, agregados
al canon de la Biblia.
1563 D.C. Los siete sacramentos decretados en
el concilio de Trento.
1570 D.C. La infalibilidad del Papa, aunque
la autoridad del Papa había sido discutida antes en el concilio de Trento
(1545-1563).
1950 D.C. La Asunción de María.
No pretendemos en esta
obra breve examinar todas las doctrinas de la Iglesia ni analizar a fondo todos
los puntos de cada doctrina, sino sólo estudiar algunas de las doctrinas que
ya hemos mencionado para compararlas con las enseñanzas de la Biblia, la
Palabra de Dios. Nuestro propósito es ayudarle, amado amigo, a contestar para
su propia satisfacción la pregunta en el título de este libro: ¿Cuál es la
verdadera Iglesia de Cristo? La comparación de los dogmas de la Iglesia con
los textos de la Biblia nos dará la respuesta. La mayoría de los textos que citamos
son de la versión Latinoamericana, pero hay también unos cuantos de la Biblia
de Jerusalén, marcados (B.J.).
Ambas versiones tienen
la aprobación oficial de la Iglesia Católica.
Hemos subrayado algunas
palabras claves de ciertos textos bíblicos para destacar su importancia.
Capítulo 1
LA REGLA DE FE DE
LA IGLESIA
¿De dónde consigue la Iglesia
Católica sus enseñanzas, los dogmas y las prácticas que forman su credo
completo? ¿Cuál es la fuente de su doctrina? ¿En qué se basa? La Iglesia
afirma categóricamente que se basa en las enseñanzas de Cristo y de los
apóstoles, y que éstas se encuentran en la Palabra escrita y oral. La Palabra
escrita es la Biblia. La palabra oral es la tradición. La Iglesia es
completamente veraz al afirmar que la Biblia es la Palabra de Dios; que es “el
mensaje de Dios en palabra humana, que “es un libro escrito bajo la inspiración
divina”, que ...“como mensaje de Dios transmite las verdades religiosas que
Dios quiere comunicar al hombre y en este sentido no cabe en él ningún error”,
y que “la Palabra de Dios constituye: sustento y vigor de la Iglesia; firmeza
de la fe para sus hijos; alimento del alma, fuente límpida y perenne de vida
espiritual...”5 En esto concuerdan las palabras de la Biblia misma:
“Todos los textos de la Escritura
son inspirados por Dios y son útiles para enseñar, para rebatir, para
corregir, para guiar en el bien. La Escritura hace perfecto al hombre de Dios y
lo deja preparado para cualquier buen trabajo.” 2Timoteo3,16-17
El gran apóstol agrega su propia
afirmación a la veracidad de la inspiración divina de la Biblia en 2 Pedro
1,21:
“Ya que ninguna profecía proviene de
una decisión humana, sino que los hombres de Dios hablaron, movidos por el
Espíritu Santo.”
La Biblia es la biografía del Señor
Jesucristo. Es su historia.
Se nos introduce en tipología y
profecía en el Antiguo Testamento.
Los eventos de su vida y las
enseñanzas que dejó con su Iglesia llenan el Nuevo Testamento. No hay historia
más bella y sublime, más fascinante e inspiradora, que la hermosa historia de
Cristo: su concepción milagrosa, nacimiento virginal, ministerio tan lleno de
obras milagrosas y compasivas, muerte dolorosa y substitucionaria, resurrección
victoriosa, y ascensión gloriosa al cielo. El centurión que estaba encargado de
la crucifixión de Cristo, al observarlo en la Cruz, no pudo menos que exclamar:
“Realmente este hombre era un justo.” (Lucas 23,47) A esto agregamos que, más
que un justo, Cristo era y es el mismo Hijo de Dios, el Salvador del mundo. Y
la Biblia cuenta su historia, siendo que él mismo dijo en cierta ocasión: “Las
Escrituras hablan en mi favor.” (Juan 5,39). La Biblia de Jerusalén da esta
versión: “...ellas son las que dan testimonio de mí.”
El tema principal de la Biblia es la
salvación que Cristo compró con su sangre en la Cruz del Calvario y ofrece al
hombre. De que la Biblia contiene el mensaje de salvación se ve claramente en
las palabras de Pablo en 2 Timoteo 3,15:
“Además, desde tu niñez conoces las
Sagradas Escrituras. Ellas te darán la sabiduría que lleva a la salvación
mediante la fe en Cristo Jesús.”
La Biblia nos hace sabios para la
salvación que se consigue por la fe en el Señor Jesucristo. Ese es su tema — la
salvación. Por eso, es tan importante leer y estudiar la Biblia, porque en
verdad no hay nada más importante para nosotros, amado amigo, que conseguir la
salvación. Cristo nos advirtió que si ganamos todo el mundo pero perdemos el
alma, hemos hecho mal trato. (Marcos 8,36). Hemos perdido. Hemos fracasado. El
mundo es tan temporario, tan pasajero, que tiene poco valor en comparación con
el alma que es eterna. Y es la Biblia la que nos revela el bello mensaje de la
eterna salvación del alma, del perdón del pecado, y de la vida eterna. Es
interesante que a pesar de que durante los siglos muchos han sido los esfuerzos
para destruirla, la Biblia ha durado y durará para siempre, como ella misma
afirma:
“Está escrito: Toda carne es como
hierba y su gloria como flor del campo. La hierba se seca y la flor cae, pero
la Palabra del Señor permanece eternamente.” 1 Pedro 1, 24-25
El emperador Diocleciano procuró
destruir la Biblia y a los que seguían sus preceptos. Mandó quemar todas las
Biblias, y muchos cristianos sufrieron muertes crueles en sus manos. Al final,
consideró sus ataques tan efectivos contra los cristianos y su libro, la
Biblia, que construyó un monumento con las palabras en el latín: “El Nombre de
Cristiano ha sido Extinguido.” Pero sucede que el siguiente emperador, Constantino,
abrazó el cristianismo en el año 312 D.C., y el cristianismo fue proclamado la
religión oficial del imperio. La Biblia había triunfado. El poeta y escritor
francés Voltaire (1694-1778), quien atacó la Biblia duramente, afirmó que:
“Dentro de un siglo más y no habrá ni una sola Biblia en la tierra.” Pero
Voltaire murió, y su casa se convirtió en una agencia de publicaciones de la
Biblia.6
“La Biblia firme está cual roca,
nunca se desvanecerá.
El cielo y la tierra al olvido
pasan, mas la Biblia perdurará.”
Sí, es vital que la Biblia sea la
base de nuestra fe. Ahora bien, el Antiguo Testamento de la Biblia, versión
católica, contiene algunos libros, llamados apócrifos, que no aparecen en otras
versiones.
Son los
libros siguientes: Tobías, Judit, Sabiduría, Eclesiástico, Baruc, 1 y 2 Macabeos,
más algunas porciones o adiciones a otros libros del Antiguo Testamento. La
Iglesia apela a estos libros para verificar algunas de sus enseñanzas. Usted
puede juzgar si estos libros son, en verdad, libros inspirados por Dios y
dignos de toda confianza al leer los siguientes datos referentes a ellos:
1.
Los
libros apócrifos no están ni nunca han estado en el canon hebreo del Antiguo
Testamento. Los Judíos, a quienes Dios entregó el Antiguo Testamento, siempre
han rechazado estos libros del canon de sus Escrituras Sagradas, o sea de su,
Biblia.
2.
No hay
en el Nuevo Testamento ni una sola cita de ninguno de estos libros, aunque hay
como 350 citas del Antiguo Testamento. De manera que, ni Cristo ni los
apóstoles hicieron referencia alguna a estos libros.
3.
Filón
de Alejandría, un filósofo griego de origen judío, escribió extensamente
durante el tiempo de Cristo, citando constantemente del Antiguo Testamento,
pero ni una sola vez nombró ni citó ninguno de los libros apócrifos.
4.
Los
libros apócrifos no se encuentran en ninguna lista de libros inspirados hasta
después del siglo 4, y no fueron aceptados por la Iglesia Católica como libros
inspirados por Dios hasta el Concilio de Trento en 1546. Fueron rechazados por
el Concilio de Laodicea (343- 381), y por los padres de la Iglesia como Melito,
Justino, Orígenes, Jerónimo, y Josefo.
5.
Algunos
de los autores de los libros apócrifos reconocieron la ausencia de inspiración,
y ninguno reclamó inspiración y autoridad para su libro. Vea 2 Macabeos
2,25-27.
6.
Estos
libros contienen muchas trivialidades y el tenor general no se puede comparar
con los libros de la Biblia.
7.
Estos
libros contienen enseñanzas contrarias a las revelaciones doctrinales de la
Biblia. Aprueban la mentira, el suicidio, el homicidio, la salvación por
obras, la salvación por limosnas, oraciones mágicas, etc. Vea Tobías 4, 10-11.
8.
Estos
libros fueron escritos muchos años después de los otros libros del Antiguo
Testamento. El canon hebreo fue cerrado con el libro de Malaquías, escrito
como 450 años antes de Cristo, mientras que los libros del Apócrifa fueron
escritos en el primer o segundo siglo antes de Cristo. En cuanto al idioma, los
libros del Antiguo Testamento fueron escritos en el hebreo, mientras que los
libros apócrifos fueron escritos en el griego. Así que, no cuadran con los
libros del Antiguo Testamento ni en tiempo ni en idioma.7
Otra fuente
de dudoso origen e inspiración es la tradición. Aunque es muy cierto que Cristo
enseñó muchas cosas que no están en los cuatro Evangelios: Mateo, Marcos, Lucas
y Juan, como Juan mismo afirma en 21,25 de su libro, sin embargo las que
fueron escritas tenían un buen propósito:
“Estas
han sido escritas para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y
para que creyendo tengáis vida en su nombre.” Juan 20,31 (B.J.)
La Biblia
contiene todas las historias de la obra ministerial de Cristo y todas las
enseñanzas que el Dios del cielo creyó necesarias para que el hombre
reconociera que Cristo es el Hijo de Dios y creyera en él. En ninguna parte de
la Biblia se nos insta a indagar y a buscar otros eventos o enseñanzas que
supuestamente han sido entregados por boca de los apóstoles o profetas a los
que creyeron en su mensaje.
Hay un texto
muy interesante en la epístola de Judas. El verso tres reza así:
“Amadísimos,
tenía un gran deseo de escribirles acerca de nuestra común salvación, y me vi
obligado a hacerlo para moverlos a luchar por la fe que Dios entregó de una vez
a sus santos.”
Las palabras
“la fe que Dios entregó de una vez a sus santos,” se refieren a las palabras
bíblicas, o sea todas las enseñanzas que Cristo y los apóstoles entregaron a la
Iglesia. Esta “fe” fue dada “de una vez para siempre” a los santos cristianos
de aquel tiempo. Para conservarla los santos hombres de Dios escribieron los
libros de la Biblia bajo la inspiración del Espíritu Santo. San Pedro también
creyó que la revelación de Dios era completa, sin necesidad de nada más, porque
así lo afirma en 2 Pedro 1,3:
“Su
poder divino nos ha dado todo lo que necesitamos para la Vida y la
Piedad.”
Ya no
necesitamos más. Tenemos todo. Y al completar el canon del Nuevo Testamento con
su libro de Apocalipsis, el apóstol Juan da esta advertencia muy seria:
“Yo,
por mi parte, declaro a todo el que escuche las palabras proféticas de este
libro: a quien se atreva a añadirle algo, Dios añadirá sobre él todas las
plagas descritas en este libro.” Apocalipsis 22,18
Si alguien
cree que este texto solamente prohíbe que se le agregue al libro de
Apocalipsis, le llamamos la atención al consejo de Agur en Proverbios 30,5-6:
“Toda
palabra de Dios es verdadera, es un escudo para quien se refugia en él. No agregues
nada a sus palabras, no sea que te reprenda y te tenga por mentiroso.”
¡Gracias a Dios
por la Biblia! ¡Qué sea siempre la luz que alumbra en nuestro camino, para que
sepamos dónde andar y qué creer, y que sea el alimento espiritual que nos da
crecimiento en nuestra vida cristiana!
De palabras el mundo se llena,
Por
la radio y el televisor;
Revistas
y libros abundan,
Material
para todo lector.
Entre todos los libros hay uno
Que
brilla en el mundo atroz,
Ninguno
hay tan respetado,
Es la
Biblia la Palabra de Dios.
Me habla de Cristo el santo,
Que
por mí en la Cruz sufrió,
Llevando
mi mucho pecado,
Para
mi salvación él murió.
La Biblia me alumbra el camino
Al
cielo el bello hogar,
La
Biblia alimenta mi alma,
Es
pan de que puedo gozar.
Sí, amigo, conozca la Biblia.
En la
mente y el corazón.
Obedezca
sus mandamientos;
La
vida eterna es su don.
G.E.T.
Capítulo
2
EL CLERO DE LA IGLESIA
La efectividad de una
organización, sea civil, secular, o religiosa, depende mayormente de sus líderes.
Todas las iglesias necesitan y tienen los que llevan la batuta, los que se
encargan de sus ceremonias, los que enseñan sus doctrinas. La cabeza espiritual
y temporal de la Iglesia Católica es el Papa, y los que comparten este
ministerio se llaman cardenales, arzobispos, obispos, sacerdotes, presbíteros
o ancianos y diáconos. Recientemente se ha leído mucho acerca del Papa en la
prensa. Los periódicos y la televisión cubren cada movimiento de importancia de
este personaje tan célebre. El Papa Juan Pablo II se ha hecho notorio con sus
frecuentes viajes a otros países para llevar a las gentes del mundo un mensaje
de renovación espiritual. No cabe duda de que más personas han visto a este
Papa en persona que a cualquier otro en la historia de la Iglesia. Y siempre en
todas partes ha dado una buena impresión y ha conquistado la lealtad y el amor
de millones de los feligreses de la Iglesia. Su primer acto al llegar al país
extranjero, de arrodillarse y besar el suelo, ha sido bien recibido. Un hombre
sincero, amoroso, espiritual, y a la vez sencillo así opinan las masas que
esperan muchas horas para tener un vistazo breve del máximo líder de la Iglesia
Cristiana más numerosa del mundo. Siendo de tanta importancia el oficio del
Papa, vamos a dedicar nuestra atención por unos momentos a sus funciones.
El Papa
El título completo del
Papa es “Obispo de Roma, Vicario de Jesucristo, Sucesor del Príncipe de los
Apóstoles, Pontífice Supremo de la Iglesia Universal, Patriarca del Occidente,
Primado de Italia, Arzobispo y Metropolitano de la Provincia Romana, y
Soberano del Estado de la Ciudad Vaticana.”8 La Iglesia afirma que
es el sucesor del apóstol Pedro, el primer Papa, basándose en las palabras de
Cristo en Mateo 16,18-19:
“Y ahora,
yo te digo: Tú eres Pedro, o sea Piedra, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia
y las fuerzas del Infierno no la podrán vencer.”
Según la Iglesia, Cristo
prometió a Pedro en este texto que edificaría su iglesia sobre él, Pedro, la
piedra, efectivamente nombrándolo como el fundador o piedra principal de ella.
El primer Papa. ¿Es esto lo que Cristo realmente estaba diciendo? Vea de nuevo
el texto. La palabra “Pedro”, en el griego en que fue escrito el Nuevo
Testamento, es “Petros”, que significa “una pequeña piedra.”
Pero la palabra “piedra”
en la expresión “sobre esta piedra” no es “Petros”, sino “petra”, que quiere
decir “una gran roca.” Son dos palabras distintas en el griego, una la
diminutiva y otra la aumentativa. Cristo le dijo a Pedro algo así: “Tú eres
una pequeña piedra, y sobre esta gran roca edificaré mi iglesia.” En otras
palabras Cristo no prometió edificar su iglesia sobre Pedro sino una roca mucho
más grande que Pedro. ¿A qué roca se refiere? Echemos una mirada a los
versículos anteriores. Directamente antes de esta importante declaración de
los labios del Señor Jesucristo, el apóstol Pedro exclamó:
“Tú eres
el Cristo, el Hijo del Dios vivo.” vs.16
¡Vaya qué declaración!
Aquí encontramos la piedra grande. Es Cristo mismo. Con esto concuerdan otros
textos de la Biblia. Por ejemplo, en 1 Corintios 3:11 leemos:
"Pues
la base nadie la puede cambiar, ya esta puesta y es Cristo Jesús.”
La base de la Iglesia es
Cristo Jesús. No hay otra base. Y en Efesios 2,20 Pablo afirma que los
verdaderos cristianos componen la casa de Dios de la cual la piedra angular es
Cristo.
“Ustedes
son la casa, cuyas bases son los apóstoles y los profetas, y cuya piedra angular
es Cristo Jesús.”
Pedro mismo declara en
su primera carta, capítulo 2, versículo 3 al 8, que el Señor Jesucristo es la
piedra viva, preciosa, rechazada por los hombres, pero escogida por Dios para
servir de piedra angular. Los versículos 3 y4 rezan así:
“En
realidad, ya han aprobado lo bueno que es el Señor. Acérquense a él: ahí tienen
la piedra viva, rechazada por los hombres, y sin embargo, escogida por Dios que
conoce su valor.”
Es evidente, entonces,
que el Señor Jesucristo es esta piedra sobre la cual su iglesia ha sido
edificada. El apóstol Pedro llega a ser una de las columnas de la iglesia,
según Gálatas 2,9, donde el apóstol Pablo comenta:
“Santiago,
Pedro, y Juan reconocieron las gracias que Dios me concedió. Esos hombres, que
pasan por los pilares de la iglesia, nos estrecharon la mano a mí y a Bernabé,
en señal de comunión.”
Aunque la Iglesia
Católica tiene mucha dificultad sosteniendo su creencia de que el apóstol
Pedro fue el primer Papa, tanto bíblicamente como históricamente, sin embargo,
tiene razón al enseñar que Cristo dio las llaves del reino de Dios a Pedro. Las
palabras de Cristo, dirigidas a Pedro, son bien claras:
“Yo te
daré las llaves del Reino de los Cielos.” Mateo 16,19
Y efectivamente, en el
libro de los Hechos de los Apóstoles encontramos que nada menos que el apóstol
Pedro, usando las llaves, abrió las puertas del cielo para los diferentes
grupos del mundo de aquel tiempo. En el día de Pentecostés Pedro se levantó y
predicó ese primer sermón potente que abrió la puerta del reino de los cielos
para que entraran muchos judíos. (Hechos 2,14-36) Mas luego Dios le concedió
la oportunidad de abrirla puerta a los Samaritanos. (Hechos 8,14-17) Y no
muchos días después usó las llaves de nuevo para abrir la puerta a los
Gentiles. (Hechos 10) Habiendo abierto la puerta del reino de los cielos por
medio de la predicación del mensaje de salvación en Jesucristo que resultó en
la conversión de distintos grupos de personas, Pedro entonces cedió el lugar a
Jacobo como líder de los apóstoles y de la iglesia en Jerusalén. (Hechos
15,13-21) Jamás leemos en las Escrituras que Pedro tomó ni el nombre ni la
autoridad de Papa de la iglesia. Al contrario, en su primera carta, 5,1, (B.J)
Pedro escribe esto:
“A los
ancianos que están entre vosotros les exhorto yo, anciano como ellos...”
Pedro se consideraba un
anciano también como los otros ancianos, del mismo nivel, y con el mismo oficio
que ellos. La palabra “Papa” viene del latín “papá”, que sencillamente
significa “padre”. Cristo expresamente prohibió el uso de este título, al
decir:
“Tampoco
deben decirle Padre a nadie en la tierra, porque un solo Padre tienen: el que
está en el Cielo.” Mateo 23,9
Claro que estaba
refiriendo al uso de este título en referencia a la familia espiritual y no
para el padre humano, físico. Dios es nuestro Padre espiritual, nuestro único
Papa, y ningún hombre tiene derecho a ese puesto.
¿Es infalible el Papa
cuando habla ex-cátedra en asuntos de fe y moral? La Iglesia Católica afirma
que sí. La Biblia mantiene absoluto silencio en cuanto a este dogma tan
importante para la Iglesia. No la confirma. No la aprueba. Y ¿qué enseña la
historia? En la evolución de la Iglesia Católica es bien sabido que muchos
Papas contradijeron lo que otros antes de ellos enseñaron.
Pero si el Papa es
infalible Vicario de Cristo, se supone que Dios lo guardará de errores en sus
proclamaciones de asuntos de fe y moral. Sencillamente, no ha sido el caso.
No vamos a tomar el tiempo para señalar los muchos casos de diferencias de
opiniones entre Papas en los asuntos importantes de la fe, pero lea la
historia de la Iglesia para quedarse convencido. Basta algunos ejemplos de
falibilidad papal: el Papa Honorio I fue denunciado, después de su muerte, por
el Sexto Concilio celebrado en el año 680, como un hereje. El Papa Gregorio I
declaró que aquel que se hace obispo universal o que pretende serlo, es
precursor del Anticristo; y, sin embargo, su sucesor, Bonifacio III, se hizo
dar aquel título por el emperador Focas. El Papa Adriano II declaró los
matrimonios civiles como válidos, pero el Papa Pío VII los condenó.9
Y así sucesivamente. Se puede ver que los Papas no han sido infalibles. También
es menester hacer la pregunta: ¿Dónde dice en la Biblia que el Papa es el
Vicario de Cristo aquí en la tierra? Lo que la Biblia enseña es que Cristo
prometió la venida del Espíritu Santo al mundo como sucesor. Juan 14,16-17
registra las siguientes palabras de Cristo:
“Y yo
rogaré al Padre y les dará otro Intercesor que permanecerá siempre con ustedes.
Este es el Espíritu de verdad...”
La palabra “Intercesor,”
“Parákleton” en el griego, tiene varios significados: Intercesor, consolador,
ayudante. La palabra “otro” es muy importante aquí. Hay dos palabras griegas
que se traduce “otro”. Son “allon” y "éteron”. En Gálatas 1,6 Pablo
advierte a los de Galacia a que no sigan “otro” evangelio. La palabra “otro” en
este texto es “éteron” y quiere decir “uno completamente diferente.” Mientras
que en Juan 14,16 la palabra “otro” es “allon” que quiere decir “otro
exactamente igual”. Cristo prometió enviar otro Intercesor o Ayudante
exactamente igual a él. Este es el verdadero vicario de Cristo aquí en la
tierra. Al llegar al libro de los Hechos, encontramos que ya no es Cristo que
dirige la iglesia a solas sino que es el Espíritu Santo quien controla, dirige,
y da poder a los que llevan el mensaje glorioso del Evangelio de salvación a
todo el mundo. El es completamente infalible y digno de toda confianza.
Los Sacerdotes
Sirviendo al Papa y a la
Iglesia Católica, hay miles, y quizás cientos de miles, de sacerdotes en todas
partes del mundo. También se identifican como Curas o Padres. Ellos son, según
la Iglesia, los sucesores de los apóstoles, encargados del ministerio de la
Iglesia, en cuya función escuchan confesiones, perdonan pecados, y celebran la
Misa, matrimonios, bautizos, etc. Son sacerdotes. ¿Sacerdotes? ¿Dónde se
encuentra ese título en las páginas del Nuevo Testamento? El Nuevo Testamento
nombra apóstoles, profetas, evangelistas, pastores, maestros, obispos,
presbíteros, ancianos y diáconos, pero nunca nombra cardenales ni arzobispos,
y no usa el término “sacerdote” para identificar una clase de oficiales o
ministros de la iglesia. Lo usa solamente para identificar el ministerio
sacerdotal que incumbe a cada verdadero creyente en Cristo. San Juan, el
escritor del único libro profético del Nuevo Testamento, incluye a todos los
cristianos cuando afirma:
“Al que
nos ama y nos ha lavado con su sangre de nuestros pecados y ha hecho de
nosotros un Reino de Sacerdotes para su Dios y Padre...” Apocalipsis 1,6 (B.J.)
Esta verdad de que cada
cristiano es sacerdote de Dios se confirma en 1 Pedro 2,5, cuando Pedro se
dirige a los expatriados de la dispersión de la manera siguiente:
“Ustedes
pasan a ser una comunidad de sacerdotes que, por Cristo Jesús, ofrecen
sacrificios espirituales y agradables a Dios.”
¿A quiénes está llamando
Pedro sacerdotes? ¿A un grupo selecto de personas dedicadas a servir a la
Iglesia? ¿O a todos los cristianos? Busque el primer versículo de esta carta
para descubrir a quiénes la dirigió.
“Pedro,
apóstol de Cristo Jesús, a los judíos que viven fuera de su patria, dispersos
en Ponto, Galacia, Capadocia, Asia y Bitinia.”
Es evidente que estos
judíos cristianos, dispersados a todas partes por la persecución del Imperio
Romano, son los sacerdotes que deben ofrecer sacrificios espirituales a Dios,
sacrificios de la alabanza y de las buenas obras de generosidad, (Hebreos
13,15-16). De estos sacrificios, entregados por cada cristiano como sacerdote
de Cristo, Dios se agrada.
El celibato de los
sacerdotes católicos fue promulgado en el año 1070. Es cierto que el apóstol
Pablo recomendó a los Corintios que no cambiaran su estado civil, que los
solteros no se casaran, (1 Corintios 7,7-8 y 26), pero expone la razón también:
“Esto me
parece bueno en los tiempos difíciles en que vivimos.”
La persecución que
estaba diezmando a la iglesia de aquellos días, separando a los familiares,
requería de esa enseñanza. Pero la clara enseñanza de las Escrituras favorece
el matrimonio. Textos como los que siguen: Génesis 2,18; Hebreos 13,4; y 1
Corintios 9,5. El celibato ha sido la causa directa o indirecta de mucho
pecado. Fíjese que los mismos apóstoles se casaron, incluyendo el apóstol
Pedro.
“¿No
tenemos derecho a llevar con nosotros una mujer cristiana, como los demás apóstoles
y los hermanos del Señor, y Cefas?” 1 Corintios 9,5 (B.J.)
“Habiendo
ido Jesús a la casa de Pedro, encontró a la suegra de éste en cama, con
fiebre.” Mateo 8,14
No vaya a pensar el
lector que la mujer cristiana a que hacía referencia el apóstol Pablo en 1
Corintios 9,5, era solamente una cocinera o lavandera para cuidar de su comida
o ropa. Pablo se estaba refiriendo a una esposa. Los apóstoles tenían sus
esposas, tanto como los hermanos de Cristo, y Pedro mismo (Cefas), Cristo sanó
a la suegra de Pedro de la fiebre que tenía. No se puede tener suegra sin tener
esposa. En las instrucciones que Pablo dio al joven Timoteo, le comunicó la
necesidad de que el obispo sea marido de una sola mujer. (1 Timoteo 3,2) Por
consiguiente, el celibato del clero católico es un dogma de la Iglesia que
carece de base bíblica. Y hablando de base bíblica, hay dos cosas más que
debemos señalar en cuanto a los sacerdotes: la primera, el uso del título “padre”
que Cristo condenó en Mateo 23,9, como ya hemos visto; y la segunda, la función
de perdonar pecados, de la cual hablaremos en el capítulo 5. Todo esto arroja
duda sobre la autenticidad escritural de la jerarquía de la Iglesia Católica,
en cuanto a sus funciones.
Capítulo
3
EL CULTO DE LA IGLESIA
¿A quién o a quiénes
rinden culto los fieles de la Iglesia Católica? Claro que adoran a Dios, el
Dios del cielo, grande, poderoso, sabio y santo; y junto con Dios Padre,
también tributan loor a su Hijo Jesucristo, el Verbo Encarnado y el Salvador
del mundo. En esto están cumpliendo el mandato bíblico: “A Dios debes adorar.”
Apocalipsis 19,10. Los Salmos están repletos de hermosas expresiones de
alabanza y adoración a Dios, como las que siguen:
“Alma
mía, bendice al Señor, alaba de corazón su santo Nombre.” Salmo 103,1
“¡Bendice
al Señor, alma mía! Eres grande, oh Señor, mi Dios, vestido de honor y de
gloria, envuelto de luz como un manto.” Salmo 104,1-2
“Celebren
al Señor, alaben su Nombre, digan sus hazañas a todo el mundo. Entónenle
cantos, y mediten todos sus prodigios.” Salmo 105,1-2
Más recientemente muchos
cristianos han puesto en papel sus emociones y pensamientos al contemplar la
grandeza de Dios. Uno de los más conocidos himnos de adoración se intitula:
“¡Cuán Grande Es El!”
“Señor,
mi Dios, al contemplar los cielos
El
firmamento y las estrellas mil,
Al
oír tu voz en los potentes truenos
y
ver brillar al sol en su cenit,
Mi
corazón se llena de emoción:
¡Cuán
grande es El! ¡Cuán grande es El!
Mi
corazón se llena de emoción:
¡Cuán
grande es El! ¡Cuán grande es El!
A.W.
Hotton
El ejercicio más alto y
sublime que el cristiano puede hacer es adorar y alabar a Dios. Pero el Señor
Jesucristo puso límites a la adoración, confinando la adoración y el servicio
cristiano sólo al Ser Supremo, cuando afirmó:
“Adorarás
al Señor tu Dios, y a él solo servirás. Mateo 4,10
Desde el libro de
Génesis hasta el Apocalipsis la Biblia declara que hay un solo Dios, y uno sólo
digno de adoración, homenaje, y veneración, Dios mismo. Por eso, hay algo
preocupante en el culto de la Iglesia Católica.
El Culto a la Virgen
María
No hay mujer en toda la
Biblia ni en toda la historia del cristianismo más amada que María. Sin duda
fue una dama muy consagrada a Dios, justa en sus hechos, piadosa en su
devoción, y en sobremanera buena con todo el mundo. Dios la escogió para ser la
madre de nuestro Señor Jesucristo. Nos toca amarla, respetarla y apreciarla.
Pero el estudiante cuidadoso de la Biblia se preocupa al darse cuenta de que
la devoción que sienten los adeptos de la Iglesia a veces va más allá de lo
permitido en la Biblia. Por ejemplo, el llamar a María la Madre de Dios.10
María fue madre de Jesús, del cuerpo humano de nuestro Señor. Pero Dios no
tiene madre. Es eterno. Sin principio y sin fin. No nació. Cuando el eterno
Cristo se hizo hombre, el Espíritu Santo produciendo la concepción milagrosa
en la virgen María, ella le proveyó el cuerpo humano. Es madre de Jesús. No es
madre de Dios. Tampoco convencen los que señalan que Elizabet llamó a su prima
María, “la madre de mi Señor”, y siendo que la palabra “Señor” se refiere a la
Divinidad en la Biblia, también podemos llamar a María, "la Madre de
Dios.” Una buena exposición de un texto bíblico toma en cuenta no solamente a
qué se refiere una palabra, sino también lo que significa. La palabra “Señor”
quiere decir “amo”, “dueño”, “jefe”. A Jesucristo, el hombre-Dios, le
pertenece el Señorío sobre nuestras vidas tanto como sobre toda la creación.
Elizabet estaba
reconociendo este Señorío del hijo de María, aún antes de nacer. Pero llamar a
María “la Madre de Dios” va más allá de esto, porque directa o indirectamente
atribuye divinidad a María. Si Dios es único y primero, no puede tener madre.
La expresión es
incorrecta porque atribuye a María lo que la Biblia nunca le concede, ni
tampoco puede, siendo que Dios es eterno.
Otra doctrina de la
Iglesia que carece de base bíblica es la de la Concepción Inmaculada de María.
Aparte de que no hay ni una chispa de evidencia bíblica de que María nació sin
pecado, el testimonio de toda la Biblia con una multitud de textos es que nadie
nació sin pecado, excepto Jesucristo. El pecado es una contaminación que ha
penetrado por toda la raza humana, haciéndonos todos culpables delante de Dios.
Este es el tema del capítulo 3 de Romanos. Considere los versículos 11y23:
“No hay
nadie bueno, ni siquiera uno...”
“Pues
todos pecaron y a todos les falta la Gloria de Dios.”
Como miembro de la raza
humana, María participó de la misma naturaleza que nosotros, y por eso ella le
exclamó emocionada a su prima Elizabet:
“Celebra
todo mi ser la grandeza del Señor y mi espíritu se alegra en el Dios que me
salva.” Lucas 1,46
María confesó su necesidad
de que Dios le salvara, confesión que sólo un pecador puede hacer. El único
que nació y vivió sin pecado fue Cristo, porque es el Hijo de Dios.
Es cierto que María
concibió a Jesús estando en la condición de virgen. ¿Pero será cierto también
que siempre fue virgen?
Los siguientes textos de
la Biblia presentan evidencia de que ella vivió con su esposo José en el santo
estado de matrimonio como buena esposa y madre, después del nacimiento de su
primogénito Jesús, dando a luz a otros hijos.
1. Mateo 1,24-25 (B.J.)
“Despertando
José del sueño, hizo como el Ángel del Señor le había mandado, y tomó consigo a
su mujer. Y no la conocía hasta que ella dio a luz un hijo, y le puso por
nombre Jesús.”
Este texto nos enseña
que José recibió a Maria como esposa, después del mensaje del Ángel que le
quitó las dudas acerca del autor de su embarazo, pero sin tener relaciones
sexuales con ella hasta que nació Jesús. La palabra “conocía” se usa en la
Biblia por conocimiento sexual. Claro que él la conocía como persona mucho
antes de esta experiencia. Solamente que no la conocía sexualmente hasta
después del nacimiento de Jesús.
2. Mateo 13,55-56
“¿No es
el hijo del carpintero? ¿No se llama María su madre? ¿No son sus hermanos
Santiago, José, Simón, y Judas? Y sus hermanas, ¿no están todas viviendo entre
nosotros?”
3. Otros versículos que también
introducen a los hermanos de Jesús, y por consiguiente a los hijos de María,
son Mateo 12,46-47; Marcos 3,31; Marcos 6,3; Juan 2,12; Juan 7,3-5; Hechos
1,14; y 1 Corintios 9,5.
4. Santiago, el mayor de los hermanos
de Jesús, vio al Cristo resucitado, 1 Corintios 15,7, creyó en él, y llegó a
ser el líder de la Iglesia de Jerusalén, Hechos 12,17; 15,13; y Gálatas 2,9.
Escribió el libro que lleva su nombre.
5. El hermano menor de Jesús se llamaba
Judas. Escribió el libro que lleva su nombre, identificándose como el hermano
de Santiago, Judas 1.
6. La afirmación de que éstos no son
hermanos, sino primos, carece de base por varias razones, pero especialmente
porque la Biblia siempre los llama “hermanos” (griego “adelfos”) y nunca
“primos” (griego “anepsios”), y también porque siempre aparecen con María y no
con su hermana.
7. El hecho de que la Biblia no llama a
Jesús el unigénito hijo de María, sino su primogénito, Lucas 2,7, da testimonio
de que María sí tuvo más hijos. Unigénito significa que no hay más, pero el
primogénito es el primero de varios.
Esperamos que nadie
tenga menos estima, respeto y amor hacia Maria por ser ella la madre de otros
hijos, y no siempre virgen, porque el matrimonio es un estado santo instituido
por Dios mismo, y la Biblia enseña que no hay pecado en la unión de dos seres
casados.
“Tened
todos en gran honor el matrimonio, y el lecho conyugal sea inmaculado.” Hebreos
13,4 (B.J.)
No hay pecado en las
relaciones sexuales de dos personas casadas. Ni es más santa la persona que no
se casa. Muchas veces sucede lo opuesto, porque el estado de virginidad, o sea
de soltero, no lo soportan muchas personas sin cometer toda clase de inmoralidad.
Maria es santa, habiendo
sido santificada por Dios, y merece todo nuestro respeto y amor.
Muy recientemente, en el
año 1950 para ser exacto, la Iglesia Católica proclamó la Asunción de Maria al
cielo, donde en la actualidad, según la Iglesia, es Mediatriz y Co-redentora
con Cristo, y la Reina del Cielo. Pero preguntamos, ¿cómo es posible que sea
Mediatriz?, cuando la Biblia afirma categóricamente:
“Porque
hay un solo Dios, y también un solo mediador entre Dios y los hombres, Cristo
Jesús, hombre también.” 1 Timoteo 2,5 (B.J.)
¿Cómo es posible que sea
Co-redentora con Cristo?, cuando la Biblia asevera:
“Jesús es
la piedra que ustedes los constructores despreciaron y que se convirtió en piedra
fundamental, y para los hombres de toda la tierra no hay otro
Nombre por el que podamos ser salvados.”
Hechos 4,11-12
“El nos
libró del poder de las tinieblas y nos trasladó al Reino del Hijo de su amor,
en quien tenemos la redención: el perdón de los
pecados.” Colosenses 1,13-14 (B.J.)
Solamente
en Cristo,
Solamente
en él,
La salvación se en